No tengo nada claro si mi hija ya era así antes de lo nuestro o se ha convertido así después de lo sucedido entre nosotros. En cualquier caso lo que volvió a suceder ese sábado supera con creces cualquier cosa imaginada por mi mente calenturienta. Por no hablar ya de lo que asó el domingo.
No sé si fue la alineación de los astros, la suerte o el mismísimo demonio. En esos dos días, todo desembocó en las corridas más espectaculares que hasta ahora hemos disfrutado mi hija y yo.
Tengo que decir que, como dije anteriormente no estoy nada gordo, pero aun así, desde que todo esto empezó, he perdido casi 10 kilos. Mi hija está encantada con ello, su madre no tanto. No para de preguntarme que leches estoy haciendo para perder tan rápido tanto peso.
La cuestión es que, ese sábado (unas cuatro semanas después de nuestro ultimo hacer), hubo un hecho que propició que mi hija y yo tuviéramos por fin, la mejor sesión de sexo de nuestras vidas. Sinceramente, creo que es insuperable. Y a las pruebas me remito.
El viernes, mi mujer recibió una llamada.
Cuando terminó de hablar le pregunté:
— ¿Qué sucede?.
— Nada, es la peluquera. Dice que una de las chicas se ha puesto enferma y me ha preguntado si puedo ir el sábado por la tarde en vez de por la mañana como tenía programado.
— ¿Y qué le has dicho?.
— ¿Pués no lo has oído?. Que vale. Qué remedio. Si no, no volveré a tener hora hasta pasado una semana o más.
— ¿A qué hora te la ha dado?.
— A las 4 y media de la tarde.
¡Madre mía!. Esta era mi oportunidad de estar un buen rato a solas con mi hija.
Ella, mi hija, trabaja el sábado por la mañana y no sale hasta las dos de la tarde.Habiendo cambiado a la tarde el horario de la peluquería a mi mujer, nos dejaba más de 2 horas, para estar los dos completamente solos.
A veces mi mujer tardaba incluso más en llamarme para que fuera a buscarla, por que aprovechaba que estaba en la ciudad, para ir a alguna de esas tiendas que a ella tanto le gustaban y que a mi me gustaban tan poco.
En el pequeño pueblo donde vivimos, tan solo hay una peluquería. Una a la que mi mujer y mi hija no quieren ir ni borrachas. Dicen las dos que es una peluquería de viejas. Y no les falta razón. La edad media de la gente de este pequeño pueblo es muy alta.Por lo tanto las dos iban a una peluquería de la ciudad, que estaba a unos 20 kilómetros de casa. Y como siempre en el caso de mi mujer, yo era el que la llevaba siempre y como no, el que la recogía.
Lo mejor de todo en este caso, es que tendríamos los márgenes de tiempo totalmente controlados. Una cosa estaba clara, mi mujer no nos iba a poder sorprender de ninguna de las maneras
Nada más pensar en todo lo que podía suceder ese sábado entre mi hija y yo, me puso la polla como el acero. Me metí en el baño y me pajeé para liberar algo de tensión hasta entonces.
Por fin llegó el sábado.Mi hija claro, ya sabía que su madre se iba por la tarde a la peluquería.
Entre los dos, no hubo ni una palabra al respecto. Cosa ésta que a mi me tenía un poco preocupado. Pero bueno, como mi hija no dejaba de sorprenderme, no me preocupó más de lo necesario.Tampoco quería demostrarle mi tremenda impaciencia.
Sobre las 15:30 de la tarde le dije a mi mujer que me iba a dar una ducha.
— ¿Otra?. — Sí, he estado haciendo cosillas en el patio —mentí—. Estoy algo sudado.
— Pués date prisa.
— Descuida.
Mi intención era estar bien limpio para cuando volviera a casa y no perder nada de tiempo para encontrarme con mi preciosa hija.— ¡Papá! —escuché a mi hija gritar desde su habitación.— Dime...— No gastes mucha agua caliente del termo. Yo también me quiero duchar luego.
Mensaje recibido cariño me dije a mi mismo aliviado.
— Descuida cielo, me ducharé con agua fría si hace falta.
— Mira que eres burro papá.
Pocos minutos después, salí de la ducha. Mi mujer y yo nos montamos en el coche. Unos 20 minutos después, la dejé en la peluquería.
Aunque tardé en volver menos de 15 minutos, la vuelta se me hizo eterna. Me parecía que nunca llegaría a casa. No me había puesto calzoncillos. Iba tan empalmado que me dolía el rabo considerablemente al rozarse con las costuras del pantalón.
Cuando llegué a casa, entré con disimulada tranquilidad. Dejé las llaves del vehículo en su sitio habitual y me dirigí al salón tranquilamente, aunque el bulto en el pantalón me delataba miserablemente.
Allí sentada en el sofá, me esperaba mi preciosa hija con un top blanco, bien prieto que le cubría un par o tres de dedos por debajo de sus pechos. Por lo demás, su esbelto cuerpazo estaba por completo desnudo, dejándome ver con sus piernas algo separadas, su maravilloso coño depilado.
— Eres muy atrevida cariño —le dije sonriendo—, si por lo que sea llego a volver con mamá, menuda faena.
Me miró pensativa y contestó:
— Tienes razón papá. La próxima vez tendré más cuidado. Tengo tantas ganas de estar contigo que no pensé en eso.— Hay que ser más precavidos cielo —dije mientras noté como sus ojos se posaban en el gran bulto de mi pantalón.— Ven papi, acércate.
No tuvo que decírmelo dos veces.Me acerqué a ella. Alargó sus manos y me desabrochó el pantalón. Como no llevaba calzoncillos, mi polla salió disparada hacia ella como un resorte sorprendiendola.— ¡Guau papá!.Te has afeitado enterito.
Cogió muy lentamente mi gran polla.
— ¿Lo has hecho por mí?.
— Claro que sí cariño.
— ¿Mamá te ha dicho algo?.
— Sí. Pero tranquila, se ha tragado bien la milonga que le he contado.
— O papá, muchas gracias por habértela afeitado toda. Yo sí que me la voy a tragar bien esta milonga —dijo escapándosele una risilla.
No me dió tiempo a decir ni mu, que ya tenía mi polla hasta el fondo dentro de su boca.¡O dios como le gustaba chuparme la polla!. Comenzó a chupár con un vigor desmesurado, mientras me miraba a los ojos con descaro.
Agarré su cabeza y empecé a follarme rápidamente su boca. Sacó unos segundos mi polla de ella y jadeante me confesó:— O sí papá, me encanta que me folles la boca así. No te imaginas como me pone eso.
Se la volví a meter tan rápido y tan violentamente que no le dió tiempo a abrirla lo suficiente. Sus dientes me rozaron la polla. Aunque me hice un daño considerable, me dió igual, me la follé más vigorosamente aún si cabe. En cualquier caso el dolor tardó bien poco en remitir por completo.
— Cariño —le dije mientras disminuia casi por entero mi follada en su boca—, la última vez prometiste algo.
— Uuunnmmm —logró ronronear con mi polla hasta el fondo de su garganta.
— Me dijistes que como tenía la vasectomía hecha, la próxima vez, te la podía meter por donde quisiera, como quisiera y todo el tiempo que quisiera.
Me agarró por las caderas fuertemente obligandome a metersela lo más profundamente que pudiera en su boca. Luego sacó mi polla chorreante.Con los carrillos y la comisura de su boca empapada de su propia saliva me miró a los ojos y me dijo:
— Claro que sí. ¿Qué quieres hacerme?.
— Me gustaría empezar a follarte primero por detrás.
— Vale papá, pero ten cuidado. Esta polla es muy gorda —dijo mientras me daba un beso en la punta del capullo—. Lo único que me ha entrado por ahí fue tu dedo la última vez.
— Jamás te haría daño cariño. Jamás te haría nada que no te gustase. ¿Lo sabes verdad?.
— Lo sé papá. Confío plenamente en tí.
Dicho esto, como queriendo dar fe de su confianza en mí, comenzó a darme pequeños y suaves besitos por toda la polla, recorriéndola hasta mis rasurados huevos.
— Vamos a tu habitación.
— No, no. Quiero seguir aquí en el salón.
— Pués la ultima vez no estabas muy entusiasmada en el salón.
— Jajaja —se rió fuertemente ella—, la última vez papá, no tenía ni idea de lo que iba a pasar aqui en el salón. Anda que si lo llego a saber...
Siguió riéndose.
— Papi, tengo tan buenos recuerdos de aquel día, que tan solo de pensar que me follas sobre la alfombra del salón, me pongo cachondísima.
— Por mi no hay problema. Más bien todo lo contrario.
Me quité por completo los pantalones y le dije:
— Espera, ahora vuelvo.
Cuando volví a entrar en el salón, lo hice con mi polla aún bien tiesa y un pote en mis manos del mejor lubricante.
Se lo mostré y estallamos los dos a carcajadas.
Ella se incorporó del sofá poniéndose de pie con ese espectacular cuerpo que tan cachondo me pone.
Ahí depié, con ese top que llevaba, que era una segunda piel, que no disimulaban para nada sus pechos y menos aún sus puntiagudos y duros pezones. Dejaba al descubierto por completo su estrecha y tersa barriga, haciendo que sus largas y bien torneadas piernas parecieran mucho más largas aún si cave. Me daba unas ganas terribles de abrazarme a esas piernas y llenarlas de caricias y besos.!
Qué buena está mi hija joder!.
— ¿Cómo quieres que me ponga?.
— A cuatro patas, sobre la alfombra. En la postura del perrito.
— Vale.
Conenzó a quitarse su ajustado top.
— No, no te lo quites. Déjatelo puesto. Me pone mucho follarte con el top puesto. Me da mucho morbo.
— No me digas esas cosas papi que empiezo a chorrear —me dijo riéndose mientras se tapaba con su mano derecha su maravilloso coño.
— Bueno si te soy sincera —continuó diciendo—, estoy chorreando desde que saliste por esa puerta a llevar a mamá a la peluquería.
Dicho esto se arrodilló y se situó sobre la alfombra a cuatro patas. Luego me miró fijamente con pura lujuria y deseo:
— Venga vamos papi, métemela por detrás.
¡Dios, que preciosa era!. ¡Y que tremenda estaba a cuatro patas!.
Me quedé un buen rato embelesado contemplando ese tremendo portento de mujer que era mi hija.
— ¿Papá...? —se impacientó sacándome de mi embelesamiento, pasando provocadoramente su lengua por sus carnosos labios.
No pude evitar arrodillarme frente a ella y meterle nuevamente mi polla en su jugosa boca. Ella la engulló con avidez.
Metí mis manos entre sus brazos y le acaricie sus duros pechos mientras no paraba de chuparme la polla.
Sus pechos. ¡dios!. En esa postura del perrito, la gravedad hacía muy bien su trabajo y por muy duros que fueran los notaba más grandes y voluminosos que nunca entre mis dedos.
Estuvimos así un rato hasta que decidí, que ya era el momento de presentar toda mi atención a su precioso culo.
Le saqué mi rabo de la boca. No sin un pequeño reproche por su parte.
— ¿Me vas a dejar con las ganas de que te me corras primero en la boca papi.? —me dijo ella con un tono de niña mala e infantil para luego poner carita de pucheritos, que casi me hace replanteármelo y canbiar de opinión.
Pero no, mi voluntad fue más fuerte.
— jejeje, lo prometido es deuda cielo. Tienes que cumplir lo prometido.
Me situé trás ella.¡Madre mía!. Lo que veían mis ojos me dejó por completo extasiado. !Solo en vídeos porno había visto algo semejante!.
Menuda preciosidad de culo que tenía en esa postura mi hija. Grande redondo y duro como la piedra. La redondez de sus turgentes caderas, era espectacular.
En esa postura, la parte posterior de sus maravillosas largas y bien torneadas piernas me resultó tan increíble que no pude dejar de acariciar y besar con pasión todo lo que podía abarcar.
Mi hija me correspondía con agrado a mis besos y caricias moviendo sus caderas de arriba a bajo y de derecha a izquierda, arrancando de sus labios suspiros de placer.
Su coño así visto por detrás, a cuatro patas me dejó tan impactado que, me olvidé por completo de cuál era mi principal cometido.
Su coño se mostraba como lo más precioso que habían visto mis ojos en mi vida. Se mostraba con una preciosidad y perfección insultante. Éste se dibujaba como una perfecta, grande y preciosa almeja. Unos labios perfectamente perfilados, prietos y semiabiertos por culpa de un provocador e hinchado clítoris que asomaba mirándome con descaro.
Recordé al instante lo que en un principio quería hacer, cuando separé un poco sus duras nalgas y se me mostró en todo su esplendor su cerradisimo, prieto y húmedo ano.
Si soy sincero, lo que me hizo la boca agua, fue ver el brillo de la chorreante humedad de su abultada vulva y todo su entorno. Humedad que le llegaba hasta el mismísimo ano.
Tuve que contenerme para no lanzarme a esa vagina y comérmela hasta hacerle correr como una loca.
Pero no, eso llegaría luego.
Por suerte esta vez, teníamos tiempo para todo. Y pensaba aprovecharlo al máximo.
Cogí el lubricante y comencé a untarlo por su ano.
— ¡Uuuhi!, que frio está papá.
— Tranquila que pronto lo calentamos.
Me unté el dedo índice con la misma crema y con lentitud lo fui introduciendo en su ano hasta el fondo.
— Uffff, ooff —la escuché.
— ¿Te hago daño?.
— No que va papá, ohh ufff me gusta, sigue sigue, me gusta.
Esto me animó. Así que saqué el dedo índice, me unté el dedo gordo y se lo introduje.
Éste entró fácilmente haciéndole expulsar nuevamente pequeños gemidos.
— uff ohhh uff ohhhh.
— ¿Te gusta?.
— Ohhh, mucho papá...
Seguí un rato penetrando su ano con mi dedo gordo mientras a la vez con el resto de los dedos de esa misma mano acariciaba su coño por completo. Empecé a notar como ella movía sus caderas, acompasando sus movimiento a mis cada vez más rápidas y placenteras penetraciones con mi dedo.
Saqué el dedo y unté lubricante en mis dedos índice y corazón.
— ohhh sí papá, ohhh por favor, méteme ya tu polla.
— Espera un poco cariño, no seas impaciente. Hay que dilatarlo bien.
Era el momento de comprobar si mi polla podía hacerle más daño del estrictamente necesario.
Miré mi gran polla. Era tal mi excitación que vi como chorreaba de ésta un gran hilo de líquido preseminal.
Comencé a introducir muy lentamente y a la vez mis dos dedos.¡Por Dios como los apretaba su estrecho ano!.
Estaba deseando meter mi gorda polla ahí.
— !Ahhh!, Uuufff, ¡aaahh! —exclamó ella.
— Perdona cariño. ¿Te hago daño?.
— Un poco. Pero no pares. Sigue sigue por favor...
Seguí introduciendo los dos dedos con pequeños mete y saca, hasta llegar a los nudillos. Acto seguido comencé a introducirlos y sacarlos cada vez más rápido.
— Ufff, ohhuuhh, ohhhuuHH, ¡por dios papá...!, me gusta mucho, ¡méteme tu polla por favor!.
¡Madre mía!.Si seguía pidiendomelo así, no me iba a dar tiempo ni a metérsela. ¡Me iba a correr ya mismo!.
Aceleré mucho las acometidas de mi mano derecha, mientras con la izquierda echaba una gran cantidad de lubricante sobre mi polla dejándola bien embadurnada.Saqué mis dos dedos de su culo y cogiéndome la polla acaricié con ella su precioso ano.
Separé bien sus glúteos y muy lentamente empecé a introducir mi gordo capullo en su ya más que dilatado agujero anal.
— ¡Ahhh, Ahhhohhh, Uufff, ohhhh!.
Paré de empujar temeroso de estar haciéndole daño.Me miró por encima de su hombro y agarrándome por mi cadera derecha me suplicó:
— ¡Por Dios papá no pares!. Despacito, pero métemela hasta lo más hondo por favor.
Miré su preciosa cara y no tenía expresión de dolor alguno, sino de todo lo contrario.
¡Por dios! ¿Pero a quién coño había salido esta chica?.
Seguí sujetando mi polla. Empujé nuevamente.
Mi capullo se fue introduciendo lentamente no sin cierta dificultad.
— Ohhhh, ¡que gusto papá!. ¡Métela toda, métela!.
Empujé más. Todo mi glande se introdujo por fin dentro de su ano. ¡Cielos!. Cuándo su esfínter abrazó por completo mi glande creí estar en el paraiso.
Su esfínter lo rodeó en su totalidad, con tanta fuerza, que no pude aguantarme más y empecé a correrme como un cosaco.
Me sujeté fuertemente a sus caderas sin moverme en absoluto, por miedo a hacerle daño si me ponía a embestirla como un loco. Eyaculé y eyaculé y no paraba de eyacular dentro de su culo.
— ¡Ohhh, ohhh, papá!. ¡Te estás corriendo¡ —Exclamó mi hija con sorpresa y satisfacción.
Muy a mi pesar tuve que admitirlo.
— Si cariño, no he podido aguantarme más. —dije con dificultad mientras no paraba de correrme apretando los dientes.
— O dios papá, se siente tan raro, se siente también. ¡Noto tus corridas dentro de mi culo!. ¡Ooohhh me pones a mil. Es maravilloso. ¡O dios que gusto papá!.
Se giró nuevamente y me observó mientras yo no paraba de escupir semen dentro de su espectacular culo.
Una de las cosas que me había hecho descubrir mi hija, era que la cantidad de semen en la eyaculación era muy relativa en una misma persona.
En mi relación de tantos años con mi mujer, estable y monótona, siempre me he considerado un hombre con una eyaculación normal y no muy cuantiosa. Llego al orgasmo teniendo una eyaculación fuerte, luego un par más leves y con poca fuerza.
Nada que ver con la eyaculación que consigo con mi hija. Mi hija consigue que eyacule una y otra y otra y otra y otra y otra... Parece no parar nunca. Incluso cuando creo que no va a salir más, vuelve a escupir con fuerza. Lo mejor es que tras el orgasmo, en cada una de esas corridas, es como un micro orgasmo. Es una sensación muy placentera.
Ahora tengo la total seguridad, que el grado de excitación y morbo que me provoca mi hija, hace que mi cuerpo genere esa insólita y considerable cantidad de semen y que mi polla escupa ahora con una fuerza inusitada.
Nada semejante me había sucedido antes. Y el placer que consigo con cada una de mis interminables eyaculaciones es sensacional.
— Tranquila cariño —le dije cuando terminé de correrme—, este rabo va a seguir igual o más duro te lo aseguro.
— Eso espero. Porque tengo unas ganas terribles de que me la metas bien por detrás.
No la hice esperar más y seguí introduciendo lentamente mi polla hasta los huevos, mientras ella gritaba de placer.
— Ufff, ¡ohhh por favor papá fóllame!, ohhh ¡fóllame bien por el culo...! —me pedía ella sin parar de mirarme por encima de su hombro, con una cara de placer indescriptible.
Cuando vi su boca abrirse como pez fuera del agua, juro que todo mi cuerpo se estremeció al ver el placer tan intenso que le estaba provocando a mi propia hija.
Cuando mis huevos tocaron sus prietas nalgas empecé a follármela cada vez con mayor intensidad.Aunque notaba la fuerte presión que ejercía sobre mi rabo su ano, entraba y salia con facilidad.
— ¡Ohhhh fóllame mas fuerte por favor más fuerte papá!, ¡Ohhh dios, que gusto!.
Mi embestidas se hicieron mucho más contundentes. Éstas empezaron a oirse muy claramente cuando mi cuerpo golpeaba fuertemente sus glúteos introduciendo con fuerza hasta el fondo de su culo mi dura polla.
— ¡Me voy a correr papá!, ¡dame fuerte, más fuerte o dios me corro me corro!.
La agarre fuertemente por sus caderas y continúe follándomela como si me fuese en ello la vida misma.
Ella dejó caer súbitamente el cuerpo por su parte superior sobre la alfombra. Vi como se agarraba con fuerza con las dos manos en ella, tan fuerte que incluso llegó a levantarla.
— Me corro, ¡OOHH dios!. ¿Qué me haces papá?. Por dios no he sentido nada igual en mi vida, OHH ¡me corro me corro...!, ¡fóllame más fuerte, más fuerte..!, ¡Ooohhhh que gustoooo!, me vas a matar ¡ooOhhh, ooOhhhh!.
Mientras le penetraba por el culo con fiereza, noté de repente con sorpresa, como un chorro de líquido caliente me golpeaba con fuerza los huevos y las piernas.
— ¡Ahhhh!, ¡Ahhhhh!, ¡Ahhhhhh! —gritaba de placer mi hija.
Cuando salí de mi asombro y asimilé lo que sucedía la empecé a embestir con tal fuerza que todo ese imparable chorro de líquido empezó a salpicarlo todo.
Tal fue así, que incluso se me mojó el pecho, mi cara y parte de la preciosa espalda de mi hija.
— ¡Ahhhh!, ¡Ahhhh!, ¡Ahhhh!, ¡Ahhhh!, ¡Ahhhh!, ¡Ahhhh! —gritaba mi hija en cada una de mis sonoras envestidas, sin dejar de mirarme.
El sonido del choque de nuestros cuerpos era estremecedor. El fuerte temblor incontrolado que pude ver de repente en sus glúteos me dejó del todo impactado. Su cuerpo temblaba como si la hubiera poseído un tremendo terremoto.
— Uffffss, unmuuffhhhh, ohhhh —la oí finalmente susurrar.
Cuando su bello cuerpo dejó de temblar súbitamente, enmudeció por completo y me asusté.
Continua...