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El verano se acercaba a su fin y pronto tendrÃa que comenzar a asistir a la escuela. Me preocupaba que pasarÃa si se realizaba una reunión y yo no podÃa asistir. ¿PerderÃa mi privilegiado lugar en el grupo? ¿Doña Elide seria comprensiva y me dejarÃa volver?
Mis miedos se vieron materializados cuando mi madre me informo que le habÃan dado vacaciones y querÃa que fuéramos a pasar un fin de semana en la playa. Al principio me emocione al respecto pero cuando me dijo las fechas me di cuenta que serÃan las mismas de la próxima reunión.
Era obvio que mi madre no me dejarÃa quedarme asà como que tampoco podrÃa cambiar las fechas.
Opte por ir a hablar con doña Elide y explicarle la situación y saber que pasarÃa conmigo.
Como siempre la encontré en su enorme departamento done me invito a pasar.
Le explique la situación, expresándole que no deseaba perder mi oportunidad de seguir participando en tan increÃbles reuniones.
-Te agradezco me hayas informado de tu ausencia en la próxima reunión. No te preocupes, cuando regreses seguirás siendo parte del grupo.- dijo la señora.- y esta parece ser una agradable coincidencia pero también hay una inquilina que se encuentra de viaje y se perderá la próxima reunión. Tal vez podamos arreglar un pequeño encuentro fuera del dÃa establecido. Has demostrado ser un jovencito muy capaz en el ámbito sexual, al menos eso opinan tus satisfechas maduras. Ella es una vieja amiga y es algo especial pero confió en que estarás a la altura de sus exigencias. Te advierto que es una persona muy estricta y demandante, tú decides si aceptas el encuentro.
Me quede pensativo varios minutos. ¿Qué clase de exigencias tendrÃa está madura? ¿SerÃa capaz de realizar lo que me pidiera? Este encuentro se escuchaba un tanto intimidante pero si me rehusaba tendrÃa que esperar hasta la próxima reunión para follar. Al final y como siempre las hormonas pudieron más y termine aceptando el reto.
-Perfecto. Tengo plena confianza en ti. Arreglare todo para el encuentro y cuando regreses te informare del dÃa y la hora.- dijo doña Elide y nos dirigimos a la puerta.
-Te estas volviendo un amante capaz y servicial. Eso me excita mucho y me hace esperar con ansias cuando al fin pueda probar tus habilidades.- me dijo para luego darme un beso de lengua y frotar mi polla sobre mi pantalón.
Respire aliviado al saber que no perderÃa mi lugar en el grupo y que aun asà podrÃa follar. Además el hecho que mi madre estuviera fuera significaba que de haber entrado al grupo no participarÃa en esta sesión. Regrese contento a mi casa para prepararme para el viaje.
Mi madre y yo nos dirigimos a una playa cercana del lugar. Al llegar al hotel nos encontramos que estos habÃan cometido un error y nos habÃan dado una habitación con una sola cama en lugar dos. Para enmendar el fallo nos ofrecieron dos pases de entrada a una zona exclusiva de la playa del hotel.
La habitación era agradable y no hubo mucho problema al dormir juntos; ya antes habÃa dormido con junto a mi madre. Esa noche, mientras dormÃamos espalda con espalda pensé en lo que estarÃa sucediendo en el complejo. Me pregunte que madura me hubiera tocado y como seria la amiga de doña Elide. A mi mente también vino la plática de mi madre con la vecina. Al menos para este encuentro podÃa estar seguro que mi madre no participarÃa, ¿pero y que tal al siguiente?
Ya habÃa decidido que no me opondrÃa a que ingresara al grupo, claro que me cerciorarÃa que le tocara un buen muchacho, ya conocÃa a varios del grupo por lo que pensé en un par de candidatos.
Al dÃa siguiente nos dirigimos a la playa. Mi madre llevaba un pareo sobre su traje de baño el cual era uno de aquellos trajes de una sola pieza, algo conservadores.
La playa era agradable y llena de gente. Nos pasamos un rato en el mar, platicamos y nos divertimos. Poco después del mediodÃa recordamos que tenÃamos los pases de acceso a la zona exclusiva del hotel asà que decidimos ir a ver de qué se trataba.
Llegamos hasta un área cercada de la playa y luego de entregar los pases entramos. Vaya sorpresa que nos llevamos al darnos cuenta que se trataba de una playa nudista.
Tanto mi madre como yo estábamos inseguros de que hacer, podrÃamos retirarnos pero el lugar se veÃa agradable y con buen servicio.
-¿Qué quieres hacer?- me pregunto mi madre.
-Yo no tengo problema en quedarme pero si tú lo deseas podemos marcharnos.- le conteste.
-Claro que no tienes problema en quedarte porque te darás un taco de ojo con todas las mujeres de aquÃ, picaron.- respondió mi madre riendo.
-Pues usted también tendrá para deleitarse la pupila con los caballeros de por aquÃ.- le dije riendo también.
Ambos nos miramos y estallamos en carcajadas, al final optamos por aprovechar la oportunidad de experimentar algo nuevo.
Pasamos a los vestidores para desvestirnos y salimos a la playa. Se sentÃa muy extraño estar al desnudo en un lugar público y tal vez si no fuera por todo lo que habÃa vivido últimamente nunca me habrÃa atrevido a hacer algo asÃ.
Mientras esperaba a que mi madre saliera de los vestidores eche un vistazo a las personas en la playa. Hombres y mujeres de todas las edades, razas y complexiones. HabÃa niñas pequeñas, chicas de mi edad, jóvenes veinteañeras y maduras. HabÃa chicas muy bonitas de mi edad pero como siempre mis favoritas eran las señoras. Mi polla comenzaba a despertar con el espectáculo que tenÃa frente a mÃ, pero inesperadamente lo que termino por ponérmela dura fue mi propia madre.
La vi salir de los vestidores y solo pude quedarme con la boca abierta. En anteriores ocasiones la habÃa visto en ropa interior por algún descuido al entrar en su habitación pero verla al natural era algo excitante. TenÃa un par de grandes tetas, su coño tenÃa una mata de pelo no muy grande adornándolo, caderas anchas y un culo precioso.
Mi polla se puso completamente dura al verla y trate de ocultar mi excitación. Mi madre llego hasta mi lado mientras yo trataba de ocultar mi verga, estaba seguro que mi madre se habÃa dado cuenta porque la vi sonrojarse.
Salimos juntos a la playa donde pude notar que el pudor no existÃa en aquel lugar. Vi a parejas de diferentes edades, hombres solos, grupos de amigas, incluso una que otra familia por ahÃ. Aunque no practicaban el sexo abiertamente si pude observar como algunas mujeres les hacÃan mamadas a los hombres o bien los hombres les metÃan un par de dedos por el coño. Incluso vi un par de maduros haciéndose una paja uno al toro y dos mujeres en un 69 sobre la arena.
Era algo indescriptible observar aquel erótico paisaje. No tenÃa ni idea de que opinaba mi madre al respecto pues no habÃamos dicho nada desde que habÃamos salido de los vestidores.
Encontramos un lugar y extendimos las toallas. Mi madre comenzó a untarse bloqueador para tomar el sol mientras yo seguÃa contemplando el paisaje y echando un par de miradas furtivas a mi madre que se untaba el lÃquido por todo su cuerpo. Estaba seguro que la polla me iba a estallar en cualquier momento.
Luego de un rato me pidió le ayudara a ponerse el bronceador por la espalda y se acostó boca abajo. Tome la botella un tanto dudoso y vertà su contenido en mis palmas para después dirigirme a su espalda y esparcirlo por toda el área. Me concentre principalmente en esa área, temeroso de ir más abajo pero poco a poco fui descendiendo hasta llegar al delicioso culo de mi progenitora.
Lentamente esparcà el bronceador en sus nalgas, amándolas suavemente. Tal vez habÃa usado mucho lÃquido o tal vez habÃa sido algo inconsciente, sea como fuera una de mis manos termino deslizándose por entre su culo y termine metiéndole un dedo en el coño.
Mi madre dio un pequeño grito de sorpresa y pego un salto de asombro. Luego de pedirle perdón salà disparado hacia el mar, esperando que el agua apagara la calentura que llevaba antes que terminara cometiendo una barbaridad.
Mientras estaba en el océano observe que una pareja se acercaba a mi madre. Era una pareja algo curiosa pues el hombre se veÃa mucho mayor que la mujer. Los vi hablar un momento con mi madre y luego se retiraron.
Una vez tuve la cabeza despejada, volvà junto a mi madre y le pregunte por la pareja. Me contesto que habÃa sido algo sin importancia. Estuvimos un rato más en la playa hasta el atardecer cuando muchos de los bañistas comenzaban a retirarse.
Nos disponÃamos a marcharnos cuando mi madre noto que yo seguÃa con mi tremenda erección.
-Pero David, ¿es que aún no se te ha bajado, hijo?- pregunto mi madre.- bendita juventud. No puedo dejar que sigas andando por la playa la pija parada. ¿Qué clase de madre seria si lo permitiera? Habrá que hacer algo al respecto.-
Mi madre miro alrededor y luego de ver que ya casi no habÃa nadie me agarro la verga por sorpresa. Me quede petrificado por la acción, ¡mi propia madre me estaba haciendo una paja! No sabÃa si esto era un sueño, una fantasÃa pero lo cierto es que no deseaba que terminara. Desafortunadamente con toda la excitación del dÃa no tarde mucho y termine corriéndome a los pocos minutos, lanzando mi semilla a la arena.
Mi madre se levantó sin decir palabra y se encamino hacia los vestidores. La seguà aun si poder creer lo que habÃa pasado. Una vez que estuvimos vestidos nos dirigimos de regreso al hotel.
Luego de que cada quien se dio un baño nos preparamos para salir a cenar. Antes de dejar la habitación mi madre me hablo.
-Hijo, espero que no pienses mal de mÃ, solamente lo hice ayudarte.- me dijo apenada.
-No te preocupes mama, lo entiendo. Y perdón por el incidente con el bronceador, fue un accidente.- le respondÃ.
Luego de dejar aquellos sucesos atrás salimos a la ciudad. Pasamos un rato agradable, cenamos, paseamos por las tiendas del lugar, compramos un par de recuerdos y regresamos caminando al hotel. ParecÃa como si nunca hubiera pasado nada entre nosotros.
Pero las cosas nunca son tan fáciles de olvidar. Esa noche mientras mi madre dormÃa, vinieron a mà las imágenes de los eventos del dÃa. No podÃa dejar de pensar en la mano de mi madre sobre mi polla, la cual comenzaba a levantarse.
La calentura fue más fuerte que yo y con mi madre dormida de espaldas a mi comencé a pajearme lentamente. Trate de imaginarme a las mujeres que habÃa visto en la playa pero era caso perdido; todo lo que venÃa a mi mente era el cuerpo desnudo de mi madre, sus apetitosos senos, su peludo coño, ese culo increÃble. Aumente el ritmo de la paja y nuevamente termine escupiendo mi leche a los pocos minutos. Respire entrecortadamente, atento para ver si mi madre habÃa sentido mis movimientos pero sus leves ronquidos me indicaron que aun dormÃa ajena a lo sucedido. Una vez aliviada mi calentura caà profundamente dormido.
A la mañana siguiente mi madre salió sola por un momento para comprar un par de cosas más que habÃa olvidado. Le pregunte si deseaba que la acompañara pero me dijo que no habrÃa problema. A su regreso preparamos las maletas y emprendimos el viaje de regreso a casa.
El dÃa siguiente recibà un mensaje de doña Elide, el encuentro programado seria aquella noche. El mensaje me indicaba que me dirigiera al departamento 509 y que fuera puntual.
Trague saliva al recordar a quien pertenecÃa aquel departamento, la señorita Ana.
La señorita Ana era una madura soltera de unos 52 años. Trabajaba en unas oficinas de la ciudad, donde se decÃa tenÃa un puesto importante. TenÃa fama de ser sumamente estricta y severa. Casi no se relacionaba con las demás inquilinas y casi todo el tiempo estaba trabajando. En un par de ocasiones la habÃa saludado al encontrarla y siempre respondÃa con un saludo seco y poco amigable.
Era de complexión delgada, siempre iba vestida con trajes formales negros, de falda larga, con su largo cabello negro recogido en un apretado bollo que no dejaba ningún cabello fuera de lugar.
Sin duda se tratarÃa de una tarea exigente complacer a tan apretada mujer. Subà hasta el quinto piso y algo temeroso toque a la puerta.
La madura me abrió la puerta, con su estricta apariencia habitual, incluso la máscara que llevaba era un sencillo antifaz negro. Me dio la bienvenida y me hizo pasar al interior. El departamento era casi tan grande como el de doña Elide. Todo se veÃa ordenado e impecable.
Una vez que tomamos asiento comenzó a hablar.
-Seré directa. Ambos sabemos porque estás aquà pero antes de comenzar me gustarÃa aclarar ciertas cosas. Soy muy exigente en todos los aspectos de mi vida, incluso en el sexo. Espero siempre lo mejor y no tengo tiempo para desperdiciar. Soy una persona estricta y me gusta tener el control sobre todo, sin embargo en el ámbito sexual soy algo diferente, básicamente lo contrario. Busco un amante que sepa tener mano dura y firme conmigo, que pueda dominarme y hacerme suplicar. Está de más decir que mis practicas pueden parecerla extremas a la mayorÃa de las personas asà que si no crees estar a la altura de mis solicitudes será mejor que te marches para que pueda buscar a alguien que si pueda.- dijo con un tono severo que me hizo sentir que estaba en una entrevista de trabajo.
Honestamente se escuchaba como algo muy complicado pero yo me encontraba muy necesitado de una buena follada y acepte el reto.
-Muy bien, entonces a partir de ahora me pongo tu disposición, podrás hacer conmigo lo que quieras, no te detendrás a menos que yo diga la palabra “Suficiente.â€- me dijo la madura.
Recordando algo que habÃa visto alguna vez en las pelÃculas porno puse manos a la obra. Para empezar decidà desvestirla de manera violenta. Abrà su blusa de golpe, arrancándole algunos botones en el proceso y luego hice trizas su falda dejándola desnuda. Para mi sorpresa pude notar que no llevaba ropa interior sino que tenÃa el cuerpo cubierto por sogas que recorrÃan su piel con intrincados nudos y marres, incluso alrededor de sus pequeños pechos. Su coño como supuse estaba completamente depilado sin un asomo de vello púbico.
Imagine que debÃa tener juguetes en su habitación la lleve a la fuerza hasta esta y una vez ahà la avente sobre la cama. Abrà el armario el cual era lo bastante grande para poder entrar en él, este se encontraba lleno de trajes y zapatos que se podÃa ver eran caros.
Abrà un par de armarios que solo contenÃan más ropa hasta llegar a un tercero donde encontré lo que buscaba, una vasta colección de artÃculos de bondage: cadenas, collares, látigos, paletas y otras cosas que me daba miedo preguntar para que podÃan servir. También habÃa dildos, vibradores y demás juguetes sexuales, pensé que doña Norma y ella seguramente se llevarÃan muy bien.
Tome un collar con cadena y se lo coloque en el cuello para luego tomar un par de pinzas unidas con una cadena y apretar con ellas sus erectos pezones. Busque en los juguetes y encontré un consolador anal que introduje en el culo de la madura.
Creà que con eso serÃa suficiente tomándola por la cadena la hice caminar a cuatro patas por el lugar. Me saque la polla erecta y deshice aquel apretado bollo dejando que su largo cabello callera despeinado, tomándola por la cadena la obligué a chuparme la verga, se resistió un poco pero le introduje mi pene a la fuerza. Poniendo mis manos a ambos lados de su rostro le folle la boca con fuerza, le metà mi verga hasta el fondo de su garganta y luego la saque provocándole arcadas.
-Chupa zorra, vamos, chúpame la verga como la perra que eres.- le dije ya metido en el papel.
Le metà mi polla con fuerza un par de veces más en la boca con fuerza, era algo diferente a lo que habÃa experimentado antes, el tomar a alguien por la fuerza.
Seguà follandole la boca hasta que sin previo aviso me corrÃ, lanzado chorros de leche a través de su garganta. Al sacar mi polla la vi toser y buscar aire pero aun asà no dejo escapar ni una gota de semen.
Tome un par de sogas más del armario y la empine sobre la cama donde le amarre las manos a la espalda dejándola vulnerable.
Fui en busca de unos consoladores y vibradores para continuar con la faena. Me puse de rodillas detrás de ella y me acerqué hasta su coño el cual sorprendentemente estaba empapado, vaya que le gustaba este tipo de cosas.
Encendà el vibrador y lentamente lo pase por sus labios sin introducirlo, únicamente recorrÃa su raja levemente con él, haciendo que las vibraciones la estimularan. Introduje la punta dentro de sus labios y lo mantuve ahà sin meterlo más allá.
-Por favor, métemelo, necesito sentirlo dentro, te lo suplico.- me dijo la madura retorciéndose.
Toma la cadena y la jale hacia a mi haciéndola doblarse hacia atrás.
-Cállate zorra. Yo decido cuando meterlo. No quiero escucharte hablar.-le dije.
Tome del armario una mordaza con una bola y se la puse en la boca silenciándola. Y luego regrese a mi labor de trabajar en su coño. Continúe un rato más atormentándola con los consoladores hasta que de improviso metà uno de ellos hasta el fondo de su coño. La escuche gritar contra la mordaza. Tome el otro consolador y también lo introduje dentro de su coño haciéndola gemir. Ahora tenÃa dos consoladores en el coño y uno más en su culo.
Volvà al armario y tome una paleta, con ella le propine unas buenas nalgadas a su culo el cual quedo rojo de los azotes. Me dirigà hasta el frente de ella y vi que sus ojos estaban rojos e hinchados, con lágrimas recorriéndole el rostro.
Me preocupe que se me hubiera pasado la mano y le retire la mordaza esperando que me indicara que parara.
-Por favor, te lo suplico, ya no más, detente por favor.- me dijo llorando.
Al no haber escuchado la palabra “Suficiente†supuse que debÃa seguir adelante. Volvà a colocar la mordaza y saque los consoladores de su culo y coño. Repetà lo que habÃa hecho con el consolador pero esta vez con mi verga, pasando la cabeza por sus labios, haciendo el ademan de meterla para luego retirarla. La madura se retorcÃa y empujaba sus caderas hacia atrás buscando la penetración. Le propine unas nalgadas más con la palma de mi mano. Una vez que estuvo quieta le metà mi verga por el coño y la folle con todas mis fuerzas.
Tomándola del cabello la jale hacia atrás, mientras mi polla la penetraba con fuerza.
-¿Esto es lo que querÃas, verdad? ¿QuerÃas una buena polla en tu coño? Es lo que te gusta, ¿no es cierto puta?- le dije mientras tiraba de sus cabellos con fuerza, podÃa escucharla gemir a través de la mordaza.- Si, no eres más que una puta hambrienta de polla. Pues gózala, gózala toda perra.
Saque mi polla de su coño y se la metà por el culo limpiamente. Seguà fallándola asÃ, alternando entre su culo y coño. Tiraba de la cadena haciéndola erguirse contra mà y luego la empujaba contra la cama. Jalaba las cuerdas que cubrÃan su cuerpo hasta tensarlas alrededor de su piel.
Finalmente no aguante más y termine por correrme dentro de su coño.
Una vez hube descargado mi leche en su interior le desate las manos dejándola libre. Me encontraba completamente exhausto.
-Suficiente.- dijo la señorita Ana, quitándose la mordaza y dando por terminado el encuentro.- ha sido algo… satisfactorio. Tienes potencial, tal vez con algo de práctica y una buena maestra llegarÃas lejos en el mundo del sadomaso.
-Gracias, señorita pero creo que tendré que rechazar la oferta.- le respondÃ.
-Este mundo no es para todos, pues bien, te agradezco tu servicio y te deseo lo mejor en tus futuros proyectos. Pero si cambias de parecer no dudes en llamarme.- dijo mientras salÃa del lugar.
Nuevamente emprendà el camino de regreso a mi departamento asombrado por los hechos que acaban de suceder. Cada encuentro con estas maduras me dejaba siempre sorprendido de hasta donde habÃa llegado y lo que habÃa aprendido.
Aunque sinceramente aquella no habÃa sido de mis practicas favoritas, esperaba que las demás maduras no fueran tan extremas como esta.
Al entrar a mi casa llame a mi madre para informarle de mi regreso pero no obtuve respuesta. Su puerta se encontraba cerrada con llave cosa que me extraño un poco pues siempre la dejaba abierta, seguramente estaba muy cansada y querÃa dormir sin ser molestada.
Mientras conciliaba el sueño recordé los sucesos ocurridos en la playa y mi último pensamiento antes de quedar dormido fue el cuerpo desnudo de mi madre.
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