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Categoría: Transexuales

ENAMORADA

PRIMER AMOR



Nací como Julio pero cuando tenía cinco años y
mi mamá me puso uno de sus bikinis pues mi
ropa interior estaba toda lavada, a pesar de ser
tan pequeño, sentí algo que subía por el pecho,
una excitación especial cuando esa tela tan suave
se frotaba contra mi pequeño miembro.

Creo que en ese momento tuve mi primera erección.
Después empecé cada vez con más frecuencia a
ponerme ropas de mi madre, maquillarme y fingir
que era una preciosa nena, precoz para mi edad.

Mis padres trabajaban largas horas y venían
recién a la noche a casa, de modo que tenía
todo el día para hacer lo que quisiera, especialmente
en la temporada de vacaciones del colegio.

A escondidas de mis padres y por algo que leí
en una revista, empecé a tomar pastillas con
hormonas femeninas. Luego de varios meses
empecé a notar que mis senos aumentaban de
tamaño, pequeños conos como los de cualquier
niña de mi edad.

Luego crecieron más y llegaron a ser hermosos
senos de regular tamaño para mi edad. Noté
también que mis formas se redondeaban y el
vello corporal no me crecía tanto. Me afeitaba
de todos modos cualquier pelito que me aparecía
en el cuerpo.

Ocultando esas formas voluptuosas en mi ropa
normal, mis padres jamás notaron nada.
Cuando tenía catorce años y estaba vestida con
una pollera gris tableada corta, una blusa blanca,
zapatos de tacón alto, ropa interior de la más fina
que pude comprar (regalo para mi mamá, le expliqué
a la curiosa vendedora de la tienda), una pantimedia
que hacía lucir la belleza de mis piernas juveniles
depiladas, maquillaje suave en mis ojos y rostro,
mis labios pintados de un rojo muy sexy y usando
caravanas y un collar y pulsera y una peluca de mi
madre, me miré al espejo y me quedé excitada al
verme tan linda y seductora.

Parecí una colegiala vestida para dar envidia a sus
compañeritas menos agraciadas.

Acostumbraba masturbarme frente al espejo mientras
me introducía atrás la punta de un objeto de goma flexible
que había encontrado en el ático de mi casa, de forma
cilíndrica y de unos 6 centímetros de circunferencia y de
unos 12 centímetros de longitud. Antes de hacerlo me
ponía vaselina en mi cola y untaba el objeto y así me
entraba más fácilmente, aunque nunca lo metía más de
tres o cuatro centímetros por temor a lastimarme.

Mientras me contemplaba en toda mi púber belleza
femenina, vestida tan sexy, me imaginaba que era
seducida por un chico quien me penetraba dulcemente
por atrás, y así, mientras me penetraba a mí misma,
me masturbaba gozando con mi entrega a mi amante
dulce y ardiente, pero el placer era tan grande que
nunca duraba más de cinco minutos sin que acabara
manchando toda mi ropa, teniendo que limpiarla
luego para poder usarla nuevamente.

Ya para mí yo era Julia, una chica esperando ansiosa
el amor, un chico que me hiciera mujer, su mujer,
alguien como los galanes que veía en el cine, que me
abrazara y besara tiernamente y me poseyera por
completo.

Un día, mientras me contemplaba en el espejo así
vestida, sonó el timbre. No sabía qué hacer y temí
que fueran mis padres o un pariente, pues siempre
trancaba la puerta por dentro para no ser sorprendida.
Atisbé por la mirilla y era un joven vendedor de libros.
Era rubio y apuesto, no tendría más de 19 años, pensé.
Algo dentro de mí me hizo decidir abrirle y recibirlo en
la sala para que me explicara de sus libros.

Lo hice pasar (muerta de miedo por dentro de que
se diera cuenta) pero él me agradeció y entró sin
dar ninguna señal de sospecha. Después de años
de actuar como Julia y de observar a mis tías y
primas, era en todo la simpática chica que ansiaba
ser y mi voz era todavía fina y aguda, como la de cualquier
otra chica.

Cuando me senté, mi corta falda de colegiala se subió
sobre mis rodillas y cuando crucé las piernas de forma
muy femenina para oírlo, no pude evitar notar que sus
ojos se clavaron en mis piernas y había un brillo en sus
ojos.

Me habló de los libros y escuché con atención pero
luego comenzamos a hablar de otras cosas, como los
jóvenes hacen con facilidad. En cierto momento,
mientras me explicaba algo, puso como por descuido
su mano sobre mi pierna y me puse colorada pero
no dije nada y le sonreí.

Alentado por esto, siguió hablando, pero su mano
empezó a moverse lentamente pierna arriba, y a
veces tomaba una de mis manos como para marcar
algo de lo que decía.

El contacto de sus manos sobre mi cuerpo era lo que
había soñado siempre experimentar, por lo tanto lo
dejé hacer. Él notó mi excitación y mis rubores y en
una de sus pausas me besó en los labios.

Yo le respondí y por largo rato nuestras bocas se
fundieron. Él notó mi inexperiencia virginal al besar
y ello debe haberlo excitado aún más, pues rodeó mi
talle con uno de sus brazos y me atrajo a él, acariciando
al mismo tiempo mis pequeños pero bien formados
senos a través de la blusa. Mis pezones debían haber
estado saltando dentro del corpiño, pues sentí que los
acariciaba con sus dedos.

Con cada beso y con sus caricias me sentía invadida
por un placer como nunca había sentido y todo lo que
quería era dejarlo hacer, que me tomara, que me hiciera
suya.

Luego llevó su mano a mi entrepierna y cuando notó mi
pequeño bulto (ya tenía una erección), no actuó con
sorpresa ni rechazo, sólo se detuvo por unos instantes
y luego siguió besándome y acariciándome.

Se las ingenió para liberar mi prisionero de entre la
suavidad de mis panties y empezó a acariciarlo. Yo
estaba tan excitada que a los pocos segundos acabé
con chorritos sobre su mano mientras lo besaba con
total pasión y entrega.

Entonces él me puso de espaldas a él, se abrió el pantalón,
me alzó la pollera y sentí la cálida y húmeda punta de su
miembro contra mi culito virgen. Frotó la punta por un
rato contra el orificio para que me acostumbrara y luego
pasó su mano llena de de saliva contra la abertura para
hacer más fácil la entrada.

Su miembro no parecía muy grande, era largo y delgado,
lo que me tranquilizó un poco, y así humedecido, empezó
a entrar en mi trasero. Cuando lo sentí entrar, duro pero
a la vez blando, cálido, ardiente, muy despacio, me sentí
por primera vez una chica que se entregaba a su primer
amor. Dolió un poco pero mi excitación hizo que pronto
pasara el dolor y cuando lo sentí todo adentro mío, me
di media vuelta y uní mis labios a los suyos. Se quedó unos
minutos así quieto, adentro, disfrutando mi estrechez y
luego empezó a moverse lentamente, sacando y poniendo
su carne en mi carne que lo recibía con ansiosa
desesperación, al tiempo que con sus manos me masajeaba
los senos y frotaba mis pezones.

También empezó a frotar y masajear mi pequeño
miembro que ya estaba erecto nuevamente y al rato de
ese vaivén tan dulce y tierno, entre besos y caricias, no
pude resistir más y mojé nuevamente su mano con mi
leche. Cuando el sintió mi felicidad, se empezó a mover
más rápido, yo acompañaba el movimiento poniendo mi
cola para atrás con cada envión, y él ya no pudo aguantar
más y con un grito de "amorcito mío, tomá toda mi leche..."
me inundó con un líquido caliente y espeso en largos
chorros que me transportaron al paraíso.

Luego nos sentamos en el sofá y nos volvimos a besar
por mucho rato. Me preguntó mi nombre, me dijo que
era muy linda y tierna y me dijo que tenía que irse pero
que quería volver pronto. Se llamaba Mario. Lo acompañé
a la puerta y después que se fue me arreglé las ropas lo
mejor que pude y me miré otra vez al espejo.

Ya no era una chica artificial. La imagen que me miró desde
la superficie del espejo era la de una joven mujercita
sonriente y satisfecha, que había hecho algo pícaro y que
ahora estaba muy, muy enamorada, por primera vez en
su vida. No fui al baño por mucho rato para poder sentir
la calidez de mi amado muy dentro mío y comencé a
extrañar su presencia, sus abrazos y sus besos, pero
sabía que pocos días después estaría nuevamente entre
sus brazos.

Lo que me hacía tan feliz es que ahora me sentía totalmente
mujer, como mi madre y tantas otras en el mundo, ahora
tenía muy poco que envidiarles, pues ya era una de ellas.
Mis sueños se habían cumplido.

Julia
Datos del Relato
  • Autor: Julia
  • Código: 7546
  • Fecha: 06-03-2004
  • Categoría: Transexuales
  • Media: 6.02
  • Votos: 159
  • Envios: 5
  • Lecturas: 2816
  • Valoración:
  •  
Comentarios
3 comentarios. Página 1 de 1
osito27
osito27 20-09-2016 20:12:35

Una pregunta: son pareja con Mario?

miguel
invitado-miguel 30-08-2004 00:00:00

me parecioun relato excelente, cargado con una dosis de exitacion e inocencia que lo hacebastante real.En la mente de cadauno de nosotros se esconden los mas insolitos deseos.

Julia
invitado-Julia 28-06-2004 00:00:00

Para las chicas travesti que me han escrito: Este relato es cierto, no es ficción. Para las que no han estado con un hombre todavía, no se sentirán mujeres completamente hasta que no se hayan entregado por completo a un hombre que amen y que las haga suyas, que descargue todo adentro de ustedes y entonces sí no tendrán nada que envidiarle a ninguna mujer pues serán una más de ellas. Quedarán muy enamoradas como yo quedé y sentirán todo lo que una mujer siente por su hombre. Hasta que den ese paso, serán solamente hombres disfrazados de mujeres, créanme. Las ama y les desea todo lo mejor: Julia

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