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Toda esta historia empezó una tarde noche de sábado de hace ya unos cuantos años.
En esa época todavÃa estábamos estudiando en el instituto, era nuestro último año y al año siguiente los tres irÃamos a la universidad, aunque ninguno de los tres tenÃamos claro que era lo que querÃamos (ó nos convenÃa hacer, académicamente hablando)
Nosotros tres éramos, Pedro, Juanjo y yo Arturo, los tres éramos buenos estudiantes y solÃamos estar juntos bastante tiempo, quizás también como apoyo entre nosotros, porque no éramos muy populares entre el resto de nuestros compañeros, posiblemente no salÃamos demasiado, y el emborracharnos no era nuestro pasatiempo favorito.
Las chicas nos hacÃan caso, pero el justo pues eran los mas gamberros y más lanzados los que al final se enrollaban con las mas putillas; y con las chicas normales si que nos relacionábamos pero poco más.
Asà que cumplidos los dieciocho seguÃamos vÃrgenes y yo al menos me la meneaba un dÃa si y al otro también, y muchos dÃas varias veces.
Volviendo a aquel dÃa, todo empezó en una pequeña fiesta que se montó en un bar al que solÃan acudir gran parte de nuestros compañeros y al que cosa rara fuimos invitados.
Mientras la gente se iba desfasando nosotros seguÃamos más o menos controlando, como siempre habÃa tres o cuatro parejas, de los más impresentables de la clase con las mas lanzadas de las chicas, parejas que acababan desapareciendo para una follada rápida en alguno de los baños mientras se "empolvaban la nariz" y el resto intentando pillar cacho, pero todos mas ó menos bastante pasados con la bebida.
Nosotros bebÃamos cerveza, pero con pocas ansias, mientras hacÃamos tiempo para escaparnos, pues en mi caso la chica de la que llevaba colgada bastante tiempo no solo no me hizo ni puto caso sino que se paso todo el rato hablando e intimando con otro compañero.
Pedro estaba bebiendo una cerveza cuando empezó a sentirse mal, se puso blanco, sudor frÃo y se mareaba, como pudimos y mientras todos los demás se reÃan de nosotros conseguimos sacarle a la calle y como pudimos acercarle a casa.
Al llegar a su casa, llamamos al portero automático, su madre tardó bastante en contestar pero cuando lo hizo y le contábamos que pasaba nos abrió toda alterada, le llevamos hasta su cama, y ayudamos a su madre a acostarle, quedándose tranquilo.
Juanjo y yo no podÃamos dejar de mirar a la madre de Pedro, pues era todo un espectáculo, llevaba una bata corta, sin sujetador y unas minúsculas braguitas, todo se transparentaba para nuestro secreto placer.
Cuando nos fuimos nos agradeció que hubiésemos cuidado de Pedro, aunque le aseguramos que no habÃamos bebido casi nada y que seguramente le habrÃa hecho mal algo de la cena. (Unos dÃas mas tarde supimos que como juego, en una de las cervezas habÃan puesto alguna sustancia para ver a quien le tocaba ponerse ciego total, pero como le tocó a Pedro que no estaba acostumbrado todo acabó mal).
Una vez que dejamos a Pedro en su casa y como la noche ya estaba perdida, pese a ser pronto todavÃa, pues justo eran las doce; en vez de irnos a casa, nos quedamos sentados en uno de los bancos de la plaza del barrio, charlando los dos.
Evidentemente la conversación enseguida derivó a lo impresionante que estaba la madre de Pedro y lo provocadora que estaba con aquella mini bata, y seguimos elucubrando acerca de aquella tremenda mujer.
Explicaré que Tere, la madre de Pedro, entonces tendrÃa recién cumplidos los cuarenta, y era un monumento de mujer; morena, alta, guapa y opulenta, pues tenÃa un cuerpo de esos de mujer, mujer; todo curvas.
Estaba separada de su marido, el padre de Pedro se escapó de casa cuando este acababa de nacer, dejándolos en una situación bastante delicada por lo menos en lo económico, lo que hizo que ella se matase a trabajar para sacar adelante a su hijo, aunque con muchos sacrificios.
Entonces no supimos cuales habÃan sido los motivos, pero años después me enteré de que aparte de que su marido era un ludópata, también era un putero y que se gastaba todo el dinero que llegaba a sus manos, por eso al quedarse embarazada Tere y verse en la obligación de casarse, intentó agarrar todo el dinero que pudo y en cuanto vio opción se largó para no volver.
Yo esto lo supe pues muchÃsimo mas tarde y sin que Pedro lo haya sabido nunca, pues en su momento ayude a su madre.
Aunque estaban separados, no estaban oficialmente divorciados, mas que nada porque su marido estaba en paradero desconocido, pero una vez que la llamaron porque estaba en el hospital y hasta el cuello de deudas, me pidió ayuda (yo estaba acabando derecho) para conseguir divorciarse de él. Asà que ella hizo de tripas corazón, le visitó y consiguió que firmase todos los papeles para poder ser libre y no estar atada a aquel sujeto y evitarse problemas, aunque ello le costó un buen pellizco económico.
Volviendo a aquel sábado, Juanjo y yo estábamos en la plaza, con nuestras fantasÃas y charlando de nuestras cosas, no llevarÃamos ni media hora allà cuando del portal de la casa donde vivÃa Pedro salió un hombre que al principio no reconocimos pero que nos resultó familiar. Se fue por la otra parte de la plaza donde nosotros estábamos, pero al verle caminar se nos encendió la lucecita, era nuestro profesor de QuÃmica del año pasado y claro verle salir de aquella casa, y aunque no era muy tarde supusimos que bajaba del piso de Pedro y que habÃamos interrumpido un encuentro clandestino entre la madre de Pedro y nuestro antiguo profesor. Eso nos llevó a explicarnos la excitante vestimenta de Tere, y la suerte que tenÃa aquel capullo por poder acostarse con ella.
Ese domingo al final de la mañana fuimos a ver a Pedro, nos abrió su madre y de nuevo nos agradeció que hubiésemos cuidado de su hijo, y de nuevo repetimos que no fue por la bebida sino que algo tuvo que sentarle mal pues no habÃamos probado casi el alcohol.
Tere ya vestÃa normal, con un chándal viejo muy grande que escondÃa sus formas, pero por lo menos en mi caso y después de poder verla e imaginármela casi desnuda ahora solo de verla me ponÃa nervioso.
Estuvimos en el cuarto de Pedro, que seguÃa en la cama y no tenÃa ni fuerzas ni ganas de nada, nos limitamos a charlar y charlar de nuestras cosas e intentar entretenerle.
Yo tuve ganas de ir al baño y de beber un poco de agua, asà que volvÃa a la cocina donde Tere se afanaba en preparar la comida.
Al llegar y verla de espaldas, con aquel chandal muy usado, grande pero que marcaba unas grandes bragas que mal se las veÃan para sujetar un culazo inmenso y precioso, involuntariamente tuve una erección, que intenté disimular como pude.
Le pedà un vaso de agua y charlamos un par de minutos, en los que me preguntó por lo que habÃa pasado la otra noche, y de nuevo juré que no habÃamos tomado ni drogas y escasamente un par de cervezas. Estuvimos asà hablando y no sé como me salió que los tres sentÃamos haberle estropeado la noche. Cuando lo solté se medio ruborizó y muy seria me preguntó que era lo que querÃa decir con aquello. Yo medio tartamudeando contesté que igual tenÃa una cita y no sabÃa que mas decir.
Supongo que Tere que es muy perspicaz se dio cuenta que habÃamos visto a nuestro antiguo profesor salir del portal y por nuestra cuenta habÃamos hecho suposiciones.
Asà que directamente me interrogó y confesé que le habÃamos visto salir, y que suponÃamos que ellos estaban juntos, yo estaba muy cohibido y ella me presionaba y cuando me preguntó que más nos habÃamos imaginado, yo me puse como un tomate y tuve una erección imposible de ocultar.
Tere se quedo pasmada, se acercó a mi y me dijo que esperaba que su hijo no se iba a enterar de "la visita" de la anterior noche y asà no se preocuparÃa innecesariamente.
Me lo dijo muy bajito y acercando su cara muchÃsimo a la mÃa, y yo estaba como cuando una mosca cae en la red de una araña, inmóvil paralizado y sin habla.
Y entonces Tere hizo algo que todavÃa hoy me resulta increÃble, se acercó aún mas y su mano se apoyo en mi entrepierna por encima del pantalón, me mordió la oreja y me dijo que si era bueno, ella podÃa ser muy mala. Si no me corrà en ese momento fue porque me morÃa de miedo.
Me dejó ir y yo después de ir al baño, y ocultar mi erección como pude, volvÃa al cuarto de Pedro y al poco nos fuimos.
Cuando volvÃamos a casa, estuve hablando muy serio con Juanjo y le dije que la madre de Pedro me habÃa pedido que su hijo no se enterase de que estaba en casa acompañada, y que yo se lo habÃa prometido en mi nombre y en el suyo. Estuvo de acuerdo y ambos fantaseamos con Tere toda la tarde. Supongo que para dos jóvenes como nosotros en plena ebullición hormonal y vÃrgenes Tere era como un imán que nos tenÃa subyugados
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El lunes Pedro no pudo asistir a clase, ni el resto de la semana. Por esto el grupo de clase causante del problema estaban acojonados por si tenia repercusiones, nosotros nos mantuvimos distantes, pero les dimos a entender que sabÃamos que "algo extraño" habÃa ocurrido y ya nos dejaron en paz el resto del curso.
Por otro lado Juanjo y yo hacÃamos fotocopias de nuestros apuntes para que Pedro no perdiese el ritmo de las clases y todas las tardes nos Ãbamos a su casa.
Pedro estaba casi bien pero su madre lo protegÃa y no querÃa que saliese sin estar bien del todo, y más cuando el médico no sabÃa a que se debÃa su indisposición, aunque pensaba en una alergia ó una intoxicación alimentaria.
Para mi en particular era un suplicio ir a casa de Pedro, pues era ver a Tere y tener una erección inmediata, ella lo sabÃa y creo que disfrutaba viéndome sufrir, aunque debo decir que siempre iba vestida con total corrección, para mi ver aquel culo con sus chándal gris que marcaba las mollas, y que a veces se metÃa entre ellas me ponÃa malo.
Esa semana en que fuimos a casa de Pedro todas las tardes, me masturbé una media de cuatro veces al dÃa, y pienso que a Juanjo le pasó algo parecido, aunque nuestras confidencias no llegaban tan lejos.
Una vez Pedro se recuperó todo volvió a la normalidad, y poco a poco nuestra rutina nos envolvió, la única diferencia es que Juanjo y yo mantenÃamos un silencio total de aquel sábado.
Acabadas las clases, tuvimos que examinarnos de selectividad, nos fue bien a los tres y de hecho no tuvimos problema para elegir la facultad que querÃamos.
Aquel fue nuestro último verano con cierta libertad y despreocupación, estuvimos dos semanas en un pueblo donde la familia de Juanjo tenÃa una casa, fueron dÃas de fiesta, de dormir poco y de nuestros primeros escarceos de verdad con chicas.
Pedro se echó su primera novia, una chica menudita y un par de años mayor que nosotros que prácticamente lo secuestró y en cuanto podÃa se lo llevaba aparte y lo estrujaba.
Luego nos contaba sus avances en temas de sexo, nos deleitaba con sus interminables magreos y una tarde nos dijo que nos fuésemos de la casa que querÃa estar con su novia a solas. Para Pedro fue su primera vez y Juanjo y yo le guardamos una sana envidia.
Antes de acabar aquellas dos semanas Juanjo también tuvo su rollo de verano y también perdió su virginidad con una amiga de la novieta de Pedro, asà que de vuelta a la civilización el único que seguÃa virgen era yo, con gran chufla para mis dos amigos.
El resto del verano lo pasamos vagueando, saliendo todo lo que podÃamos y pasando muchas horas en la casa de aquel de nosotros que estuviera más o menos solo.
Nos dedicamos a las chicas a tiempo completo, pues ahora que ellos habÃan descubierto los placeres del sexo querÃan seguir en ellos, y yo buscaba desesperadamente no quedarme atrás.
Pero de nuevo fueron ellos los que encontraron novia antes que yo, primero Juanjo y luego Pedro, y yo acompañaba a otra chica del grupo pero que no estaba por la labor de pasar a mayores.
Nuestras conversaciones cuando estábamos los tres inevitablemente giraban en torno a nuestros problemas con las chicas. Y una tarde en casa de Pedro, allà tirados en la sala viendo la tele, vagueando y de charla Tere nos oyó hablar, pero sin que nosotros nos enterásemos.
Asà supo de los inicios de su hijo en el pueblo, de los avances con la nueva novia, que poco a poco iban a más. De la relación de Juanjo y de mi frustración por ser el único virgen y sin opciones al menos de momento.
Se que a los pocos dÃas tuvo una charla muy seria con Pedro, en la que muy directa le contó que ella se habÃa quedado embarazada sin haberlo deseado, y que pese a que él era lo mas importante de su vida, esta le habÃa hecho sufrir demasiado para no avisarle de los riesgo de no tomar preocupaciones, amén de todos los problemas de enfermedades, SIDA, etc.
Tere en su papel de madre, fue muy seria y le obligó a ser cuidadoso y no lanzarse a una escalada sin freno en el sexo, lo se porque nos lo contó todo, y fue como si nuestros propios padres nos hubiesen dado la charla a nosotros, esto frenó un poco a ellos dos pero no a mi que buscaba desesperadamente perder el virgo, e incluso se me llegó a ocurrir a acudir a una profesional, pero no me atrevÃ
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Total que iniciamos curso en la universidad, Pedro se cambió de ciudad y acabó en un colegio mayor, mientras Juanjo y yo nos quedamos en nuestra ciudad.
Pese a la separación seguÃamos manteniendo el contacto y la amistad, pero ahora mediada por la distancia y las obligaciones.
Donde estudiaba Pedro habÃa un ambiente terrible y el estar fuera de casa sin la vigilancia de nuestros padres, hizo que fuésemos a visitarle algunos fines de semana.
Una de las veces que Ãbamos a ir a verle, Pedro me pidió que pasase por su casa y le recogiese algo de ropa porque llevaba sin volver a casa un par de semanas, por eso el jueves a la tarde me acerque hasta allÃ.
Me abrió Tere y ya sabÃa que iba a ir a por ropa para Pedro, estuvo buscando en su armario y me preguntó, para elegirle la que yo pensase más oportuna.
Ya me habÃa olvidado de lo buena que estaba, seguÃa llevando un chándal, hoy negro que marcaba un increÃble culo, fue verla de espaldas y agachada delante de mà y sufrir una terrible erección como en los viejos tiempos.
Tere se dio cuenta inmediatamente del efecto que causaba en mÃ, y mi nerviosismo y me provocó un poco más. Quiero creer que su intención era el sentirse ella misma bien, ver que un jovencito se sentÃa excitado ante ella y asà tener un subidón de autoestima.
Pero las cosas se le fueron de las manos, pues con mi nerviosismo al salir de la habitación chocamos los dos, al intentar cruzar la puerta a la vez, fue algo involuntario pero quedamos apretados y mi bulto, terrible, apretando en su entrepierna.
Fueron unos escasos segundos, en los que muerto de vergüenza baje los ojos, y Tere no lo pudo evitar cogió con sus manos mi cara y la levantó para que la mirase a los ojos.
Simplemente me miró a los ojos durante un minuto, yo estaba rojo como un tomate y me preguntó directamente si todavÃa era virgen.
No fue necesario que yo contestase, pues mi nerviosismo y mi silencio bastaron para confirmárselo, y Tere hizo algo de lo que siempre estaré agradecido.
Me tomo de la mano, y como un corderito me llevó a su dormitorio, me plantó en medio de la habitación y como yo no me movÃa fue ella la que fue soltándome la ropa.
Al poco estaba en calzoncillos y con un terrible bulto, pues con un brusco movimiento de piernas, lance mis zapatillas y como pude los vaqueros. Ella estaba frente a mi vestida y mirándome fijo a los ojos, como queriendo interrogarme; pero yo no me decidÃa. Por un lado mi timidez, el no saber que hacer y por otro lado era la madre de mi mejor amigo.
Por eso tuvo que ser ella la que tomase la iniciativa, me empujó un poco y consiguió tirarme en la cama, entonces fue ella la que empezó a desnudarse.
Yo no perdÃa detalle, mientras mi boca se iba secando ante el espectáculo. Primero bajo el pantalón del chándal, dejando al descubierto unas grandes bragas blancas de algodón que cubrÃa tan solo una parte de su culo; luego levantó su camiseta por los hombros dejando a la vista un sujetador blanco que con problemas aprisionaba sus inmensos melones. Cuando estaba tan solo con la ropa interior, se vino a la cama y poniéndose de rodillas ante mà se soltó el sujetador, y lo lanzó al suelo.
Ante mis ojos quedaron sus tetas grandes, caÃdas y con dos pezones tan erectos como lo estaba yo hacÃa tiempo. SeguÃa mirando alucinado pero sin moverme y de nuevo fue ella la que tomando la iniciativa se acercó un poco mas y puso uno de sus pechos al alcance de mi boca, como si yo fuese un niño pequeño al que hubiese que amamantar.
Ahora si que reaccione, y mientras devoraba aquel pezón mis manos rodeaban sus flancos y llegaban hasta su culo, intentando sobarla por todas partes.
Después de estar un ratito en esta postura tan incomoda, fue ella la que se incorporó y poco apoco me quitó el calzoncillo.
Para entonces mi rabo cabeceaba como con vida propia, y cuando estuve totalmente desnudo, apoyo sus manos en mi pecho para hacerme caer y con la otra y con su boca me comenzó a mamar y a hacer una paja a la vez.
No dure ni un minuto y al poco solté un rÃo de leche que acabó en su boca, en su pelo y resbalando por su pecho, pues no le dio tiempo a intentar tragárselo.
Me quede como muerto, respirando e hipando como después de una gran carrera, pero mi polla seguÃa sin bajarse y mirando al cielo.
Tere sonreÃa y apretándose a mi, me beso en la boca, fue mi primer beso, y fue como si me sacase la vida, nos besamos y nos volvimos a besar a la vez que las lenguas cobraban vida propia. No se el tiempo que nos estuvimos besando pero después de un rato mi polla empujaba en su vientre buscando otros placeres.
En ese tiempo habÃamos hablado lo justo, pero ahora mirándome a los ojos me preguntó que era lo que querÃa de ella, no lo pensé y poniéndome todavÃa un poco rojo le dije que serÃa feliz si podÃa follar con ella, que serÃa mi primera vez.
No dijo nada, se incorporó y después de un buen rato de rebuscar en sus cajones cogió un condón y me lo puso, y una vez protegido se tumbó de espaldas y me dijo que la montase, y que fuese despacio, sin apresurarme pues ella también querÃa gozar.
Fue subirme en ella, entrar en sus muslos y comenzar a meter y sacar, que me emocioné y me dedique a lo mÃo, bombeando cada vez con mas intensidad. Tere pasó sus piernas por mi culo y acudÃa mi encuentro en cada embestida.
Yo después de haberme vaciado ya una vez, estaba más tranquilo y aguanté como un campeón, mientras mi emboladas eran cada vez más fuertes y profundas Tere se dejaba ir y se corrió gimiendo bajito y dando bandazos.
Como yo seguÃa follándole a toda velocidad ella casi no tuvo tiempo de recuperarse y se vio de nuevo con mi polla martilleándola y ella de nuevo gozando. Cuando estaba a punto de correrme di un par de culadas súper fuertes, y me deje caer entrando hasta lo mas dentro de ella y me corrà otra vez. Quedándome como muerto sobre ella, que no dejaba de abrazarme y con su cara poyada en mi pelo me besaba despacio.
Este abrazo duro un rato y cuando rodé a un lado para no pesarla, se giró dándome la espalda y tomó mis brazos para que la abrazase, mientras como pudo maniobró para taparnos con el edredón de su cama. Estuvimos mucho rato abrazados y sintiéndonos respirar el uno al otro y sin hablar.
Al rato mi polla dio muestras de actividad apoyándose en su culo, fue Tere la que se volvió y sonriendo me dijo si estaba excitándome de nuevo, yo me encogà de hombros y calle, por eso ella dejó caer su mano hasta abrazar mi tallo y comenzar un pequeño movimiento que hizo ponerme en "firmes" de nuevo, entonces Tere se movió de nuevo a la mesilla cogió otro condón me lo puso y se fue sentándose encima mÃo.
La sensación era de inmenso placer, sentir sus tetas a mi disposición, poder magrearlas, a la vez que mis manos se escapaban hasta su culo, me volvió loco, pero era ella la que decidÃa el ritmo, y eso pese a mi insistencia en acudir a su encuentro con fuertes movimientos de pelvis, pero cuando ella querÃa se quedaba clavada con su culo inmovilizándome mientras los músculos de su coño me ordeñaba. No se como lo hizo pero me llevó al borde de la corrida un montón de veces y cuando estaba a punto de vaciarme paraba, y al poco volvÃa a empezar, y cuando ya tenÃa toda la leche a punto de explotar como un geyser, Tere comenzó a temblar y botando encima de mi polla se corrió ahora si gritando como una cerda. Con sus movimientos y al apretar su coño consiguió que yo también me corriese, dando unas fuertes embestidas que hicieron que casi se cayese de la cama.
Cuando ya mas calmados los dos y de nuevo bajo del edredón me abrazó y me besó y vi que lloraba, algo que me descolocó del todo y mostré una cara de gran preocupación y le llegue a decir si le habÃa hecho algo malo.
Después de sollozar en silencio un ratito, me beso en los labios y en los ojos y me dijo que no, que la habÃa hecho muy feliz, y que por fin después de mucho tiempo habÃa vuelto a sentirse mujer.
Le aseguré que no lo entendÃa pues era una mujer magnifica y por lo que una vez habÃamos visto tenÃa sus "amigos", llorando me confesó que desde su separación casi al poco de casarse tan solo habÃa estado con cinco o seis hombres y que todos la habÃan defraudado.
Unos por ser unos inútiles en la cama y otros por bocazas, me confesó que su último rollo habÃa sido con nuestro antiguo profesor; que habÃa estado insistiendo con ella desde que la conoció en alguna visita al instituto; pero que aunque se habÃan visto varias veces para tomar algo, el único interés que tenÃa él era echar unos cuantos polvos y poco más, pues hasta tenÃa novia y todo.
Me confesó que se habÃan acostado una vez y no fue mal, pero que en su segundo encuentro en su casa fue cuando sucedió el problema con su hijo y que le sentó muy mal que le dejase de lado para atender a Pedro y desde entonces no quiso volver a saber nunca más de él, y eso pese a que estuvo insistiendo una temporada.
Por eso se excitaba cuando notaba mi poco disimulado interés por ella, lo que le habÃa llevado pajaearse muchas noches, soñando con una polla que la llenase de verdad y a darse placer ella misma con sus dedos, en la soledad de su cama.
También me confeso que nos habÃa escuchado hablar de nuestro ligues de verano y su sorpresa por que yo fuese el único de los tres en seguir virgen cuando para ella era muy "guapo", total que yo también le confesé que me la meneaba todos los dÃa soñando con ella y que casi toda la leche iba en su honor.
Ahora se rió diciendo que eso tenia que arreglarlo y que se acabó lo de desperdiciar nada de mi lechita, que la querÃa toda para ella.
Y con la conversación, con nuestras confidencias, nos fuimos animando de nuevo, y cuando sintió mi verga rozando su pierna, me miró y me pregunto si querÃa follar otra vez, debà de poner carita de cordero degollado pues se rÃo, y se dedicó a masturbarme.
Cuando ya estaba más que dispuesto me hizo esperar, cogió otro condón y me lo puso, haciéndome subir luego encima de ella, y me dijo muy seria que lo harÃamos con condón y que si en el futuro habÃa más ocasiones ya lo solucionarÃamos, pues en esos momentos ella no estaba tomando nada.
Follamos despacio, entrando y saliendo con cierta suavidad, tomándonos el tiempo necesario, y después de un buen rato Tere comenzó a agitarse, indicándome que se corrÃa de nuevo, al notarlo yo aceleré mi ritmo mientras ella me apretaba y al poco de correrse ella también lo hice yo.
Cuando desmonte y me quite el condón bromeó diciendo que después de tanto tiempo y cuando ya pensaba que se iban a caducar resulta que habÃa conseguido casi acabar con la caja, por lo que me ofrecà a traer varias cajas de repuesto para los próximos dÃas.
Ya era tarde y tuvimos que levantarnos, con pereza nos vestimos, y en la cocina nos volvimos a abrazar y a besar, diciéndole que ese fin de semana iba a estar con Pedro y no podrÃa venir a verla pero el Domingo a la noche, a mi vuelta vendrÃa con las cosas de su hijo y asà podrÃamos estar un rato juntos. Me beso y me mandó de vuelta a mi casa, no sin antes hacerme jurar que su hijo nunca iba a saber de aquello, pues no querÃa hacerle sufrir.
Ese fin de semana estuvo bien, Pedro nos hizo de cicerone, y nos animó bastante.
Y a la vuelta llevaba una bolsa de ropa para lavar y algunas cosas de Pedro para su madre, pues yo me brinde a hacer de correo, además como en mi casa no sabÃan si volvÃa el domingo o el mismo lunes, me las arregle para una vez en casa de Tere y con su consentimiento llamar a mi casa y decir que volvÃa el lunes, que pasaba pronto por casa y me marchaba a clase.
Fue una noche memorable, creo que Tere se lo estuvo pensando todo el fin de semana pero al verme de nuevo no lo dudo y fue magnifico. Me trato a cuerpo de rey, me hizo una magnifica cena y se dedicó a mi totalmente.
Como habÃa estado fuera me hizo entrar en la ducha, para ser ella la que entrase conmigo al rato, me enjabonó, me limpió enterito y al hacerlo me fue llevando al lÃmite de la excitación.
Evidentemente mi polla desde que entré en su casa estaba animada, pero ella me fue llevando y no me dejaba correrme. En la ducha aproveche para acariciarla también a ella, y dejarla más que dispuesta.
Cuando salimos del cuarto de baño, al secarnos y de tanto rozarnos nos excitamos tanto que ya no lo pudimos evitar. Me empujó en la cama, me puso un condón y se subió encima de mÃ. Me cabalgó hasta que ella se corrió un par de veces y cuando yo estaba que explotaba se bajo, quito el condón y sin dejar de mirarme me hizo la mamada mas gloriosa de mi vida. Cuando sentÃa que me iba, frenaba y apretaba la base de mi polla, y asà me tuvo ni se el tiempo, pero cuando me corrÃ, lo hice en su cara, no en su boca, y mi leche caÃa por su cara, por sus labios y acababa en su pecho.
Con sus dedos fue recogiendo gran parte de ella y la saboreó con una cara de placer increÃble, demostrándome lo sexual que puede llegar a ser.
Esa noche también me enseño a comerme su coñito, y me llené de sus olores y de sus sabores y reconozco que me encantó, desde entonces fue algo que practicamos en muchÃsimas ocasiones, creo que en casi todos nuestros encuentros, pues a Tere le enloquecÃa sentirme dentro con sus mulsos aprisionándome mientras ella se corrÃa chillando y luego degustar su propio sabor, en un largo beso lengua a lengua, con mi lengua pastosa después de estar buen raro devorándola.
Aquel domingo follamos sin parar, Tere se corrió tantas veces que perdió la cuenta, y yo vacié mis pelotas creo que siete u ocho veces, contando los dos polvos mañaneros que echamos antes de despedirnos el lunes. Cuando le llamé el lunes a la tarde a su vuelta del trabajo, me confeso que todavÃa estaba flotando y que aparte de lo escocida que estaba, todos sus compañeros le preguntaron si le pasaba algo porque estaba como ida.
Yo ese lunes no pasé a estar con ella, y me confesó que mejor pues a los dos nos convenÃa descansar, y yo de hecho dormà como un niño.
Pero en esa semana nos vimos un par de tardes, y Tere me dijo que le encantaba ser mi "maestra" asà me lo dijo pero que no podÃa permitir que por forzarme en la cama se resintiesen mis estudios, por eso me convenció para irnos a la cama pero poniendo limites a los posibles excesos, de esta forma me vi estudiando en su casa en vez de en la biblioteca, y una vez acababa nos Ãbamos al a cama donde con tranquilidad nos dábamos gusto al cuerpo.
Poco apoco nos fuimos conociendo mas, y aprendimos más cosas, como el sesenta y nueve, e incluso el sexo anal. A mi me enloquecÃa ponerla de rodillas en la cama y pasarme un largo rato comiéndome su conejo y su culo para acabar poniendo mi polla en aquel agujerito y encularla. A Tere no le era especialmente placentero, pero como a mi me encantaba y como también mis dedos se encargaban de manipular su botoncito lo "sufrÃa" con placer.
Estuvimos juntos y sin que nadie se enterase de lo nuestro casi cuatro años, hasta una tarde que cuando acabábamos de follar, Tere me dijo que habÃa conocido a un hombre y habÃan comenzado a salir juntos.
Me enfadé mucho y le pregunté sino tenÃa bastante con mi rabo, y todas esas cosa que se dicen sin pensar; ella esperaba mi reacción y me dijo que la volvÃa loca y me deseaba con locura, pero no podÃamos ser pareja, lo nuestro habÃa sido solo sexo y que yo antes o después, la dejarÃa para estar con una mujer de mi edad, me volvà loco de celos y me fui hecho una furia.
Estuve un par de semanas sin verla, pero acechándola como un amante despechado, ella no hizo nada en ese tiempo, y por eso volvà a ir a verla,
Cuando me vio se echó a llorar y me dijo que era un cabrón, follamos como posesos y cuando ya nos habÃamos desfogado me planteó las cosas frÃamente, y me dijo que si hubiese sido al revés, que hubiese pasado si ella me hubiese montado un número.
Consiguió calmarme y me dijo que su amigo era un caballero, que iba de frente como uno de esos novios antiguos y que tenÃa una buena posición económica, que se sentÃa querida y podÃa hacer lo que nunca habÃa hecho, salir a cenar, bailar y pasear con un hombre sin preocuparse de lo que dijese la gente, y si creÃa que yo podÃa hacer todas esas cosas con ella, o si nos Ãbamos a pasar toda la vida sin salir de casa, tan solo en la cama follando.
Me hizo reflexionar pero también conseguà que no me cerrase sus puertas y me dejase visitarla de vez en cuando, poco a poco Tere se fue ilusionando con su "novio" y poco a poco nos fuimos distanciando, también porque yo andaba muy metido en mis estudios y querÃa acabar la carrera y eso me llevaba mucho tiempo.
Además mis amigos con los que seguÃa coincidiendo siempre que podÃamos; tenÃan pareja y yo ahora estaba un poco descolocado, pero duro poco porque empecé a tontear con una compañera de clase, en principio no pretendÃamos ninguno de los dos nada serio, solo salir un poco; pero poco a poco nos fuimos gustando y acabamos saliendo en serio y como no también follando.
Yo con Tere habÃa hecho un Master y a mi novia la volvà loca, pues cada uno de nuestros encuentros eran explosivos, supongo que no estaba acostumbrada a que la hiciesen gozar tanto y que se dedicasen tanto a darla placer.
Entre tanto con Tere coincidà unas pocas ocasiones y pese a que a los dos nos sabÃa mal engañar a nuestras respectivas parejas, volvimos a follar alguna que otra vez, (eso si siempre nos prometÃamos que iba a ser la última)
Un par de veces fui a su casa justo cuando acababa de dejarle en casa su novio maduro, y estaba caliente como un horno; fue glorioso pues literalmente me violó y me dejó seco para varios dÃas.
Hasta que un dÃa me confirmó que se casaba (yo estaba al tanto porque habÃa ayudado a solucionar los problemas legales de su anterior matrimonio) y por eso lo Ãbamos a tener difÃcil para vernos, yo quedé con ella en hacerme el tonto hasta quien fuese Pedro quien me lo contase y que por supuesto y al tener poca familia y amigos, nosotros dos, Juanjo y yo estarÃamos invitados.
Como podéis suponer no tuvo una despedida de soltera habitual, se limitó a decirle a su novio que se iba a escapar un fin de semana al pueblo de donde procedÃa su familia porque querÃa volver a sus orÃgenes.
Y su acompañante, fui yo; estuvimos dos dÃas en un hotel, follando sin parar, y saliendo lo justo para alimentarnos y algún que otro paseo para despejarnos.
Los dos quedamos reventados pues lo recordamos todo y muchas, muchas veces.
Me dijo que me iba a echar mucho en f alta, y esto lo decÃa mientras tenÃa mi rabo bien agarrado e intentando que despertase después de un buen polvo.
El dÃa de la boda esta preciosa, y todo salió estupendo, recuerdo con especial morbo que después de comer, en el baile nupcial, el vals que baile con ella, al oÃdo le dije que estaba guapÃsima y que estaba muy celoso de su marido, que serÃa todo un placer poder follar con ella, aunque fuese un polvo rápido.
Ella que estaba pendiente de todo, reÃa, callaba y si la presionaba me decÃa que estaba loco, pero que ya cuando volviese del viaje de novios ya nos verÃamos.
Pero como el alcohol es atrevido, y aún a riesgo de dejar a mi novia un poco desatendida, aunque estaba acompañada por las novia de mis amigos que estaban igual de "desplazadas" que ella; me dedique a estar pendiente de Tere, y cuando intuà que tenÃa que ir al baño, me adelanté y la espere allÃ.
Estábamos en un restaurante con los servicios – inmensos – en un sótano, estuve al acecho de que llegase Tere, y al llegar abajo la abordé, le di un buen susto, pero se le pasó en cuanto nos besamos. Como pude, pues se resistÃa la empujé a un rincón donde nos magreamos a gusto, me gustarÃa poder contar que entramos en uno de los baños y echamos un polvo rápido pero no serÃa real, y no porque yo no lo intentase sino porque ella se negó.
De resultado de mi audacia quedó tan caliente que su marido no pudo menos que agradecerlo pues cuando en la habitación se quedaron solos se que follaron a gusto (Tere me lo contó a la vuelta).
Con sus nuevos compromisos tardamos en volver a vernos, aunque seguÃamos manteniendo contacto telefónico y me contaba que con su marido muy bien pero echaba de menos nuestras sesiones intensivas de sexo.
En un año escasamente pude verla en un par de ocasiones, pero también reconozco que los fines de semana que Pedro volvÃa a casa; yo pasaba a buscarle y me las arreglaba para escaquearme y por lo menos besarla y aun por encima de la ropa darle un buen repaso, que por supuesto era su marido quien por la noche se veÃa obligado a consumar, de lo caliente que quedaba.
Y un poco de suerte, otro poco de audacia y buscando la oportunidad, conseguà con la buena ayuda de Tere, que justo al acabar la carrera fuese su marido quien me diese mi primer empleo, por supuesto en su empresa, y esto me permitÃa estar al tanto de cuando él estaba y cuando no, si tenÃa que salir de viaje me las arreglaba para poder verla aunque fuese un ratito, además como trabajábamos en el mundo inmobiliario conseguà mi propio apartamento que se convirtió en un coqueto picadero, que usaba con mi novia los fines de semana y con Tere en cuanto su marido viajaba.
A fecha de hoy seguimos igual, aunque el marido de Tere, sigue en franca caÃda de su potencia sexual y ella cada dÃa me pide un poquito mas a mi, y creo que mi jefe se está dando cuanta de que tiene a Tere muy desatendida y está le reclama tanto que se está planteando buscar ayuda, por lo menos lo fantasean en la cama; ó eso es lo que me cuenta a mi Tere.
Asà que ya veremos lo que ocurre en el futuro, aunque yo no me planteó nada, para que engañarnos pues de momento tal como estoy, la vida me viene de cara.
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