Era la fiesta de aniversario de la institución en la que trabajo. Había pensado no asistir, ya que mi relación con José Luis (el último de mis enredos sentimentales) no estaba del todo bien.
En la fiesta lo de siempre, los grupos de amigos, el baile, los brindis, las fotografías para la revista institucional.
Sin ser muy notaria, lleve a José Luis a un apartado del salón empezamos a hablar. Obviamente ayudada por los varios pisco sour que tenía en mi haber. Mi reclamo, por que ya no era una petición, era que el me oficialice. En la oficina comentaban mucho sobre que él me estaba agarrando nada más, cuando entre nosotros, las cosas iban bien. Pero él no quería hacer pública nuestra relación, y así yo seguiría siendo la clandestina. Razones van, razones vienen, no nos poníamos de acuerdo, y hasta pensé en hacerle una escena y así dejar en claro ante todos que no solo era un pasatiempo de José Luis, pero me contuve y dando media vuelta me dirigí a los servicios y me puse a llorar.
Ya recuperada de mi estado emocional, salí nuevamente al salón y a mitad de camino me interceptó Rossana.
Carla, tranquila, ya en su momento te oficializará.
Pero es que no lo entiendo amiga. He hecho todo por él, no sé que más hacer y no se anima a darme el lugar que ocupo en su vida.
Me tomó del brazo y nos dirigimos al bar y mientras nos servían una copa de pisco sour, seguimos conversando, o más bien, ella siguió tranquilizándome, hasta que me dijo para irnos.
Carla, estás segura que puedes manejar.
Si amiga, vamos, te llevo, así me acompañas y de pasada te dejo en tu casa. Rosana vivía unas ocho cuadras antes que mi casa.
Ok, vamos entonces.
Tomamos nuestros sacos, y salimos hacia la zona de parqueo sin despedirnos de nadie.
Serían como las dos de la mañana aproximadamente, y a pesar de la hora se veía movimiento de vehículos. Con la radio encendida y conversando de rato en rato Rosana como que me tomaba del brazo como diciéndome, más despacio Carla, más despacio.
Ya llegando a su casa, me estacioné, Me miró a los ojos y me dijo: no seas tonta José Luis te quiere, dale tiempo nada más, ya vas a ver como muy pronto te oficializa amiga. Nos abrazamos, ella entró a su edificio de departamentos, mientras subía a mi vehículo, ya sin tanta precaución por estar en vestido. Total a esa hora nadie se iba a fijar si abría un poco de más las piernas.
Encendí el vehículo y partí rumbo a mi casa. Olvidé ponerme el cinturón de seguridad, total eran unas pocas cuadras. Ya llegando a una intersección veo que el semáforo estaba en verde pero a dos segundos de cambiar a ambar y ponerse en rojo. Decidí ganarle al semáforo, así que apreté el acelerador lo más que pude y pasé cuando ya cambiaba a rojo. Respiré ganadora.
Pero aire triunfal no me duraría mucho cuando siento la sirena de un patrullero que justo estaba estacionado en la esquina. Por intuición me detuve, mientras por el retrovisor veía que se acercaba un oficial de tránsito. Ya estando a pocos metros iluminó mi vehículo con una linterna cegándome momentáneamente también.
Buenas noches señora… vaya en que momento se quitó el cinturón, sabe a que velocidad iba, se dió cuenta de la luz roja del semáforo.
Me quedé fría, no sabía que contestar. Solo atiné a decir, disculpe oficial, disculpe si iba algo rápido es que no he tenido un buen día, tuve una discusión con mi pareja y solo quería llegar rápido a casa.
Lo comprendo señora, pero si todas las parejas que tienen una discusión hicieran lo mismo que usted?, se imagina no.
La voz del oficial sonaba comprensiva, así que decidí probar suerte haciéndome la víctima:
Oficial, de seguro usted tiene su pareja, estoy segura que ella me comprendería.
No, no tengo. Ese “no” resultó seco, cortante, totalmente distinto a su anterior amabilidad. Dios sabe que líos tendría el efectivo policial con las mujeres.
Sus papeles por favor, tarjeta de propiedad, SOAT, licencia, DNI y revisión técnica.
Como pude tomé la cartera, y al tratar de sacar mi DNI salió junto con el mi fotocheck institucional, sin darme cuenta le alcance ambas cosas, mientras iba buscando en la guantera los documentos del vehículo, hasta que di con la tarjeta de propiedad que también se la entregué.
A ver, señora Carla, casada, cincuentaitantos, mire pues que sorpresa donde trabaja usted, ustedes saben bien como aplicar las infracciones cuando no se cumplen con las obligaciones no?, hummm y el carro no es suyo, debe ser de su pareja con la que estaba discutiendo.
No, oficial, el vehículo es de mi esposo, no de mi pareja actual, osea no de mi esposo, es decir si, pero es que estoy separada de él y tengo otra pareja. Oficial discúlpeme, estoy nerviosa.
Me miró con sorpresa y sin más se me acercó hasta el filo de la ventana y me dijo, a ver sople por favor. Me parece que además está tomada.
Se me vino el mundo encima, Ni por un momento me recordé los varios piso sour que me había tomado. Sabía que estaba metida en un lio gordo, pero no sabía que hacer, me sentía indefensa y totalmente culpable, no sabía que excusa o justificación dar.
Soplé levemente. Lo que hizo que se acercara más a mi. Y repitió la orden. Sople por favor. No me quedó más remedio que soplar nuevamente prácticamente en su cara.
Obvio, evidente aliento alcohólico
Señora Carla, al margen de la papeleta por las infracciones cometidas, aquí procede que sea intervenida, detenida y llevada a la comisaría y el vehículo trasladado al depósito.
Quería llorar. Sudaba frío.
Por favor oficial, yo vivo a unas cuadras nada más. Aquí no traigo dinero. No sé como podemos arreglar este problema.
Se equivoca señora Carla, esto no se arregla con dinero. Esto es muy grave.
Por favor oficial Martinez (lo lei en su marbete) yo nunca he estado en estos problemas, le digo la verdad, yo solo quería llegar a casa a descansar, pero todo me sale mal y mientras lo decía una pequeña lágrima asomaba en mis ojos.
Pretende usted manejar en este estado. Ni hablar. Me dice que es a pocas cuadras verdad.
Si oficial.
Está bien, baje del auto por favor, yo voy a conducir y usted pase al asiento del copiloto.
Abrí la puerta, bajando del auto y al hacerlo sin querer abrí las piernas mucho más de lo debido, dejando ver todo presumo yo al policía.
Me tomó de la mano y me llevó hacia la puerta del copiloto. Me hizo subir. Raudamente subió al auto y dijo: espero no le incomode que otro hombre distinto a su esposo, su pareja o lo que sea maneje su auto. No, no está bien oficial, contesté.
Sacó de su bolsillo mis documentos y al entregármelos se me cayeron sobre las piernas. Presto él, intentó recogerlas quedando su mano en mi muslo. Me quedé fría. Y más fría cuando no la retiró y ya debía encender el carro. Por el contrario, sentía unos leves cosquilleos producto supongo del movimiento de sus dedos. Sin embargo, no dije nada.
Siga de frente por favor, tres cuadras más abajo en la primera entrada que hay.
Después de arrancar el vehículo posó nuevamente su mano en mi muslo, instintivamente puse mi mano sobre la de él impidiéndole que pueda avanzar.
Oficial, yo no soy como usted cree, por favor, no me trate de esa manera.
Mire señora Carla, en vez de llevarla a su casa debería llevarla a la comisaría, así que usted dirá, estamos a tiempo que decida. No querrá usted contar con antecedentes verdad.
No conteste. Llegamos y bajé rápidamente, abrí la puerta de entrada y esperé a que él bajara. Tenía nervios, Presumía lo que podría pasar.
No sé por qué, pero le pregunté: piensa marcharse o me aceptaría un café oficial?. La noche está algo fría, de verdad un café no me caería mal. Lo invite a pasar.
Señora Carla, esta noche ha sido bastante complicada.
Lo sé. Y reconozco que cometí un error al conducir. Pero ahora estoy en casa y me gustaría hablar con usted sin uniformes, sin sirenas y sin tanta seriedad.
Ya dentro de la casa, la conversación se volvió más tranquila.
Tengo que confesarte o confesarle algo. Háblame de tu, no hay problema dijo él..
Cuando te vi junto al automóvil, pensé que eras demasiado serio. Pero ahora me parece que escondes una personalidad bastante diferente.
Quizá simplemente no conoces mi lado más relajado.
Y me dejarías conocerlo?
A ver, las cosas claras, me pareces una señora atractiva, pero has bebido esta noche y prefiero que no confundamos las cosas.
Está bien. No quiero que ocurra nada de lo que alguno pueda arrepentirse mañana.
Nos quedamos en silencio mirándonos. El no pudo más y se acercó a mi y me acarició suavemente la mejilla y esperó un instante, para ver como reaccionaba. Apoyé una mano sobre su pecho y lo besé.
El beso comenzó con timidez, pero pronto se volvió más intenso. Cerré los ojos y rodeé su cuello con los brazos.
Creo que esta es la primera vez que te veo sin esa expresión tan seria, dije.
Y creo que tú eres mucho más peligrosa de lo que imaginé. Me sonreí y volví a besarlo.
Poco a poco llegamos al filo del sofá y se echó y yo encima de él delicadamente, mientras continuaban los abrazos, los intercambios de besos y los suspiros.
No te parece extraño. Hace poco eras el hombre que podía arruinarme la noche.
Y ahora soy el hombre que te va a hacer pasar una linda noche amor.
Con menos ropa pero con muchas más ganas subimos a mi habitación. Mientras nos sentábamos en la cama, el tomó un portarretratos de la mesa de noche. Era yo con mi esposo abrazados y sonriendo, algo que no encajaba más bien contrastaba con la intimidad que estaba compartiendo con él.
Una pregunta, Carla:¿por qué tienes una fotografía tan visible de tu esposo aquí, junto a tu cama, si esta noche por ejemplo estás conmigo?
¿Ahora también va a interrogarme en mi propia casa, oficial?
No te estoy interrogando. Simplemente me llama la atención. Me dijiste en la intervención que eras casada, y aun así me has invitado a entrar y has aceptado estar conmigo. Pero mantienes su fotografía justo aquí, como si nada hubiera cambiado.
Y qué esperabas? ¿Que escondiera todas las fotografías de mi marido cada vez que recibo a un amigo?
No es eso, sólo que no se cómo consigues separar las cosas.
Muy sencillo. Mi matrimonio es una parte de mi vida, y lo que hago cuando estoy sola es otra.
Pero, ¿todavía quieres a tu marido?
Le tengo cariño. Hemos compartido muchos años, viajes, problemas y momentos felices. Pero eso no significa que haya dejado de sentir curiosidad por otros hombres.
¿Y no te importa que alguien pueda descubrirte?
Claro que me importa. No soy tan ingenua como crees. Pero tampoco voy a fingir que soy una mujer completamente distinta de la que soy.
Debo reconocer que eres bastante atrevida.
¿Atrevida?. Prefiero decir que sé lo que quiero.
¿Y quieres seguir viéndome?
Eso dependerá de lo que pase la siguiente media hora.
Eres increíble, Carla. Tienes a tu marido sonriendo en una fotografía junto a tu cama, a tu pareja con la que discutiste y a mí sentado aquí a punto de hacerte el amor. Que lugar ocupo en tu tormentosa vida?.
Esta noche, el lugar que tú quieras ocupar depende de ti. Pero no me pidas que cambie toda mi vida por una sola noche.
Me senté a su lado, tomé su mano y sonreí al ver que él seguía mirando de reojo el portarretratos.
Ya pues oficial. No ponga esa cara. La fotografía no va a levantarse para echarte de mi habitación. Le di un beso, mientras el acariciaba mi espalda.
Y por cierto oficial, ¿qué significo yo para ti? ¿Una aventura de una noche o alguien a quien te gustaría volver a ver?.
Te voy a decir la verdad, Carla. Me atraen las mujeres que saben lo que quieren, que son atrevidas y que no tienen miedo de expresar sus deseos.
¿Eso significa que te gusto?
Creo que ya te has dado cuenta.
Entonces, ¿te parece si nos seguimos viendo? No te estoy pidiendo que seas mi pareja ni que me hagas promesas. Podríamos ser amiguitos, disfrutar de nuestra compañía y mantener una relación sin compromisos sentimentales.
Vi que volteó a ver la fotografía.
¿Y pretendes que acepte ser tu amiguito mientras sigues casada y sales con ese José Luis que me dijiste?
No te estoy pidiendo en matrimonio. Te estoy ofreciendo algo distinto.
Eres bastante directa.
Prefiero que las cosas estén claras desde el principio.
Está bien, Carla. Me atraes y me gustaría volver a verte. No voy a fingir que no me interesa la idea.
Ok, que así sea pues.
Aunque debo confesarte algo, dijo con una sonrisa traviesa. Cuando te vi en el auto, pensé que eras una mujer seria que había tenido una mala noche. Ahora descubro que eres mucho más imprevisible de lo que imaginaba.
Y eso que todavía no me conoces bien, le contesté riéndome.
Me arrodillé en la cama y le quité el pantalón de uniforme y su boxer, quedando totalmente desnudo ante mis ojos. Me sorprendí al ver su verga, estaba totalmente parada. Y digo que me sorprendí porque no parecía que tuviese una verga de ese tamaño. Era muy gruesa, no había ni un pelo en todo su cuerpo, y un muy escaso vello púbico.
Tienes una hermosa verga y grandota. Me encanta. Y se la masajeaba.
Mejor que la de tu marido o ese José Luis, me preguntó.
Mucho mejor, la de mi marido era mucho más chica que la tuya, aparte a él no se le ponía así tan dura. Seguí masajeándola. Oficial, me permite que se la chupe un ratito en señal de agradecimiento. No contestó, solo asintió con la cabeza.
Me arrodillé entre sus piernas y empecé a chupársela. Qué delicia sentir la protuberancia de sus venas hinchadas rozando mis labios y el sabor intenso de los jugos que iba soltando. Él colocó sus manos sobre mi cabeza y me acariciaba suavemente el cabello.
Sentí un leve gemido de su parte mientras movía sus piernas. Me saque la verga de la boca y levanté la vista hacia él. Tenía los ojos cerrados.
Ni se le ocurra acabar oficial, ya que recién estamos empezando.
No señora, no voy a acabar, sólo que lo haces tan bien.
Seguí mamándosela unos minutos más y la que ya no aguantó más fui yo. Necesita sentirla adentro.
Dejé caer el vestido, me quité la tanga y me monté sobre él. Puse una mano en el respaldo de la cama y con la otra introduje su verga en mi conchita. Poco a poco empecé a frotarme con mucha fuerza y desesperación. Él me acariciaba suavemente las tetas mientras yo le miraba fijamente la boca, estaba para comérsela y eso hice. Apoyé mi pecho sobre el de él y comencé a besarlo apasionadamente moviéndome cada vez más rápido sintiendo como su verga entraba y salía de mi concha. Sería el alcohol, la arrechura o el estar haciéndolo con el oficial para que no me ponga la infracción que comencé a acabar de manera increíble.
Las ganas que el oficial había despertado en mi, hicieron que empiece a gemir y dejar salir uno que otro chillido. Sus manos estaban puestas en mis nalgas acompañando mis movimientos y yo me sostenía con las mías apoyadas en su pecho.
Eres toda una experta Carla. Coges muy bien.
Que me dijera que era una experta en el arte amatorio, que reconociera mis habilidades, provocó que el orgasmo que me estaba produciendo se acentuara más, haciendo que mis gemidos sean más sonoros. El me apretaba el culo y me empujaba hacia su verga cada vez más fuerte.
Auu me duele, le dije. Intenté parar un poco, pero él continuaba dándome así de fuerte. Quise pegarle para que parara, más solo atiné a golpearlo levemente en el pecho.
Hace tiempo que no me comía a una mujer tan intensa como tú, me dijo.
Un gemido prolongado fue mi única respuesta.
Tomé como pude su verga con mi mano y la fui sacando de mi conchita, sintiendo la leche caliente chorreando entre mis dedos.
Te estás cuidando verdad?, me preguntó.
Si, claro que sí. Siempre me cuido.
Me dejé caer sobre su cuerpo, ambos estábamos empapados de sudor. Comencé a besarlo suavemente, mientras le acariciaba suavemente el cabello. Permanecimos así varios minutos. Me levanté y me quedé sentado sobre sus muslos, viéndolo con detenimiento y secándole el sudor de su frente. No pude aguantarme y pregunté el clásico: te gustó?
Mucho. Eres muy intensa Carla. O solo eres así cuando estás con tus tragos.
Siempre he sido así.
Pues que bueno haberte detenido entonces, sino, me hubiese perdido esta linda oportunidad.
Te prometo no volver a manejar con mis copitas.
Me recosté a su lago y así en cucharita empezamos a conversar un poco sobre su trabajo, sus gustos, los míos y esas cosas. Cuando de repente siento uno de sus dedos jugueteando en círculos en mi anito. Era obvio lo que pretendía. Así que le dije:
Un momento, oficial. Eso no esta bien señor policía! ¡Una cosa es que me gustes y otra que quieras cambiarme todo el reglamento esta noche!. La primera cita no incluye por ahí. Se echó a reir
En serio?.
¡Por supuesto! . Y me levanté y colocándome una mano sobre el pecho con fingida solemnidad, le dije: discúlpeme, oficial, pero ese trámite requiere un tiempo, hacerle una revisión y ver si puede entrar o tener dificultad de acceso.
¿Y cuánto tarda ese trámite? Me preguntó todo divertido.
Humm, mínimo un par de encuentros más. Nos reimos.
Esta bien, que me queda. Le di un beso en la mejilla.
Muy bien. Por respetar la normativa, queda usted autorizado para continuar con los besos.
¿Solo los besos?
No abuse de su autoridad, oficial, ya me ha dado muy rico por la conchita, y mientras se lo decía lo señalaba con el dedo. Mire que ahora soy yo quien puede ponerle una multa. Nos volvimos a reir.
Así, no me digas.
Crucé los brazos fingiendo adoptar una expresión de autoridad.
A ver, un momento señor oficial. Creo que aquí hay una infracción bastante grave.
¿Ah, sí? ¿Y de qué infracción estamos hablando, señora Carla?
De abuso de confianza, exceso de atrevimiento y falta de autorización para determinados procedimientos. Se carcajeó.
¿Y desde cuándo eres tú la que pone las multas?
Acaso no viste donde trabajo.
Pero me vas a hacer una inspección o que´?
Jajaja, exactamente. Y le advierto oficial que soy bastante estricta con aquellos que intentan pasarse de listos.
Pero si yo no he tenido ninguna intención de cometer una infracción. Solo quería probar ese delicioso agujerito.
Está negándose a reconocer su falta.
¿Y cuál sería la sanción, señora funcionaria?
Hice como que revisaba una carpeta imaginaria.
A ver… Por exceso de confianza, una amonestación. Por insistencia indebida, una multa. Y por hacerme reír tanto, tendrá que comparecer ante mí en una próxima oportunidad.
Y cuando sería y donde se realizará esa comparecencia?
Dependerá de usted oficial y el lugar claro está, aquí, en esta camita.
Vaya que estoy en problemas entonces. Y que debo traer para pasar la inspección?
Muchas ganar de hacerme feliz. Está usted formalmente notificado oficial.
Se levantó. Me tomó de la mano, me besó apasionadamente y poco a poco me fue poniendo en posición para darme nuevamente.
Lo volví a cabalgar. Siempre lento al principio. Movimientos ondulantes de cadera que le permitían sentir cómo mi conchita lo tragaba y lo sacaba casi por completo. Lo miraba desde arriba, tenía el pecho marcado. Una de sus manos se enredaba en mi cabello, jalándolo con fuerza hacia atrás, obligándome a arquearme. Su boca se apoderaba de mis tetas, chupándolas con rabia. Me dolía un poco. Me encantaba. Era un dolor placentero. Un castigo por infringir las normas.
Soltó mi cabello, llevó sus manos por debajo de mis piernas, y en un solo impulso, sin sacar su verga de mí, me alzó como si mi cuerpo no pesara nada. Me llevó así, empalada, hasta la pared de la habitación. Me sostuvo contra ella con una facilidad como si yo fuera suya desde siempre, como si no necesitara más fuerza que su deseo para mantenerme casi flotando, clavada en su pedazo de carne. Mis piernas abrazándolo. Siguió dándome. Fuerte. Constante. Sin tregua. Sentí que mis piernas temblaban. Estaba suspendida entre la pared y su cuerpo. Y esa verga invadiéndome, con el pecho apretado contra él, con mis uñas hundidas en sus hombros, me hizo llegar al orgasmo.
Me bajó de a poco, pero no me soltó. Me dio la vuelta, dejándome de cara a la pared. Mis manos tocaron la superficie fría, y sin pensarlo, levanté el culo para facilitárselo. Estaba perfecta para él. Me abrió las nalgas con ambas manos, separándolas con deseo y precisión. Apuntó a mi vagina. Y me la clavó de nuevo. De un solo golpe. Su verga volvió a ocuparme por completo. Me tomó de las muñecas, las llevó a mi espalda y las sujetó con una sola mano. La otra la usó para presionar mi cara contra la pared. Autoritario. Policial.
Yo seguía entregada, con apenas el leve vaivén de mis caderas intentando seguir su ritmo. No era yo la que lo cabalgaba ahora. Era él quien me tomaba. Gemía. Sus embestidas eran frenéticas. En mi interior podía sentirlo. Sabía que esa verga estaba a punto de estallar. Un ruido extraño le brotó del pecho, y entonces lo sentí. Un primer chisguetazo caliente chocó con mis paredes internas. Y luego otro. No me soltó. Mantuvo mi rostro contra la pared, mi espalda arqueada, mi cuerpo suyo. Solo cuando su respiración se calmó un poco, soltó mis muñecas y mi cabeza. Yo apenas podía moverme. Me apoyé en la pared. Sentía su verga aún dentro, palpitando, y luego saliendo despacio, dejando un vacío lleno de ese jugoso y delicioso líquido caliente, que chorreaba cual pecado.
Sentía mi cabello revuelto, las mejillas encendidas, los labios hinchados, el brillo del sudor en la piel. Pero sentía algo más. Una tranquila satisfacción. El, así desnudo, recostado en mi cama, con las piernas abiertas, y su verga húmeda descansando entre sus muslos, me provocaba una satisfacción que no sentía desde hace mucho.
Me acosté a su lado, lo besé. Sentía aun su palpitar y ese calor de su cuerpo que era suficiente para no cubrirme con las sábanas. Atiné a balbucear: me has hecho muy feliz. Descansa.
Nos quedamos en silencio medio dormidos.
A las 5 y 30 aproximadamente se levantó de la cama. Lo vi vestirse, colocarse su uniforme mientras hablaba con su compañero. Su turno terminaba a las 6 am.
Carla, ya debo irme.
Vamos, te acompaño a la puerta
Antes de despedirse, le tomé la mano suavemente.
Llámame más tarde, si. De verdad me gustaría disfrutar de tu compañía nuevamente.
Asi será. Pero por favor, procura evitar que haya un patrullero cerca de tu automóvil.
Me sonreí. Me acerqué tiernamente, y sin importarme nada, lo besé en la puerta de la casa.
Lo vi marcharse hacia el patrullero. Su compañero lo esperaba estacionado en la esquina. Y mientras lo seguía con la mirada, me interrumpió la voz del vigilante: buenos días señora, todo bien o algún problemita. Todo bien le dije y me di vuelta.
Cerré la puerta, mecánicamente subí las gradas y ya de vuelta en la habitación, pensaba en que había evitado la multa, el internamiento del carro, pero que había abierto nuevamente una puerta que pensaba ya estaba cerrada. Miré la fotografía con mi esposo, vi el celular con varias llamadas perdidas y varios mensajes de José Luis. Vi, mi vestido en el suelo, mis pantys y zapatos sobre la cama aún. No quise pensar. No debo pensar, pensé. Busqué en el cajón de la mesa de noche una pastilla para dormir. Cerré los ojos. Total ya no podía regresar el tiempo. Me dormí.