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Categoría: Maduras

Mi historia con Juan 1ª Parte

Tras el encuentro la fiesta que nos corrimos mi marido con Marisa y conmigo (como habéis podido leer en mi anterior relato “Esperanza con su marido y Marisa 2”), ambos amantes quedaron encantados uno del otro, como así me lo dijeron ambos, y me confesaron que estaban deseando estar de nuevo juntos. Es más Marisa me confesó, que a partir de haber sido follada por Pepe la había nacido algo en su interior que la empujaba y la hacía necesario estar con mi marido, que la perdonara pero que era una fuerza superior que no era capaz de reprimirla. Yo en principio, me sentí un poco celosa de ambos, pues a los dos amaba, pero a la vez me pasaba lo mismo que me habían contado mi marido, Javier y Juan que sentía algo en mi interior que me molestaba pero que a la vez me gustaba y me excitaba el ver a mi marido como poseía a otra mujer y me ponía los cuernos. Entonces se lo conté a Marisa y acordamos que podía verse con Pepe de vez en cuando (en principio) y podía hacerlo estando yo presente o no. Entonces ella se me abrazo y me dio un morreo en mi boca con todas sus ganas y fuerzas, se sentía feliz.

Aún me quedaba acabar de cumplir la promesa que le hice a mi marido de ofrecerle y ponerle en bandeja el acostarse con Marisa (que ya lo había hecho y a ambos les había encantado) y acostarse con Inés, con la cual lo hizo el viernes. A Inés la dije que no lo podría hacer con mi marido sin preservativo, dado que como ella sabía quería que quedara preñada de Juan y que como hasta el lunes de la semana siguiente no tendríamos el resultado de los análisis, no lo podía hacer sin protección con nadie. A Pepe (mi marido) le dije que Inés había puesto la condición de hacerlo con él si aceptaba hacerlo con preservativo, cosa que acepto de inmediato. El encuentro de Inés con mi marido y los otros encuentros que este ha tenido con Marisa, con Inés y conmigo lo dejo para contarlo en otros relatos dentro de la saga antes mencionada. Hoy quiero comenzar a contaros mi relación con Juan, cuyo preámbulo lo podéis leer en la saga de “Mi relación con el joven Javier en las partes 21, 22 y 23 de la misma”.

 El jueves de esa semana a eso de las 12 de la mañana me sonó el teléfono móvil, al descolgar pude comprobar que era Juan, tras saludarme me dijo:

“Esperanza, la semana próxima el martes tengo que llevar una carga de cerdos al matadero de tu pueblo, me gustaría.- si puede ser- estar contigo y si es posible pasar la noche juntos. Ya sé que esta tú marido y te será difícil, si lo pudieras arreglar . Te deseo tanto y tengo tantas ganas de volver a tenerte entre mis brazos.”

Yo le digo:

“Juan a mí también me gustaría, pero me tienes que dejar tiempo para ver como lo preparó para poder pasar la noche fuera y que mi marido no se mosquee. Mira llámame mañana y te digo lo que hacemos. De todas formas te adelanto que aunque no podamos pasar la noche juntos , procuraré pasar algunas horas contigo, pues yo también quiero que me poseas y estar entre tus brazos, quiero ser tuya, me gustaría tanto y además necesito sentirte dentro de mí…..Llámame mañana a esta hora”

Cogimos y colgamos. Tenía que pensar algo para pasar la noche con Juan y que mi marido no sospechara que estaba con otro hombre, pues si era así querría estar presente para disfrutar viendo como le ponía los cuernos y yo quería estar a solas con Juan. Además Juan tenía que volver a montar a Inés para asegurarnos de que la dejaba preñada y eso quería hacerlo por la tarde y  otra vez sobre las diez de la noche para que el resto del tiempo estuviéramos solos Juan y yo. El sitio de encuentro era lo de menos, aunque ya había comprado el piso para Inés cerca del de Marisa, y solo faltaba amueblarle. Lo que hice fue comprar dos camas completas de 150 y mande que las llevaran ese mismo día al piso y la di dinero a Inés para que comprara los muebles que quisiera y lo amueblara a su gusto, diciéndola que para el martes tenía que estar todo preparado. Como el viernes tenía el encuentro con mi marido Pepe le dije que del viernes al martes quedaba dispensada de su trabajo en la casa de putas de Marisa y que se dedicará exclusivamente a preparar el viernes la cita con mi marido y el resto del tiempo en preparar el piso.

Hable con Marisa y la dije que si tanto deseaba estar con mi marido, podíamos prepararlo para que estuvieran juntos en mi casa el martes y la conté lo que pasaba (que vendría Juan y que quería pasar la noche con él y no quería que sospechara mi marido nada). Ella me dijo que si que quería y deseaba estar de nuevo con mi marido y que a la vez así me hacía a mí el favor de entretenerle o tener el pretexto para que yo me fuera de casa y estuviera con Juan. La hice mucho hincapié en que Pepe no debía saber en ningún momento que yo estaría con Juan, a lo que ella me prometió que por ella nunca lo sabría y me dio las gracias. Ella me ofreció incluso que utilizara su casa para mi encuentro con Juan, pero la conté que había comprado ya el piso de Inés y que para entonces estaría todo preparado, pues había dispensado a Inés estos días del trabajo para que se ocupara de que estuviera todo amueblado y listo y además así estando en casa de Inés sería más cómodo y Juan  la podría montar más veces a ella para conseguir que la preñara.

Por la tarde-noche cuando llego mi marido, le dije:

“Pepe, tengo algo que contarte. Mira me ha dicho Marisa, que la ha gustado mucho estar contigo y que ha gozado muchísimo y que no la importaría volver a repetir el encuentro, pero en esta ocasión sola ella y tú (es decir sin mi presencia), siempre y cuando no me molestara. Te desea muchísimo y me ha insinuado que si yo no me enfadara y tú quisieras ella el martes podría, me lo ha pedido por favor. Pues dice que desde que la follastes el otro día, necesita sentirte dentro de ella y entregarse toda a ti. Me ha dicho  que tiene una lucha interna , por no hacerme daño,  que te desea tanto pero no quiere hacerme daño. Yo como os quiero tanto a los dos, y me ha cogido de sorpresa, no he sido capaz de negarme. Entonces ella tras darme un beso me ha dicho que te pregunte si tú quieres y si es positivo que te proponga pasar juntos la noche del martes, que es cuando ella puede”.

Él no pudo disimular su alegría, pero si me dijo:

“Esperanza, si te soy sincero a mí también me apetecería, pero como te voy a dejar sola, además no quiero hacerlo si tú no quieres, aunque sé que vas a decir que no te importa, para que yo no te fuerce a hacerlo con otros, como te he pedido, así que…..”

Yo no le dejé acabar la frase y le dije:

“Mira Pepe, yo os quiero mucho a los dos a ti y a Marisa, y tú lo sabes, si realmente es como decís los dos que estáis deseando estar el uno con la otra, no te preocupes por mí. Es más lo haréis aquí en casa y no te preocupes por mí yo pasaré la noche del martes con Inés en su piso nuevo que se ha comprado.  Eso sí me estas entrando ganas al veros de ponerte los cuernos, a lo mejor te doy una sorpresa y cualquier día de estos me presento con un hombre en casa para que veas cómo me folla y te pongo los cuernos, como tú me los vas a poner ahora a mí”

El dándome un abrazo y un fuerte beso, me coge en volandas y me dice:

“Te quiero Esperanza, eres la mejor. Y por lo de ponerme los cuernos, sabes que me encantaría, aprovecha el martes y si ligas a alguno queda con él el miércoles y te le traes a casa, pero avísame antes para estar preparado”

Al final, me había salido con la mía: Estaría a solas con Juan la noche del martes e incluso si quería podría el miércoles traérmelo a casa y que me siguiera follando delante de mi marido. Y encima a mi marido y Marisa les había facilitado y preparado el encuentro entre ambos que desde el pasado miércoles en que estuvieron juntos, tanto deseaban.

Al día siguiente recibí puntual, a las 12,00 del mediodía la llamada de Juan, para ver si había solucionado el tema. Le descuelgo y le digo:

“Hola cariño, todo arreglado, podemos quedar como tú quieras, estoy deseando de estar entre tus brazos, estos días se me van hacer eternos, que ganas tengo que llegue el martes, ¿sobre qué hora vendrás y a qué hora nos podremos ver?”

Él me contesta:

“¿Te ha sido muy difícil?,”

Yo le contesto:

“Me he tenido que, sacrificar un poco, y dejar que mi marido me ponga esa noche del martes los cuernos con mi querida Marisa. Pero al cambio podremos estar juntos tú y yo”

Juan entonces me dice:

“Mira, Esperanza voy a ver si puedo estar en tú pueblo al mediodía, para que me descarguen esa misma tarde, si pueden a primera hora. Si es así podemos vernos cuando yo acabe, como no sé la hora lo que haremos es que yo te llamaré cuando esté ya libre. Mientras tú te preparas y vienes a donde yo tenga el camión, yo a provecharé para preparar la caja del camión para pasar la noche en él y……”

Yo no le dejo acabar y le digo:

“No, no Juan no hace falta que prepares el camión, pasaremos la noche en el piso que he comprado para Inés, el martes estará listo, pues he encargado a Inés para que se encargue de amueblarlo y tenerlo todo listo y confortable. Estoy deseando tener tu …..dentro de mí, solo de pensarlo me tengo que acariciar mi conejo (como a ti te gusta llamarlo), si estuvieras ahora mismo aquí……no  se qué……”

Él me dice:

“Yo también estoy deseando de estar contigo, y también en estos momentos me estas poniendo solo de oírte hablar y decirme que estas deseosa de que estemos juntos, muy caliente, la tengo totalmente tiesa y me la he tenido que sacar del pantalón, pues me hacía daño al crecer y estar atrapada dentro del mismo. Quiero pedirte una cosa, cariño…. Si no te parece mal…..”

Le contesto:

“¿Qué es, dímelo?, bueno sea lo que quieras te digo que sí, que el martes haré todo lo que tú quieras, quiero ser tuya, solo tuya, es más para estar más descansada y salida, ese día diré a Marisa que no voy a trabajar, quiero estar muy salida y caliente de tal forma que solo desee estar contigo, tenerte entre mis brazos, tenerte dentro de mí, que hagas  conmigo todo lo que quieras, que me penetres por todos mis agujeros…quiero hacer y darte todo lo que tú quieras…..”

Juan me dice:

“Pues mira, quiero que no te laves el coño ni las axilas por lo menos desde el lunes (pues entiendo que antes debes de trabajar y que estarás con tú marido y a lo mejor a él no le gusta que huelas a coño sucio). A parte de esto me gustaría que te pusieras una faldita muy corta y una blusa donde se puedan ver, insinuar o apreciar bien tus tetas, en definitiva quiero que estés muy provocativa. Y de ropa interior quiero que lleves una ropa muy sexi y que no te tape nada que al agacharte o inclinarte se te pueda ver todo, tanto por abajo como por arriba, no te masturbes ni folles con nadie, por lo menos desde el domingo   ¿me concederás estos deseos, mi amor?

Le contesto:

“Si mi amor, todo lo que tú quieras, no me importa oler como los cerdos que vas a transportar o a pescado a una legua, si es eso lo que a ti te gusta, ya te he dicho que haré lo que tú quieras. Lo único es que el lunes, al trabajar tendré que lavarme mi coño y entonces no podré estar como tú quieres…..”

Él me dice:

“Por favor, no me hagas eso, di a Marisa que el lunes tampoco podrás trabajar, aunque vayas a su casa, la ayudas en otras cosas, pero por favor, no quiero que tengas contacto con nadie ni te masturbes, para que este muy salida y caliente y a la vez de esta forma al no trabajar no te tendrás que lavar, por favor hazlo por mí, ya sabes que me gusta mucho que los coños huelan y estén sucios y pegajosos….”

Le digo:

“De acuerdo, te has salido con la tuya, se lo diré a Marisa y ese día no trabajaré, me dedicaré con Inés a preparar para que todo esté listo para nuestro encuentro”.

Después tras despedirnos colgamos. El resto de la semana pasó como era habitual, haciendo las labores de mi casa, acudiendo a prostituirme a casa Marisa y por la tarde- noche con mi marido, el cual el viernes se dio un gran festín con Inés y conmigo (que como ya os he dicho antes, en otra ocasión os lo contaré). Los días se me hacían muy largos, estaba deseando que pasaran para que llegara pronto el martes y poder estar con Juan. Me encontraba igual que una novia, deseando de estar siempre con su amado, pues eso me pasaba a mí estaba deseando, lo necesitaba, estar haciendo el amor con Juan quería que me poseyera y ser totalmente suya, y el deseo me hacía que los días se me hicieran eternos.

En estos días, a partir del domingo, no deje que me tocara siquiera mi marido y hice grandes esfuerzos por no masturbarme, lo que hizo que para aplacar mi calentura me diera bastantes duchas frías. El lunes estuve buscando la ropa para ponerme que Juan me había indicado, pero toda la que tenía de esas características me estaban pequeñas debido a mi embarazo, así que cogí y me fui de compras, tras mucho buscar pude encontrar una faldita negra ( era el único color que quedaba)que me entrará, lo que no me cubría era la barriga, por tanto solo me la podía poner que la cintura de la misma me llegara por encima de mi pubis, quedando toda la barriga de 5 mese fuera por la parte de abajo apenas cubría los cachetes de mi culo. La blusa elegí una de las que tenía en casa de seda transparente blanca, toda abotonada, y la ropa interior opté por coger uno de los conjuntos de cintas que me había comprado Javier para las vacaciones que había pasado en su casa. Completé el conjunto con unas medias negras de seda hasta medio muslo, sujetadas por un liguero también negro.

Llego el martes, al levantarme y moverme me dio el olor de coño sucio de mi sexo, no me importó porque eso era lo que quería y le gustaba a Juan. Mi marido ya se había marchado, entonces dirigiéndome a mi armario saque la ropa que me pondría para mi encuentro con Juan. Realmente estaba muy provocativa y el aspecto era de una verdadera buscona, furcia en definitiva una puta, no me importó era como quería Juan que estuviera y así estaría. La blusa probé cuantos botones me quedaba sin abotonar y tras probar unas cuantas de veces opte por dejar cuatro, prácticamente se me salían las testas de ella. Luego me quite la ropa de nuevo y la deje de nuevo en el armario, tras lo cual me vestí con la ropa de estar en casa y comencé mis faenas domesticas como todos los días, pero muy nerviosa y salida.

A  las 13,45 me llamo Juan comunicándome que acababa de llegar y que le habían dado hora de descarga a las 17,00 de la tarde, que cuando acabará me llamaba y que me esperaba en el camión que le tendría en una de las calles del matadero, yo le dije:

“Juan de acuerdo, espero tú llamada. Pero mira, no quiero que me vean así vestida en el pueblo, no te importa que la ropa que me has dicho que use, me la ponga luego ya en el coche cuando vayamos camino de Alcobendas, aunque la que llevaré también será un poco excitante pero más de una señora decente como estoy considerada en el pueblo.”

Él me dice:

“No querida, me dijiste que harías lo que yo quisiera y que podía hacer contigo todo lo que quisiera, que serias mías, pues quiero que vengas con la ropa que te he dicho. Al fin y al cabo en tú casa te vas a montar en el coche y aquí donde yo tengo el camión, como mucho lo único que harás será bajarte del coche y montarte en camión y después bajarnos e irnos en tú coche, poca gente te puede ver, quiero exhibirte, quiero que la gente te vea y te deseen y tengan envidia de mí de poder ser yo el que voy con una hembra tan buena y hermosa como tú…..”

Yo le respondo:

“Juan, por favor, no me hagas hacer eso en el pueblo, fuera de aquí hago lo que tú quieras, aunque quieras que me desnude donde sea, pero por favor en el pueblo no, quiero seguir con la reputación de señora respetable…”

Él me dice:

“Esperanza, vamos hacer una cosa, mira: Vendrás con la ropa que te he dicho. Pero si quieres encima, mira si tienes algo que te pueda tapar (pero no mucho) y te lo pones, ¿de acuerdo? ¿Estás contenta?”

Le digo:

“Gracias, eso haré, por lo menos así evitaré que me vean aquí de la guisa que me has hecho ponerme. Espero a que me llames”

No me gusto mucho lo de ir vestida de esa forma en el pueblo, pero con una chaqueta larga de punto calada que tengo me cubriría y si pasaba alguien y me veía o tenía que ir andando algún lado en el pueblo no me verían de esa guisa. La verdad es que si no hubiera, Juan cedido a que me pusiera algo encima, hubiera acudido a la cita como él me había dicho que fuera, pues estaba tan salida y caliente y le deseaba tanto que me hubiera dado todo igual, con tal de poder estar con él.

A las 17,30, llamó Juan diciéndome que ya había terminado que me esperaba en el camión, que lo tenía aparcado en la calle de atrás del matadero que no tiene salida, que si sabía cuál era, estaría aparcado al fondo mirando hacia la salida, delante de él había 2 camiones más, y que por tal razón no podría entrar con el coche en la calle, que era mejor que lo dejara en la explanada que está a la entrada del matadero..

Yo le contesté que sí, (era una calle sin asfaltar, que queda entre las trasera de unas casas adosadas y las naves del matadero), que me vestía y estaba allí en medía hora o tres cuarto de hora.

Entonces, antes de comenzar a vestirme, llamé a mi marido y le dije que me marchaba a casa de Inés, para dejarle la casa sola para que pudieran estar Marisa y él a sus anchas sin que nadie les molestara y pudieran echar sus fantasías amorosas a volar.

Luego comencé a ponerme la ropa interior, me coloqué un sujetador de tiras de color blanco, que me sujetaban mis gordas teas y hacían que se mantuvieran erguidas. Luego cogí las bragas del mismo juego, que no me tapaban absolutamente nada, dado que eran también de cintas blancas dejando al aire tanto mi coño como la raja de mi culo. Después me coloque a mi cintura el liguero negro, de puntillas muy sexi y excitante, con unos lacitos rojos. Me puse mis medias negras de cristal y me las sujete con los enganches del liguero. Me miré al espejo y la verdad es que estaba muy provocativa y deseosa así vestida. Después me puse la pequeña faldita negra y me abroche el cinturón (que más bien era de adorno. Luego me puse la blusa blanca transparente, opté por dejarla suelta, al estar la falda tan abajo apenas llegaba a la parte de la cintura de la falda (dado que la falda no me subía más arriba que donde acababa mi pubis, es decir como a unos 15 centímetros de mi ombligo) y por la parte de arriba deje 4 botones desabotonados y me la abrí un poco. Se me veía todo el canalillo de mis pechos y gran parte de los mismos, parecía como si se fueran a salir de la blusa lo poco que quedaba por estar al aire. Me miré al espejo y me gusto, estaba que rompía, cualquiera que me viera estaba segura que desearía estar conmigo y poseerme, la verdad es que iba provocando a cualquiera que se cruzara conmigo, después me calcé unos zapatos de color negro bajos ( en mi estado los tacones me cansaban mucho). Luego me dirigí a un cajón de mi armario y saque la chaquetita larga de punto calada y me la pude encima tapándome todo lo que pude. Luego cogí y preparé en un bolso otra ropa, menos provocativa para mi vuelta y si por cualquier cosa me la tuviera que poner y porque no decirlo, conociendo a Carlos y Juan siendo amigos, cada vez que había estado con ellos había terminado con la ropa rota y la mayoría de las veces faltándome prendas, así que en esta ocasión quería ser precavida. Luego cogí las llaves del coche, el bolso con la ropa y el bolso de vestir y marche donde había quedado con Juan, estaba deseando llegar pues iba muy caliente.

Cuando llegue, eran ya las 6,30 de la tarde y como era ya finales de octubre, estaba a punto de oscurecer, por eso no me importó mucho que tuviera que dejar el coche en la explanada delante del matadero y andar unos 100 metros para llegar a donde Juan tenía el camión, dado que la oscuridad (aunque estuvieran encendidas las farolas, evitarían que se me viera claramente con la pinta de puta en que iba vestida. Cuando pasé delante de los dos camiones que había aparcado antes del de Juan, no ví a nadie, pero al pasar el primero, salió un hombre como de unos 35 años, alto y fuerte y mirándome, emitió un silbido y dijo:

“Joder, cómo va la tía, si va enseñando todo la pedazo de zorra, vaya puta, quién la pillara.”

Yo no me volví e hice como que no le oía, en parte porque me dio vergüenza, pero la verdad es que con la pinta que llevaba parecía y daba toda la impresión de ser lo que él me dijo.

Al llegar al camión de Juan, miré a la cabina y no vi a nadie, entonces me dirigí al portón de atrás de la caja y asomándome, le vi a él que estaba quitando los apartados en los que habían ido separados los cerdos y , acondicionando la misma, para quedarla diáfana, al verme me dijo:

“Ven sube, ayúdame y así acabamos antes, estoy deseando tenerte entre mis brazos”.

Se bajo de la caja del camión y me ayudo a subir a la caja. Yo al apoyar mis manos para hacer impulso para subir, me manche todas de los restos de mierda que había del ganado. Él aprovechando y haciendo con que me ayudaba a subir, primero me cogió de mi cintura y me aupó hacía arriba, cuando yo apoyando cogí impulso y puse una de las rodillas mías en la caja del camión, él aprovecho en poner una de sus manos en mi culo y  me la pasó por toda mi almeja, haciéndome sentir un escalofrío de placer difícil de describir, también comprobó que estaba toda mojada, se llevo esta mano a su nariz y me dijo:

“Ja, ja, ja, como estas de caliente, tienes tu conejo empapado y ya veo que me has hecho caso, en no lavarte, pues me huele a gloria, aunque otros opinen lo contrario, esos no saben apreciar lo que es lo bueno”

Yo me levante poniéndome de pie , ya dentro de la caja del camión y ví que la media de la rodilla que había apoyado en el suelo del camión, estaba un poco manchada de la mierda que este tenía, y contestándole le dije:

“Si mi amor, estoy muy caliente y salida, tengo toda mi chocha, como has pisto empapada y ardiendo deseo que me la metas cuanto antes, quiero que calmes mi calentura, por favor…..”

Él haciéndose el duro, me dijo:

“Todo a su tiempo, ahora ayúdame a quitar todo esto y luego ya veremos si lo hacemos aquí o nos vamos a otro sitio. Yo tengo tantas ganas de ti como tú de mí y si quieres que te diga la verdad también estoy muy caliente. Es más para no fallarte me he tomado cuando te he llamado un pastilla de viagra, esta noche quiero complacerte y atenderte a tope, no quiero fallar “

Yo le digo:

“Pues venga démonos prisa, y lo de la viagra muy bien, ten en cuenta que también tendrás que follar a Inés, pues quiero asegurarme de que la dejas preñada.”

Nos pusimos como locos a colocar el camión, con los movimientos se desabrochó el cinturón de la chaqueta  de punto y esta se me quedó abierta  y para no está constantemente abrochándola la dejé sin abrochar .Yo veía como cada vez que me agachaba para ayudarle a coger las separaciones y ponerlas a un lado, él no podía apartar sus ojos de mis tetas que se me salían de la blusa al tener esta desabrochado cuatro botones. Entre carga y carga, el me cogía, me besaba, me magreaba mis ubres y también me metía dos o tres de sus dedos en mi almeja entrándomelos y sacándolos, para al acabar llevárselos a su boca y chupar los jugos míos que había sacado pegados a esos dedos. Estos magreos y juegos me tenían tan salida que tuve un orgasmo una de las veces en la que me masturbaba con sus dedos, me fui enseguida. Por fin acabamos de colocar y me dijo:

“Esperanza, quiero follarte ya mismo, tu me dirás si lo hacemos aquí entre la mierda de los animales o nos vamos a la cabina a la litera, pero dímelo ya, pues no aguanto más….”

Yo le digo:

“Yo también estoy deseando, me da igual el caso es que me folles con todas tus ganas, no me importa llenarme de la mierda de los cerdos y oler mal, solo quiero tu polla dentro de mí, pero pensando fríamente y aguantando un poco, mejor será que nos pasemos a la cabina.”

Juan de un salto se planto en el suelo y alzando sus brazos me cogió por la cintura y me ayudó a bajar (yo continué con la chaqueta de punto sin atar el cinturón), al caer colocó su cabeza entre mis tetas que con el movimiento se me salieron de la blusa y aprovechó para con su boca chupármelas y succionar mis pezones, esto me encantó y aumentó mi calentura. Separó su cabeza de mis melones, yo me los coloqué como pude dentro de mi blusa y nos dirigimos agarrados de la cintura y dándonos besos a la cabina. Ya era de noche, los camioneros de los otros camiones estaban hablando al lado del segundo camión y cuando nos vieron, se rieron, y uno de ellos en plan socarrón dijo:

“Joder Juan compañero, como te vas a poner, ¿no es mucha mujer para ti, si no puedes nos pides ayuda y nos pasas algo, ja, ja,ja….”

Yo me puse muy colorada, pues me di cuenta que se me veía todo y sobre todo cuando subiera a la cabina, pero Juan les contestó:

“No te preocupes Antonio, ya conozco a esta mujer y no es la primera vez que estamos juntos y si he podido las anteriores esta también podré, y no esta hecha la miel para la boca del asno. Y os lo digo en serio, no quiero que la faltéis, pues para mí no es una mujer para pasar el rato, es algo más y muy querida, así que como seguíais en ese plan la vamos a tener, pues aunque yo y ella ya estamos casado, si por mi fuera y pudiera me casaría ahora mismo con ella, para mí es esta mi mujer realmente y no la mía, vale así que vosotros a lo vuestro….”

Me gustó la respuesta de Juan y como me defendió, eso de considerarme su mujer me llenó de orgullo. Juan abrió la puerta del lado del conductor y como siempre me ayudo a subir, colocando sus manos bajo mi corta faldita y aprovechando para sobarme y tocarme mi coñito que a esa altura era una fuente de flujos. Luego él dio la vuelta y subió por el lado del conductor, una vez dentro corrió las cortinas para que no se nos pudiera ver desde fuera. Encendió una lucecita muy tenue en el compartimento donde se encontraba la litera y nos pasamos los dos a esta. Él no me dio tiempo ni a colocarme, me saco la chaqueta de puntos bajándola por mis hombros y brazos hasta que quedó en la cama, cogiéndola, la echó para un rincón de la misma. Luego  de un tirón acabó de abrir la blusa que ni me quitó dado que quedaron mis pechos completamente al aire y expuesto, recordad que tanto mi sujetador como mis bragas eran de cintas y está libre el acceso de cualquiera directamente a mis pechos y coño. La faldita tampoco se entretuvo a quitármela. Cuando yo le iba a desabrochar el pantalón, para bajarle la cremallera, ya él lo había hecho y la camisa ni se la quito, y no dándome tiempo me tumbo a lo largo de la cama y tumbándose encima de mí sin preámbulo ninguno apuntó su gorda y dura polla a mi ya encharcado conejo (como le gusta a él llamármelo) y de un solo golpe me la entró toda, el comenzó a moverse para dentro y para fuera, mientras que con sus manos agarraba mis dos melones y estrujándomelos, por el deseo, pasaba su boca y me succionaba mis pezones con fuerza. Yo en el acto comencé a gozar, no me importaba su fuerte olor a sudor y a la mierda de cerdo, el cual era muy fuerte, yo le decía:

“Si mi amor fóllame, fóllame como tú sabes, cuanto he deseado esto , que larga se me ha hecho la espera desde que me dijiste que vendrías, quiero tenerte siempre dentro, sigue, sigueee no pareeees, me vieeneeee me vieneee, y me corroooo, me corroooo…..”

Yo comencé a enlazar un orgasmo tras otro no sé la cantidad de veces que me corrí, pero él seguía y seguía, aguantaba y no se corría, la verdad es que me estaba trasladando al séptimo cielo, a mi alrededor no había nada más solo existía él, al cabo de un rato, note como se tensaba y comenzaba a correrse  diciéndome:

“Sii, siiii, mi amoooor , tu eres mi mujeeer, mi mujeeeerrrr te quierooooo, te quieroooooo, solo a tiiiiiiiii, cuanto te he deseadooooo, quiero hacerte feliiiizzz esta noche te voy hacer disfrutar como nunca lo has hecho en tu vidaaaa, mi amoooor siiiii, siiiii, te quierooooooo, sigueeee moviendoteeeee no te pareeees acompañ mis envestidaaaas , siiiiii queridaaaa , siiiii, siiiiime corrroooooooo, tomaaaa tomaaaaa toda mi lecheeeeeeee, es para tiiiiiiiiii mi amooooooor…..aaaahhhh….ooooohhhhhhhh aaaahhhhhh te llenooooooo……”

Yo sentí un gran placer al notar su semen caliente dentro de mi vagina y apretándole más a mí le dije al oído:

“Ha sido fantástico, por favor Juan no te salgas aún de mi, quiero que sigas dentro de mí un rato, vamos a tumbarnos de lado y procura al hacer el movimiento que no se te salga, me encanta sentir mi vagina llena, que tu polla toque mis paredes y sentir el latir de tu instrumento dentro de mí”

Yo le comencé a acariciar y besar en su boca a la vez que jugaba con los músculos de mi vagina apretando y aflojando haciendo presión con ellos sobre su pene, se que le gustaba y quería que él también disfrutara y si era posible calentarle de tal forma que se corriera de nuevo dentro de mí. Pasándole la palma y dedos de mi mano derecha por su pecho y jugando en sus pelos canosos del mismo le dije:

“Juan, gracias por defenderme y dar la cara por mí ante esos hombres, tus compañeros, antes cuando con sus palabras me estaban tratando como una furcia. Ya sé que la forma en que me has hecho salir vestida da pie a ello, pero tú sabes que solo lo he hecho por ti. Y dime ¿de verdad sientes lo que les has dicho hacía mí? ¿Qué para ti soy tu mujer, aunque estés casado con  la tuya, me sientes a mí como tu mujer y no a ella?, me ha gustado muchísimo y me has hecho sentir muy feliz con tus palabras”

El dándome un beso y acariciando mis pechos me contesta

“Te he defendido y lo volvería hacer ante cualquiera y lo que he dicho de mis sentimientos hacía ti es lo que siento de verdad y aunque te tenga que compartir con tú marido y con ese niño de Javier, tu para mí eres mi única mujer y te lo digo de verdad si tú me lo pides y quieres dejaría ahora mismo a mi mujer por ti aunque te tenga que compartir con los otros dos y sepa que te prostituyes en casa de Marisa y que muchos hombres gozan de ti. Estoy enamorado y te quiero desde el primer día que Carlos te ofreció a mí para que te poseyera”

Yo acercando mi boca a la suya y abrazándole lo que podía (dado que la barriga mía ya se me notaba bastante y estaba al medio más la tripa de él ) le apreté a mí y le di un morreo con todas mis ganas y cariño. Este hombre no era nada del otro mundo físicamente, ni atractivo, ni alto y encima su cabeza la mayor parte calva y barrigón, pero te hacía quererle por el corazón y cariño que desprendía. La verdad es que empezaba a sentirme atraída por él, por su forma de ser a parte de la atracción sexual tan fuerte que no puedo resistir, desde que me folló el otro día al regreso de mis vacaciones  pasadas, en casa de Javier, de Ciudad Real. Era fantástico como persona y como amante, me llenaba en todas sus facetas. Lo único que me disgustaba un poco, (y con tal de estar con él lo haría y no me parecía, por él, tan fuerte como en realidad era) es que le gustara al igual que a mis otros amantes verme y entregarme a otros hombres. Incluso el que me hiciera vestir provocativamente y me exhibiera, me daba morbo y me gustaba (eso sí, había que procurar hacerlo en las zonas y sitios fuera de donde me conocieran. No quería perder mi reputación en el pueblo y entre mis amistades de mujer decente).

Así abrazados estuvimos, como media hora más, en la que él no saco de dentro de mi vagina su instrumento, sintiéndome todo ese tiempo la mujer más feliz del mundo. Yo con mis movimientos de mis músculos vaginales, y algún movimiento lento de mete y saca, hice que él estuviera en todo momento con su pene muy tieso, e incluso, (aunque él me dijera que no), sentí una vez más, como dejaba en mis entrañas, corriéndose su caliente semen.

Él me dijo:

“Esperanza, estoy muy a gusto aquí contigo, pero si quieres que vayamos a ver a Inés y que estemos con ella un rato, debemos marcharnos, pues se nos va hacer tarde, fíjate que ya son las 8,00 de la noche”

Yo le dije:

“Tienes razón, vamos arreglarnos, tú deja aquí el camión y vamos en mi coche, es más cómodo y mejor para aparcar y todo”

El entonces, cogiendo un rollo de papel higiénico que tenía en un lateral de la cabina, cortó un trozo grande e hizo una bola y después sacando su polla de mí almeja, rápidamente me metió dentro de mi coño la bola de papel, evitando que saliera nada de nuestros jugos fuera. Después me puso su polla en mis labios y yo con mil amores se la chupe quedándosela limpia completamente de mis jugos y de sus eflujos. Entonces mientras se vestía me dijo:

“Te he puesto ese tapón en tu conejo, porque no quiero que se te salga nada de tus jugos, pues quiero bebérmelos cuando se la esté  metiendo a Inés, pues aunque este jodiendo con ella a la que me gustaría estar jodiendo, bien sabes tú es a ti y por eso ya que no lo voy hacer quiero que participes colocándote encima de mi cara y me dejes comerte tu coño y beber todo lo que en él tienes acumulado de estos días y de este rato que llevamos juntos”

Yo le di un beso y diciéndole que le quería, comencé arreglarme mi ropa (que solo consistió en abotonarme los botones de debajo de mi blusa, pues recordareis que no me la había quitado ni la falda tampoco y como la ropa interior era de cintas tampoco hizo falta que me la quitara), luego bajamos del camión y nos dirigimos a mi coche. Al pasar delante de los otros dos camiones los hombres que estaban en ellos miraron, pero no se atrevieron, esta vez a decir nada. Nos montamos en el coche y arrancamos hacía Alcobendas al piso que había comprado para Inés. El coche olía muchísimo al olor que desprendía mi coño (que como sabéis llevaba sin lavármele por orden de Juan tres días) mezclado con el olor a sudor y a animales que tenía Juan. Cuando íbamos por la mitad del recorrido, me di cuenta que la chaqueta calada de punto que llevaba para cubrir la pinta que me hacía tener con la ropa que Juan me dijo que me pusiera, me la había dejado olvidada en el camión. Se lo dije a Juan y este me dijo:

“Mira Esperanza, ya no vamos a volver a por ella. Ten en cuenta que aparcaras cerca de la puerta y que no es tú pueblo y si te ve alguien no creo que te conozca”

Yo pensé para mí, pues tiene razón, no vamos a volver y perder tiempo, y continuamos camino. Al llegar a la calle donde teníamos el piso de Inés, procuré buscar aparcamiento cerca del portal, pero no fue posible, tuve que aparcar como a unos 70 ó 100 metros de él, esto me preocupó dado que en ese momento había varias personas por la calle y no quería comenzar mis visitas al que iba a ser el domicilio de Inés y al que yo acudiría a menudo, con mala reputación. Entonces tiré de mi faldita lo más abajo posible, quedándomela su cintura a medio culo, con ello conseguí bajar su longitud como 10 centímetros, lo que deje descubierto de mi culo al bajarla lo tapaba con la blusa, quedando esta como uno o dos centímetros por encima de la cintura de la falda. De esta guisa salí del coche y cogiendo el bolso con la otra ropa del maletero, nos encaminamos Juan y yo hacía el portal, yo iba delante y Juan detrás observando todo mi cuerpo.

 Al sacar el bolso y mirarme, pude apreciar que por delante con la barriga del embarazo y al haberme bajado la  falda, la blusa no me tapaba del todo y se me veía gran parte de mi pelambrera. Colocando el bolso en el suelo, me abotoné dos de los cuatro botones que tenía desabrochados de la blusa y colocándome el bolso en la parte delante de mi cuerpo, para que me tapara lo que se me veía de mi pelambrera, comencé andar hacía el portal. A medida que andaba notaba como la falda se me iba bajando y temía que antes de llegar al portal se me callera del todo y me quedara todo mi culo y coño a la vista de todas las personas que estaban en la calle. Miré hacia atrás y vi a Juan que se sonreía al ver mis apuros, por evitar quedar desnuda de medio cuerpo para abajo. Cuando faltaba menos de dos metros para llegar a la puerta la faldita la tenía por las rodillas, como pude aceleré y sin mirar a nadie, abrí la puerta con la llave que tenía, coloqué el bolso en el suelo y tirando lo que pude de la falda me la subí y tras entrar Juan, nos metimos el ascensor y marcando el 2º subimos hasta casa de Inés. Juan se reía y yo le dije:

“Juan que vergüenza he pasado cuando se me ha caído la falda y dejado todo mi culo y coño al aire y toda la gente mirando, que habrán dicho, date cuenta que yo voy a venir a menudo a esta casa, que reputación voy a tener, si aquí queremos que nadie sepa a lo que nos dedicamos, igual que hace Marisa, que nadie sospecha que sea la madame de una casa de putas”.

Yo al oírme mis palabras se me vino la vida que llevaba antes de conocer a Carlos, de mujer decente y fiel, me gustó el sentí que no había perdido (aún y dado todo lo vivido en estos meses desde entonces) mi pudor y vergüenza. Entonces ya en el ascensor me dijo Juan:

“No te preocupes Esperanza, cuando se te ha caído la falda y has enseñado tu maravilloso culo y coño, no te ha podido ver nadie, dado que el único que estaba detrás de ti en esos momentos era yo y delante no había tampoco nadie. Lo que si me ha gustado es cuando hemos bajado del coche y te han visto las miradas de deseo y la expresión de las caras de los hombres que había cerca, que aunque no se han atrevido a decir nada –quizás al verte conmigo- te desnudaban con la mirada y estaba deseando de haberte tenido entre sus brazos”

Este comentario de Juan, me dejo más tranquila. Llegamos al rellano del 2º y abriendo la puerta entramos en el piso donde nos esperaba ya Inés.

Al vernos se acerco a saludar a Juan y a mí me dio un beso en mis labios. Estaba preciosa, con esa ropa de estar en casa, llevaba una batita semitransparente, que la llegaba hasta medio muslo, y dejaba adivinar su ropa interior debajo de ella. Por la parte de delante la llevaba desabrochada y pudimos ver su conjunto de ropa interior formado por unas braguitas transparente de color rosita palo y un sujetador – también transparente- del mismo color, ambas como dos tallas más pequeñas que las que en realidad debería usar. Esto hacía que sus tetas dieran la impresión de querer romper la sexi prenda y salta esos dos hermosos melones. La bragas al ser más pequeñas, hacían que toda su pelambrera se saliera por todos lados de ella y se metieran bien metida en sus rajas, tanto del culo como del coño, el cual lo marcaba sin ningún disimulo. Yo la dije a Inés:

“Inés, ¿te apetece joder con Juan?, ya sabes mi interés por que quedes preñada de él, y como las pruebas que te han realizado aún no son seguras hasta que el lunes nos den los resultados de los análisis, me gustaría (si a ti también te apetece) que Juan de vuelva a montar”

Ella me contesta:

“Sí Esperanza, me encantaría que Juan me follara, disfruté tanto la última vez, que incluso cuando me la metió por el culo y me le partió, disfruté a tope. Además yo también quiero que si tengo que quedar preñada y tener un hijo sea de él. Aunque tampoco, si me hubieras dejado hacerlo sin preservativo, me hubiera importado que fuera de Pepe, tú marido, pues como ellos dos me follan, nunca antes me habían follado” 

Juan al oír esto no pudo evitar decir:

“Gracias, joder Inés, como estas, voy a follarte de tal forma que no te voy hacer un hijo sino todo un colegio, joder pedazo de puta estas que lo viertes, me estas calentando a tope. Perdona Esperanza, pero es que no me puedo reprimir”

Y diciendo esto se fue hacía ella y comenzó a tocarla por todas partes, la metía su mano por sus pechos, sacándoselos fuera, mientras que con la otra metida en sus bragas la llevaba a su almejita y comienza a masturbarla, todo ello sin dejar de besarla en su boca, metiéndola su lengua prácticamente hasta la campanilla. Entonces viendo como se ponía la situación y lo caliente y calentura que teníamos todos, les dije:

“Dado que estamos todos de acuerdo y muy salidos y calientes y tenemos claro a lo que hemos venido aquí vamos a la habitación de Inés y comencemos la juerga.”

Entonces Juan nos paró y nos dijo:

“Quiero que esta noche sea inolvidable, por eso yo me he tomado la viagra, pero como quiero que todos estemos durante toda la noche muy calientes y salidos, he traído unos afrodisiacos y quiero que nos tomemos uno ahora y cuando pasen 4 ó 5 horas nos tomaremos otro”

Él saco una cajita, que yo rápidamente conocí, pues eran los mismos que habíamos tomado durante las vacaciones en casa de Javier.

Tras tomarnos los afrodisiacos nos dirigimos a la habitación de Inés, y cada uno ce nosotros comenzamos a quitarnos nuestras ropas quedándonos todos desnudos, menos yo que permanecí con mis bragas y sujetador de tiras, dado que no me estorbaba para que me pudieran tocar, comer, sobar o follar por mis dos rajitas. Ellos dos de pie en medio de la habitación, no paraban de besarse y acariciarse, yo me puse de rodillas entre las piernas de Inés y con mi boca comencé a comerme su almejita, me encantaba el sabor de la misma y con una de mis manos cogí el gordo aparato de Juan y comencé a masturbarle lentamente. Al poco tiempo Inés ya estaba derramando gran cantidad de flujo y jugos y Juan ya estaba con su polla tiesa y lista para utilizarla. Entonces saliéndome de debajo de ellos me puse de pie y les dije:

“Ya está bien de preámbulos, ya estáis los dos bien calientes y lo noto en vuestros sexos que necesitáis estar el uno dentro de la otra. Tú Juan tiéndete en la cama y tú Inés súbete encima de él y vete metiendo poco a poco su polla en ese coño de puta que tienes y que te empiece a follar como te mereces, para ver si te queda preñada de una puñetera vez”

Ellos me hicieron caso y ocupo cada uno el lugar y la postura que les había indicado. Juan cogió de la cintura a Inés y esta fue bajando despacio e introduciéndose poco a poco la polla de Juan en su almeja, según la iba notando entrar y deslizarse por su vagina Inés decía:

“Aaahhhhiiiiiiiii, me dueleeee, que gorda la tieneeees como noto que me roza las paredes de mi chochitooooo, ahiiiiiiii que dolooorrrrr, pero tú no pareeees sigueeeeee, yo aguantoooooooo, ya sabes que me entra , ya lo has comprobadoooo haiiiiiiiiiii…… cuando las otras veces me has penetradoooo… además yo quiero que me folles y me preñes, cabrón así que empuja a ver si me entra de una puñetera vez aunque me partas en dos, aaaahhhhhiiiiiiii….”

Juan, entonces la dice:

 “Venga, preciosa empieza a cabalgarme, imagínate que yo soy un caballo y vas montada sobre mí. Déjate caer poco a poco sobre mi polla, para que vaya entrando en ese conejo peludo y todo mojado que tienes. Hazlo en principio despacio hasta que la tengas toda dentro y no te duela, luego permaneceremos un rato quietos hasta que tú me digas que tu vagina se ha adaptado a mi aparato, entonces yo comenzaré a moverme y tú a mi ritmo a cabalgarme y hazlo fuerte quiero que mi polla llegue hasta tú útero y poder depositar en él toda mi lechada”

Diciendo esto dio unos empujones con su pelvi hacía la conchita de Inés y haciendo fuerza de donde la tenía agarrada (su cintura) dio un tirón con fuerza hacía abajo hasta que notó que su polla la entraba del todo, entonces la dice:

“Ya preciosa, ya paso, ahora haz lo que te he dicho antes y todo irá bien. ¿Te ha dolido mucho? He tenido que tirar de ti hacía abajo aunque te haya hecho daño, para que te entrara cuanto antes y dejaras de padecer el dolor que te estaba produciendo cuando tú la ibas introduciendo poco a poco, perdona si mi brusquedad te ha hecho daño..”

Incorporándose la coge abrazándola y la da un beso. Luego con una de sus manos, la limpia las lagrimas que mi querida Inés ha soltado de dolor. Después la suelta y vuelve a tumbarse sobre su espalda. Yo aprovecho, una vez que Juan ya esta tumbado y me pongo a horcajas (una pierna a cada lado de su cabeza) sobre su cara, entonces comienzo a sacarme el tapón de papel que él me había puesto. Una vez que me lo saco sale gran cantidad de mis flujos, y semen de él que le cae sobre su cara, tapándosela prácticamente toda. Yo a mi vez me agarro a Inés y comienzo a darme un morreo con nuestras bocas. En un respiro le digo a Juan:

“Juan, trágate todos nuestros flujos, me has hecho que no me lave en tres días y los he guardado para ti y además una vez que hemos follado esta tarde me has tapado mi coño para que no se saliera y poder ahora disfrutar de todo ello. Bébetelo y disfruta mi amor, te quiero, te quiero. Y anda sé bueno y comete y mi conejito y chupa mi clítoris hasta que me hagas de nuevo correr una y otra vez sobre tu boca y cara , mi amor es tuyo todo tuyo, hoy te pertenece....solo a ti….”

Inés lleva una de sus manos a mis pechos y con la otra me acaricia por el resto de mi cuerpo. Yo a mi vez la beso, meto mi lengua dentro de su boca y quiero comérmela, estoy comenzando a calentarme con la caricia bucal que Juan me está dando en mi almejita más las caricias y el morreo que me estoy dando con Inés, siento un placer muy bueno, muy bueno y no puedo por menos que esclamar:

“Aaaahhhh que placeeerrr, oooohhhhh que gustooooooo”

Inés entonces aprovechando que yo la he dejado su boca, al emitir mi suspiro, le dice a Juan:

“Ya Juan, ya puedes comenzar, creo que ya se ha adaptado mi conejo a tu gorda polla, fóllame, fóllame, pues estoy muy caliente. Las caricias de Esperanza y el ver como tú la comes su castaña me están haciendo subir mi temperatura sexual…….fóllame y no pares, no pares pase lo que pase fóllame…”

Juan cogiéndola suavemente por la cintura comienza a subirla y bajarla despacio, a la vez que empuja con su aparato, y la dice:

“Salta, salta sobre mi polla, salta puta asquerosa y no pareeees , no pareees, yo también necesito fóllarte y correrme dentro de ti, estoy muy caliente y salido, y te quiero fóllar, fóllar y correrme dentro de ti hasta preñarteeeeee……siiiiii….salta, salta cabalga sobre este caballo, no pares, no pares……”

Cuando acabó de hablar  él, yo cogí y me deje caer sobre su cara, no quería que por hablar dejara de comerme mi castañita, que estaba muy, pero que muy caliente.

El ritmo era cada vez más fuerte y más deprisa, los tres no dejábamos de emitir quejidos de placer, el trote de Inés sobre la polla de Juan era sorprendente, ya no la dolía, la sacaba casi por completo y cuando estaba ya a punto de salírsela de su coño, de nuevo se dejaba caer encajándosela otra vez entera, en su caída la polla de Juan la llegaba hasta su útero. Ella cada vez cogía mayor ritmo, yo que la estaba sobando sus tetas tuve que dejar de hacerlo porque me era imposible y cogí mis manos y comencé a sobarme yo misma mis pechos con una mano y con la otra me la lleve a mi clítoris y comencé a masturbarme a la vez que Juan no dejaba de chuparme el resto de mi conejito, yo al cabo de un rato ya no podía más y me vino una serie de orgasmo que hizo que cayera hacía atrás totalmente agotada, fue muy grande y de nuevo llene toda la cara de Juan con mi corrida. Para que los dos folladores se concentraran en su follada, me baje de la cara de Juan y les deje que siguieran concentrado en su cabalgada. No pasó mucho tiempo cuando comencé a ori a Inés, que se venía y se corría, teniendo un orgasmo fuertísimo a la vez que decía:

“Siii, siiiiiii yaa aaaa ya estaaa aquiiiiiii….. sigueeeee, sigueeeee, no pare, no pareeeees no pareeesss ahora nooooooo sigueeeee, sigueeee me vieneeeee, me vieneeeeee aaaahhhhh  ahhhhhh yaaaaa yaaa estaaa aquiiiiiiiiiii……siiiiiiii me corroooooooo…….aaaaaahhhhhhaaaaa …..oooohhhhh………”

Y cayó hacía delante sobre el pecho de Juan, el cual seguía con su mete y saca, pues todavía no le llagaba su orgasmo, pero la verdad es que no debía de tardar mucho por la cara que ponía. Al poco tiempo agarrándola fuerte y apretándola con fuerza hacía él tubo también un fuerte orgasmo llenando toda la vagina de Inés con su leche a la vez que decía:

“Aaaaaaahhhhhhhhh, que gustoooooooooo….. Como me has folladoooooo pedazo de zorraaaaaaaa, me corrooooooooo, me corrroooooo toma toda mi lecheeeee putaaaaa de mierdaaaaaa, toma mi lecheeeeeee no quiero que se vierta nadaaaaaaaa quierooooo preñarteeeeee, quiero que me deeeesw un hijoooooooo, tomaaaaaaa……. Siiiiii, siiiiiiiiiii toma me lecheeeeee, te preñooooo, te preñoooooo…..oooohhhooo………..”

Y cayó sobre la cama exhausto y cansado, pero permaneció un buen rato (entre tres y cuatro minutos, aún abrazado a Inés y sin sacársela de su coño, no quería que se perdiera nada de su esperma, quería de verdad preñarla, deseaba aquel hijo y quería tenerlo.

Cuando nos repusimos y tras sobarnos y acariciarnos los unos a los otros nos fuimos a duchar Inés y yo juntas en la bañera amándonos como solo dos mujeres pueden amarse. Tras nosotras fue Juan el que entró a ducharse y cuando estaba dentro y nosotras estábamos envueltas en las toallas secándonos, me dijo Juan:

“Esperanza, por favor éntrate aquí conmigo quiero ducharme contigo, quiero abrazarte, besarte y amarte en una palabra”

Yo no me hice de rogar y dejando la toalla en el suelo, me entré de nuevo en la ducha, esta vez con Juan. Estuvimos bajo el agua acariciando nuestros cuerpos, haciendo con que uno lavaba al otro y dándonos besos y arrumacos, durante más de 10 minutos.

Luego tras salirnos y secarnos, Inés preparó una cena ligera para los tres y tras una breve sobremesa, Juan nos invito a que nos vistiéramos y saliéramos a tomar una copa y a divertirnos un rato.

 

Pero bueno esta salida os la contaré en la próxima entrega de “mi historia con Juan”, pues sin darme cuenta me he enrollado y se me ha hecho muy larga esta parte.

Datos del Relato
  • Categoría: Maduras
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