| :: | Varios |
| :: | Hetero |
| :: | Lésbicos |
| :: | Gays |
| :: | Incestos |
| :: | Masturbación |
| :: | Confesiones |
| :: | Dominación |
| :: | Fantasías |
| :: | Fetichismo |
| :: | Orgías |
| :: | Sadomaso |
| :: | Maduras |
| :: | Ciber Sexo |
| :: | Transexuales |
| :: | Voyerismo |
| :: | Zoofilia |
| :: | No Consentido |
| :: | Primera Vez |
| :: | Flechazos |
| :: | De Fiesta |
| :: | Infidelidad |
| :: | Parejas |
| :: | Intercambios |
| :: | En el Trabajo |
| :: | Entre Amig@s |
| :: | Juegos |
| :: | Aberraciones |
| :: | Románticos |
Y asà mi chorito se contraÃa en un potente espasmo, mis caderas embestÃan la verga que estaba dentro de mÃ, él sostenÃa con fuerza mi cuerpo excitado, los intensos embates a mi chuchita rebosante de secreciones, hacÃan salpicar gotitas que corrÃan profusamente hacÃa abajo por mis piernas, haciendo casi un charco en los azulejos del piso, estábamos de pie, mi hermano resoplaba y gemÃa con fuerza, los golpecitos de su lechita tibia en los sensibles pliegues de mi chocho, me causaban escalofrÃos de placer, contorsiones involuntarias de mi torso, me estaba corriendo una vez más en la verga de mi hermano … ¿Cómo llegamos a este momento en nuestras jóvenes vidas? … enseguida se los cuento.
Â
Â
Alfredo es mi hermano mayor, él tiene 18 y yo 17, desde siempre hemos vivido con nuestra madre, no tenemos recuerdo de haber tenido un padre, mi madre dice que Alfredo era un niño pequeño y ella estaba embarazada de mi cuando nuestro padre desapareció en Alemania, porque él era alemán.
Â
Â
Yo soy Valeria, mi hermano y yo, desde niños siempre jugamos juntos, siempre con mucha inocencia, el juego del doctor, el juego de recién casados, el juego de las escondidas, y tantos otros, pero estos juegos en particular, poco a poco que crecÃamos, iban teniendo un carácter diferente, no quiero decir ni erótico ni sexual, porque a esa corta edad no sentÃamos nada de eso, pero si una curiosidad espontanea, tanto yo como él descubrimos que no éramos iguales, él tenÃa una parte que yo no tenÃa, su palito y yo mi fisura.
Â
Â
Al colegio descubrimos que habÃa niñas y niños, penes y vaginas, nos causaba risas estas diferencias, más aún los nombres, a siete años no entiendes todo lo que eso involucra, persistÃamos con nuestros jueguitos siempre en la más absoluta candidez de la niñez, cosa que al cabo de algunos años cambiarÃa del todo nuestras vidas.
Â
Â
Nuestra mocedad llegó después de los diez años para mà y él poco más de once, comenzaron sus primeras erecciones, él no sabÃa porque y yo me mataba de la risa porque lo veÃa conturbado y confuso, luego me llegó mi primer periodo y solo él lo sabÃa, confiaba totalmente en él, me ayudó a sobreponerme de mis miedos.
Â
Â
Me habÃa acostumbrado a ver su miembro de vez en cuando muy tieso, hasta que un dÃa no aguanté más y se lo toqué, mi hermanito dio un respingo … ¿te duele? le pregunté … no … respondió él … continué a tocarlo y él comenzó a moverse como incomodo … ¿te duele? … volvà a preguntar … ¡no! pero se siente extraño … dijo … ¿extraño como qué? … comenzaba a jadear como si le fuera a venir un mal … lo veÃa como que no le salÃan las palabras, me estaba asustando, respiraba con afano, asà que le solté su pija … ¡no! ¡muévelo! … ¡muévelo! … asà que le agarré su verga y se la movà con más fuerza … algo liquido salto hacÃa mi cara, era tibio, le solté su coso asustada … se quejaba y se habÃa ido hacÃa atrás en la silla, mientras de su polla continuaba a salir ese lÃquido … eso fue el inicio de un incontable número de pajas que yo le hice a mi hermanito, aprendà a disfrutarlo y a él, por supuesto, le encantaba.
Â
Alfredo siempre fue un poco retraÃdo, pero los cambios que tenÃa mi cuerpo no los dejó de notar, después de los doce años mis senos crecÃan como un poco todos los dÃas, le enseñé mi pubis cuando me salieron los primeros vellos y él quiso tocarlos, sus dedos exploraron mi zona pélvica como cuando jugábamos al doctor, solo que ahora yo estaba sintiendo algo en mis entrepiernas, sentÃa una sensación placentera y sentà que se humedecÃa mi sexo, él me habÃa mirado dentro muchas veces y no sentÃa lo que ahora me hacen sentir sus dedos en la proximidad de mi chocho, cuando uno de sus dedos rozó mi clÃtoris me hizo brincar, él se asustó … ¿te he hecho daño? … me preguntó … ¡no! … se siente rico … le contesté, coquetamente … su cara se iluminó … ¿puedo hacerlo otra vez? … preguntó … ¡sÃ! hazlo … le respondà muy segura de mÃ, desde entonces comenzamos a pajearnos juntos.
Â
Â
Por otra parte, nuestra madre trabajaba todo el dÃa, lo que más le preocupaba a ella era nuestro desempeño en la escuela, afortunadamente ella tiene un buen trabajo en el municipio y nunca nos ha faltado nada, aquà en la isla de Ischia, tenemos una vida relajada, la casa es una herencia de nuestros abuelos, mi madre como hija única heredó no solo nuestra casa, sino también otras propiedades, incluyendo un pequeño hotel frecuentado por turistas, generalmente alemanes.
Â
Â
Durante los meses de verano, estábamos siempre en traje de baño, mamá si no estaba en el trabajo, estaba en el hotel, su segundo trabajo, asà que normalmente estábamos nosotros dos solos en casa.
Â
Cuando ambos comenzamos a descubrir los goces del sexo, no pudimos detenernos más, yo querÃa saber, querÃa entender, querÃa experimentar, Alfredo era más recatado y vergonzoso, a veces me sacaba de mis casillas porque me parecÃa que casi lo obligaba a hacerme cosas, me sentÃa siempre asombrada como le crecÃa de grande su verga, con el tiempo supe que mi hermano era bien dotado y su verga tenÃa tamaño XXL, sentÃa cosquillitas en mi chocho cada vez que mis dedos envolvÃan su polla, con once añitos, jamás pude cerrar mis dedos alrededor de su polla cuando estaba erecta, mis manos eran demasiado pequeñas para su verga.
Â
Muy temprano descubrà que, refregando su verga contra mi panocha, me hacÃa sentir escalofrÃos enloquecedores, asà fue poco antes de mi once años, tuve mi primer orgasmo intenso, mi hermano preocupado al verme convulsionar casi en agonÃa, con sacudidas y chillidos, se impresiono tanto que estuvo varios dÃas negándose a hacer nuestros jueguitos, solo que yo me sentÃa igual de cachonda y en las noches me metÃa los dedos en mi vagina, haciendo chapotear mis deditos en aquel charco de humores, me sentaba en la cama y me estiraba mis grandes labios, haciendo salir los pliegues rosados de mi chocho, hasta cuando no sentÃa los espasmos y convulsiones de los que ahora sé, eran orgasmos múltiples, pero no me satisfacÃan como cuando lo hacÃa con mi hermano.
Â
Sexualmente hablando yo sólo conocÃa a Alfredo, asà que cuando sentÃa esas cosquillas en medio de los muslos lo buscaba a él, para mà él era mi juguete favorito, cuando llegué a los trece, vi a Alfredo con otra chica, allà descubrà los celos, él es mÃo, todo mÃo, tuvimos una pelea como de pareja de enamorados, lo gritoneé, lo insulté y lo amenacé, Alfredo se asustó bastante y no volvió a ver a esa zorra.
Â
De todas maneras, nosotros no tenÃamos relaciones sexuales completas, solo nos masturbábamos y toqueteos varios con besos llenos de pasión, como máximo yo lo cabalgaba y frotaba mi chuchita sobre su pene hasta correrme como una loca con mis sacudidas y espasmos que tanto asustaban a mi hermano, pero a veces me parecÃa notar que él no participaba con la misma efusión con que yo lo hacÃa, quizás tenÃa algún tipo de remordimientos al ser mayor que yo y darse cuenta de que lo que hacÃamos no estaba bien, en cambio yo me entregaba totalmente a él, yo me sentÃa su mujer y querÃa ser su hembra, querÃa que él me rompiera el chorito todos los dÃas.
Â
Recuerdo la primera penetración, un 9 de noviembre, faltaba pocos dÃas para mi decimoquinto cumpleaños, mamá habÃa ido a Nápoles por su trabajo, habÃa autoridades que venÃan a la región de Campania y ella integró la comitiva de nuestro municipio, me levanté como a las diez, Alfredo estaba todavÃa en su cama, estaba muriendo de ganas por ir a su habitación y jugar con su hermosÃsima verga, asà que preparé café para él y se lo lleve a su cuarto, él estaba cubierto hasta la cabeza … hace frio me dijo … yo me habÃa puesto una polera muy ajustada que hacÃa notar mis tetas incipientes, querÃa sentir sus ojos deseosos sobre mÃ, en cambio él somnoliento, se enderezó en un codo, bebió de prisa el café y se volvió a cubrir con las frazadas.
Â
Me metà a la cama decidida, le bajé el pijama y tomé su pene algo flácido, comencé a masturbarlo para hacerlo crecer, movà hacia atrás su prepucio y su glande bruñido pareció florecer ante mis ojos, comencé suavemente a pasar mi lengua por el pequeño hoyito de su verga que comenzaba a despertar con latidos y vibraciones, envolviéndolo con mis labios me lo tragué hasta que tocó mà paladar, una, dos, tres veces, poco a poco acostumbraba mi boca para tragarlo todo hasta mi garganta, lo mamaba lentamente y luego aumentaba la velocidad, pronto sentà su vello púbico en mi barbilla y su polla entera estaba descendiendo por mà garganta.
Â
Acariciando sus cojones aterciopelados, su polla estaba dura como mármol, la agarré firme y azoté mis labios mientras lo miraba como se contorcÃa bajo mis lamidas, la lujuria se apoderaba de mis acciones, querÃa más, esta polla me pertenecÃa, la única hembra a succionar esta pija debo ser yo y asà me acomodé y con toda la velocidad posible me la tragué innumerables veces, hasta que sentà un poco de cansancio en mis mandÃbulas que chupaban y chupaban, mi hermano acariciaba y tironeaba de mis cabellos enloquecido, justo cuando lo presionaba con mi garganta, sentà los primeros borbotones de semen descendiendo por mi esófago, él gruñÃa, gemÃa y me llamaba a mi … ¡ooohhh! Valeria … ¡aaahhh! hermanita … ¡ssiii! estruje su pene con mis manos hasta la última gota.
Â
Alfredo se recuperó rápidamente y me tironeó de la mano y después de las caderas para colocar mi chocho encima de su boca sedienta de zumos vaginales, su lengua comenzó a tantear la frontera entre mi chuchita y el orificio estriado de mi culo, me estremecà y apreté mis muslos en sus mejillas, luego su lengua insolente separó mis grandes labios y comenzó a drenar mis secreciones escarbando el interior estrecho de mi virginal coño, me hizo convulsionar cuando cerró sus labios atrapando mi clÃtoris y chupándolo repetidas veces, me mamó mi sensible botoncito por más de cinco minutos, arrancando guturales sonidos y agudos grititos de mi boca, me sentÃa desvanecer en sus labios y no me soltó hasta cuando mi vulva entera explotó en su boca lanzando unos chorros que bañaron sus cabellos, caà abatida con sacudidas espasmódicas y gritando … ¡bastaaa! … ¡aaahhh! … ¡mi dios! … ¡ooohhh! … Alfredo … ¡ssiii! mis caderas se movÃan solas.
Â
Abrà mis ojos y él me miraba estupefacto, mi cuerpo aún temblaba, trataba de articular palabras, pero nada salÃa de mi boca, tragué saliva y humedecà mis temblorosos labios … ¡oh! Alfredo … fue muy fuerte y rico … me hiciste correr como nunca … pero yo querÃa que mi hermanito me rompiese mi himen, él debÃa ser mi primer hombre y yo su primer chochito.
Â
La carnosa y gruesa verga de Alfredo se habÃa recuperado casi, asà que para apurar los hechos me incliné y le hice espacio en mi boca, su venosa asta comenzaba a fornicar mis labios, muy luego estaba pronta para rozarla con mi vagina, por lo menos esa era la rutina entre mi hermano y yo, solo que esta vez mis planes eran diferentes.
Â
Cabalgando su vientre como siempre, aferré su polla gruesa como mi antebrazo e inicié a frotarla en mi chocho ansioso, poco a poco empecé a introducirla en mi vagina hasta que llegó a la barrera de la membrana virginal, Alfredo me dio un empellón que me hizo gritar … ¡uuuggghhh! … ¡bruto! … ¡sigue! … ¡no te detengas! … aprete los dientes y unas lágrimas se derramaron por mis mejillas, pero estaba lo suficientemente exaltada para resistir el ardor que me procuró la perdida de mi virginidad.
Â
Arrellanado bajo de mÃ, mi hermanito aferró mis caderas y comenzó a cogerme con suavidad, yo todavÃa sufrÃa las dimensiones de su verga que ensanchaban mi chuchita inexorablemente, pero la dolencia no duró tanto, el punto de inflexión fue cuando Alfredo puso sus manos en mis tetas y refregó mis pezones entre sus dedos, su polla estaba dentro de mà pero no toda, yo la querÃa enterita en mi chocho, asà que usé el peso de mi cuerpo para empalarme hasta que mi pirineo recibió las cosquillas de sus cojones peludos, ahora sà estaba en lo profundo de mi vagina, ahora sà esta verga era toda mÃa, ahora sà que soy la hembra de mi hermano pensé.
Â
Esta primera vez para ambos, yo querÃa que fuese especial, que fuese una copulación completa, querÃa sentir la calidez de su lechita bañando mis pliegues ya no más vÃrgenes, el primer semen de un macho en mi chocho debÃa ser el de él, querÃa ser suya como yo lo sentÃa a él mÃo, necesitaba sentir esa sensación de ser inseminada por este macho joven y gallardo, someterme a los embates de su verga contra la sumisa chuchita que lo acogÃa con ardor, con delirio, con cariño y amor.
Â
Alfredo al parecer sentÃa lo mismo que yo y se esmeraba a follarme con dulzura, habÃa energÃa en sus golpes, estaba disfrutando de los beneficios eróticos del roce de nuestros sexos, la penetración de su pene en mi chocho era profunda y me hacÃa secretar fluidos en modo demencial, solo la frÃa temperatura ambiental impedÃa que nuestras glándulas sudorÃparas emanaran una secreción más a la efusión de fluidos excretados, de todos modos, nuestros vientres estaban pegajosos y viscosos.
Â
La continua fricción de su pene invadiendo abisalmente lo recóndito de mi vagina, estimulaba mis sentidos y acortaba el ritmo de mi respiración, haciéndome gemir y gritar con el ritmo de sus clavadas, que cosa más rica la verga de mi hermano, pensé mientras posaba mi boca sobre sus labios y lo cabalgaba con fuerza y velocidad, aumentando el frote de su carne en mi carne y azotando mi clÃtoris contra su vello púbico, me lo estaba comiendo a besos, mordÃa sus labios con lujuria, halaba sus cabellos húmedos, mis dedos se hundÃan en sus hombros, mis tetas ensanchadas comprimÃan sus pectorales, escondÃa mi rostro en su cuello y un agónico alarido escapó de mi garganta … ¡aaahhh! … ¡ooohhh! … hermanito mÃo … ¡mi dios! … ¡ssiii! … ¡oh! ¡ssiii! … me estaba corriendo en su verga como una loca poseÃda, no podÃa detener mi pelvis estrellándose una y otra vez contra su pubis, gruñidos desgarradores y guturales salÃan de mi boca, enterré mis uñas en sus carnes y mordà sus orejas, ¡eres todo mÃo! … ¡eres todo mÃo! … repetÃa una y otra vez, gozando de un orgasmo infinito.
Â
Alfredo me sujetaba enérgicamente, mis convulsiones y espasmos no cesaban, él besaba mi mejilla diciendo … ¡pará loquilla pará! … ¡detente! … ¡cálmate! … pero no pude, porque sentà las contracciones del glande y los escupos seminales de su verga, él se estaba corriendo dentro de mÃ, estaba inundando mi chocho hambriento de su lechita tibia, la cabeza esponjosa de su miembro latÃa al interior de mi vulva y me enviaba al terreno paradisiaco de un orgasmo múltiple ¡oh! mà dios! … ¡oh! mà dios … ¡oh! mà dios … ¡nooo! … ¡ssiii! … ¡ssiii! … te amo hermanito … te amo … lo estrechaba y mis tetas se refregaban en su pecho, ligeros temblores en mis piernas que se relajaban después de la tensión descargada y mis afanosos respiros, eran el culmine del esfuerzo de nuestro perverso goce,
Â
Él vertÃa su precioso semen en mi cavidad fértil y tibia, apretada estrecha contra él podÃa sentir los latidos de su corazón, otro de sus músculos se contraÃa y palpitaba dentro de mà y la juventud de él junto con la calentura mÃa, nos hacÃa reprender poco a poco el ritmo de una cogida continuada, sin saque, con ardorosos deseos y apasionada lujuria, alargué mis piernas y mi chocho dilatado comenzó a vibrar al movimiento leve de su pelvis, su lefa fresca corrÃa por mis muslos y más me excitaba el ser la dueña y causante del derrame de todo ese semen.
Â
Alfredo me levantó para mamar mis tetas, la succión de sus labios a mis glándulas mamarias y sentir el apriete delicado de sus dientes a mis pezones, incrementó considerablemente mi excitación, mis gemidos y graznidos ponÃan música a las embestidas cadenciosas de su verga contra el plisado de mis rosáceas carnes, tamaña pija inspiraban tamaños orgasmos, con los ojos cerrados gozaba ese ariete profanando mi chuchita incansablemente y encendÃan dentro de mà una pira de sensaciones y un calor ardiente empezó a exudar de mis poros … me sentà alzada en el aire, mi hermano teniéndome estrecha por la cintura me hizo girar y se colocó sobre mÃ.
Â
Fue todo tan rápido que no sé en realidad como sucedió, fue como un truco de magia, la dura varita del mago hizo su magia y me encontré con mis tobillos en sus hombros y él bufando como un toro, cogiéndome con renovados brÃos empujando su verga lo más hondo posible dentro mi chocho, golpeando mi sexo y sacando chispas alucinantes en mi cerebro, de pronto mi saliva y mis papilas gustativas se llenaron con el sabor de su semen, como si mi boca estuviese reproduciendo hectolitros de su lechita, yo tragaba y tragaba era una sensación demencial, su verga encendÃa mi cuerpo entero, un resplandor enorme avanzaba frente a mi como una locomotora desbandada, mis sacudidas y los nervios reflejos de mi cuerpo en su integridad se contraÃan espasmódicamente, mis pies encorvados me parecÃan acalambrados, mi manos que aferraban su torso y lo tironeaban con fuerza y luego querÃan empujarlo lejos de mÃ, mis piernas lo atrapaban con fuerza y luego se abrÃan de par en par para que mi chochito fuese follado sin misericordia, mi corazón se sacudÃa con energÃa, luego como una muñeca de trapo me abandone a su follada bestial, no tenÃa ánimos para resistir, no querÃa resistir, solo esperaba sentir la acuosidad de su semen inundándome, inseminándome, haciéndome hembra receptora de la semilla fertilizadora en mi vientre fecundo … ¡mi dios! … ¡ pero que orgasmo más maravilloso!
Â
Alfredo colapso en mis pechos y luego rodó sobre el lecho, su falo carnoso se deslizo derramando semen y fluidos vaginales sobre sus muslos y su vientre, quedamos sin palabras el uno al lado del otro, mi cuerpo vibraba todavÃa muy sensible, mi llanto espontaneo e incontrolable desconcertaba a mi hermano que querÃa saber porque yo llorisqueaba desconsoladamente, mis sollozos no me dejaban hablar, gimoteaba como una bebita ... Vale, ¿seguro que estas bien? … ¿algo te duele? … ¿te he hecho daño? … ¡ya poh hermanita, no llores que me estás haciendo preocupar! … me giré y lo abracé con mucho amor, con mucho cariño, como mi hermano y mi amante … lo besuqueé por todos lados … me has hecho tuya Alfredo … me has hecho feliz … te amo … él me estrechó es sus brazos fuertes y me sentà segura, muy amada, muy mujer.
Â
Nos fuimos juntos a la ducha, no tenÃa ningún sangramiento, la natura habÃa hecho su labor, de todos modos, un poco de delicadez no sobra y él me lavo mi vello púbico que aún conservaba señas de haber sido desvirgada, luego abrazados como dos enamorados regresamos al dormitorio.
Â
Sobre la cama, apoyé mi cabeza a su pecho y acaricié sus pectorales, él besó mis cabellos y trataba de alcanzar mis senos, mis pezones estaban listos para él, prietos como nunca … me tironeo hacia arriba y besó mis labios … eres increÃble hermanita, no sé cómo continuaremos con lo nuestro, pero no me arrepiento de nada, dijo él … yo tampoco hermanito mÃo, no tengo remordimientos … hoy ha sido demasiado lindo … dije.
Â
Después de los quince, participe a un concurso de Reina de la Playa y gané sin dificultad, quiero decir, soy una chica bonita, rubiecita como mi hermano, ojos claros entre grises y verdes, mi cuerpo de adolescente es delgado con curvas en los puntos justos, mis senos hacen girar la mirada a los hombres, tengo un culo a forma de corazón con glúteos paraditos, pero no es mi figura lo que me interesa, mi aspecto personal no me preocupa, quiero ser linda y hermosa solo para él, mi hermano, solo él me debe mirar con esos calentones, hasta obscenos dirÃa, me gusta cuando me mira y su pene comienza a endurecerse, luego me toca y se enciende en mà el deseo por él.
Â
Pasábamos los dÃas a gozar de nuestra juventud, nuestra madre no se habÃa dado cuenta de nuestro romance, aunque un par de veces casi nos atrapa haciéndolo, era como más excitante sobre pasar la barrera del parentesco y consumar el incesto entre mi hermano y yo, me encantaba pensar a la enorme verga que Alfredo tenÃa entre sus piernas y mi chochito estaba siempre pronto para disfrutarla, mi naturaleza cachonda me hacÃa acosarlo a cada momento.
Â
Me gustaba sorprenderlo, entrar completamente desnuda en su cama mientras él dormÃa, las primeras veces se sobresaltaba … ¿Qué haces tontita? … ¿no ves que hace frio? … ¡tu estas super helada! … pero yo me acurrucaba bien pegadita a él, y refregaba mis pequeños pezones sobre su pijama, le bajaba un poco el pijama y aferraba su verga hermosa, poco a poco lo pajeaba hasta que estaba duro, le quitaba su pijama y me metÃa entre sus muslos para mamársela, ese sabor salino y aspro de su pene me inducÃan a querer más, mis papilas estimuladas por el sabor del macho querÃan más, que sabor más delicioso, lo chupaba, lo lamÃa, lo succionaba, lo lengüeteaba, lo acariciaba con mis manos, lo preparaba para que horadase mi sexo, lo poseÃa, era mÃo.
Â
Cuando cumplà mis dieciséis años, nuestra madre nos trajo unas cajas de condones, dos para cada uno, yo me sonrojé y pensé por un momento que ella sabÃa algo de nosotros, mi hermano tomó sus cajas y se fue sin decir palabras, yo quedé a solas con mamá, ella me dijo … en el mueble de mi dormitorio hay más, asà que, si necesitas, tómalos sin problemas, no te quiero embarazada … las mujeres somos un poco putitas a veces … me dijo sonriendo y guiñándome un ojo, yo insinué una mueca como una sonrisa.
Â
No sé como mi madre entendÃa que yo era mas caliente que Alfredo y la que buscaba tener relaciones sexuales, lo que ella no sabÃa es que todas mis energÃas carnales estaban abocadas a ser consumidas con mi hermano, no existÃan para mà los otros chicos.
Â
Un dÃa de verano mamá festejo su cumpleaños con una fiesta en grande en el hotel, ella habÃa bebido unas copas de más y flirteaba con un extranjero, después de la medianoche ella nos llamó … chicos, es muy tarde … tomen las llaves de la numero siete y duerman allà … mañana nos iremos a casa … Alfredo y yo tomamos las llaves y nos fuimos rápidamente a la habitación.
Â
Nos asomamos al balcón, tenÃamos una hermosa vista del golfo de Nápoles, el claro de luna iluminaba la bahÃa y sus rayos de plata danzaban sobre el suave oleaje del mar, la sombra del Vesubio y las centelleantes luces del puerto daban el aspecto de una postal de otros tiempos, era una panorámica fascinante y mágica, Alfredo estaba detrás de mi y cargaba su pene contra mis glúteos, en el balcón del piso de abajo habÃa una pareja de adultos de media edad que miraron hacia nosotros, Alfredo comenzó a desnudarme ahà fuera al balcón, me quitó los calzoncitos y la falda, luego la blusa y sujetador, mis pezones se endurecieron con la fresca brisa que venÃa desde el mar, estaba completamente desnuda y el hombre de abajo se deleitaba con mi adolescente desnudez esbozando una sonrisa lasciva, la mujer le habÃa sacado la verga y lo pajeaba con sus tetas al aire, mi hermano refregaba su miembro entre mis nalgas, su posición favorita para cogerme por el culo, a él no le gustaban los preservativos, me apuntó su glande contra mi pequeño orificio, cuando él empujo hacia adelante, yo empuje hacia atrás y de una su verga invadió mi trasero, un chillido acallado con mi mano escapo de mi boca, asà como empezaron sus embates, asà iniciaron mis gemidos, mis respiración se hizo jadeante, la mujer del piso de abajo estaba mamando a su hombre, Alfredo metÃa y sacaba su verga del orificio estrecho de mi culo haciéndome emitir chillidos y gemidos, el de hombre de abajo habÃa hecho girar a su pareja y la estaba enculando justo como a mi lo estaba haciendo mi hermano, ella, al igual que yo gemÃa y movÃa sus nalgas acompañando los movimientos de su hombre, Alfredo agarro mis tetas y comenzó a besar mi cuello y a morder el lóbulo de mi oreja, primero una después la otra, él sabe que eso me hace enloquecer, también aumento la velocidad de sus clavadas, abrà mi boca con lujuria y cerré mis ojos, ahora era solo yo y la verga suya friccionando intensamente mi intestino, mi culito redondo comenzó a buscar el ángulo perfecto, querÃa una penetración más y más profunda, querÃa sentir su lechita inundándome profusamente.
Â
La pareja del piso de abajo también aceleraban sus movimientos, cuando volvà a abrir mis ojos la vi a ella acuclillada recibiendo la abundante lefa de él en sus enhiestas tetas, quizás eso fue lo que me hizo enarcar mi espalda y estrecharme al pecho de mi hermano, para correrme como nunca, las contracciones de Alfredo y la calidez de sus chorros de esperma, indicaban que también él se habÃa corrido en mi recto.
Â
Con la palma de mi mano hacÃa arriba les lancé un beso a la pareja del piso de abajo, orgullosa ella lucÃa sus tetas que relucÃan a la luz de la luna, mientras él saludaba con su mano, la verga de Alfredo se deslizó fuera de mi y nos entramos a nuestra habitación, su semen fluÃa por mis muslos y piernas, su polla se movÃa como un péndulo mientras caminaba detrás de mÃ, lo hice acostarse y me acurruqué a su lado para sentirlo cerca de mà … ¿te gusto mi culo, hermanito? le pregunté … Valeria, la cosa que más me gusta es follar tu culito … una porque es apretadito y dos porque lo hacemos sin condón … sabes que no soporto esa goma que anula el sentirte tan mÃa … me gusta sentir tu carne y mi carne sin barreras … respondió él.
Â
No sé cuánto tiempo más podremos continuar con nuestra situación perversa, cada vez es más difÃcil escondernos de mamá, a veces pienso que ella sospecha, pero no se da el tiempo para vigilarnos más de cerca, quizás ella piense que somos sus niños y no se imagina lo que hemos sido por tantos años, ella, al igual que nosotros, tiene una vida relajada y con mucha libertad, quizás con un exceso de confianza.
Â
Nosotros sabemos que lo nuestro no puede ser eterno, lo entendemos, asà que acordamos hacernos de una pareja, a mà no me faltan pretendientes y a él tampoco, él me presentó un amigo suyo y yo le presente una amiga mÃa que hace tiempo me pedÃa de presentarle a mi hermano, ella es una buena muchacha y espero que lo pueda conocer bien y hacerlo feliz, en cambio el amigo de él, desde la primera vez que tuvimos una cita, empezó a manosearme descaradamente, asà que a la segunda cita lo deje plantado, ahora Alfredo me está haciendo elegir otro entre sus amigos, esperemos que esta vez vaya un poco mejor.
Â
Con mi curiosidad de mujer y también con un poco de celos, le pregunte si se habÃa follado a Mónica, su novia, me dijo y me juró que no, pero yo no me siento de dejarlo ir todavÃa, asà que todas las tardes o lo masturbo o le pego una buena mamada, de ves en cuando le doy mi culito y el termina por hacerme el amor.
Â
En una de esas tantas veces en que nos encerrábamos a hacer el amor, estábamos bajo la ducha y el me estaba haciendo por atrás, como a él le gusta, yo gemÃa y gozaba lanzando grititos varios, estábamos tan ensimismados en nuestra relación, sentimos solo que alguien corrió la cortina de la ducha y nos enfrentamos a la ira de mamá, nos miraba con ojos desorbitados, sus hijos preciosos fornicando como estrellas del porno … ¡imbéciles! … ¡sucios! … ¡vÃstanse y vengan en sala, ahora ya! … ella me miraba más a mÃ, como queriendo inculparme de todo, sus movimientos denotaban su furia, giraba sin fin, como un tigre en su jaula.
Â
Alfredo balbuceaba y estaba a punto de ponerse a llorar, yo estaba muy nerviosa, pero también decidida a defender el amor que sentÃa por mi hermano, aunque aturullada como estaba, no lograba hilvanar el torbellino de pensamientos en mà cabeza, necesitaba argumentar y razonar con mamá, es cierto que nuestro actuar es erróneo, pero ella tiene que comprender que en todo esto ella también tiene un grado de responsabilidad.
Â
Mamá estaba girando, tratando de desahogar su irritación, lo primero que dijo fue … ¿desde cuando que ustedes dos tienen estas sucias relaciones? … rápidamente le respondà … mamá, la cosa menos importante es justo esa, no tienes que ponerle fecha … no es lo fundamental … lo primordial es … ¿por qué?... porque tus hijos se enredaron en este amor túrbido … porque tus hijos se convirtieron en amantes … porque este amor prohibido hizo mella en sus corazones … tú mamá nos has dado de todo … te has preocupado de nuestra educación, nuestro bienestar y muchas cosas materiales … pero nos hacÃa falta tu afecto, tu amor de madre, tu cariño y ternura … mamá me miraba atentamente, sin parpadear, su boca estaba cerrada, su ceño fruncido demostrando su enojo y desilusión, sus puños restaban cerrados.
Â
Su silencio me hizo comprender que habÃa tocado una parte sensible en ella, asà que continué con mis protestas y quejas sobre sus falencias como madre … sabes muy bien que desde niños hemos estado solos … todo el afecto que tuvimos desde pequeños es él que Alfredo me dio a mà y el cariño que yo le podÃa entregar … él siendo niño, si caÃa y se herÃa, era yo a consolarlo y a curar sus pequeñas heridas … por las noches que yo me asustaba por los truenos y relámpagos de las tormentas, era él que me protegÃa y confortaba … nos protegÃamos y nos mimábamos como hermano y hermana … después, crecimos y descubrimos muchas cosas más … tu no te diste ni cuenta cuando me llego mi primer periodo … pero Alfredo estuvo allà para mà … él fue quien me compró mis primeros tampones … tu o te diste el tiempo para darte cuenta que tu hija se habÃa transformado en una mujercita … ahora quieres saber ¿desde cuándo? … no es mejor saber que tienes dos hijos unidos que se aman … sabemos, Alfredo y yo, que no es justo ni adecuado lo que hacemos … sabemos que tenemos que terminarlo … pero en estos tiempos de tantos riesgos … ¿no es mejor hacerlo entre las cuatro paredes seguras del hogar?... mi madre me miraba sin chistar, como reflexionando.
Â
Mamá dijo … Valeria no te pases de lista conmigo, no vengas a decirme si me equivoqué o quizás no, no trates de darme de las culpas que yo no tengo, ustedes son hermano y hermana … no pueden ser amantes adolescentes … ahora terminaran en este momento toda esa porquerÃa que vienen haciendo quizás desde cuando … no volverán a tocarse … ¿entienden?
Â
Le contesté inmediatamente … mamá, lo sabes y tienes que comprender que no es tan simple, nosotros nos amamos y no serás tú a separarnos, sabes que Alfredo es ya adulto y en un par de meses yo también seré adulta … ¿quieres que nos vayamos de casa? … ¿es eso lo que quieres?
Â
Â
Mamá muy compungida, dijo … no, ciertamente no es esa mà intención, pero si la ponen asÃ, esto tiene que quedar en familia, solo nosotros tres sabremos acerca de esto y nadie más … ustedes tienen que comportarse bien y no quiero escuchar chismes ni habladurÃas sobre ustedes, no los quiero ver en comportamientos soeces, no dormirán juntos y si hacen algo debe ser lo más discreto posible … ¿entienden?
Â
Casi con lágrimas en los ojos, le dije … ¡Oh! mamá te pido perdón por haberte inculpada, pero para nosotros esto es normal … entendámonos, sabemos y entendemos que no lo es … pero haremos como dices tú y nos comportaremos en modo discreto, asà seremos una familia unida … te queremos mucho mamá … finalmente, nos unimos todos y nuestra madre no volvió a molestarse por nuestra relación …
| » | Total Relatos: | 40.147 |
| » | Autores Activos: | 2.426 |
| » | Total Comentarios: | 12.085 |
| » | Total Votos: | 512.638 |
| » | Total Envios | 21.927 |
| » | Total Lecturas | 116.059.405 |
me gusto mucho el relato