... Jesús no perdÃa el tiempo, tras haberle arrancado las pantaletas a Estela, hundió su cara entre las piernas frotando con la lengua los carnosos labios de su raja. Aquellas caricias la estaban enloqueciendo y estalló en convulsiones orgasmicas. Pero Isabel también querÃa lo suyo. Se montó sobre Estela uniendo sus sexos, quedando frente a Jesús que de inmediato alistó el arma y la colocó en la entrada de la vagina de Estela.
En tanto yo habÃa puesto mi pene en medio de las bocas de ellas, que habÃan quedado de frente una sobre la otra y ambas me la estaban mamando. Cuando mi mujer sintió la profunda estocada de Jesús, lanzó un agudo gemido, abriendo enormes ojos y apretando mi verga entre sus dientes. Sentà un dolor intenso pero delicioso, quizá el mismo dolor que sintió ella al recibir de un solo golpe y hasta el fondo, el tremendo vergón de Jesús. Al iniciar el bombeo de él, el rostro de Estela fué cambiando por un gesto de placer indescriptible. Ahora solo Isabel mamaba mientras esperaba su turno; Cuando él lo sacaba de Estela para meterselo a Isabel, la primera la relevaba en la mamada. Después de un rato, cambiamos de postura; Nos pusimos de pie, ellas dos quedaron frente a frente, separaron las piernas y levantaron las nalgas mientras se fundÃan en un beso. Yo me coloqué detrás de Estela, tomé entre mis manos sus redondas caderas y acerqué la verga a la caliente raja. Me disponÃa a metersela, cuando ella volteó para decirme:-¡Por el culo mi cielo!...¡Metemela toda por el culo!- Sin pensarlo un instante coloqué el cabezón en su estrecha entrada y empujé suavemente. Fué ella misma quién de un rapido movimiento se incrustó totalmente y empezó a girar las nalgas de forma salvaje. Jesús tambien se cogÃa a Isabel mientras ellas se abrazaban jadeantes. Los cuerpos sudorosos a pesar de la brisa. Y me parecÃa que el rumor de nuestras exitadas respiraciones podÃa oirse por toda la laguna.
Con singular sincronÃa Jesús y yo anunciamos nuestra venida. De inmediato ellas se separaron y se pusieron de rodillas para terminar la faena con sus bocas. Al contacto con los labios, el par de vergas respondieron furiosas, escupiendo gruesas gotas de leche que se estrellaban en los rostros exitados de las hembras, que no pararon de mamar hasta haber extraÃdo la última gota de sémen.
Cuando hubimos terminado, bebimos el resto de la botella y ya fatigados por la tormentosa velada, decidimos regresar al hotel. Ya en la puerta de la habitación Isabel y Jesús se despidieron de nosotros, aunque yo les invité a pasar.-¡No gracias, deben estar muy cansados, por hoy fueron muchas emociones. Mejor nos vemos mañana...Que descansen!.
No insistÃ, en verdad estabamos exhaustos, por lo que al tocar la cama, caÃmos rendidos.
Cuando desperté ya muy entrada la mañana, Estela ya se encontraba en la ducha. Yo tenÃa una sed tremenda, producto de la parranda por lo que decidà bajar al bar a buscar algo para mitigarla.-¡Enseguida vuelvo mi amor, voy por un par de cervezas y a preguntarle a Jesús como amaneció!.
-¿Jesús?-Preguntó Estela desde la regadera.
-¡Si, enseguida regreso...No tardo!- Salà sin prestar atención a la pregunta de mi esposa.
Entré al bar y me dirigà a la barra, pedà una cerveza y pregunté al barman:-¡Oiga amigo!...¿Sabe si se presentó a trbajar hoy Jesús el botones?.
El cantinero me miró extrañado y respondió:-¿Se refiere usted a Jesús Mendoza, el esposo de Isabel?
-¡El mismo!-RespondÃ.
-¿Era usted algo de él?-Preguntó una vez mas el hombre.
-¿Como que "era"?-Respondà intrigado-¡ÉL ES MI AMIGO!.
-¡Uy señor, lo siento mucho!...Presisamente ayer que fué la fiesta del pueblo, se cumple un año de que Jesús y su esposa sufrieron un accidente en la carretera y murieron los dos...¡Lo lamento!.
-¡No puede ser!-Añadà turbado-¡Apenas anoche estuve con ellos, debe haber un error!.
-¡Bueno señor...Cálmese! Tal vez no estamos hablando de las mismas personas...
Yo no escuché más. Me dirigà molesto a la recepción pensando en reportar al barman por hacer este tipo de bromas a los clientes.
Muy enojado relaté al gerente lo ocurrido con el cantinero; Él se dió vuelta y sacó de un cajón un periódico, al tiempo que me decÃa:-¡No señor, no es ninguna broma, las personas cuyos nombres y descripción que usted refiere, si trabajaron aquà y también lo del accidente es cierto mire, conservé este diario en donde viene la noticia!.
Casi arranqué de sus manos el periodico y busqué entre las páginas con desesperación. Sudando copiosamente, me encontré con una fotografÃa en donde se apreciaba la camioneta...¡La misma camioneta en la que viajé con Jesús! ¡COMPLETAMENTE DESTOZADA!. Leà nervioso la noticia en la que decÃa: "Una pareja pierde la vida al desbarrancarse la camioneta en la que viajaban. El martimonio venÃa bajo los efectos del alcohol y presuntamente teniendo relaciones Ãntimas mientras él hombre conducia el vehÃculo a exceso de velocidad..."
-¿Se siente bien señor?-Interrumpió mi lectura el gerente al ver que mis manos temblaban.
-¡E-este si...estoy bien! ¡Por favor prepáreme la cuenta, en una hora dejamos el hotel!-Contesté tratando de calmarme y regresé a la habitación.
-¡Ayudame a empacar mi amor, vamos a la casa de Isabel y Jesús!-Le dije a mi mujer mientras empezaba a meter mis cosas en una maleta.
-¿De qué Jesús y qué Isabel hablas? Estas muy extraño Ruben...¿Que te ocurre?- Preguntó mi mujer preocupada. Guardé silencio-¿Acaso era posible que todo lo hubiera imaginado?. HabÃa una forma de comprobarlo.
Terminamos de empacar y trás pagar la cuenta, fuimos por el auto. Ya no me sorprendió encontrarlo en el estacionamiento para clientes y no en el de personal donde creà haberlo dejado un dÃa antes.
Tomamos el camino de regreso sin cruzar palabra. Mi mujer solo me miraba de reojo sin atreverse a decir nada y yo conducÃa, tratando de poner en orden mis ideas.
Cuando pasamos por el lugar del accidente, un extraño escalofrÃo recorrió mi espalda, mismo que volvà a sentir cuando me estacioné frente a la cabaña de Jesús e Isabel.
La casa estaba ahÃ, solo que lucÃa distinta. El pasto en torno suyo estaba muy crecido y las ventanas llenas de polvo denotaban que nadie la habitaba desde hacÃa tiempo. En la puerta colgaba un moño negro; Al verlo sentà una profunda tristeza, se formó un nudo en mi garganta y lloré, lloré por haber perdido a dos personas que llenaron en solo unas horas, el enorme vacÃo que tenÃa mi vida, dos personas que hicieron que en mi sueño, mi delirio o lo que sea que haya sido, lograron que mi Estela fuera como siempre la habÃa deseado. Y el pensar en volver a mi frÃa realidad me dejó desolado.
Mi mujer se acercó y me abrazó tiernamente-¡No se que te ocurre mi amor, pero creo saber cómo animarte!- Me recargó en el auto, se arrodilló frente a mi y sacandome la pinga la lleno de besos y mordidas deliciosas.
Levanté la vista al cielo buscando a Jesús e Isabel. No los encontré, pero estoy seguro que por ahÃ, en algun lugar entre las nubes miraban la escena satisfechos.
Dos semanas después de aquellas vacaciones, recibà en mi hogar un paquete sin remitente. Al abrirlo, me encontré con la fotografÃa que colgaba en la pared de la cabaña, aquella en la que aparecen abrazados mis entrañables amigos: ¡Jesús, el botones e Isabel, la camarera!.
Desde entonces cuelga junto a la foto de mi boda con Estela, el recuerdo de aquella pareja que según mi esposa, nunca conocà y solo existieron en mi imaginación...
¿USTEDES QUE PIENSAN?
F I N
me pareció excelente en cuanto a que contiene intriga y suspenso hasta ultimo momento ojala pudiesemos contasr con mas de este material. excelente