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Categoría: Incestos

Mi preciosa hija (II)

Continuació Mi preciosa hija (I)

Fue notar ella como mis tres dedos, llenaban por completo su estrecha y prieta vagina, que de súbito se volvió por completo loca.

—¡oOooOOOoo DiooOOs!, ¡Fóllame!, ¡Fóllaaame papá!, no pares, no pares, ooooOuuufffo ¡papá! —gritaba descontrolada por completo.
Quitó el brazo de su cara y agarró fuertemente mi brazo izquierdo, clavándome sus afiladas uñas. Su cabeza se echó hacia atrás y arqueó por completo su espalda proyectando sus caderas hacia, adelante buscando que la penetrara aún más y mejor.
Que perdiera de ese modo el control y me pidiera prácticamente a gritos que me la follara, me dejó sin respiración.

Noté de repente una tensión muy fuerte en el pantalón del chándal. Bajé la vista y vi como mi chándal era una verdadera tienda de campaña.
Ella dobló un poco sus piernas, las apoyó sobre sus pies y proyectó sus caderas hacia arriba, dejando totalmente libre el cojín donde, hacia tan solo unos segundos descansaban sus nalgas. Tanto elevó su cuerpo que de repente noté por la zona de su costado derecho, a la altura de su ombligo como mi pene y su costado empezaron a rozarse.

Cuando noté este contacto miré y vi con verdadero estupor, que mi erección a través del chándal era tremenda. Pero lo que más me sorprendió, fue ver una gran mancha de líquido preseminal en él.

Los gemidos y gritos de placer de mi propia hija, pero sobre todo sus últimas palabras, provocaron que mi pene se endureciera, hasta extremos para mí por completo insospechados. Por descontado que ella también tuvo que notar la dureza de mi pene contra su costado, pues de repente se incorporo un poco, retiró el cojín que tenía bajo sus glúteos y se dejó caer de golpe.

Los duros cachetes de sus glúteos, impactaron contra la alfombra.
Este movimiento me pilló tan desprevenido, que de súbito me vi inclinado y arrastrado junto con los dedos de mi mano en su vagina en la caída. El dorso de mi mano golpeó con brusquedad contra la alfombra y proyectó fuertemente mis tres dedos, hasta lo más profundo de su empapadísima vagina.

—¡Uuufff papá Ooohhh!, ¡OOOOhhhhh!, por dios papá OohhHHHoo que gustooo, no pares ¡no pares por favor!, ¡Follamee!. ¡Fóllame bien!.
Se recostó sobre su lado derecho apoyándose para ello en su antebrazo quedando frente a mí. Se deslizó un poco más hacia abajo de tal forma que su rostro quedó a la altura de mi abultado pantalón.

Cuál fue mi sorpresa cuando de un certero tirón con su mano izquierda, me bajó de golpe el pantalón del chándal, calzoncillos incluidos, por debajo de mis nalgas. Mi pene de súbito libre de la prisión del pantalón, saltó como un resorte. Vi con asombro salir despedida una considerable cantidad de líquido preseminal, que se le pegó en el cuello y un poco en su pelo. Yo estaba tan atónito, que paré de penetrar su vagina dejando mis tres dedos completamente inmóviles en su interior.

Ella cogió mi pene y se lo metió con prisas en su boca, y lo comenzó a chupar vigorosamente. Con su mano izquierda se sujetó a mi cadera y me empujó hacia ella, invitándome a que fuese yo quién penetrase su ardiente boca.

Todo esto sucedió en apenas unos segundos, quedándome yo por completo fuera de juego. En ese momento, yo tenía muy claro que no deseaba de ninguna forma hacer esto con mi hija, así que intenté que soltara mi pene empujándola por su frente.

—¡Eso no!, no, no, no quiero que hagas eso, ¡para!... —logré decir.
Empujé fuertemente mientras ella hacía lo propio en contra.
No quise insistir empujando su cabeza por miedo a hacerle daño en la nuca. Así que muy serio acerté a decirle:
—¡No!, ¡no!, ¡no quiero!, ¡no, te digo que no!, ¡para, para suelta!!!, ¡te he dicho que pares!, ¡no quiero hacer esto!, ¡que pares!.

Ella no me hacía ningún caso. Es más, parecía que ni tan siquiera me escuchase.
—. ¡PARA JODER!, ¡PARA! — grité finalmente.

No podía consentir algo así y pensaba cortarlo de golpe. Ella notó en ese momento que estaba sacando los dedos de su vagina. Rápida como el rallo, soltó mi cadera y agarró fuertemente mi mano a la altura de la muñeca, impidiéndome así que sacara mis dedos de su interior. Nos habíamos quedado en una postura algo forzada. Así que al fin, sacó mi pene de su boca.

Jadeaba fuertemente y estaba muy agitada. Vi como sus mejillas y comisura de los labios, estaban empapadas de su saliva. Algunos mechones de su pelo cruzaban su preciosa cara. Se les habían quedado pegados por la saliva de un lado a otro lado de sus mejillas, también por debajo de sus labios y barbilla. Mi pene ahora liberado, se había quedado completamente pegado a su mejilla derecha. Lamentablemente éste seguía duro como una piedra.

Con voz entre cortada y jadeante me miró a los ojos y dijo:
—Papá por favor no pares ahora. No podemos dejar esto así. No después de todo lo que acaba de suceder, de como me he comportado y hasta donde he llegado.
Hizo una pausa intentando recuperar su respiración:
—Papá no lo soportaría. Me sentiría muy culpable. No por favor, no puedes hacerme esto ahora. No me desprecies de ese modo. Ahora ya no. Hemos ido muy lejos. Por favor papá...

Su excitación debería ser de tal envergadura, que curiosamente y mientras me decía todo esto, noté como ella no dejaba de apretar su vagina contra mi mano. Seguía frotándose lentamente con movimientos semicirculares de sus caderas, contra mis dedos. De tal modo que mientras me suplicaba, no paraba de penetrarse ella misma dándose placer.
¡No me lo podía creer.! Mi hija estaba tan cachonda que aún estando verdaderamente preocupada por mi reacción, no podía dejar de penetrarse así misma con mis tres dedos.

Esto me provocó un impactante shock.
Volví a mirar su cara. Estaba toda sudorosa y tenía una indescriptible expresión de disfrute y placer con una mezcla de sincera preocupación, que me hizo mirarla de la cabeza a los pies.

Como expliqué, se había puesto de lado mirando hacia mí, apoyada sobre su antebrazo derecho. En esta pose había dejado su largas e increíbles y torneadas piernas, en una posición de pleno acceso a su sexo. La derecha semi doblada y descansando sobre la alfombra y la otra la tenía completamente abierta y apoyada sobre su pie.
¡Vamos completamente espatarrada estando de lado!.

El brillo de la piel sudada de sus muslos, me era escandalosamente provocador. Esta imagen tan pornográfica con sus muslos sudorosos totalmente abiertos, mientras su mano sujetaba fuertemente mi muñeca impidiéndome que la sacara de su vagina, y mientras sus caderas no paraban de dirigir su hambrienta vagina, comiéndose sin parar mis tres dedos. Esto junto con las palabras de mi hija, fue suficiente para hacer que mi mente hiciera una especie de reseteo.

De repente tuve como un extraño y pequeño calambre que me recorrió todo el cuerpo y que empezó en mi ano y terminó en la punta de mi polla. Ésta se endureció aún más si cabe. Se elevó mucho más haciendo unos leves movimientos involuntarios, que se tradujeron en unos pequeños golpecitos en la mejilla de mi gozosa hija.

Ella interpretó estos golpecitos, a que la invitaba a introducirse nuevamente mi rabo en su jugosa boca. Y así lo hizo. Giró un poco la cara y no hizo falta más, yo mismo le introduje mi polla hasta casi el fondo de su garganta.

—uuhhhhhOooOOoHhh —gemí ahora yo libre de cualquier culpa, prejuicio, pudor o remordimiento.

Me concentré plenamente en disfrutar de la mamada que me estaba haciendo mi propia hija. De súbito ya no la veía como a una hija (que también) sino más bien como una estupenda, deliciosa e irresistible joven, que me estaba pidiendo sexo a raudales.

Que fuese mi hija quien lo deseara, de repente había pasado a ser un irresistible plus y no un tremendo e infranqueable impedimento. Empecé nuevamente y lentamente a darle vida a mis dedos en su coño. Ella me acompañó sujetando aún rato más mi mano en esa nueva y pervertida vida. Ya confiada, fue soltando muy lentamente mi muñeca y apoyó nuevamente su mano en mi cadera derecha.

Siguió chupando como una posesa, mientras que con su mano me empujaba contra su boca, animándome otra vez a que fuese yo quién me la follase. Cosa que no dudé en concederle. Saqué mi polla hasta sus carnosos labios, para luego introducirla nuevamente una y otra vez. Le sacaba mi polla hasta situar mi capullo en sus labios, ella los apretaba fuertemente sobre mi glande y lo chupaba como si fuese un gigantesco chupachups.
¡Dios, una verdadera locura!.

Dejaba inevitablemente de chupar mi glande, cuando yo volvía a introducir mi polla casi hasta el fondo de su boca. Así estuve jugando con su boca un buen rato.
¡Ohh cielos!, me estaba dando un placer indescriptible.

Desde luego, no era la primera vez que me comían la polla pero que fuese ella la que lo hiciera, me estaba produciendo un gozo totalmente inesperado y mucho más intenso y placentero. Mientras me follaba su boca, podía notar en mi polla su fuerte y agitada respiración que, salia a presión por su pequeña nariz.

Instintivamente aumenté el ritmo de mis embestidas en su coño acompasándolas a la velocidad a la que me estaba follando su jugosa boca. De repente, fui consciente del tremendo chapoteo de sus jugos vaginales en cada una de mis arremetidas.
Ese chapoteo de su coño empezó a ponerme por completo loco. Más aún que la tremenda mamada o follada en su boca. No había escuchado en mi vida nada tan escandaloso. Ese sonido me estaba haciendo precipitar mi orgasmo.

Ella empezó a jadear fuertemente teniendo mi polla dentro de su boca y pronunció palabras que yo no terminaba de entender del todo entre otras que sí entendí.

—¡oohhuuHHHhhuuufff papá!, más, más fuerte, más, ¡dame más fuerte papá!. ¡Fóllame! OOOhh, ¡Fóllame fuerte! —llegué a entender las más evidentes.

Entre los jadeos de ella, las palabras que si logré, entender y el chapoteo escandaloso de los jugos de su coño, no pude aguantar más.
—ooOOhhoOOoo, ¡me voy a correr¡, ¡me voy a correr! —Le grité mirándola.

Ella al escuchar que me corría, dejó de repente de chupar mi polla y me sujetó por mis caderas parando mi follada en su boca. Miré su cara con mi polla aún dentro, tenía los ojos entrecerrados con una expresión de gozo y placer indescriptible. Su cara estaba por completo empapada por su saliva. Temí que se retirara, que sacara mi polla de su boca. Pero no, no fue así. Noté como con su mano izquierda me mantenía apretando dentro de ésta. Intuí rápidamente que no le importaba que me corriese dentro de su boca, es más, estaba esperando expectante a que lo hiciera.

La primera descarga le pilló de sorpresa y lo noté muy claramente con el gesto que hizo. Fue como si la hubieran golpeado en el interior de su garganta. También lo noté en la apertura desmesurada de sus ojos. Primero de sorpresa y luego de complicidad y deseo.
Esto no evitó que sus caderas dejaran de buscar mis dedos, todo lo contrario, aún apretaba más su coño contra mi mano. Pareció gustarle la textura y sabor de mi semen, ya que reanudó su mamada con un nuevo y deslumbrante vigor. Yo seguí corriéndome como nunca lo había hecho antes. Mis latigazos de semen dentro de su preciosa boca eran incontables. Me apretó más contra su boca metiéndose mi polla casi hasta los huevos.

Dios, no paraba de salir leche. No había tenido una corrida tan cuantiosa en mi vida.
Lo increíble era que, parecía estar tragándose todo ese semen sin problemas y con verdadero placer. Cosa que no hacía su madre. No me lo podía creer. No era que tan sólo se tragase toda esa leche sin problemas no, es que la estaba disfrutando y saboreando con verdadero placer. Esto hizo que mi mano en su coño, se acelerara al máximo, de tal forma que a un observador, le parecería que la estuviera apuñalando en el coño.
¡Dios bendito!. Ella empezó a convulsionar totalmente.

Sacó mi polla chorreante casi en su totalidad, hasta la punta de sus labios y me suplicó:
—¡Fóllame OooOoh fóllame!, ¡más fuerte OooOOOooohhh!, ¡papá por favor fóllame!, ¡¡así, así, así ooooOOOOhhh!!.

¡Madre mía!. Mientras decía ésto sus carnosos labios, no paraban de acariciar mi glande con cada palabra que pronunciaba.

Empujé nuevamente mi polla al interior de su boca, ahogando sus palabras y gemidos suplicantes. Ella la siguió chupando con pasión, mientras convulsionaba por su tremendo orgasmo. Su cuerpo daba sacudidas y se apretaba contra mi mano. Mientras yo no paraba de taladrarle el coño, hasta que ella cerró violentamente sus sudorosas piernas, dejando atrapada mi mano entre sus muslos impidiéndome cualquier movimiento.
Su orgasmo la llevó a empujar sus caderas de forma rotativa e intensa, haciendo que su coño se follase mis dedos, mientras apretaba fuertemente con sus prietos muslos.
¡Era algo impactante y maravilloso!.

Se retiró un poco y sacó mi polla de su boca. Su respiración era rápida intensa y muy agitada. Miré mi polla. Estaba más limpia que si la hubiera lavado en ese preciso momento con agua y jabón. Ella seguía jadeando y aún tenía espasmos mientras continuaba restregándose y apretando su coño contra mi mano inmóvil.

Para mí era inconcebible el grado de excitación de ella, ya que mientras seguía aún con los estertores del tremendo orgasmo, me cogió nuevamente la polla, y la alzó hacia arriba en dirección a mi ombligo. Bajó aún poco más su cabeza y empezó a lamerla desde el glande hasta los huevos. Se entretuvo un poco chupando mis pelotas. Primero una, luego la otra. ¡De súbito las engulló las dos a la vez!.

¡¡¡Joder!!!.
Eso fue tan repentino, delicioso y tan morboso (notar mis dos testículos bien apretados dentro de la boca de mi propia hija) que instantáneamente tuve un pequeño e inesperado orgasmo y volví a eyacular levemente otra vez.
¡Nunca había sentido nada igual lo juro!. Fue indescriptible.
¡Dos orgasmos prácticamente seguidos!.
Jamás me había sucedido algo parecido.

Y no es que nunca me hubieran comido los huevos. Todo lo contrario. Pero esta vez fue por completo diferente. Y lo diferente de verdad, fue quién se los comió.
¡Mi propia hija!.No me lo podía creer.

Cuando su cuerpo dejó de temblar, soltó mis huevos y se tumbó nuevamente boca arriba. Abrió sus piernas y pude liberar muy lentamente mis dedos del interior de su coño, procurando en este proceso el mayor roce posible, haciéndole suspirar y gemir mientras los iba extrayendo.

Cuando los saqué del todo, se escuchó un tímido y delicioso choop. Mi hija aún tenía su respiración algo acelerada. Allí estaba yo arrodillado junto a ella con mi polla semitiesa descansando sobre su suave cadera.

—Uff papá. Baja un poco la calefacción. Tengo mucho calor.

La miré y ciertamente estaba sudada. La camiseta del pijama se le había pegado como una segunda piel, haciendo que sus pechos y sobre todo sus pezones se marcaran increíblemente. Su tersa barriga, sus espléndidas piernas y sus muslos, tenía ese precioso y apetitoso brillo característico de la piel sudada. Me giré, cogí el mando de la bomba de calor y le hice ver que bajaba algo la temperatura. Pero no fue así.
Acababa de descubrir que, ver ahora a mi propia hija así sudada, me provocaba mucho placer, mucho morbo. Un morbo indescriptible.

—Ya está —le mentí
—Bueno papá, eso sigue ahí ¿verdad?.
—Sí cielo, pero con alguna que otra arremetida que hemos hecho, he llegado a tocar el preservativo.
—Ves como sí que está dentro —me reprochó ella.
—Sí. Y ahora sé más o menos donde está.
—Perfecto. Venga papá entonces sácalo.
—Descansamos unos minutos y continuamos cariño —le propuse.
Ella asintió.
—Hazlo igual que lo has hecho antes. ¿Vale papá?.
—¿Cómo?. ¿Masturbándote primero? —le pregunté.
—Bueno no, o sí —rió traviesa—. Me refiero que directamente introduzcas tus dedos y al mismo tiempo me acaricies el clítoris.
Quedaba claro que ese modo de masturbarla, le había encantado.
—Vale, me parece fenomenal —contesté guiñándole un ojo.
—Así será más fácil y rápido para ti y más gustoso para mí —continuó ella picarona y soltó una carcajada que yo secundé.
Pasaron un par de minutos.
—Ahí voy pues. Relájate que empiezo de nuevo.
—¿Que me relaje dices?. Ja, ja, ja —rió ella—. Ya verás tú mi relajamiento.

Pues nada, me puse nuevamente a ello.
Volví a situar el cojín bajo sus prietos glúteos que, toqué y acaricié ahora con gusto y placer sin problema alguno. Esta vez ella, ya no se cubrió la cara con su antebrazo, así que podía observar en todo momento su placentero rostro. Su lubricación en su vagina aún se mantenía. Desde luego era digna de alabar.

Empecé introduciendo lentamente el dedo índice y corazón. Al mismo tiempo me apresuré a acariciar su clítoris con el dedo gordo de la misma mano como ella me había exigido.
Nuevamente hice un mete y saca lento, pero cada vez más profundo. Empezó a gemir prácticamente al instante, ahora fuertemente sin reparo alguno.

—¡Dios, esto no puede ser verdad! —dijo—. Es demasiado bueno para ser cierto. ¿Cómo me puedes poner de este modo papá? —gimió.

No le contesté. Yo seguía a lo mío hurgando con mis dedos en su húmedo y prieto coño.
—¡OoOOOoo!, Dios santo, esto sí que es hacer disfrutar a una mujer y no lo que hace el picha floja de mi novio —siguió diciendo mientras sus caderas zigzagueaban y embestían al ritmo de mis lentas y cada vez más profundas penetraciones.
—¡Me vas a volver loca papá!, ooOUuufff, Dios.

Sus jadeos volvieron a ser muy ostentosos. Su hermoso rostro un verdadero poema de placer. Como dije antes, ya con todos los tabús rotos, ya no se ponía ningún freno a sus cada vez más fuertes gemidos.

Estando ella ya tan cachonda otra vez, quise salir de dudas. Decidí volver a probar la suerte del tercer dedo. Quería ver si podía provocar la misma reacción que tuvo la primera vez. Quería volverle loca otra vez. Así que volví a sacar casi enteramente los dos dedos de su coño y cuando los volví a introducir ya eran nuevamente tres. Esta vez lo hice más rápido con toda la intención y sin darle tiempo a prepararse. Empujé fuerte y rápido los tres al interior de su estrecho y empapado coño.

—¡ooOOoOoHHioohh, Dios mío! Sí, sí, si, ¡por favor papá!, más, más, ¡métemelos más papá! —gritaba mientras alargando su mano derecha me cogió la polla, y la apretó como si le fuese la vida en ello.
Con la izquierda, se cogió por encima de la sudada camiseta del pijama su maravilloso y duro pecho izquierdo. La apretaba de tal forma que parecía que lo quisiera hacer explotar. Estaba claro que cada vez era más ella. Ya no se reprimía en nada.
¡Madre mía!. No paraba de dar gemidos y gritos de placer.

Arqueaba su espalda de tal modo que por un momento pensé que podía hacerse daño.
—¡ooOhhhoooO papá!, ¡fóllame fuerte!, ¡más rápido, más, más, más, más...OOooohhuffuuufff papá!.

Empecé a darle fuertes clavadas a su mojadísimo coño, como si me fuera la vida en ello. Ella empezó otra vez a culebrear, culear y convulsionar. Mi durísima polla seguía dentro de su mano derecha. La apretaba fuertemente pero sin moverla. Así que mientras ella se acercaba otra vez a un tremendo orgasmo, yo no aguante más y empecé a follarme su mano como un verdadero loco.

En ese momento pareció recordar que tenía agarrada mi dura polla. Empezó entonces a acompañar con vigor mi embestidas dentro de su mano.
Que me follara su mano así, pareció despertar en ella una nueva morbosidad que hizo que estallara súbitamente en otro tremendo orgasmo, soltando no sé ni qué cosas por su boca. Cerró fuertemente otra vez sus preciosas piernas, dejando nuevamente atrapada mi mano con mis tres dedos en el interior de su palpitante coño, inmovilizandomela nuevamente.

—¡ooOOoooHhUuuuuffffooohHH!, ¡o sí papá!, ¡córrete encima mío… oOooh!, ¡córrete por favor...!, ¡riégame toda con tu leche papá!.

¡Dios!. ¿¡Pero cómo podía decir mi hija esas cosas!?.

De nuevo sus obscenas palabras precipitaron mi orgasmo. Suerte que justo antes de correrme, tuve algo de lucidez. Unos segundos antes de empezar a escupir mi leche, me dio tiempo a subirle la camiseta del pijama por encima de sus pechos para no ponérsela toda perdida de mi semen.

—Oooo cariño, me corro, me voy a correr, ¡oooOOOhhh… que gusto!.
—¡Sí papá por favor, córrete encima mío!.

Empecé a correrme sobre su tersa barriga y parte de su pubis y su costado. Regueros de mi leche empezaron a resbalar hacia abajo por su cadera y costado hasta llegar a la alfombra. Paré de follarme la mano de mi hija. Ella seguía agarrando mi polla, notando mis fuertes palpitaciones eyaculatorías ya exentas de semen, a las cuales correspondía con movimientos de sus dedos. Miré su cara. Tenía una expresión de triunfo y tremendo placer. No sabría bien como describirla la verdad.

Nos quedemos otra vez totalmente exhaustos. Ella boca arriba y yo junto a ella, arrodillado a su derecha con mi polla empalmada, la cuál se negaba a soltar.
Empezó a reírse. ¡Estaba tremenda!.

Tenía la cara sudorosa con mechones de cabello pegados por toda su frente y en sus mejillas. Algunos de estos metidos, dentro de la comisura de sus labios. Su estómago y costado lleno de lechazos por mi reciente corrida. Su camiseta (que yo había subido momentos antes de correrme) por encima de sus hermosos, redondos y puntiagudos pechos. Sus suaves y firmes piernas semi flexionadas, completamente cerradas atrapando fuertemente mi mano con mis juguetones dedos, dentro de su coño. Y para colmo su mano aún seguía cogiéndome la polla.

Todo esto era tremendamente excitante y no acababa de creerme todo lo que me estaba sucediendo.
—Ja, ja, ja, seguimos igual. No lo hemos sacado ¿verdad papá? — Me preguntó mientras soltaba lentamente mi polla.
—No —le contesté riéndome también.
—A este paso llegará mamá antes y todo —me dijo.
—Con tres dedos dentro no lo puedo hacer cariño.

Abrió un poco sus piernas liberando mi mano y pude sacar muy lentamente los dedos de su coño. Mientras iba sacándolos, los separaba con toda la intención para provocar (como la vez anterior) pequeños suspiros de placer hasta su total extracción.

Esta vez mientra los sacaba, me pude fijar en el movimiento de sus pechos desnudos, que respondían provocadoramente a su aún agitada respiración. Esto provocó que mi polla se empezara a endurecer otra vez. Me moría por meterme sus duros pezones en mi boca.

Cuando tuve los dedos por completo fuera de su vagina, levanté la mano y se los enseñé.
—Hay que hacerlo con tan solo estos dos dedos —le hice el movimiento de la tijera con los dedos índice y corazón—. Así a modo de pinza si lo alcanzo a tocar bien, lo podré sacar fácilmente o eso espero.

De repente noté que algo resbalaba por mi mano. Me la quedé mirando y observé como resbalaba hacia abajo un par de regueros de sus jugos vaginales.
Algunos ya estaban a la altura de mi muñeca. ¡Dios, era increíble como llegaba a mojarse mi hija!.

Giré la cara, la miré y le sonreí.
—No he visto a nadie jamás mojarse así cariño. Eres un portento cielo.
—¡Joder papá!. Tú también me has mojado toda bien. Por dentro y por fuera.
Y estallamos los dos a carcajadas.
Acto seguido puso cara picarona. Luego su expresión cambió a puro vicio, y mientras me miraba con esa cara de viciosa, se puso a lamerse los restos que habían quedado en su mano de semen.
¡No dejó ni rastro en ella!. Madre mía, ¡le encantaba mi semen!. No dejaba de sorprenderme.
Me estremecí por completo.
Había que sacar de una vez ese preservativo, de lo contrario íbamos a morir los dos a orgasmos en el intento.
—Bueno ahora sí cariño, vamos de una vez a por esa dichosa goma —le dije.
—Venga va. Ahora directo papá. No me acaricies esta vez el clítoris.
¿El clítoris pensé?.

Yo no tenía nada claro qué era lo que le provocaba más placer. La estimulación de éste o la penetración vaginal. Lo que sí tenía muy claro, es que esos tremendos orgasmos los podía conseguir fácilmente de las dos formas. Otra cosa de la que estaba casi seguro, es de que mi hija era multiorgásmica y que ella lo estaba empezando a descubrir en este preciso momento. Empezaba a tener claro que sus múltiples orgasmos, ganaban en intensidad según se iban produciendo hasta llegar a su último gran orgasmo final.

¡Mi hija era una locura orgásmica!

Continua...
Datos del Relato
  • Autor: Eikario
  • Código: 70947
  • Fecha: 13-09-2026
  • Categoría: Incestos
  • Media: 0
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