Mi hermana de vez en cuando, sale con otras parejas a hacer senderismo. Esto les lleva todo el día. El problema que tienen ahora es que su hija adolescente ya no quiere acompañarlos.
Por esto, la mayoría de las veces la dejan en casa de su tía, la hermana de su marido. Ellos tienen dos hijas de edades muy parecidas a mi sobrina y se lo pasan muy bien las tres juntas. Pero cuando su cuñada no puede quedarse con ella, me la dejan a mí.
Ésto a nosotros nos corta bastante el rollo. Como ya no tenemos hijos de su edad (mi hija ya va casi por los 23 años) no es lo mismo ni para ella (mí sobrina) ni para nosotros. Nos limita bastante la verdad Pero como es de muy de tarde en tarde, lo llevamos bien.
Ese sábado, como de costumbre, la trajeron bien temprano.
A las 7 de la mañana ya la teníamos aquí.
A las 8 mi hija le dió un cálido beso a su prima, y mientras abría la puerta para irse a trabajar le dijo guiñándole el ojo:
—Carl bonita, cuídame la PlayStation.
—Sí, claro que sí. Ya sabes que siempre lo hago.
—Hasta luego bonita...
y se marchó a trabajar.
Mi sobrina, es una chica preciosa, de rasgos casi orientales. Muy diferente a nosotros y a su madre, mi hermana. Es más de la familia de su padre. Nosotros somos más tirando a rubios con ojos claros. Ella tiene un cabello en sintonía con sus rasgos y sus ojos, negro azabache y super liso y largo hasta la cintura. Es muy alta para su edad. Se puede adivinar que de siguir así, tendrá en pocos años un tipazo. Mejor que el de su madre que, ya es decir. Ya que el cuerpazo de mi hermana le puede quitar a uno el sentido.
Sí tuviera que buscar un parecido físico de mi sobrina, sería con la famosa cantante española Aitana. Ella es fanática de esta cantante y la imita en todos los sentidos.
Aunque mi sobrina físicamente, es un poco más voluptuosa, tiene algo más de caderas y su cara es algo más redondita. Por lo demás, dos gotas de agua. Considero a la cantante Aitana una preciosidad, una verdadera muñeca. Pero para mí gusto, la encuentro algo delgada. Para mí, le faltan como mínimo 5 kilitos. 5 kilitos que sí tiene mi sobrina.
El día transcurría con normalidad hasta que estando yo abajo en el patio haciendo mis cosas, mi sobrina se asomó al balcón y me dice muy apurada:
—Sube tito, corre, la tita se encuentra mal.
Subí todo lo rápido que pude. Al llegar arriba le pregunté a mi sobrina:
—¿Qué ha pasado?, ¿dónde está tú tía?
—En vuestra habitación —contestó ella.
Cuando llegué a mí habitación, mi mujer estaba como caída de mala forma en la cama. De costado y con la mitad del cuerpo de cintura para abajo en el suelo.
La cogí en brazos y la dejé sobre nuestra cama.
La llamé por su nombre mientras la zarandeaba lentamente y le daba pequeños golpecitos en las mejillas. No tardó en recobrar la conciencia.
Le pregunté:
—¿Qué ha pasado cariño?
Pasado unos segundos que se me hicieron eternos, respondió:
—No es nada, ya sabes que me pasa si veo mucha sangre.
La miré de arriba a bajo
—¿Qué sangre?. Aquí no hay nada de sangre
—Yo no, es Carlota.
Me giré rápidamente y miré a mi sobrina.
—¿Qué?... —empecé a preguntar, pero no me dió tiempo a terminar de formular la pregunta, ella misma desde el resquicio de la puerta, levantó su mano derecha y me mostró con timidez sus dedos por completo llenos de sangre seca.
Volví a mirar a mí mujer.
Ella estaba mirando para otro lado.
—¡Joder! ¿Qué es eso?. ¡Madre mía!. ¿Cómo te has cortado así Carlota?
—Ella no se ha cortado cariño, le acaba de venir su primer periodo.
—¿La regla?... —pregunté atónito
—Sí, tonto, la menstruación.
—Lo siento mucho tita... —dijo mi sobrina desde la puerta de la habitación ya próxima a entrar en llanto.
—Pensaba que ya hacía tiempo que te había venido la regla cariño. —luego le pregunté— Ya tienes casi los 14 ¿verdad?.
—Sí tito, casi 14.
Ocultaba su mano ensangrentada detrás de la espalda. Y ya estaba llorando.
—No te preocupes cielo —le dijo mi mujer— tú no tienes la culpa. Esto es totalmente normal. Ahora lo arreglamos. Lo que pasa es que si veo sangre me mareo y me ha cogido tan desprevenida que me he mareado más de la cuenta cuando he visto tu mano.
—Lo siento mucho tita.
—Ya te ha dicho tu tía que no pasa nada Carlota. No llores más por favor. Tú no sabías que tu tía tiene fobia a la sangre. No te preocupes que no es nada grave cariño. Esto le sucede de vez en cuando...
—...sobre todo en la cocina —continuó mi mujer sonriente y los dos nos pusimos a reír.
—Sí, sobre todo en la cocina, jejeje —continué riendo.
Observé a mi sobrina.
— Carlota... ¿ha sido muy cuantiosa está primera vez? ¿Ha salido mucha sangre?.
—Sí, creo que sí.
—A ver, déjame verte bien.
Se puso frente a mí. Llevaba un pantalón corto vaquero de color azul claro, que le llegaba por encima de las rodillas. La mancha de sangre que se transparentaba era considerable. Le dije que se diera la vuelta. La mancha era incluso más cuantiosa por detrás.
Para ser su primera vez, me resultó muy extrema. Me acuerdo que cuando le vino a mi hija a los 12 años, fueron tan solo unas leves manchas en las braguitas. Nada que ver con lo de mí sobrina.
—¿Carlota cariño, aún sigue saliendo sangre?
—No, creo que no.
Me tranquilizó muchísimo su respuesta.
Lo menos que necesitaba ahora era salir corriendo al hospital con una hemorragia de este tipo.
Le di un poco de agua a mi mujer.
—Voy a llamar a mi hermana.
—Sí será lo mejor... —me contestó mi esposa.
—No, no, no porfavor —dijo de súbita y desconsoladamente mi sobrina.
Me fui hacia ella la abracé fuertemente mientras le daba besos en la cabeza y en la frente tratando de tranquilizarla.
—No seas tonta Carlota, no pasa nada. Esto es totalmente normal, pero tus padres tienen que saber que ya eres toda una mujer. Ya sabes cómo es mi hermana. Cuando llegue y vea que te ha venido el periodo y que no le he dicho nada, es capaz de matarme.
Aflojé mis brazos y la separé un poco de mi. La miré a esos ojos tan negros y le dije:
—No querrás que tu madre mate a tu tío favorito. ¿Verdad?
—No claro que no tito —dijo por fin riéndose.
Le sequé las lágrimas, le di un beso en la frente, fui a coger mi móvil que lo tenía abajo, en el patio y llamé a mi hermana desde allí mismo.
Le expliqué lo sucedido y quisieron venir en seguida.
—No seas tonta —le dije— ya la verás un poco más tarde. Ya está bastante asustada para que encima vengáis vosotros con urgencia. Sabes que no es nada. Ahora ya está más tranquila. Lo que más le ha asustado es que su tía se haya desmayado a ver su sangre. Pero ya está todo controlado. Disfrutad de lo vuestro y ya llegaréis por la noche. Habla con ella, quítale toda importancia y tranqilízala un poco más si puedes y ya está. Qué te voy a contar yo ti nena, tú también pasaste por ello, y ahí sigues tan preciosa, tan guapa...pero eso sí un poquito loquita también. jejeje.
—Tú si que estás loquito cabronazo. jejeje. Anda pasame a mi hija, guasón.
Subí nuevamente y le di el móvil a Carlota.
—Carlota, mamá al teléfono.
Estuvimos un buen rato hablando por teléfono. Todo parecía ir fenomenal hasta que mi sobrina empezó a decir ¡no!.
—No mamá no, no, no, no pienso tocarme ahí. Tú no has visto como está todo eso...que no, me da mucha cosa...¡no!.
La situación se estaba poniendo tensa y mi sobrina estaba apunto de estallar en llanto nuevamente.
—Dame cariño —y le quité el móvil para hablar con mi hermana.
—¿A ver, qué sucede ahora? —le pregunté a mi hermana.
—Nada, que no quiere lavarse sola. Dice que le da cosa.
—A ver, aunque decidáis venir ahora, váis a tardar un mínimo de 5 horas. No vamos a tener a la niña así, manchada de sangre todo este tiempo.
—Ya, claro. pero ¿entonces qué hacemos?. Está claro que tu mujer no puede hacerlo.
Pensé en mi hija. Pero aún le quedaba mucho para finalizar su jornada laboral.
—Ya...pues no sé, tú sobrina aún va a tardar más en terminar de trabajar —le dije.
Mi hermana se quedó un rato callada. Al poco escuché (sin entender nada) de fondo, que hablaba con su marido.
Volvió al teléfono.
—La podrías duchar tú. No te importa. ¿Verdad?.
Dudé un momento.
—Si a ella no le importa, claro que no. De ella depende —miré a Carlota sonriendo y le guiñé un ojo. Ella miró rápida y tímidamente hacia el suelo.
—Vale, pregúntale a ver si así sí quiere.
—Sí, pero en cualquier caso no la ducharé. Tampoco es para tanto. No hace falta desnudarla y bañarla del todo. La puedo lavar sin problema en el bidé. ¿No crees?.
—¡Ohh sí!. En el bidé mejor sí. No había caído en ello. Como nosotros no tenemos bidé en casa, ni se me pasó por la cabeza.
—Vale, no cuelgues voy a hablar con Carlota.
No sé si pudo escuchar nuestra conversación, pero un par de minutos después le dije a mi hermana:
—Le he dicho que ya sabe que su tía no puede lavarla. Ahora ya sabe porque. Le he dicho también que si no lo hace ella lo puedo hacer yo, si ella quiere claro está. Jejeje. Nena se ha puesto más roja que la salsa de tomate frito.
Miré a mi sobrina, Seguía muy roja.
—Sigue muy roja nena. jejeje —le dije riendo, mientras Carlota me miraba con cara de simulado enfado.
—Me ha dicho que vale —continué— que sí, que lo haga yo. ¿Verdad Carlota?.
Giré el teléfono hacia mi sobrina:
—Sí mamá, que lo haga el tito. El dice que no le importa la sangre. Pero mamá no para de reírse de mí.
—Vale, ¡pásame a mí hija gracioso!
—Voy voy, tranquila fiera.
Le di el móvil a Carlota. Estuvo un buen rato hablando con su madre. Le lanzó un beso y se despidió de mi hermana.
—Dice mamá que te dé un beso fuerte de su parte.
—Bueno, tampoco hace falta, tratándose de tú madre, a ver si me va a pasar algo... —le dije sonriendo.
Me miró un poco desilusionada.
—Bueno, bueno, si no hay más remedio, dámelo. —le dije riéndome .
Le acerqué la mejilla y me dió un pequeño besito.
—Anda ve al baño y quítate tan solo la parte de abajo. No hace falta que te quites la camiseta.
No tardo nada, ahora iré a lavarte. Voy a hablar un momento con tu tía.
No dijo nada y se fue al baño resignada. La verdad es que se le notaba bastante triste.
Fui a ver a mi mujer que, aún estaba en la habitación. Se encontraba mucho mejor y se puso de pié.
—Supongo que lo has oído todo. Sabes lo que me toca hacer ahora. ¿verdad? —le dije en voz baja.
—Lo siento mucho cariño. Pero yo no puedo hacer eso ni tan siquiera sin mirar. Y menos hoy.
—Nada, tranquila. Habrá...
—...que mirar a ver qué tiene nuestra hija por ahí para la menstruación. Voy a ver.
—Sí, lo has adivinado. Iba ha decir eso mismo. jejeje.
Mi mujer hacía años que había pasado la menopausia. Así que desde entonces ya no tenía compresas. Solo nos quedaba ver qué era lo que tenía nuestra hija al respecto.
Oí como mi mujer hablaba con mi sobrina desde el pasillo.
—Carlota cariño, si ya te has quitado los pantalones, tápate con una toalla porfavor, voy a entrar un momento.
Al poco rato mi mujer volvió.
—Nene, solo tiene tampones.
—Pués nada, vas a tener que ir a comprar compresas. Mientras yo la lavaré —baje mucho la voz— solo me faltaba tener que explicarle también cómo usar un tampón. Ya se lo explicará mi hermana si quiere.
Mi mujer asintió sonriendo.
—Me pongo el calzado y voy a comprar. No tardo nada.
Mientras ella se marchaba a comprar las compresas, me dirigí al baño.
—Carlota, voy a entrar.
—Vale.
Al entrar vi que estaba tapada (como la había indicado mi esposa) con una toalla. Seguía llevando puesta su camiseta como yo le indiqué.
Vi que detrás de la puerta del baño, había tirado los pantalones manchados de sangre. Noté claramente que le aguantaba mucho que yo viese su ropa y sobre todo la íntima tan empapada.
—Venga cielo, abre un poco esa toalla. Veamos a ver
Se soltó la toalla y vi que aún llevaba las braguitas puestas. No se había atrevido ni tan siquiera a tocarlas de tan manchadas de sangre que las tenía.
—Voy a sacarte esto. ¿Vale cielo?.
—Sí, vale.
Me situé a su costado, le baje las braguitas, le hice levantar los pies y se las quité.
Volvió a taparse rápidamente con la toalla.
Quise hacerle ver que no me importaba, que no me incomodaba el estado de su ropa y que no me daba ningún asco. Cogí las braguitas con toda naturalidad y hice un puñado con ellas en el interior de mi mano, luego cogí su pantalón. Puse sus dos prendas dentro del fregadero. Cerré el tapón del desagüe y llené la pica de agua.
—La dejaremos un buen rato en remojo con agua fría y así quedará como nuevo cuando las lavemos —dije con una espléndida sonrisa.
Mi naturalidad resultó el efecto deseado y claramente se relajó algo.
—Carlota, recógete un poco el cabello, si no cuando te sientes en el bidé, éste te va a llegar al suelo. Ahí, en alguno de esos cestitos tienen que haber gomas para el pelo de sobra.
-—Vale.
Mientras tanto preparé la temperatura del agua del bidé. A la vez también Iba bromeando y diciendo chorradas, cosas que la hicieron reír bastante. Soy un verdadero profesional a la hora de tener ocurrencias graciosas. Soy capaz de sacar punta y lo más gracioso de cualquier situación.
—Vale Carlota, esto ya está. Siéntate de espaldas al grifo del bidé. Empezaré limpiándote por detrás primero.
Se quitó la toalla y la dejó caer al suelo. Pude ver lo real de la situación. Los regueros de sangre seca, le llegaban casi hasta las rodillas, descendian dándole la vuelta por sus torneadas y bronceadas piernas.
Cuando se giró para sentarse en el bidé como le había indicado, vi que la mitad de sus glúteos estaban totalmente manchados de sangre.
En su trasero se notaba que la piel que le tapaban las braguitas no estaba bronceada. Hasta este momento siempre pensé que su piel morena era total y unforme. Ahora tenía claro que no era así, sus glúteos eran blancos como el papel. Pero ahora, un papel manchado de sangre seca. Que se manchara tanto la parte de atrás, creo que fue debido a la postura en la que estaba jugando con la PlayStation.
Se sentó despacio en el bidé. Yo estaba situado a su costado izquierdo. Soy completamente diestro, así que iba a lavarla con mi mano derecha. Empecé a echarle agua por todo su manchado y bien formado trasero.
Como tenía sus bonitas piernas manchadas de sangre, le comenté:
—Mientras te lavo, sí no te quieres apoyar en las piernas, puedes apoyarte en mi hombro o en mi espalda.
—Sí, gracias tito. —y dejó descansar sus brazos en mi hombro izquierdo y parte de mi espalda.
Esto hizo que inevitablemente mi brazo izquierdo descansara sobre sus piernas.
Empapé bien su parte trasera, luego cogí jabón íntimo y se lo enjaboné. No era fácil limpiar su trasero sentada hacia delante en el bidé, ya que el grifo de éste, prácticamente rozaba en sus nalgas y entorpecía bastante la limpieza. Hice incapié sobre todo en lo que menos se podía ver, en la raja entre sus nalgas, y por consiguiente en la parte más baja de su vulva.
En un momento dado, sacó sus manos de mi espalda y se sujetó con ambas a mi brazo, luego se inclinó levemente hacia delante. Esto puso en pompa sus nalgas y la parte de su sexo, facilitándome su limpieza.
Noté mientras frotaba y enjabonaba que cada vez hacía más presión con sus manos en mi brazo, y cada vez se inclinaba un poquito más.
Prácticamente había dejado atrapado con su cuerpo mi brazo izquierdo que se encontraba descansando sobre sus muslos.
—¿Te hago daño Carlota? ¿te estoy frotando muy fuerte?.
—No tito no. Está bien.
Cuando consideré que sus nalgas ya estaban limpias, las enjuagué bien y le indiqué que se diera la vuelta y se sentara esta vez mirando frente al grifo del bidé.
Al ponerse de pie y darse la vuelta quedó completamente expuesta su vulva a dos palmos de mi cara. Entonces, pude ver con claridad lo muy manchado de sangre que se encontraba su sexo. También pude apreciar que ya empezaba a tener una considerable cantidad de bello púbico muy desarrollado, haciendo que la gran cantidad de sangre creará pequeños coágulos (ya secos y endurecidos) pegándolos entre si por toda la zona hasta su pubis.
Me resultó extraño que estando tan desarrollada, le hubiera venido tan tarde la menstruación.
Pero bueno, ésta ya estaba aquí y bien venida sea.
Se sentó frente al bidé. Su trasero sobresalía en por la parte de delante del bidé. Ahora sí que había un considerable espacio desde el grifo hasta su vulva.
Iba a realizar la misma jugada que antes. Ya no hizo falta decirle que se apoyara en mi hombro, lo hizo espontáneamente.
Empecé por echar abundante agua a sus piernas. Era lo primero que quería lavar. Cuando empecé a tocarlas tengo que admitir que me sorprendió su firmeza, tenía unos muslos tremendos y duros como el cemento.
Empapé bien la parte superior de sus esbeltas y turgentes piernas, luego enjaboné bien su contorno a dos manos. Se las levantaba ligeramente para introducir las manos por debajo. Fui limpiando desde sus rodilla hasta su ingle. Giraba mis manos enjabonadas por todo el contorno de sus bronceadas piernas, desde los muslos hasta su parte posterior. Así girando lentamente una y otra vez. Era como si le estuviera haciendo un masaje en ellas. No me quedó más remedio que entretenerme bastante tiempo en ésto (más de lo estrictamente necesario la verdad), ya que por piernas no sería.
!Menudas piernas tiene la hija de mi hermana!.
Mientras hacía esto, me pareció notar en mis hombros y parte de mi espalda, que mi sobrina seguía el ritmo de mis 'masajes'. Sus manos empezaron a acompasarse al mismo ritmo en el que mis manos enjabonaban alrededor de sus muslos.
La miré, continuaba con los ojos cerrados.
No le di la menor importancia a ese recíproco 'masaje'.
Finalmente cuando vi que estaban bien limpias, las enjuagué con abundante agua.
Con el lavado de sus piernas, había caído bastante agua al suelo del baño y sobre mis pantalones. Lógicamente el bidé no había sido creado para ésto, pero en este caso no importaba.
Ahora tocaba limpiar la zona que había provocado todo este lío: Su vagina.
Realicé la misma rutina. Primero abundante agua. La volví a mirar. Seguía con los ojos cerrados.
Cuando consideré que estaba bastante empapada, me unté bien la mano de jabón íntimo y empecé a enjabonar y limpiar con cuidado su vulva.
No llevaba ni 30 segundos haciendo esto que, noté como su respiración se aceleraba. Pude notar cómo el aire que salía ahora de su pequeña nariz era más fuerte. Tanto era así que me golpeaba en la nuca.
Vi claramente como toda su piel se le puso de gallina. Tanto la de los brazos como la de la parte que se veía de su estómago y no digamos ya la de sus espléndidos muslos. Se le había puesto por completo una bonita piel de pollo. También noté una presión muy fuerte de su mano en mi hombro izquierdo y cuando la miré otra vez parecía como que había crecido un palmo.
Tanto se había estirado hacia arriba con cada fuerte inspiración que realizaba por la nariz, que su barriga se encontraba por completo constreñida hacia adentro. Vamos, practicamente no le podía ver su ombligo.
Paré de frotar para enjuagarle un poco y estoy hizo que por fin abriera su boca soltando una ruidosa cantidad de aire que me golpeó fuertemente en toda la cara. Parecía como si se hubiera desinflado. Había perdido de repente ese palmo de altura que, había ganado hacia un instante. Su plano y firme estómago había vuelto a aparecer. Volvía a ver su ombligo con claridad. Pero su respiración aún seguia siendo escandalosamente arrítmica.
—Carlota, ¿Te estoy haciendo daño?
Ella abrió de súbito los ojos y con voz muy baja contesto:
—No tito, no que va.
Terminé de enjuagarle, volví a echarme jabón intimo en la palma de la mano y me dispuse a darle la segunda y última pasada.
Empecé a frotar nuevamente con suavidad...
—¡Mierda! —me dije.
Noté súbitamente algo que antes no estaba ahí. Pude palparlo mientras la enjabonaba. Era algo que me resultaba muy familiar. Era redondo y muy pero que muy duro. Estaba más que claro, su clítoris se había puesto como una pequeña canica. Y con una dureza increíble. Puedo asegurar que jamás toqué un clítoris tan duro. Y había tocado unos cuantos en mi dilatada vida.
—Joder! —pensé para mis adentros —¿porqué leches me pasan estas cosas a mí?. Hace un un de año lo del preservativo de mi hija y ahora ésto. Ni yo mismo podía creerlo.
No pensaba alargar esto mucho más, no podía permitir que lo que creía ahora que podía suceder, sucediera. Así que empecé a enjabonar su sexo lo más rápido que pude para terminar lo antes posible.
—Ya termino Carlota, ya casi estoy...
Pero al parecer mis prisas por terminar lo antes posible la hicieron reaccionar súbitamente.
Su respiración se aceleró tanto que me hizo levantar como un resorte la cabeza para mirarla. De repente abrió los labios soltando un ahogado gemido. Luego de inmediato y para mí atónita sorpresa, se abrazó fuertemente con sus dos brazos a mí brazo derecho. Paré de súbito de enjabonar su sexo.
Ella, abrazada a mi brazo como un Koala, empezó a frotar su sexo fuerte y vigorosamente contra mi mano. Se sujeto tan fuerte que podía notar claramente sus pequeños y duros pechos contra mi hombro derecho a la altura de mi axila y mi pecho.
Me quedé tan parado que no pude nada más que acertar a cerrar levemente mi mano para que ni por casualidad se pudiera introducir algún dedo donde no debía.
Ella siguió frotándose como en trance. Lo hacía contra el dorso de mi mano cerrada con un contoneo, balanceo y maestría increíbles. Vamos, como si lo hubiera hecho toda la vida.
Se frotaba desde el nudillo de mi dedo gordo hasta el hueso de mi muñeca. Así una y otra vez, con un balanceo que resultaba totalmente surrealista para su edad. Arriba y abajo, cada vez con más ímpetu y velocidad.
El sonido de chapoteo al frotarse contra el dorso de mi mano, con la mezcla del agua enjabonada, su sangre y sus propios y abundantes jugos no podía ocultar sus cada vez más fuerte jadeos ni sus culetazos en el bidé. Por un momento pensé que iba a hacer saltar sus anclajes.
De repente detuvo sus movimientos y aplastó su vagina tan fuerte contra mi mano que incluso me hizo algo de daño en la muñeca, luego salió de su boca un escandaloso y largo ¡Ahhhhhhhh!. Entonces y nada más entonces, fue separando muy lentamente su sexo de mi mano, a la vez que a sus caderas le daban fuertes latigazos. Con cada uno de ellos volvía a salir de su boca otro pequeño ¡ahhh!. Y con cada unos de éstos el bidé golpeaba la pared.
Por suerte mi mujer estaba aún comprando ya que de lo contrario tal estallido de placer lo hubiera oído con toda seguridad. Y mi mujer no era tan abierta como yo. Ni mucho menos.
¡Por Dios, acababa de tener un orgasmo apoteósico!
Miré hacia abajo, hacia el interior del bidé y vi claramente como desde su sexo hasta mi mano se habían formado unos bonitos y espesos puentes colgantes de mucosidad de un color rosa oscuro.
Cuando las sacudidas de su pelvis cesaron, empezó el temblor escandaloso en todo su cuerpo.
Se volvió a agarrar a mis hombros, pero sus temblores no paraban. No los pudo controlar. Tanto era así que tuve que sujetarla con mis manos, una sobre sus muslos y otra en su espalda por temor a que se cayese del bidé hacia atrás.
—Ya está Carlota. Tranquila cielo. Respira ondo.
Pasó un par de minutos hasta que se recompuso un poco. Abrió los ojos y acto seguido se tapó la cara con las manos y empezó a sollozar.
—¡Ohhh! Lo siento mucho tito. Que vergüenza, que vergüenza. Me quiero morir....
Separó un poco sus manos de los ojos y miró mi mano que, aún sujetaban firmemente sus piernas.
Yo también lo miré y pude ver claramente todo el dorso de mi mano hasta por encima de la muñeca manchada con una espesisima mucosidad de un color rojo claro.
Esa visión le hizo estallar en llanto.
—Perdoname tito, porfavor tito. Me vas a odiar —miró nuevamente mi mano derecha— ha sido asqueroso, lo siento.
—Carlota, Carlota. Cariño, no pasa nada, esto es normal.
Abri el grifo del bidé, y situé mi mano bajo el chorro de agua. Al instante desapareció toda señal de lo ocurrido.
—Ves cielo, ya no hay nada en mi brazo. Esto no es nada cariño. A mí no me da ningún asco te lo aseguro preciosa. No me importa en absoluto.
Le cogí las manos y se las aparté de su carita. Las lágrimas ya caían nuevamente y está vez a raudales.
Se las limpié con mis manos y le di un sonoro beso en la frente y en cada una de sus mojadas mejillas.
—Cielo no has hecho nada malo.
—Si tito ha sido muy malo y muy asqueroso. Mira como te he puesto.
—De verdad que no cariño. Ni asqueroso ni malo. Es totalmente normal. Ahora eres toda una mujercita y estás descubriendo nuevas sensaciones. Tan solo tienes que aprender a controlar esos impulsos.
Me miró fijamente, no terminaba de creer que mi reacción fuese esa.
—Estas cosas nos han pasado y nos siguen pasan a todos a lo largo de toda nuestra vida. Unos empiezan antes y otros después. Y sí, para siempre. Pero claro esto no lo puedes hacer en cualquier momento o lugar.
Y tampoco son cosas que se deban contar así como tal cosa. Son cosas totalmente normales, pero son cosas muy íntimas cariño. Solo debes hablar de ello con personas de tú máxima confianza. ¿Lo entiendes preciosa?
—Sí, creo que sí. Como contigo ¿verdad tito?
—Sí claro, o con mamá.
—No, con mamá no
—Bueno, todo tiene su tiempo y su lugar. No cierres la puerta a mamá.
No me contestó, y tampoco quise insistir.
—Esto que acabas de hacer, ¿Ha sido tu primera vez?.
Se tomó un tiempo en responder.
-—No, ha veces lo he echo con la almohada. —dijo finalmente sonrojándose.
—Bien cielo. Es totalmente normal cariño. En tú cama y en la intimidad puedes hacerlo las veces que te apetezca. No tienes por qué dar explicaciones a nadie. Es decisión tuya, y solo tuya. Esto no le pertenece a nadie, únicamente que a tí, y a nadie más. Nadie puede obligarte a hacerlo o a compartirlo sino tú quieres. Recuérda bien esto cielo. Nadie.
—Sí, pero...
—Pero. ¿Qué?
—Con la almohada lo he echo muchas veces, pero nunca he sentido lo de ahora contigo.
—¿Te ha echo sentir bien?
—Sí muchísimo.
—Pues nada cariño, seguro que si insistes con tu almohada al final sentirás lo mismo o mejor.
—Vale tito.
Ella seguía sentada en el bidé y yo seguía arrodillado a su lado sujetandola con mis dos manos sus piernas. Ella aún mantenía sus manos sobre las mías.
Me apretó fuertemente éstas y con los ojos húmedos me dijo.
-—¿Vas a contárselo a mis papás?
—¿Tú qué quieres que haga? ¿quieres que se lo diga?
Casi gritó
—¡No!, ¡Claro que no!
—Cielo te aseguro que no voy a contar a nadie nada de lo que tú no quieres contar. Puedes estar segura de ello. Pero también ten la certeza de que no has hecho nada malo.
—Vale... pues a tita tampoco
—A tu tía tampoco, tranquila.
—¡Júralo!
- Lo juro —y le di otro beso en la frente.
Ella me dió un beso veloz en la mejilla.
—¿Por qué me das los besos siempre en la frente o en la cabeza tito?. Me hace sentir muy pequeñita.
-—Jejeje, es que me encanta tú frente. —y le asenté un fuerte beso en ésta y luego a la velocidad del rayo otros dos en cada una de sus mejillas. Ésto le hizo reír mucho.
—Que tonto eres tito.
—Bueno Carlota, después de este suceso hay que lavarlo bien otra vez. Tienes que tenerlo en cuenta, cada vez que realices algo así, luego debes lavarte bien. ¿Vale cariño?
—Si tito.
Volví a abrir el grifo y a echarle abundante agua. Luego como antes me unté las manos de jabón y empecé nuevamente a limpiarla. Pero está vez por el otro motivo.
Al minuto noté otra vez que su clítoris se ponía duro como una piedra y su cuerpo empezaba nuevamente a acomodarse.
La miré fijamente a los ojos. Los volvía a tener cerrados. Sus labios semi abiertos de placer.
—¿Carla? - no me hizo ni caso
—Carla, pillina —Le pellizqué levemente en el trasero. Está vez sí que abrió los ojos de par en par.
Le sonreí
—No seas mala cariño. Esto no va a pasar otra vez.
Su cara se puso roja como un tomate.
Retiré mi mano y empecé a echarle agua para enjuagarle bien.
Le planté un fuerte beso en su respingona nariz, mientras le hacía cosquillas en los costados. Esto la hizo retorcerse y reír escandalosamente.
—Venga, a secarse preciosa.
Se levantó del bidé, cogió una toalla y se seco un poco para luego enroscarse la al rededor de sus caderas.
No tardó en llegar mi esposa.
Viendo que mi sobrina ya está a lista, le dió unas braguitas de nuestra hija y le enseñó a colocar la compresa.
—Ahora con esto cielo —le dijo mi mujer— tan solo mancharas un poco la compresa. Tú no te mancharás prácticamente nada.
—O vale tita, muchas gracias.
—Cuando notes que está algo húmeda, será el momento de cambiar de braguitas y de compresa. Pero todo esto ya te lo explicará con detalles mamá.
—Sí, tita.
También le dió un pantalocito corto de de su prima. Se lo puso rápidamente y se volvió a ir a jugar a la PlayStation.
Yo por mi parte me volví a bajar al patio.
Tengo que decir que a partir de ese día la relación com mi sobrina ha cambiado bastante.
Si he de ser sincero, más por su parte que por la mía.
Lo que tengo muy claro es que no es tonta, y ahora cada vez que ve la oportunidad hace que sus padres la dejen en mí casa.
Sus padres han notado también el cambio hacia mí pero lo achacan lógicamente a lo que sucedió semanas atrás.
Cuando ella llega y me ve los besos y abrazos que me da duran un rato y a la marcha otro ya tanto.
Si viene o se marcha y yo estoy es alguna zona de la casa en la que no nos ve nadie el besazo me lo planta en toda la boca. Y si le protesto me da otro y de postre un lametazo de su lengua y se marcha riéndose.
El otro día su padre comentó:
—Madre mía Carlota está ahora que pierde los papeles contigo.
—Hombre no me extraña. El que estaba con ella en unos de sus momentos más críticos era yo. Vosotros estabais de juerga.
Mi cuñado estalló a carcajadas
—¡Serás mamón!... ¡No estabamos de juerga.!
—Tío, el que le salvo la vida a Carlota fui yo. La niña estuvo apunto de desangrarse. Y vosotros por ahí de paseo por los bosques.
Miré a Carlota riéndome y le guiñé un ojo.
-—A que sí Carlota.
—Si, es cierto papá. Estuve a punto de morir, y la tita también.
Ahí fue cuando casi nos morimos todos de la risa. Mi mujer incluida.
Ahora explicaré porqué digo que algo ha cambiado en ella con respecto a mi.
Esto lo ha hecho varias veces.
Estando de pie (sea donde sea) yo, estando ella o nosotros con sus padres o con quien sea, ella no pierde oportunidad de abrazarse a mi brazo derecho (nunca el izquierdo) tal como lo hizo en el bidé, luego mientras hablamos y a lo largo de la conversación, mueve sus manos y acaricia lenta y disimuladamente una zona muy concreta de mi mano. Su intención está muy clara y nosotros dos somos los únicos que lo sabemos.
Luego, antes de soltarme el brazo, busca la forma en que se crucen nuestras miradas y me sonríe pícaramente mientras se separa de mí.
Mi hija también ha notado algo y el otro día en privado me preguntó directamente.
—Oye papá, ¿Ha sucedido algo con mi prima?. Le estoy notando algo rara contigo. Últimamente la encuentro muy cariñosa contigo.
—Lo único que ha sucedido cariño fue, lo de la menstruación. Desde entonces creo que soy con mucha diferencia su tío favorito. Supongo que está muy agradecida que la limpiase sin que me diera asco toda esa sangre. Ni siquiera ella fue capaz de hacerlo. Ya lo sabes.
—¡Joder! Pues vaya encoñamiento que tiene la niña contigo desde entonces!
-—Supongo que con la edad y el tiempo se le pasará.
—Sí, supongo que sí papá. Eso espero...
Le dije a mi hija que a su prima ya se le pasaría la obsesión conmigo. Pues no, no se le pasa, más bien todo lo contrario.
El otro día estando yo en el sofá, viendo uno de mis programas favoritos vino ella.
Lleva puesta una camiseta rosa de esas elásticas tipo deportivas que le llegaba un par de dedos por debajo de sus pequeños pechos y una faldita con volantes bien corta a juego. Le cubría no más de un palmo por encima de las rodillas.
Pues con la excusa en mostrarme el concierto en directo de Aitana en el que había estado hacia bien poco, tuvo la 'brillante' idea de sentarse a horcajadas sobre mi pierna derecha y frente a mí.
Mira que había sofá de sobra para sentarse en mi lado derecho. Pero no, ahí se plantó ella a horcajadas sobre mi pierna desnuda ya que me encontraba en pantalones cortos.
Sentada así, completamente espatarrada sobre mi muslo, su falda se elevó tan arriba que sus piernas se me mostraban por completo de tal modo que, incluso se le podían apreciar por los lados buena parte de sus glúteos.
Madre mía, si mi mujer la viese sentada así sobre mi, tengo por seguro que Carlota no volvía a entrar en casa.
Pero la sorpresa no fue que se sentase así de improviso, la sorpresa fue (puse los ojos como platos) cuando noté claramente y sin lugar a dudas que no llevaba puestas sus bragas.
Puedo asegurar que sí las llevaba cuando llegó a casa y a lo largo de todo el día. Ya que con esa faldita tan corta, era bien fácil ver parte de sus braguitas en distintos momentos del día.
¡Por Dios, se había quitado intencionadamente sus bragas para poder notar mejor en su vulva mi pierna!
Luego percibí atónito como intentaba acomodar su vagina moviendo sus caderas lentamente de lado a lado en mi pierna. Logró hacer con suma facilidad que los labios de su vulva se abrieran por completo, abarcardo la mayor superficie posible de mi muslo. Bien rápido me apercibí de su gran humedad.
—Carlota —acerté a susurrar
—Mira tito y calla —me dijo sonriendo con naturalidad mostrándome la pantalla del móvil.
Empezó a describir lo acontecido en el concierto a la vez que mostraba los vídeos con alegría y a reproducir cada uno de ellos sin pausa entre ellos. Eran los grabados en el concierto. Sentada así frente a mi, tenía que girar cada vez el móvil para mostrármelos.
Poco tiempo pasó en que cada vez hablaba menos y pero cada vez estaba más concentrada en lo que realmente le interesaba.
Apoyó su mano derecha en el reposa brazos del sofá. Así de este modo pudo ayudar a que sus caderas se deslizarsen lentamente sobre mi desnudo muslo. Poco le importaban ya mostrarme los vídeos del concierto. Aunque estos no paraban de sonar, dejó caer su mano izquierda, (con el móvil dentro de ella) sobre mi pecho. Ahora sí, apoyada con una mano contra mi pecho y la otra en el reposa brazos y mientras sonaba la música de Aitana sin parar, comenzó a frotar todo su sexo sobre mi pierna desnuda al ritmo de la música.
Era increíble como tan de súbito pude notar cómo sus jugos vaginales empezaron a chorrea al rededor de mi muslo. Notaba perfectamente como los regueros de espeso líquido vaginal se deslizaban lentamente al rededor de mi pierna.
Puedo jurar que noté nuevamente ese clítoris tan duro que, para mi ya era inconfundible.
No podía consentir que esto sucediera otra vez y no tardé en protestar y hacérselo notar:
—Carlota porfavor cariño, no seas traviesa —le susurré— ya hablamos sobre esto. Ya te dije cómo debías gestionarlo.
Sin parar de frotarse, me contestó con un hilo de su quebrada voz, debido a su gran excitación:
—Sí tito, pero mi almohada no funciona bien.
¡Me quedé estupefacto!. Podía esperar cualquier respuesta, y aún estando en tal peligrosa situación, no pude contenerme y estalle en contenidas carcajadas.
La concentración y excitación de ella era tal que ni tan siquiera le afectó mi risa.
Al final me recompuse y muy serio le dije:
—Cariño, pues tendrás que buscar otro modo, yo no puedo ser de ninguna de las maneras ese modo cielo.
La música de Aitana seguía sonando y mi sobrina frotaba su sexo perfectamente al ritmo de ésta. Con tal soltura y maestría que, me quedé unos segundos traspuesto. No me podía creer que mi sobrina pudiera masturbase de ese modo con mi pierna. Al principio el roce de su vulva abarcaba una poca superficie de mi muslo, pero ahora su frenesí era tal que, abarcaba desde prácticamente mi rodilla hasta mi ingle. Mi pierna ya se encontraba por completo empapada en sus cremosos jugos vaginales.
Al fin me respondió con voz susurrante y temblorosa:
—No he podido volver a sentir lo del otro día tito.
¡ohhhhh tito, te quiero tanto!. Ahora sí que lo estoy volviendo a sentir otra vez. Aún más, ¡ohhh te quiero te quiero ohhh te quiero mucho...!
No podía permitir que continuara aquello.
Sabía que en pocos segundos estallaría en otro tremendo orgasmo. Y si eso sucedía de nuevo, luego quería más y más.
Levante mis manos (que hasta ahora habían descansado a mis costados) y la agarré por las nalgas. Parte de mis manos quedaron ocultas por su corta falda. Hice amago de levantarla y empujarla con delicadeza y así, sacarla de encima mío.
Desde luego ella que la agarrase así del culo, lo interpretó del todo mal. Presionó su sexo con más fuerza si cabe en mi pierna, mientras cerraba fuertemente las suyas atrapando la mía con firmeza.
No había sido buena idea que agarrar así a sus glúteos. Se alteró tanto que, incluso dejó caer el móvil de su mano izquierda sobre mi regazo. Clavo sus dedos en mi pecho y se aferró a mí con fuerza. Su aliento en mi rostro se hizo tan intenso que ya era una mezcla de aire y saliva que me mojaban y refrescaban levemente todo el rostro.
¡Su pelvis tomo una velocidad endiablada!.
—¡IUhhhohhhh, sí tito, sí, sí por favor, ouhhh!
Empecé a notar por todo mi rostro bocanadas constantes de su juvenil y fresco aliento. Su olor dulzón y afrutado me dejó por completo subyugado.
Solté rápidamente sus glúteos, pero ya era tarde. ¡Estaba a pocos segundos de correrse otra vez!.
De repente, se escuchó abrirse la puerta de mi habitación
—¡Yo también quiero verlo Carlota...!
Dijo mi mujer que se acercaba por el pasillo al salón.
Carlota se congeló. Paró de súbito lo que estaba haciendo. Pegó un brinco, al mismo tiempo que cogía su movil que aún se encontraba en mi regazo y se sentó de golpe a mi derecha en el sofá. La música del móvil no paraba de sonar. Acomodó rápidamente su falda haciendo que cubriese el máximo posible de sus muslos.
Como ella saltó tan rápido, a mí me dió tiempo a mirar mi pierna mientras mi mujer se acercaba tranquilamente por el pasillo. Pude ver varias zonas (en las que se debería haber frotado con más fuerza) completamente rojas. Lo flipante fue ver cómo desde la rodilla hasta la ingle la tenía completamente empapada de sus jugos vaginales. Rápidamente los distribuí por toda mi pierna como si de crema solar se tratará. Lo cierto es que era bastante espesa. Atribuí esa gran cantidad de flujo y espesor a su juventud.
Terminé secandome las manos en el pantalón. Luego puse mi pierna izquierda sobre la otra para ocultar las zonas rojizas e evitar cualquier pregunta al respecto.
Mi sobrina me miró y me imitó haciendo lo propio, también cruzó sus piernas.
—Uyyyyyyyy. —salió de su boca.
Volvió a descruzar sus piernas al instante.
Yo tenía claro lo que le acababa de suceder. Su clítoris se había quedado tan sensibilizado que si cruzaba las piernas, ejerciendo presión sobre él, sería capaz de correrse ahí mismo delante de los dos.
La miré, su cara tan preciosa de sorpresa, de estrañeza e inocencia me hizo soltar otra carcajada. Aún, me dió tiempo a susurrarle justo antes de que llegase al salón mi mujer:
—Jeje, ahora te aguantas pillina.
La música seguía sonando sin parar.
Mi sobrina me sonrió, entornó los ojos y simuló cara de niña traviesa, ofendida y vengativa.
Me susurró también:
—Sí, sí, ríete tontorrón. Ya verás la próxima vez...
Carlota mantenía, ahora sí, el móvil de la forma más natural como si lo estuviéramos viendo desde hacia rato los dos. Uno sentado al lado del otro.
—Claro tita ven —dijo cuando vio aparecer a su tía en el salón— pensaba que estabas echándote la siesta.
Mi esposa se sentó junto a Carlota, quedando mi sobrina en medio de los dos.
—Lo estaba cielo, pero me ha despertado esa estupenda música. —le dijo sonriendo.
Madre mía pensé, que suerte he tenido que se despertara mi mujer justo en el momento más crítico. La verdad es que no sabía cómo salir de esa situación viendo la determinación de Carlota. Porque la interrumpió mi mujer, que si no ella ubise conseguido todo el placer al que estaba decidida a conseguir.
"—Sí ríete tontorrón. Ya verás ya la próxima vez..."
Las últimas palabras de mi sobrina, me dejaron por completo acojonado.
Tenía que tener más cuidado y anticiparme a ella. No me quedaba otra. Tenía que encontrar la forma de ponérselo más difícil sin que resultara muy evidente para los demás que yo buscaba un distanciamiento. No sé en qué momento perdió la timidez o toda la vergüenza decidió tomarme con ese descaro como su almohada.
Supongo que al pasar las semanas y ver que nada se sabía en la familia sobre lo sucedido en el bidé, le dió la suficiente seguridad y confianza para que, hiciera conmigo lo que hiciera nada de ello trascendería. Al menos por mi parte.
Vamos, confiaba plenamente en mí, o se apercibía que estaba atrapado.
Tenía que encontrar una solución. No quería tener un conflicto familiar por nada en el mundo. Mi hermana era incluso más abierta que yo, pero ésto, seguro que arruinaría nuestra relación por completo. Que por otra parte siempre ha sido estupenda.
De saberse ésto, está muy claro que, no solo se rompería toda relación con mi hermana. También estaban mi mujer y sobre todo mi hija.
Y por último, estaba lo más importante, Carlota. De salir esto a la luz, ¿Qué impacto personal y emocional le supondría?.
Únicamente, se me ocurre que las próximas veces que nos deje en casa a mi sobrina, no me iba a quedar más remedio que quedarme a hacer horas extras en el trabajo.
Así seguro que la evito un tiempo. Al menos hasta que se me ocurra algo más, o a ella se le pase esa calentura y ese encoñamiento conmigo.
También podría plantearme el enseñarle el cómo hacer que su almohada funcionase muy bien.
Pero eso requiere tiempo y sobre todo intimidad.
Y no sé, viendo ahora el descaro de mi joven sobrina, no tengo tan claro que lo de su almohada fuese un problema, más bien creo que en realidad solo me quiere a mí, que nada más verme, se humedece tanto que le cuesta reprimir el utilizarme como su juguete sexual...
No sé cómo terminará esto, pero creo que no muy bien...