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LEANDRITO

LEANDRITO

 

 

Leandrito se había criado en la estancia. En el campo profundo, metido muy dentro de la provincia. Se había criado con su padre el Victorino, como se llamaba, su madre se había ido una tarde cualquiera con un turco mercachifle que andaba por allí todos los meses.

Así es que el muchachito se estaba formando a cargo del padre, de los hermanos mayores, que eran tres,  y de todos los peones que iban y venían todo el tiempo en la estancia aquella.

El chico estudiaba en la ciudad. Pero habían terminado las clases y estaba de vuelta en la estancia. Victorino, el padre, era una especie de capataz de los trabajadores que pasaban y habitaban en aquel lugar, lleno de árboles, animales, plantaciones. Era mucho trabajo.

Aquella mañana, eran cerca de las diez de la mañana de un día caluroso. Leandrito estaba sentado en los palos que hacían de corral. Los caballos andaban tranquilos. Bufaban y pateaban el suelo. De vez en cuando correteaban. Era como que jugaban entre los briosos corceles.

Leandrito estaba solamente con un shorcito. Hacía calor. El sol estaba a pleno. Eso fue lo que vio cuando caminaba por el lugar, el patrón de la estancia. Don Renato. Vio el culito parado del chico y enseguida se irguió su vara. Su mujer hacía varios días que estaba de viaje. Se acercó observando aquel lindo traste. El chico no lo oyó llegar. Lo vio cuando se apoyó también en el corral

__¡Leandrito,!¿Como estas?

__¡Oh, patrón, buenas!__ el chico sonreía distendido

__¡Te gustan los caballos!

__¡Si don Renato!

__¿Has terminado las clases?

__¡Sí, estoy de vacaciones!

__¿Leandrito?

__¡Sí patrón!

__¿Recuerdas la última conversación que tuvimos , aquella vez que viniste de paseo?

__¡Sí, como no patrón!__ el hombre sintió que su verga golpeteaba el pantalón tratando de saltar. Se coloco impune detrás del chico.

__¡Entonces, te diré que aquí esta para que veas, el garrote de un macho!!__ diciendo así, el pantalón cayó y su herramienta saltó endurecida. Luego atrajo al muchacho hacía el. Fue bajando el pantaloncito de Leandrito que se divertía con la situación, a la vez, de que se estaba calentando. La colita blanca del chico quedó desnuda. Dura. Fresca. Tan joven. Los dedos del don Renato escarbaron aquel hermoso culito. Se mojo los dedos con saliva. Hurgaba. Entraba. Primero uno, luego dos. Leandrito suspiraba y se quedaba sentado.

El hombre chocaba con su tranca en las nalguitas del chico. Don Renato chupaba el cuello de Leandrito. Lo besaba y acariciaba sus tetillas lampiñas. Las sobaba muy caliente. El chico se prendía a los palos del corral y sacaba su terso culito hacia atrás deseando de una vez que lo ensartará aquel hombre caliente.

__¡¡Ahhh estas deseando este pedazo, desde ahora será tuyo!!__ dice al oído del muchacho. Lame la oreja del chico. La cabeza de su verga se apoya en la entrada del chiquillo que gime emborrachado de placer. Su pequeña pija se ha puesto muy dura.

Don Renato se escupe en la mano y masajea la pijota gruesa y rocosa. Nuevamente se posiciona en la entrada.

__¡Creo que ya estas bastante ducho en esto!!¿Me equivoco?

__¡Hummm, no tanto patrón, no tanto, ay, si si..!!__ el muchachito se queja. La cabeza  hace fuerza por entrar en el estrecho canal. Empuja con sus caderas.

__¡Despacio, patrón, despacio, ahhh, ahhh!!__ empuja despacio. Con calma. Pero con un deseo que no puede reprimir. El patrón gime de placer también. Aprieta el pechito del chico. Ocasionalmente masajea la pija del chico. Los quejidos del chiquillo retumban en el silencio del campo. Los caballos curiosos se detienen y observan con sus orejas en punta como el patrón atraviesa con su taladro el culito rozagante de Leandrito. Ya las bolas de don Renato golpean las nalguitas del chico. El túnel se ha ensanchado. Los jugos hacen que la penetración se vuelva mas liviana. El pistón va y viene. Nunca imagino el chiquillo que en esa mañana iba a tener la vergota de su patrón dentro de el.

Tan caliente está el muchachito que lanza chorros de esperma por todas partes. Regando el campo. Se sacude y hace que la penetración sea mas profunda. Grita desesperado. Es un insecto atrapado en el aguijón férreo del patrón.

El hombre ya muy caliente no puede sostener un minuto mas y larga sus jugos dentro del chico. Que traga todo. Su cola absorbe la abundante acabada del patrón que se abraza al chiquillo. Un poco exhausto, pero muy satisfecho. Quedan pegados unos momentos. La tranca del hombre se desinfla despacio. Aunque aún late dentro del canal.

Leandrito se pone de pie y siente que la leche le corre entre las piernas. Se coloca el pantaloncito.

 

__¿Te ha gustado?

__¡Si patrón!

__¡Seguramente te llamare nuevamente!¿Estas de acuerdo?

__Sí claro__ dijo el chiquillo entusiasmado. Dicho esto se retiro del lugar. Leandrito hacía bastante que soñaba con que el patrón se fijara en el y hoy habría sido ese día.

Pasaron un par de días y don Renato apareció golpeando la puerta de la casita donde vivía Leandrito. Sabía que el chico estaba solo, ya que había comisionado a Victorino y sus otros hijos a distintas comisiones fuera de la estancia.

Apareció el chiquillo en la puerta. Estaba solo con un pantaloncito corto. Entró el hombre. Lo primero que hizo fue tomarse su ya agrandado bulto y decirle a Leandrito

__¡Ha venido tu macho. Te voy a dar la ración que necesitas!!!__ el chico se rió y al instante cayeron los pantalones del patrón al piso. Saltó la tremenda verga. Ya blandía el aire. Duramente. Erecta. Muy parada. Saltarina.

__¡Ven a ella!¡¡Arrodíllate!!__ solicito el patrón. El chico no se hizo rogar. Cuando de rodillas estaba, su boca llegó a la pistola. Paso suave la lengua. Don Renato pegó un gran suspiro. Gimiendo.

El hombre acariciaba la cabecita de cabello negro azabache, el chico pasaba su lengua por el enorme pijón. Lo saboreaba como si fuera un dulce. Esto hacía que el hombre se calentara cada vez más. La saliva bañaba el aparato. En tanto el patrón se quitaba la camisa y quedaba desnudo. 

Leandrito pasaba sus dedos pequeños por las enormes bolas del hombre de pie. Chupaba. Succionaba con devoción. También pasaba la lengua por aquellas bolsas llenas de rico jugo.

__¡Oh, Leandrito, que bien lo haces, sigue, sigue!!!__ gemía el patrón.

__¿Lo hago bien?__ preguntaba el otro dejando un momento el mástil. Para abrazarse de nuevo a el con boca, lengua, saliva. Masajeándolo. Corriendo la piel. Bajando, subiendo. Los ojos en blanco de don Renato. Balbuceando palabras que no se entendían.

Se detuvieron un momento y fueron a la cama. Una cama grande que era donde dormía el padre de Leandrito.

__¡Aquí estaremos mas cómodos!!__ dijo el patrón. Leandrito ya estaba desnudo. El patrón abrazo el cuerpo del chico. Rozando su vergajo contra el estómago del chico. Buscando la boca del chiquillo. Las lenguas se chocan. Se besan sin reparos. Las manos acarician. La estaca del patrón dura como roca. La pija del chico es también acariciada por don Renato. Los suspiros inundan el lugar.

Se revuelcan dándose placer y caricias por doquier. Los dedos del patrón ya han abierto un poco el anillo del pequeño Leandrito que gime y goza. Mientras se aferra al mástil del hombre, lo acaricia y lo rodea con sus deditos. Siente la penetración  en su túnel. Se besan dulcemente. Van girando y al fin queda el patrón montado sobre el chiquillo. Este resopla al sentir el grosor de la verga que se abre camino en sus carnes palpitantes y enervadas. Gime. Se prende de las sabanas cálidas, el patrón ya lo penetra y empieza a recorrerlo. Muerde el cuello de Leandrito. Ya va y viene dentro del cuerpo del chiquillo. Lo somete complaciendo y complaciéndose. Lo sacude. Apura las embestidas. Ahora fuertes. Ahora mas suaves. Se queda quieto aprovechando el silencio. El culito del chico muerde la pijota. La aprieta. Don Renato se convulsiona. Pero se contiene. Vuelve a penetrar. Va y viene. El chico se retuerce gozando de pleno con la vara clavada en su ojete. El también empuja. Cuando el patrón se detiene a tomar aire. El mueve su cola. Y la vergota va y viene en el canal. Don Renato acaricia la pija del chico. Le toma los huevos. Los acaricia. Los mueve. Los grititos de niña de Leandrito lo enloquecen. El chico llena de semen la mano del patrón. Este lleva a la boca del chico el jugo pegajoso  y el chiquillo come de su mano. Sin pudor. Sin vergüenza, como conociendo todos  los detalles amatorios entre hombres.

Acelera el patrón. El pistón entra y sale. Se ensancha. Gritan. Descarga interminable de leche dentro del culito joven y sabroso. Agotados se abrazan y se besan.

Pasan toda la tarde cogiendo. Recién cuando empieza a caer la tarde el patrón deja la casa. Desde la puerta, desnudo Leandrito alza la mano cariñosamente. El patrón monta su caballo y desaparece del lugar al galope.

Pasan los días, Victorino el padre de Leandrito lo nota raro. Sobretodo con el. Un día lo encara.

__¿Qué pasa mi hijo, lo veo distraído?¿Como pensando en cualquier cosa?

__Nada padre, no pasa nada.

__¡Me rehuye!, lo he notao! ¿En quién piensa? ¡Vamos dígalo!

__¡No padre son cosas suyas!

__La otra noche lo note como obligao…__ el chico se escabulle argumentando cualquier cosa. Victorino queda pensativo. No le quedara mas remedio que hablar con los hermanos. Ver que puede pasar. Averiguar porque el chiquillo se aleja de la familia.

Leandrito desaparece. Casi corriendo se parapeta detrás de unos sauces que dan sombra.se acerca un caballo alto y vigoroso. Casi sin detenerse el chiquillo da un salto y se sienta en el cuello del animal.

El jinete hace que el animal se apure y se pierde entre las ramas espesas del montecillo que hay a unas cuantas cuadras de la casa de Leandrito.

Allí nomás arriba del caballo don Renato besa al chiquillo y le acaricia las tetillas. Ya se han quitado la ropa y la briosa serpiente quiere hincarse en el ojete del chiquillo. El animal mueve las orejas y patea el piso.

El vergón va taladrando la colita del chiquillo. Ya se lo clava. El patrón mueve despacio al animal y este empieza a caminar y al hacerlo la espada se hunde y se hamaca dentro del culito del chico. Leandrito gime y saca un poco más su hermosa colita para que la tranca entre en lo profundo.

__¿Quién es tu macho?¡Decime, decímelo!¿Quién es tu macho?__ susurraba al oído el patrón con su vergajo hundido en el anillo.

__¡Usted patrón, usted, ahh, ahhh, cójame, si así, ahhhh!!__ contesta el chiquillo alzado, caliente. Sube y baja del pistón ardiente. Su pene lanza leche por el aire. Ni siquiera lo toca el hombre. Leandrito goza como perra. El caballo avanza entre la maleza. Se mueve y eso hace que la barra de hierro entre en el aro del chiquillo. El patrón gruñe y siente que ya viene su líquido. No puede detenerlo. Muerde el hombro del chico. Lanza escupitajos en la profundidad de Leandrito que recibe la acabada y sonríe de placer.

El animal se detiene como si supiera. El chiquillo va saliendo de su montura. Se retira. La babosa escupe aún. El chico gira su cabeza y busca la boca del patrón. Está encendido y quiere más. Bajan del animal y se tiran a gozar en la hierba. Allí los sorprenderá la noche, abrazados y cogiéndose como animales.

Han pasado varios días del encuentro en el monte. Don Renato aparece otra vez por la casa del muchachito. Ha dicho en su casa que tenía que arreglar unos asuntos con Victorino y que llegaría muy tarde. A Victorino y a los muchachos hermanos los ha enviado a otras partes.

Confiado entra en la casa. Hay luz del sol entrando por los ventanales. Se dirige a la habitación allí lo ve a Leandrito desnudo en la cama, ya listo. Se toma sus partes  y apretándolo casi grita de contento.

__¡Aquí esta tu macho!!¡Ya ha llegado a traerte tu paquete!!__ termina de hablar y sus pantalones caen. La vergota ya erguida apunta al chiquillo que mira extrañado y confuso.

El patrón no ve de donde han entrado, pero están todo allí. Victorino y sus hijos. La cara de el patrón se transfigura.

__¡Tranquilo patrón!__ dice Victorino en un tono realmente tranquilo.

__¡Pero!¿Qué es esto?__ pregunta el patrón

__¡Ve usted lo que es!¡Usted se coge a mi chiquillo!¡A mi Leandrito!

__¡Pero Victorino yo puedo explicar!!

__Yo sé que a el le gusta, de chiquito…__la cara de don Renato cambia

__¿Como dice?__ pregunta el patrón mientras su vergota se bambolea dura y sin caer. Leandrito sonríe desnudo y también con su pija alzada. Los hermanos miran la escena.

__¡Si don Renato!¡al chico le han gustao siempre los varones!¡Yo le he ensañado todo a mi muchacho!¡Bah a todos los muchachos!

__¿Y entonces?

__Entonces que lo veíamos raro al muchacho. Se ver que usted le gusta mucho

__Bueno a mi también…sino míreme…__señalando la poronga que cabeceaba sin caer.

__¡Veo, veo!....__los hermanos de Leandrito se quitan sus ropas. Don Renato observa. Ve los cuerpos desnudos y el morbo le enloquece el cerebro.

__Vera don Renato, queremos tratarlo bien, si usted no se ofende, queremos hacerlo disfrutar como se lo merece…

__¡Y bueno yo no tendría problemas!!!__ una vez dicho esto es el Eustaquio quien se arrodilla frente al patrón y se prende a la manguera. Es un muchacho joven. Fuerte. De gruesas manos. Labios anchos. Su boca abraza la poronga y saca los primeros gemidos del hombre. Leandrito mira y se acaricia su verga.

Así parado como está el patrón siente una mano que acaricia sus nalgas. Las abre. Una lengua presta escarba en su ojete. Es el Ezequiel. Su lengua mete saliva. Revuelve su anillo. El patrón ya está bufando. Volando a mil. Enrique se acerca y tomando la cara del hombre busca la boca y se besan. Las manos de Enrique acarician y frotan el pecho del macho que esta siendo agasajado. Besa el cuello. Lo muerde. Mete la lengua en sus orejas.

En la cama Victorino acaricia a Leandrito que mira al patrón como enloquecido gime por las caricias que le están dando sus hermanos. Entre nubes este ve al padre acariciar al chico. Se besan. Victorino acaricia la pija del chico. Pasa sus manos por el pecho de este. El patrón ahora siente que Ezequiel atraviesa su puerta trasera con unos dedos. Gruñe el patrón. Sopesa las bolas con sus manos y con la boca los engulle el Eustaquio. Masajea la vara enorme que esta rocosamente dura. Parado el patrón besa a Enrique. Sus lenguas babean y lanzan saliva por todas partes.

Los muchachos llevan al patrón y lo acuestan en la cama, al lado de Victorino y su hijo. Victorino sentado al borde de la cama se encuentra con la verga alzada. Es una poronga gruesa. Grande. Leandrito la besa y la chupa de arriba abajo.

Acostado don Renato sucumbe a las caricias de Eustaquio y Ezequiel que juegan con su mástil. Los muchachos lo siguen chupando y lamiendo provocando que el patrón se retuerza de delirio. Enrique se ha sentado a horcajadas del hombre. Ayudan y se va clavando la estaca. Aullando de placer el chico comienza a cabalgar al patrón que aprieta los dientes y su mandíbula se marca llena de  devoción por aquel ojete que apresaba su verga y la cogía subiendo y bajando. Los gritos de los hombres se escuchaban sin disimulo.

Eustaquio entonces pone su pijota en la boca del patrón que saborea el garrote. Le da lengua. Con cierta dulzura goza del caramelo en su boca. Mientras el otro muchacho sigue cabalgando en su mástil. Aguanta los embates. Besa las bolas de Eustaquio que se sacude gozando. La lengua va y viene por el garrote.

En tanto Victorino ya ha ensartado a Leandrito que goza como descocido con la verga gruesa de su padre en el hoyo. Victorino serrucha al chico. Acelera y se detiene. La verga palpita dentro del culito del chiquillo que aúlla de placer. Se retuerce sintiendo como la vergota de su padre lo taladra como tantas veces.

El patrón traga la verga ahora de Ezequiel. Los chicos le ponen ambas vergas alternándose y don Renato las chupa sin descanso. Su verga esta pronta a explotar. Sabe que no aguantara mucho más. Enrique se sale de su ensartada. Se coloca a un costado del patrón y se pone en cuatro patas. El patrón deja las pijas. Se coloca detrás de Enrique y lo toma de las caderas. Lo ensarta sin piedad. Enrique gimotea. Mueve sus caderas. El patrón le da algunos chirlos en sus nalgas duras, sedientas. Mas se mueve el chico caliente como brasa. Ezequiel besa el pecho del patrón. Muerde las tetillas. Gruñen. Otra vez pero ahora Eustaquio chupa el culo del patrón que se ha abierto un poco mas todavía.

Victorino acelera sus embestidas y va rellenando el culito de Leandrito que patalea sintiendo los chorros espesos que le deposita su progenitor dentro profundamente.

Don Renato siente que su vena se inflama y entre gritos y gemidos suelta ya su leche dentro de Enrique. En ese momento su anillo se dilata mucho mas y aprovecha Eustaquio y entra dentro de el. Grita el patrón. Grita Enrique y Eustaquio grita dentro del patrón. Ya lo mueve de sus caderas. No lo suelta. Enrique sale y la vergota cae chorreando. Enrique la mete en la boca para limpiarla bien. El patrón susurra palabras. Eustaquio lo serrucha despacio. Ha entrado totalmente dentro del hombre que goza de la poronga en su culo. Así lo tiene ensartado Eustaquio, mientras Enrique come la vergota del patrón. Leandrito se ha acercado y besa la boca de don Renato, que siente el liquido caliente y espeso que le deja el muchacho que lo cogía salvajemente. Ezequiel espera mientras su hermano saca la pija de adentro del hombre. Chorrea. Ezequiel acuesta al patrón. De espaldas el hombre levanta sus piernas por sobre los hombros de Ezequiel. Este apoya su pija en la entrada babosa. Sin pensarlo dos veces hunde su fierro que es brasa. Don Renato gime y vibra. Leandrito con su boca le pasa la lengua por sus labios. Con sus manitos busca la lanza del patrón que ya busca endurecerse. La masajea. Ezequiel taladra el culo del patrón que gime, se retuerce. Pide mas.  Apura es veloz. Leandrito atrapa la poronga del patrón con su boca. La traga. Ezequiel está por estallar. Apura las embestidas. Apretando las tetillas. Aferrándose a ellas acaba dentro del patrón que recibe la leche en su ojete rojo de calentura.

Se acerca despacio Enrique. Besa con Leandrito la poronga del patrón. La chupan. Lamen las pelotas. Leandrito pone el culito en la boca del patrón que mete su lengua escarbando el abierto agujero. Todavía cae néctar y el lo chupa gustoso. Se coloca de costado y allí lo ensarta sin miramientos Enrique. Lo perfora. Lo sacude. Toma sus tetillas y las amasa. Gime el patrón, sin dejar de chupar el culito que lo vuelve loco. Leandrito gime y gime. Victorino se ha acercado a los hombres y tomando en sus manos el garrote del patrón lo sacude. Lo acaricia. Enrique apura serrucha, va y viene dentro del culo del patrón.

__¡Oh Victorino que gran trabajo has hecho con los muchachos!!

__¡He hecho lo que he podido patrón!!__ Victorino no deja de sobar la gran tranca del patrón. Este sigue comiendo el culito de Leandrito, las bolas y la verga del chico. Enrique empieza a gritar y larga chorros de semen. Aprieta el cuerpo del patrón contra el suyo. Besa el cuello del hombre. Este resopla. No puede de tanta lujuria y placer. Su culo palpita en tanto la leche sale de su agujerito adolorido de tanta verga.

__¡Ven Leandrito!__ llama Victorino. El chico se acerca al padre. Este lo besa metiéndole toda la lengua en la boca. Acaricia su pija. El chico se coloca detrás del patrón. Don Renato sonríe. Leandrito lo clava. Tiembla de la emoción. Victorino mete la gran pija del patrón en la boca.

Mira al chico y este lo mira a el. La cara de placer de Leandrito lo dice todo. Los dedos de Victorino rozan las bolas de el patrón que se retuerce de locura. Las caricias lo envuelven. La penetración lo sacude. Ha tenido verga por doquier. Leandrito entrecierra los ojos y empieza a largar su acabada dentro del hombre. Gozan plenos. Gimen. Se ríen. Se tocan. Los hermanos se abrazan y se besan entre ellos buscando que sus vergas se levanten otra vez. Don Renato siente que su culo es un gran río de semen que no termina de chorrear.

Victorino le hace una seña y le muestra el grosor de su virilidad. El patrón se la mete en la boca. Traga el sable. Con sus manos masajea el miembro. Soba los huevos del hombre. Chupa. Victorino aprieta los labios. Tira la cabeza hacia atrás. El placer recorre su espina dorsal. Lo conmueve como el patrón succiona su garrote. A la vez masajea la vergota propia que ha cobrado vida otra vez. Leandrito aprovecha y se prende a mamar esa manguera que tanto aprecia. Besa las bolas del patrón y vuelve a comer la tranca. A su vez el patrón traga la estaca dura de Victorino, que suavemente lo quita de la boca del hombre. Se sienta en el borde de la cama.

__¡Venga patrón!!__ dice muy caliente Victorino. Se pone de pie don Renato y siente como sigue chorreando. Abre las piernas y se abre con sus manos las nalgas. El agujero se abre como una pequeña boca. La poronga de Victorino entra sin obstáculos dentro del estuche. Comienza a serruchar. El patrón cabalga como en su zaino. Disfruta. Las bolas bailan de Victorino. El golpea con su culo la vergota del padre de Leandrito. Le da pequeñas y cortas sacudidas con su culo abierto y desaforado. Victorino aguanta la embestida. Leandrito ahora se ha sentado en la cara del padre. Este lame y chupa el culito conocido. La lengua va y viene. El chico suspira y quiere que lo cojan ya. Por la posición es casi imposible. Pero hay otra posibilidad.

__¡Ven entra tu también!!__ pide el patrón. Y en un movimiento se estira un poco hacia adelante. Leandrito se coloca de pie detrás de don Renato. Empuja con su pija. El agujero se abre. Los gritos de el patrón son realmente calientes.

__¡¡Sii, sigue así así hazlo entra, entra!!__ empuja el chico. El culo se abre y la verga ya roza la del padre. Los dos entraron en el culo apetitoso de el patrón que se sacude como endemoniado. Grita. Aúlla. Los hermanos miran la escena unos momentos. Ellos se atacan los culos entre si. Ezequiel penetra a Eustaquio y este a su vez a Enrique. Leandrito dentro del patrón se mueve conmocionado. Como un muñeco de trapo. Va y viene. Con el roce Victorino se estremece. Empieza a largar líquido y ahora lo sigue Leandrito, la vara de don Renato también escupe totalmente sacado. Lleno con las dos pijas en su vaina. Se sacuden un poco más. Demolidos de tanto sexo. Quedan tirados. Aun hambrientos. Hay olor a sexo por doquier. Hay líquidos en todas partes. Algunos se abrazan y se besan. Las lenguas van y vienen. Los cuerpos se confunden no se sabe bien quien es quien.

Se levantarán a comer. Se darán duchas, de a dos , de a tres. Seguirán con apetito para el sexo. Endemoniados. Luego mas tarde se marcharán y se encontrarán otra vez en algún lugar de la estancia.

Victorino y don Renato siempre supieron que iban a llegara a esto. Lo tenían muy claro. Como claro tienen que Leandrito en realidad tiene dos padres, pero eso será contado en otra historia.-

 

 

 

Datos del Relato
  • Autor: MARIO
  • Código: 49008
  • Fecha: 13-03-2018
  • Categoría: Incestos
  • Media: 10
  • Votos: 1
  • Envios: 0
  • Lecturas: 1021
  • Valoración:
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