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SILVIA, DESPOJÁNDOSE DE PUDORES

(CON LA MAMÁ DE MI HIJA ADOPTIVA)

Después de la exquisita tarde que pase con Silvia, mamá de Carolina, su actitud era discreta, no era posesiva, ni daba muestras de que hubiera sucedido algo entre nosotros. Solo que no se pudo repetir pronto por culpa de mi trabajo y por causa de la casa, que se rentó para los siguientes fines de semana. Pasó casi un mes para que se volviera a repetir la oportunidad.

Como era común, día jueves que pasaría yo por las niñas, me pregunta Daniela cuando la llevaba a la escuela ¿si tendría rentada la casa para el fin de semana?, a lo que le contesto que no, sabiendo de antemano por donde iba la pregunta, la cual me excitaba e hizo que la verga se me pusiera dura debajo del pantalón al recordar la imagen de las niñas y de lo sucedido con Silvia. Pero me saca de mis pensamientos cuando me pregunta si podría dejarlas nadar de nuevo en la alberca, ya que deseaban volver a ir ella y sus amigas (mis hijas adoptivas jajajaja) a lo que le contesto que siempre y cuando no tengan mucha tarea, a lo que acepta Daniela.

Ya en la tarde cuando voy por las niñas y al tener que dejar el carro a cierta distancia por no haber donde estacionarme, al llegar caminando al portón de la escuela, encuentro a Silvia sola, recargada sobre la pared. Viste una falda floreada de vuelo, con el fondo en naranja, una falda muy corta, la cual apenas si llega a bajo de sus nalgas, una blusa amarilla semitransparente sin mangas que revela la forma de su brassier amarillo también, de encaje, que es de media copa, con unas zapatillas de un tacón como de 5 centímetros. No me vio venir, ya hasta que estuve cerca de ella, quien al verme le brillaron los ojos, se acerca, la tomo de los hombros y acerco mi cara para saludarle de beso en la mejilla, como es costumbre entre nosotros., solo que ahora la tomo de la cintura acercándola más a mí. Ella se deja llevar, importando poco las miradas de las demás señoras. No pasa mucho tiempo cuando suena el timbre de que han terminado las clases y están por salir los alumnos. Transcurren poco más de 10 minutos cuando estamos al pie del portón y vemos venir juntas a Wendy, Carolina, Paola y a Daniela. Quienes al vernos nos abrazan y dan beso las cuatro a los dos.

-¡Papi, papi!- Me dicen las niñas, ya que sin cuestionar nada Silvia.

Ya Daniela le había dicho a Carolina, Wendy y Paola que volverían a ir a la alberca, con lo que venían entusiasmadas. Nos fuimos al carro, ya en el camino compramos un pollo frito el cual me pidieron las niñas para comer, a lo que añadimos también arroz. Llegamos a la casa y luego comieron en lo que yo supervisaba y recogía las llaves, para luego pagarle a las señoras y cerrar. Regreso con las niñas quienes comen en el comedor junto a Silvia, quien me sirve un plato. La plática entre la comida se centra en las niñas y la escuela. Cuando terminan de comer, ellas levantan los platos y limpian la mesa, se lavan las manos y luego bajan a la alberca, ya ahí se despojan de sus uniformes mientras les acomodo un par de camastros con toallas, Silvia quien baja detrás de ellas se acerca a mí para ayudar. Se quitan sus blusas escolares y sus faldas, sus zapatos y calcetas… de nuevo, ninguna trae short, solo corpiño y pantaleta. Paola, una pantaleta azul cielo con el corpiño del mismo color donde sobresalen sus pechitos y unos diminutos pezoncitos, que son los más marcados como los de Carolina que los de Wendy y Daniela. Su puchita se marca más, delineando bien todo su contorno. Wendy, una pantaletita amarilla con encajes en sus nalguitas, le queda ajustada también y se marca el bulto de su puchita, con un corpiño blanco donde apenas se nota el nacimiento de sus pechitos. Carolina, trae una pantaleta más pequeña de color melón, su puchita apena si se contiene en ella y se le marca bastante, con un corpiño tipo brassier para nenas, donde sus pechitos se ajustan bastante…mientras Daniela, viste una pantaleta y corpiño color rosa, donde igual, se marca su puchita. Mi verga se pone dura al instante, así como mi excitación.

Corriendo saltan a la alberca las cuatro, alegres y sonriendo.

-Te quieren mucho las niñas, hasta pareces su verdadero papá.- Me dice Silvia mientras va levantando los uniformes de las niñas y los sacude. Un suave viento es suficiente para que su falda se levante y me deje apreciar su bella nalga derecha. Se da cuenta de lo sucedido, entonces me mira y sonríe, mientras me siento en uno de los camastros para apreciar más lo que el aire me ayuda a admirar.

En eso, salen las niñas de la alberca y se acercan a nosotros para pedirnos que nos metamos a la alberca con ellas, Silvia se ríe y se niega, alegando no traer traje de baño, pero su hija la refuta.

-Ándale mami, metete para que nos ayuden a jugar.- Le dice Carolina.

-No nena, no traigo traje de baño, ni siquiera short.- Le contesta con una sonrisa.

-¿Y luego? Nosotras tan poco traemos traje de baño, andamos en calzones.- Le contesta y le secundan Wendy, Paola y Daniela.

Siempre sonriendo y ya algo colorada de las mejillas –Pero ustedes están chica y no hay problema.- Les contesta.

-Pero en la playa o cuando vamos a otro lugar no me dejas meterme solo en calzón y aquí si.- Le refuta Carolina. Y sin dejar que contestara Silvia le añade. -¿O traes tanga?- Le dice mientras ríe.

-Mi mamá también usa tanga.- Dice Wendy.

Y también Paola, luego Daniela. –Sí, también mi mami.- -La mía también y se ven bonitas.-

Sin saber que más decir, me voltea a ver Silvia, sonriendo y colorada de las mejillas.  

-Ándale, tú también papi, metete con nosotras.- Me dicen las niñas. –Tú en trusa, no importa, a ti no te da pena.- Me dice Daniela –Así luego andas por la casa.-

Yo solo sonrió y miro a Silvia, haciéndole un guiño de que acepte, pero se resistía.

-¿O te da pena delante de mi papi?- Le pregunta su hija Carolina. –Que no te de pena, es mi papi de todas maneras.- Añade.

Silvia me mira con los ojos bien abiertos y sonriendo. En eso, Carolina se voltea y jala de sus piernas su pantaleta color melón y se la mete entre sus nalguitas como si fuera tanga, dejándome ver lo bella que son, secundada de la misma forma por Daniela, luego Paola y por ultimo Wendy. Mi excitación creció al máximo al ver como las niñas se metían la pantaleta entre sus nalguitas imitando a una tanga. Paola y Carolina de caderas más anchas y nalgoncitas que Daniela y Wendy sobresalían, pero aun así, las otras dos, también excitantes.

Silvia se llevó las manos a la cara, sonrió y se puso de pie, me miro por unos segundos, entonces comencé a despojarme de la camisa, luego los zapatos. La alegría y algarabía de las niñas no se hizo esperar. Un suave viento corría, el cual fue suficiente para que la falda floreada se levantara y mostrara discretamente más allá de sus muslos. Se quita primero su blusa amarilla y muestra su coqueto brassier amarillo, que apenas si contiene sus lindos pechos al ser de media copa y encaje. Luego se sienta y se despoja de sus zapatillas, me mira y yo me despojo del pantalón, quedándome solo en trusa, la cual es azul cielo. En eso se oye un suave chiflido, es Paola, quien coquetamente me aplaude, seguida por Wendy y Carolina. Daniela solo aplaude y me lanza besos. Entre tanto, Silvia se pone de pie, me mira, sonríe y se despoja de su falda lentamente…llegada a las rodillas, la deja caer al piso, con el pie derecho la levanta, la sacude y pone doblada en el camastro junto al resto de su ropa, luego pasa sus manos por su cintura y me mira sonriendo, mientras yo admiro su tanguita amarilla transparente pero con una mariposa en el frente. Se vuelve a oír el chiflido de Paola ahora hacia Silvia quien agradece.

No es una tanga de hilo, lo cual hubiera resistido para cogerla ahí mismo, aun delante de las niñas jajaja. Las niñas hacen coro y piden a Silvia de vuelta para verla, ellas las complace sonriendo.

-¡Son tremendas niñas! ¡Ya me imagino cuando ustedes usen una!- Le dice Silvia.

-Pues si hay de mi talla si me gustaría usarlas.- Contesta Paola, repitiendo lo mismo Wendy.

-¿Y me dejarías usarla si encuentras de mi talla?- Le pregunta Carolina a su mamá.

-¡Ahí dile a tú papi!- Le contesta Silvia.

Me mira Carolina con una sonrisa y le guiño el ojo en señal de ¡Sí!

Mi verga esta dura y apenas se contiene con mi trusa, la excitación es tremenda de ver tantas bellezas y cuerpos semidesnudos, mas con lo que me imagino del que usen las niñas tanga. Silvia se da cuenta y discretamente me lanza un beso a mi bulto. Ya con tremenda alegría, las niñas se lanzan a la alberca, donde las seguimos. Me meto primero a la alberca y tomo de la mano a Silvia, ya adentro las niñas se organizan, se ponen por parejas, Carolina y Daniela conmigo, Wendy y Paola con Silvia, ¿el juego? Luchitas, cargando a una de ellas cada uno. En Silvia se sube Wendy y en mi Daniela, agarro de sus piernas a mi niña para que no pierda el equilibrio, a lo que Silvia me imita y comienzan a “luchar”, pero en el pataleo, Daniela gancha el tirante del brassier de Silvia, lo jala y provoca que su seno izquierdo se salga, dejándolo a la vista de todos, Silvia trata de mantener el equilibrio y no se da cuenta de lo sucedido mientras las niñas siguen en su juego, hasta que Wendy cae, por lo que gana Daniela, es entonces que Silvia se da cuenta y se acomoda el brassier ante las risas de todos pero sin hacer escándalo.

Ahora es el turno de Paola que se sube sobre los hombros de Silvia y Carolina sobre los míos. En su lucha y aprovechando mi estatura y corpulencia, hago ganar a Carolina y de paso, provocamos entre ambos que de nuevo se le salga el seno a su mamá…dos luchas más, pero ahora también nosotros participamos, agarrándonos de los hombros y brazos, empujándonos y en eso, le toco completamente los senos a Silvia, una y otra vez sin que ella se moleste, al contrario, se da cuenta y lanza besos de vez en vez.

Durante todo este juego, mi excitación no podía tener reposo, ya que en él, tocar los pechos de Silvia, manosear las piernas de las nenas, el que en un par de ocasiones sentí que me manosearon el bulto de mi trusa y el sentir en mi nuca el calor de las puchitas de Carolina y de Daniela, sentir como las tallaban bajo una tela muy delgada, incluso sentí como si sus intimas prendas se recorrieran y tocaran piel con piel. Aunado a que en ningún momento se acomodaron las niñas su pantaleta, siguieron así, con la parte de atrás metida entre sus nalguitas.

Cuando hubo terminado el juego de luchitas, las niñas siguieron en la alberca, mientras Silvia y yo salíamos de ella, tal vez por la misma inercia del juego o la confianza del mismo, al estar contemplando a las niñas por un instante, pase mi brazo izquierdo por la cintura de Silvia y la abracé, mientras ella pasaba su brazo derecho sobre mi espalda, como si fuéramos de verdad pareja. Luego Silvia volteo a ver que el bulto de mi trusa no bajaba, me miro con una sonrisa y aprovechando que seguían bastante entretenidas las niñas, nos metimos a la casa, directamente hacia la misma recamara en la que la vez anterior la había cogido.

Apenas entramos, cerramos la puerta y nos fundimos en un apasionado beso, lleno de lujuria. Le quite su brassier y enseguida su tanga, dejando las prendas ahí cerca de la puerta, luego ella se agacho y me despojo de la trusa, para enseguida llevarse mi verga a la boca y comenzar a chuparla con ansias, metiéndosela un poco más de la mitad.

-¿Lo hago bien?- Me pregunta, ya que la primera vez no lo hacía tan bien.

-¡Si! Lo haces mejor. Chúpame también los huevos.- Le dije, a lo que obedeció al instante.

Chupo uno a uno, luego los succionaba ávidamente, subía y chupaba casi toda mi verga. Su desesperación la sustituía con sus ansias de carne y leche.

-¡Ven!- Le dije, mientras la levantaba de los brazos y la lleve hacia la cama, donde se acomodó a la orilla, separando las piernas y mostrando su linda puchita depilada. Me hinque al pie de la cama y comencé a chupársela, succionando toda, luego jugueteando con mi lengua su botoncito, metiendo mi lengua en su cuevita hasta donde podía alcanzar para follarla con ella. Arqueaba su espalda y agitaba sus caderas de placer, mientras sus manos apretaban sus pechos y pellizcaban sus pezones. Silvia, que algún tiempo había reprimido sus necesidades, sus deseos de placer, sus deseos de sexo dando imagen de una señora joven pero bien portada y decente, se estaba liberando de pudores en mis manos, se comportaba como una verdadera puta, ansiosa y golosa.

No tardo en explotar en su primer orgasmo, mientras mi verga goteaba líquido pre seminal. Seguí lamiendo cada milímetro de sus labios íntimos, juguetee con su botoncito, la folle con mi lengua en su cuevita, bebí de sus mieles mientras ella me jalaba de los brazos hacia arriba de ella, pero no cedi hasta que un segundo orgasmo la hizo explotar en un fuerte gemido que quizás hasta las niñas hayan escuchado. Entonces me levante y me acomode sobre ella, su mano derecha busco mí verga y la centro en su empapada y chorreante puchita.

-¡Ya métemela! No seas malo, no me tortures.- Me dijo entre jadeos.

Apoye mis piernas sobre la orilla de la cama separándole más las piernas a Silvia y de un solo empujón se la metí más de la mitad.

Hhhaaaaa solo se oyó de sus labios. Enseguida comencé a bombearla despacio, arreciando mis embestidas cada vez más y más. Los brazos de Silvia rodearon mi cuello y me jalaron contra ella, lo que aproveche para mordisquear el lóbulo de sus orejas, lamerlos y juguetear con mi lengua su oreja.

-Tengo días sufriendo por tenerte dentro, porque me cojas y me llenes la concha de tu leche papi.- Me dice entre gemidos.

¿?

Estaba en completa lujuria Silvia, se podía notar, por lo que la embestía con fuerza.

-¡Más papi, más!- Me decía mientras me abrazaba con fuerza y sus uñas acariciaban mi espalda.

Pero yo no deseaba cogerla solo en una posición, por lo que me solté de ella y se la saque, la hice recostarse sobre su lado derecho y le levante la pierna izquierda, me acomode sobre la derecha y le metí la verga de nuevo en su empapada puchita de un solo golpe y seguí embistiéndola así.

-¡Hhhaaaaa! ¿Ahora así papi? ¿Ahora así quieres? ¿Me porte mal papi?- Preguntaba sin dejar de gemir.

-¡Si mi amor, ahora así! ¿Te gusta sentirla verga de tu papi?- Le pregunte, siguiendo la corriente de su lujuria y perversión.

-¡Si! ¡Me gusta, me gusta mucho!- Contestó.

Mi mano izquierda sostenía su pierna al tiempo que se la acariciaba, mientras que con la derecha le acariciaba sus nalgas, se las separaba y picoteaba su culito con el dedo medio. Esto aumentaba los gemidos de Silvia, se notaba que más le excitaba y le gustaba, por lo que se lo fui metiendo despacio un poco más de la mitad, luego se lo saque despacio y volví a meter, así mientras la cogía por su puchita.

-¿Por qué me picas la cola papi?- Me pregunto.

-Tranquila mi amor, te va a gustar, solo gózalo y ponte flojita mi niña.- Le conteste y ella obedeció al oír eso.

Seguí follando su culo con mi dedo y su puchita con mi verga, luego le metí otro dedo. Al principio se resistía, pero poco a poco iba cediendo.

Luego de varias embestidas más, se la saque y la hice girar boca abajo, poniéndole una almohada debajo de su pelvis, le separe las piernas que colgaban a la orilla de la cama y me hinque para lamer sus muslos, primero el derecho hasta su nalga, luego el izquierdo, mientras mis dedos seguían lubricando su delicioso y apretado culo.

-¡Que rico se siente papi! ¡Ha!- Exclamaba y jadeaba, moviendo sus caderas de arriba abajo, ya el mismo ritmo que mis dedos entraban y salían. Luego le metí un tercer dedo, lo que la hizo apretar por un momento ricamente su culo. Lamia y besaba sus aterciopeladas nalgas, mientras sus gemidos eran suaves.

Saqué los dedos de su culo, y de un cajón del buró que esta al costado de la cama, agarre un condón, me lo puse, luego me hinque a la orilla de la cama separando con mis piernas las suyas e hice que con sus manos se separara sus nalgas, entonces agarre mi verga y se la talle en la entrada de su culo. Silvia no paraba de gemir ante esto, luego giro la cabeza y me miro con ojos de una niña que no sabe lo que le espera y quiere saber.

-¿Qué vas hacer papi? ¿Me lo vas a meter por mi colita?- Me pregunta con dulce voz.

-Si mi amor, te lo voy a meter por tu culito. Veras que te va a gustar.- Le conteste mientras empezaba a empujar la cabeza en su apretado culo y apoyo las manos sobre la cama.

Giro su cara hacia el frente y la enterró en la cama, seguí empujando, estaba la verdad apretada, pero poco a poco fue entrando la cabeza, luego el cuello, entonces pare por un instante mientras acariciaba sus nalgas, las cuales están bellísimas. Seguí empujando y no me detuve hasta que la cabeza de mi verga se liberó y no sintió presión, entonces me detuve por unos instantes. Silvia siguió unos segundos más con la cara enterrada en la cama. Hasta que la levanto y me miro con los ojos un poco llorosos.

-Me dolió papi.- Me dice y añade –Pero te quiero ¿te gusta metérmelo en la colita?-

-Si mi amor, me gusta metértelo en tu culito.- Le contesto.

Entonces se la saco un poco y vuelvo a meter despacio, una y otra vez. Poco a poco el culo de Silvia se va acostumbrando al invasor y los gemidos no tardan. Primero suaves y con forme voy arreciando mis embestidas también ella con sus gemidos.

De tiempo atrás deseaba coger su hermoso culo y por fin tenía la oportunidad, ahora Silvia sentía lo gruesa de mi verga en él. Aunque su actitud me destanteaba un poco, yo seguía su corriente. Nos perdimos del tiempo, olvidamos por unos instantes que estaban las niñas en la alberca. Ahora mis embestidas eran con fuerza, mis huevos chocaban con sus nalgas y la cama solo brincaba. Sus gemidos eran fuertes, me volteaba a ver y me lanzaba besos.

-¡Si, si papi, si me gusta!- Me decía.

La cogía con fuerza, dejándole caer todo mi peso en cada embestida, tragándose toda mi verga su rico y apretado culo. Seguía y seguía, no deseaba terminar, pero ya no aguantaba, trate de prolongarlo.

-¡Ya papi, ya!- Me pedía Silvia.

Hasta que no aguante más y se la saque de golpe, me quite el condón, arrojándolo al bote, me levante y me tire a la cama, muy cerca de ella.

-¡Ven mi niña, ven, tomate la leche de papi!- Le dije, a lo que ella rápido obedeció, agarro mi verga y la comenzó a chupar con ansias, una, dos, tres fuertes erupciones llenaron su boca. -¡Tomate la leche mi amor, tomate la leche de papi!-.

Chupaba y tragaba con dificultad, de sus comisuras escurrió un poco, pero no paraba. Poco a poco se fue tragando toda la leche y con los dedos agarro lo que le escurría y se la llevo a la boca.

-¿Te gusta la leche de papi mi amor?- Le pregunte.

-¡Si, sabe rica!- Me contesto y siguió chupando hasta dejármela completamente limpia.

Me levante y le bese la frente, luego me puse de pie y le ayude a levantarse, lo cual hizo con un poco de dificultad. Me abrazo con fuerza recostando su cabeza sobre mi pecho por unos instantes. Luego nos envolvimos en unas toallas, levantamos la ropa y fuimos a la alberca, para indicarles a las niñas que ya nos íbamos. Salieron y se envolvieron en las toallas. Recordé que había una secadora, por lo que lleve la ropa mojada y la metí, unos minutos después ya casi seca se la pusieron y arreglaron el uniforme. Entonces las lleve a su casa a cada una. Ninguno de los papas, ni de Wendy, ni de Paola se molestaron, al contrario, me decían que gracias a que regresaban bien cansadas y contentas luego se dormían. Durante el viaje, Silvia no dijo nada, solo recostó la cabeza y miraba por la ventana, por momentos me miraba y lanzaba algún beso. Pero luego sabría lo que callaba. Carolina y las demás niñas con más insistencia me llamaban papi, lo cual no molestaba ni a Daniela, ni a mi esposa, mucho menos a Silvia.

Datos del Relato
  • Autor: CASANOVA69
  • Código: 52303
  • Fecha: 19-10-2018
  • Categoría: Incestos
  • Media: 0
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  • Lecturas: 703
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1 comentarios. Página 1 de 1
natalia richani
invitado-natalia richani 19-10-2018 16:16:08

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