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Follando frente a mi enamorado

Llevaba tres años con Martín y, aunque él siempre me decía que era perfecta, yo no me sentía así. Me miro al espejo y veo mis 74 kilos, mi panza que no termina de bajar a pesar de que empecé a ir al gimnasio, y me siento insegura. Pero tengo mis curvas, mis caderas de 98 centímetros y unas tetas medianas que Martín adora. Él es un hombre bueno, pero pequeño, mide 1.58m y es gordito, con un pene de 12 centímetros, y Martín, aunque me quiere, nunca llegó a llenarme del todo. Últimamente, en el gimnasio, no podía dejar de mirar a los chicos marcados. Sentía una curiosidad eléctrica por tocar esos músculos, por sentir la dureza de un cuerpo atlético. Soy tímida y fiel, jamás me hubiera atrevido a ligar con mi instructor, pero cuando Martín me insistió en hacer un trío y me dejó elegir entre tres opciones de Tinder, no lo dudé. Elegí al más guapo, al más alto, al más imponente. Así llegó Máximo al AirBnB. Cuando entró, me quedé sin aliento. Medía 1.90m, era blanco, guapo y estaba totalmente definido. Pero lo que me dejó en shock fue lo que vi cuando se desnudó: un pene de 25 centímetros, grueso y venoso, algo que solo había visto en las pornos que Martín me obligaba a ver. A pesar de que habían acordado que no habría besos, Máximo no siguió las reglas. En cuanto me vio, me tomó por la cintura, me levantó del suelo y me plantó un beso hambriento en la boca. Me sorprendió, pero respondí con desesperación; nunca había estado con alguien tan atractivo. Me tiró contra la cama con una fuerza que me excitó al instante. El "trío" terminó siendo un espectáculo para Martín. Máximo le ordenó que se quedara a un lado y que él entraría después, pero ese "después" nunca llegó. Martín se quedó sentado en una silla, temblando, asustado por el tono amenazante de Máximo, limitándose a traernos cosas. —¡Dios mío, es enorme! —grité mientras Máximo me abría las piernas. No hubo preliminares. Máximo se posicionó y, sin molestarse en ponerse un condón, empujó su enorme cabeza dentro de mi vagina. Solté un grito y no, no tuve mitad dolor y mitad placer, fue puro dolor durante varios minutos, aunque luego me acostumbré y recién varios minutos después me empezó a gustar. Me sentía completamente llena, estirada hasta el límite. Empezó a bombear con fuerza, llenando cada rincón de mi interior. Yo estaba fuera de mí, hablándole sin parar, gimiendo, tratando de besarlo a cada momento. —¡Me encanta, Máximo! ¡Lléname, por favor, lléname! —le rogaba, mientras intentaba atraer sus labios a los míos. Él me besaba a veces, aunque se notaba que él solo quería bombear, pero yo me sentía cariñosa, casi enamorada de la sensación. Martín nos miraba desde la silla, totalmente pasivo. En un momento de descanso, Martín se acercó tímidamente para traernos unos sándwiches. Comimos rápido, mientras Máximo me acariciaba el culo, y volvimos a la acción. Cuando Máximo llegó al clímax, me abrazó con fuerza y empezó a chuparme el cuello con pasión. Sentí cómo su pene palpitaba dentro de mí y cómo disparaba chorros calientes de semen profundamente en mi útero. El placer fue tan intenso que grité sin pensar: —¡Te quiero, Máximo! Máximo se salió y, mientras recuperábamos el aliento, Martín volvió a acercarse para traernos Red Bull. Yo estaba sudada, despeinada y completamente sometida. Entonces, Máximo decidió que era hora de que yo usara la boca. Yo nunca le había hecho una mamada a Martín; siempre me había parecido asqueroso el olor y la idea. Pero con Máximo era diferente, aunque al principio sentí un poco de miedo por el tamaño descomunal. Me obligó a arrodillarme. Mientras empezaba a lamer aquel tronco de carne, busqué la mirada de Martín. Lo miré fijamente a los ojos, vi su miedo y su sumisión, y eso me excitó aún más. De repente, Máximo agarró mi cabello y empezó a hacer que folle su pene con mi boca, empujando su pene hasta el fondo de mi garganta, haciéndome ahogar y lagrimear. Para añadir más intensidad, tomó un vibrador que él había traído, y me lo introdujo profundamente en la vagina mientras me follaba la boca. El estímulo doble me volvió loca. Máximo terminó disparando una descarga espesa de semen directamente en mi boca y garganta, obligándome a tragarlo todo. Pero lo más intenso estaba por venir. Máximo me giró y me puso en cuatro. —Ahora voy por el culo —sentenció. Yo nunca había tenido sexo anal. Cuando sentí la punta de su pene presionando mi esfínter, me tensé. Al entrar, solté un alarido de dolor. Era demasiado grande, sentía que me partía en dos. —¡Duele! ¡Para, Máximo, duele mucho! —gritaba, pero él me jaló hacia él y no me dejaba escaparme. Tardé varios minutos en acostumbrarme, respirando agitada, mientras Máximo me follaba el ano con una potencia bruta. Poco a poco, el dolor se convirtió en una presión deliciosa. Empecé a gemir, a pedirle que no parara, tratando de girar la cabeza para besarlo, al final se hartó y no se como se acomodó, pero me siguió follando el ano mientras me pisaba la cabeza para que ya no me mueva. Él terminó eyaculando dentro de mi recto, llenándome el ano de semen caliente. No terminó ahí. Me volvió a poner en posición de perrito y me folló el ano una segunda vez, con más agresividad. Esta vez, justo antes de correrse, se salió bruscamente. Me agarró la cara y disparó chorros de cum blanco y espeso sobre mis mejillas, mi frente y mi cabello, dejándome marcada como su propiedad. Cuando todo terminó, Máximo se levantó y miró a Martín. —Son 750 soles, como acordamos —dijo Martín, sacando el dinero. —No —lo interrumpió Máximo con voz fría—. Son 1,000. Fui demasiado suave con ella, la traté con demasiado cariño, casi como a una pareja. Eso tiene un costo extra. Martín abrió la boca para protestar, pero yo lo interrumpí rápidamente. —Págale, Martín. Vale cada centavo —le dije, mirando a Máximo con adoración. Martín, asustado, le entregó los 1,000 soles. Máximo tomó el dinero, se acercó a mí y, sin previo aviso, me dio una nalgada tan fuerte que el sonido resonó en toda la habitación. Solté un gemido agudo de placer y sorpresa. —Llámame luego —me susurró al oído, delante de Martín. —Lo haré mi amor—respondí ansiosa. Máximo me dio un último beso en la boca, ignoró completamente a Martín y se fue del AirBnB sin decir adiós, dejándome ahí, cubierta de semen y temblando de deseo.
Datos del Relato
  • Autor: VillaEgo
  • Código: 70766
  • Fecha: 04-08-2026
  • Categoría: Hetero
  • Media: 0
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