UNA BUENA HEMBRA
Me había mudado con Ro apenas a mediados de febrero, pero de hace varios años. Recién había terminado el secundario. Era un potrillo de dieciocho añitos rumbo a los diecinueve muy muy calentón y muy putita.
Ro era un musculado profesor de educación física. Lo había conocido por supuesto en la escuela. No era muy alto. Ojos claros de color indefinido. Una pequeña barbita siempre recortada prolijamente. Unas manos medianas y dedos bastante largos y finos.
No sé lo que le había gustado de mi, tal vez que era muy femenino y se notaba mucho. Mis ojos azules profundos. Mi manera de moverme. La cuestión es que un día de tantos nos encontramos fuera de la escuela, no recuerdo porque motivo.
Prontamente nos fuimos a tomar un helado como viejos amigos, como un tío con su sobrino, a mi me daba mucho morbo. Me conto que se había separado hacia unos meses, que no salía con nadie. Yo lo encontraba muy atractivo y la cantidad de erecciones que tuve aquella tarde fueron incontables. El seguramente se dio cuenta pero no avanzamos en nada, solo charlamos un rato como buenos amigos y luego nos despedimos.
Pasaron unos días y nos volvimos a encontrar casi de casualidad en un bar de la zona donde vivíamos. Apenas lo vi con esa chomba color azul, sus pectorales marcados, una bermuda color beige marcando su bulto que mire con cierto disimulo, me derretí por completo. El era un maduro hecho y derecho y yo en ese entonces pensaba que tendría mujeres chorreando por él a cada paso. Que nunca se fijaría en un chico, con ciertos ademanes de fémina, pero que aun no había encontrado su camino.
__¿Y cómo has estado estos días?__ pregunto mientras tomaba su café
__Bien, bien…___ dije tímidamente
__¿Y qué era lo que ibas a seguir estudiando? No recuerdo, sí es que me lo dijiste
__Quería, tal vez, hacer una maestría de cocina, me encanta cocinar, soy muy bueno…__ dije con cierto aire de superioridad sonriendo
__A bueno me tendrás que cocinar un día de estos__ dijo el mostrando su dentadura perfecta.
Salimos a caminar por la costanera. Allí me conto de sus desavenencias con su ex. De cómo empezó a gustarle estar con jovencitos, me lo dijo así de una, los jovencitos. Y de paso me tiro: “un jovencito como tú”, creo que mis colores subieron por mi rostro angelical y tierno. Una luna enorme salió de pronto en aquella costanera llena de gente. De pronto nos mezclábamos con la muchedumbre jovial y relajada que andaba por allí.
Dimos una gran vuelta y nos volvimos a despedir pero esta vez quedando para el día siguiente. Yo iría al departamento de Ro y le cocinaría algo. Estaba realmente muy caliente. Nervioso, ansioso, pero sobre todo con una fenomenal calentura. La cita era para la nochecita. Las horas del día se hicieron interminables hasta llegar la hora. Allá fui. Con una vestimenta muy sencilla. Una bermuda, una remera y no más que eso. Una tanguita preciosa que había comprado en esos días y no había estrenado. Me había dado un baño muy delicado, escarbando cada rincón de mi cuerpito ardiente.
A la hora exacta toque el timbre de su casa y Ro me abrió sonriendo. Vestido muy sencillo también, con barba del día sin afeitar, lo note apenas lo vi. Le quedaba terriblemente erótico y sensual. Quería comerle la verga allí mismo. Me hizo pasar. Nunca había estado en esa casa. En ese departamento. Era grande, cómodo. Tenía las puertas del balcón abierta y una leve brisa hacia correr y bailar las cortinas.
__Tu departamento es hermoso…__ comente
__Gracias, pasa por aquí te mostrare un poco todo…__ me llevo a recorrer cada una de las habitaciones y cuando terminamos, fuimos a la cocina y yo comencé a hacer mi tarea. El me comía con los ojos, yo me daba cuenta, y movía un poco mis caderas, cada vez que la ocasión lo ameritaba. El bebía un trago que se había preparado y estaba sentado en una de las banquetas que se encontraban en aquel lugar, que era amplio y ordenado. Preparé algo rápido y frugal.
__Esto estaba exquisito Moi muy rico la verdad, hacía tiempo que no comía algo tan rico, felicitaciones…__ dijo el tocando mi hombro ya que estábamos muy cerca y sus pies solían chocar con los míos.
__Gracias, aun estoy aprendiendo, pero le pongo ganas y pasión…__dije orgulloso
__O sea que todo lo que haces con pasión te sale muy bien…
__Trato, ¿tú no?__ contraataque sabiendo adónde iba esto.
__Claro, cuando me gusta algo trato de hacerlo bien, de hacérselo notar, de que no queden dudas, de ponerle todo, la pasión, las ganas, el ardor, sino no estaría como estoy desde que llegaste, desde que abrí esa puerta, casi no puedo caminar, observa, mira, ven aquí, vamos al sillón, ven y mira lo que logras…__ nos corrimos al sillón de color indefinido, amplio, cómodo. Se notaba la dureza que tenía entre sus piernas. El bulto latente, listo ahí para mí.
Se bajo la bermuda que tenia puesta. Mirándome. Su vergota latía a través de la tela del calzoncillo. Se quito la remera mostrando su pecho ancho, viril, con los pezones totalmente erectos. Mis ojos no podían creerlo, se derretía mi culo palpitante. Empecé a moverme sin que él dijera algo, solo mirarme con sus ojos. Me quite la remera que llevaba, yo también tenía mis pechitos hinchados, parados, muy duros, casi que dolían.
__Ohh Moi, que belleza de cuerpo tienes, dame mas, muéstrame, no seas tímido…__ balbuceaba apenas en un ronquido de calentura brutal. Su pijota latía, la notaba a través de la tela de su prenda. Me quite la bermuda. Cuando vio mi tanguita, mi cola grande y carnosa, sus ojos, su cara se transfiguraron de locura, trago saliva. Se quito el calzoncillo y por fin su verga quedo libre, gruesa, tentadoramente larga, un garrote de unos 23 centímetros, viéndola de una. Palpitante. Dura como roca. Me acariciaba el cuerpo en una danza imaginaria, hasta que el me pidió que me acercara.
Los huevos de Ro eran grandes, sin vellos, redondos, muy comibles, apetecibles. Me gire delante de él ofreciéndole mi culo, lo acaricio, toco mis nalgas golosas, carnosas. Sin quitarme la tanga, las beso, y paso la lengua rasposa interminablemente haciéndome jadear.
__Que puta eres Moi, me encanta que seas así, ahhh te deseo tanto…__ así despacio hundió su lengua en mi agujero rosado, limpio, sin pelos, totalmente depilado. Su lengua jugueteo durante muchos minutos, mientras él masturbaba su garrote presto y venoso. Me corría la línea de tanga que tapaba mi orificio caliente, abriéndose para su lengua inquieta y salvaje. Mis gemidos retumbaban en aquel lugar, y su lengua penetraba más y más, haciendo que todo mi cuerpo sea una revolución de hormonas y jugos que salían por delante y por detrás.
Ro tomándome de las caderas giro mi cuerpo y suspirando y gimiendo como locos, se metió mi verga en la boca. Estaba tan dura, bien parada, a punto de largar todo el liquido posible, mientras con la boca jugueteaba en mi pija, se pajeaba como salvaje, gruñendo, como un loco, a medida que succionaba mi verga, me comía, hasta que mis líquidos empezaron a salir en torrentes impensados, incontenibles, y el los bebía y los comía sin dilación, sin espera, con emoción y con deseos. Dejo mi verga limpia hasta el hartazgo, en ese momento empezó a gemir más como un ronquido, de manera desesperada.
__Ahhh ven aquí, Moi, mi puta, mi buena hembra, ven que te daré mi leche, ahhh, ¿la quieres? Ven que ella sale, ya viene, ohhh, siii, quiero que pongas tu boca…__ fui hasta su poronga aguerrida, potente, muy dura, alzada, viril, y así fue que empezó a salir como una bocanada de leche, blanquecina, pegajosa, germinal, los gritos de él, mezclados con los suspiros míos mientras tragaba todo le que me daba aquel macho formidable y encantador. Cuando hubo terminado quede unos instantes saboreando aquel pedazo increíble que seguía rígido y tardaba en ablandarse. Ro temblaba como nunca había sentido ni visto a otro ser humano, era como un golpe eléctrico, involuntario, inconsciente.
Quedamos caídos en el sofá, yo sobre sus piernas fuertes, muy cerca de su bamboleante pedazo.
__Moi eres tan puta, me gusta eso de ti, eres una hembrita muy hermosa, tienes una boquita comilona, ahhh me has hecho gozar mucho…
__Y tu a mí, me ha encantado tomar tu leche de macho…__ dije con mis ojos saltando chispas y mi cuerpo caliente, como al principio mi cola latiendo, aun con la saliva de su boca chorreando por mi anillo. Luego de eso me miro y me atrajo hacia el haciéndome incorporar para buscar mi boca y encontrar la suya y chuparnos incansablemente las lenguas, morder los labios, quitarnos la respiración en interminables besos de pasión.
Al rato necesite ir al baño casi con urgencia, se me estaba escapando el orín. Llegue al baño y el vino detrás de mí
__¿Que haces cariño?__ pregunto
__Estoy meando…__ le conteste
__No no no así no…las bebes como tu tienen que sentarse, siéntate por mi hazlo cariño__ me dijo y con esfuerzo cortando el chorro me senté para terminar de largar lo último que me quedaba. Lo vi sonreír blandiendo su poronga estoica ya erguida nuevamente, tal vez por la visión y el morbo que le daba verme sentado como una mujercita. De ahí sin que me dijera nada me senté en el bidet y me lave todo, el empezó a acariciarse, a tocarse. Me levanto de allí bajo la tapa del inodoro e hizo que apoyara mis rodillas allí, paso una crema en gel por mi ojete aunque este ya estaba semi dispuesto a recibir su tranca y me fue penetrando entre balbuceos y suspiros calientes. Mis gemidos y contorciones hicieron de aquella cogida una delicia, me la metió bien a fondo y serrucho, y empujo y bombeo de manera salvaje. Me apretaba las tetitas duras, las pellizcaba, las acariciaba sin dejar de ir y venir en mi túnel abierto y entregado. Mi pija se levanto como resorte y al cabo de un rato empecé a acabar sin siquiera tocarme, así era aquella locura de placer y lujuria, me lleno el ojete dando estertores y gruñidos. Era un potro salvaje. Me inundo el culo de leche. Mordió mi nuca con los últimos empujones. Luego saco el machete de mi hondo anillo, chorreando fluidos y jugos. Quede unos momentos de rodillas sobre la tapa del inodoro, y notaba como caían gruesas gotas de leche, de la leche de mi macho.
__Ohhh que belleza de hembrita eres Moi, tienes un culazo tremendo, eres perfecto, o perfecta, no importa, tu culazo es espectacular, me calientas mucho, hacía rato que no me pasaba con nadie…
__Me gusta como me has cogido, Ro, eres un machote tremendo, me encanta tu perno en mi culo…
__Ya te lo daré otra vez déjame respirar…__ salimos del baño. Antes el quedó un rato y largo tremendos chorros de orina. Yo fui a donde estábamos antes y me tire casi en el sillón. El vino hasta mi, arrodillándose me beso otra vez, largamente, apretando mis tetitas erectas. Luego se levanto y busco un cigarrillo y se puso a fumar. Me invito pero aun yo no estaba preparado para ciertos vicios.
Al terminar el cigarro me tomo de la mano y me llevó al dormitorio
__Vamos a la cama, quédate conmigo…__ nos tendimos en la cama, yo no pensaba ir a ningún lado, solo que no se lo dije. Estábamos uno al lado del otro sin tocarnos, sin siquiera rozarnos. De pronto él en un susurro quedo, pregunto, como había sido mi primera vez, si quería contárselo. Y yo claro, porque no, y le conté de mi primo, diez años mayor que yo casi, del verano pasado y de que fuimos a una quinta a pasar el verano con su familia, en realidad me habían invitado a mí, mis tíos. Y bueno que una tarde jugueteando, en la pileta, jugueteando, solos, en la casa, porque mis tíos se habían marchado a hacer unas compras, como quien no quiere la cosa, mire su verga, el miro la mía, nos acariciamos, nos tocamos, nos masturbamos mutuamente y luego yo había comido su verga, torpemente, el había chupado mi culito, y luego un dedo y dos, y la crema y finalmente su pedazo dentro de mí. Y así fue todo aquel verano pasado. Cogíamos en todas partes donde nos encontrábamos solos, fue doloroso, las primeras veces pero a mí, le dije, me encantan las vergas, y ahora bueno estoy aquí contigo.
No recuerdo bien pero nos quedamos dormidos y no se la hora que era cuando sentí un perno caliente dentro de mí, pensé que estaba soñando, pero no, era Ro que me penetraba duramente de costado.
__Solo disfruta cariño, siéntela, es toda para ti ahhhh___ susurraba en mis orejas mientras las mordía y las chupaba frenético y salvaje. Bombeo rápido, vertiginosamente, deliciosamente me lleno de leche otra vez el culo, que quedo babeando, abierto, y su pijon latiendo dentro mío por un buen rato, tanto es así que creo que me dormí con su estaca clavada dentro.
Desde ese día no me fui más de su casa, y esto ya lleva como unos cuantos años. Nos hemos ido de vacaciones juntos. He conseguido trabajo en un hermoso restaurant, por supuesto en casa le cocino siempre que puedo, me he convertido en una hembra hecha y derecha, y el no deja de cogerme. Cada oportunidad que tenemos estoy ensartado por su poronga caliente y siempre dispuesta. No sé cuanto durara esto pero lo estoy disfrutando a pleno y de eso se trata esto no.-