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EL TIO EUGENE
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Era un verano caliente. El vapor entraba en todas las casa de aquel caserÃo de vacaciones al lado del mar en que casi todos eramos familia. Estabamos rodeados de tÃos, primos, hermanos, padres, abuelos. Como siempre llegado el verano nos Ãbamos todos en procesión a pasar los dÃas de vacaciones y fiestas como navidad y año nuevo en aquel pequeño pueblo de la costa maritima.
HacÃa años, creo que desde que tengo memoria, llegaba cada año, el tÃo Eugene. No era un tÃo como todos. Los niños lo adoraban. Yo habÃa crecido viéndolo llegar cada verano con regalos y golosinas que a los mas chicos nos encantaba. Chicos habÃa de todas las edades. El tÃo Eugene era un negro enorme. MedÃa casi dos metros. Siempre nos pareció un gigante y lo seguÃa siendo a pesar de que crecÃamos y el también. Su pelo se habÃa vuelto un poco canoso, pero seguÃa siendo vital y joven, al menos asà se veÃa. En realidad no era un tÃo de sangre.
Nuestros padres, se alegraban de verlo. El se paseaba por todas las casas. Era bienvenido en todos lados. Las mujeres y los varones se ponÃan contentos. Años antes no me habÃa percatado de las caras de la gente, pero al haber crecido esas cosas se notaban.
Recuerdo los largos paseos en las tardes, mis hemanos mayores y yo con el tÃo Eugene, hoy en dÃa debo decir que me extrañan,no en aquel momento, sino ahora, cuando mis hermanos desaparecÃan largos momentos con el y luego me decÃan que habÃan jugado a las escondidas. Hoy mis hermanos no vienen tanto ya han volado a otros lados. El que si sigue viniendo es Eugene.
Ese verano me propuse vigilar y mirar y seguir los pasos de tÃo Eugene. Sin un afán de soplón, solo para mi. Solo para saber que era lo que atraÃa tanto de este negro enorme y agradable.
Esa siesta lo seguà hasta casa de mis primos. Rosana y MatÃas dos chicos de tez blanca que aún tenÃan cara de niños aunque ya eran más bien adolescentes. Salieron de la casa. Yo los seguÃa a media distancia entre arbustos y árboles. Iban risueños y contentos haciéndose chistes. Llegaron a la playa. Una playa desierta como era casi lo habitual. Ahà no habÃa llegado la masa turistica. Aún no estaba contaminado. Se dirigieron a unos acantilados que generalmente usabamos para ir a jugar. Yo seguÃa escondido, ahora tras las rocas, me acerqué lo mas que pude.
__Bueno chicos como han estado?__ preguntó Eugene
__Bien tÃo y tu?__ habló Rosana
__Bien niña, extrañandolos a ustedes
__Nosotros también te hemos extrañado__ hablo MatÃas
__¿Nos dejaras jugar con tu juguete?__ preguntó la niña
__¡Oh! Si claro, si es lo que quieres??
__¡Claro tÃo Eugene, claro que queremos!!__ dijeron casi a coro.
En ese momento salieron corriendo los tres hacia las aguas mansas en ese pequeño recodo del mar. Entre las rocas quedaron las toallas y colchonetas que habÃan traÃdo. La playa estaba lejos. Los vi tirarse al agua. Zambullirse. Corretear. Se escuchaban los alaridos de algarabÃa. Una vez que pasado un tiempo, regresaron con calma.
TÃo Eugene se tiró en una colchoneta todo empapado y los chicos se tiraron a su costado. Uno de cada lado.
__Entonces tÃo, nos darás tu juguete?__ volvió a preguntar Rosana. TÃo Eugene dijo que si con la cabeza. Entonces ocurrió lo siguiente. TÃo Eugene se quito rápidamente su pantalón de baño. Apareció una vibora enorme entre sus piernas de color morado, morcillón. La cara de los chicos se iluminó. Rosana la tomo con su pequeña mano. La verga se alzo inmediatamente. Eugene suspiró y tensó sus musculos. La verga se levantó. La chica acarició las bolas redondas y gigantes. MatÃas se acercó a Eugene y este tomando el rostro del chico lo acercó a su boca y le dio un beso. Mi prima Rosana acercó su boca a la vara rocosa del hombre y la poso en la cabezota. La lengua de la chica la saboreó como si fuera un helado. Mi rostro se iba contorsionando. Transfigurando. Mi erección iba en aumento. Estaba muy caliente. Como los espiados en la playa. La boca de la chica ahora se acercó a las bolas de tÃo Eugene. La pequeña boca de mi prima tragaba las bolas del tÃo que en su cara reflejaba todo el placer que esto le suministraba.
Los chicos quedaron desnudos como lo estaba Eugene. Rosana mostraba unas tetas prominentes y muy lindas. Pequeñas, rosadas, duritas. Eugene , las acercó a el y las beso. De esa forma vi como Matias se dirigÃa al mástil de tio Eugene. Lo chupaba. Lo tragaba lo mas que podÃa. La saliva chorreaba por todos lados. Una de las gordas manazas de tio Eugene acariciaba las nalgas de mi prima y la otra acariciaba la cabeza de Matias.que estaba entretenido con la pija enorme de aquel grandulón que se hacÃa llamar tÃo. Mi pija también estaba ardiente y dura y la verdad que desee estar ahÃ. MatÃas ahora deglutÃa los huevos de aquel hombre. Ahora los dos chicos lamÃan y jugaban con la poronga negra. Las bolas de tÃo Eugene eran apretadas y acariciadas por las manitos de mis primos perversos. TÃo Eugene ahora clavaba sus dedos gruesos en el culito de ambos. Los ojetes de mis primos eran abiertos con total desparpajo y mi leche me llenaba la mano aunque la calentura que sentÃa no aflojaba. Los gemidos de los chicos junto a los de tÃo Eugene se perdÃan en el abierto mar salado. Rosana puso la cara de Eugene en su entrepierana y la rugosa lengua del hombre se clavaba en la cuevita de mi prima que gemÃa como loca. Las manos de MatÃas se aferraron al tronco de tÃo Eugene y lo masajeaba casi con salvajismo.
Después de un rato la loca de Rosana se fue montando en el mástil negro. Vi como su rajita lo comÃa y su cara se transformaba rabiosamente. Las bolas de Eugene eran comidas literalmente por mi primo que me mostraba un culito duro y joven. Fresco. El deseo era tremendo. Mi verga otra vez se paraba y yo la masajeaba suavemente. Luego de cabalgar un momento Rosana bajó del córcel y tÃo Eugene se colocó detrás de mi primo, arrodillado metió su lengua en el culito hermoso, lamió y chupo abriendo la entrada. La carita de MatÃas era de gozo pleno. Cuando apuntó su cabezota en la entrada estrecha creà que MatÃas iba a morir. Pero TÃo Eugene fue entrando de a poco, despacio, los gritos del chico y los de Eugene anunciaban un pronto decenlace. Rosana colocándose detrás de Eugene metÃa su loca lengua en el culo del tÃo.
La verga entró hasta los huevos. Matias gozaba. Eugene gozaba. MordÃa el cuello del chico y se aferraba a la cintura pequeña. Tomaba su pija y lo sacudÃa. MatÃas largaba su leche por todas partes. Eugene sacó la verga rápidamente. Quedó sentado otra vez en medio de los gatos calientes y les dio su porción de leche. Bañando los hombros y la cara de mis primos que sonreÃan alegres y satisfechos. Mi verga volvÃa a estallar mientrás me mordÃa los labios.
Desde ese dÃa soñé con la pija de tÃo Eugene, querÃa sentirla. QuerÃa besarla. Esos huevos me volvÃan loco. A los pocos dÃas de seguirlo constantemente, en los horarios que me permitÃa saber por donde andaba. Porque cambiaba de casa en casa y en algunas yo no podÃa entrar.
Una tarde estaba en casa de otros tÃos. Armando el primo más grande que tenÃa leÃa el diario bajo un árbol. Todos estaban afuera tomando mates. Mi tio Rogelio, su mujer y yo que me hacÃa el que trepaba en un árbol y TÃo Eugene que hablaba de cualquier cosa. De pronto Armando se paro y dijo que debÃa darse un baño. Tio Eugene miro y siguió diciendo algunas palabras mas. Al rato se levantó y dijo algo como que iba a buscar algo en la cocina. Prestó trepe por los techos. En el baño habÃa una gran claraboya que siempre estaba abierta.
Me asomé y vi a mi primo que andaba por los veinte y pico de años. Un muchacho fornido, musculoso. Estaba desnudo y el agua caÃa en su cuerpo enjabonado. De pronto, como yo suponÃa, apareció tÃo Eugene totalmente desnudo. Su cuerpo negro se pegó al de Armando que se estremeció esperando el contacto. La tremenda verga de tÃo Eugene estaba totalmente parada. TÃo se apretó contra las nalgas de mi primo. El bastón enorme recorrió esas nalgas. Mi verga se lanzó hacia arriba. La tarde caÃa pero podÃa ver de una manera excelente. Los dedos de tÃo Eugene se perdÃan en la zanja de mi primo que bufaba como loco.
__¡Ah! Clavame tÃo, clávame tus dedos, ahhh es hermoso!!!__ gemÃa Armando moviendo su culo adelante y hacia atrás. Un rato después se dio vuelta y arrodillándose se trago el sable de Eugene que bramó de calentura. La cabezota de la verga fue engullida sin remordimientos por Armando. El agua de la lluvia caÃa sobre las espaldas de los dos hombres calientes. La boca de Armando se prendÃa también a las bolas gigantes que portaba tÃo Eugene. Yo me masturbaba enloquecido, deseaba estar en el lugar de mi primo.
TÃo Eugene tomó por los hombros a Armando y este se puso de pie. Las bocas se prendÃan en un beso mojado. Las manos de Eugene aferraron un momento la poronga de mi primo que estaba dura como barra de hierro. Asà parado mi primo fue girado y la verga de Eugene apuntó al aro de Armando. Eugene presionó y la barra de carne fue entrando en ese agujero, que seguramente ya conocÃa muy bien. Los gemidos de Armando se soltaron al aire. Su cabeza se tiro hacia atrás, su espalda ancha se arqueó. Eugene fue y vino, fue y vino, se detuvo. Mordió los hombros. Lamió y chupeteo el cuello del joven poseÃdo. Lentamente tÃo Eugene bramó y gruñó cuando los chorros de leche saltaron de su pija llenando el túnel de Armando. Eugene fue vacido. Respiraron unos instantes. Luego tio Eugene poniéndose de rodillas se apoderó de la herramienta de Armando y la metió en su boca, la tragó y la meneó unos momentos y en unas sacudidas mi primo se fue en la boca de tÃo Eugene. En tanto yo, arriba del techo acababa sin rodeos desparramando semen sobre aquel techo. Los amantes se besaron y se acariciaron unos minutos más y luego desaparecieron. Baje del techo mirando hacia todos lados. La oscuridad iba ganando al dÃa. Cuando volvà a mi casa estaban preparando la mesa para cenar.
Unos dÃas después me quedé a dormir en casa de un amigo. Este se durmió en seguida. Yo no podÃa, recuerdo que me levante porque escuché voces. No era la primera vez que me quedaba allÃ, asà es que conocÃa la casa muy bien.
Mi sorpresa fue grande cuando reconocà la voz de tÃo Eugene. Me asomé al living. Allà estaba la abuela de mi amigo sentada en las piernas de Eugene y su abuelo parado al costado con la pija afuera y en manos de Eugene. Este la acariciaba. El abuelo de mi amigo sonreÃa y gemÃa. Tio Eugene acariciaba las nalgas de la mujer que tenÃa sentada en su falda. La besaba de vez en cuando y ella sonreÃa. Hablaban en voz baja. Mi verga se alzó violentamente.
La abuela de mi amigo se arrodilló y metió en su boca la poronga de Eugene. Mientras este se tragaba la verga del abuelo de mi amigo que gemÃa. La mujer se fue quitando la ropa mientras no largaba la pija de tÃo Eugene que suspiraba y volvÃa a tragar la pija del abuelo mientras todos quedaban desnudos. El abuelo de mi amigo, se giro y ofreció su culo blanco a la lengua rapaz de Eugene. Allà escarbaba en tanto la abuela lamÃa los huevos, y la tranca con ferocidad y hambre.
La poronga de Eugene estaba realmente dura. La mujer se hincó sobre el. Sentándose en la vara, esta se fue perdiendo en su cueva. La mujer lo rodeó con sus brazos y lo besaba encantada. El abuelo, en tanto, cayendo a los pies de ambos. Rozaba la poronga y los huevos de Eugene con sus dedos. Con su lengua rozaba parte del mástil, las bolas de Eugene y el culo de su mujer que gozaba como loca con la verga clavada en su concha caliente. El abuelo sacaba la verga de la cueva y le daba lenguetazos limpiando los flujos con enorme placer y lujuria. Luego volvia a dejarla en su lugar. La abuela seguÃa cabalgando aquella verga de la cual yo seguÃa deseando a morir.
Luego los amantes se colocaron sobre el sofá que estaba allÃ. Eugene se acostó y sobre el nuevamente la abuela se clavo la poronga. El abuelo se acercó a tio Eugene y comenzó a darle besos y lamerle la comisura de los labios. Eugene gruñÃa controlándose al máximo. El abuelo se incorporó en un momento y le acercó la poronga a Eugene. La boca tragó el sable del abuelo. Recorrió los huevos blancos. El abuelo gemÃa y gozaba a pleno. Luego de un momento el viejo se colocó detrás de su mujer y la enculo sin mas. La mujer gozaba de la doble penetración. El abuelo ritmicamente cogÃa el culo aún sabroso de la mujer entrada en años. Yo no aguantaba más y largaba mi leche sobre el piso de la casa de mi amigo.
El abuelo también llenaba de leche el culo de la mujer y caÃa sobre ella un instante que seguÃa con la dura espada en su cueva. Eugene sacó la pija de aquella entrada. Se sentó nuevamente en el sofá. El abuelo metió otra vez la vara en la boca. Chupo y chupo sabrosamente. Al rato se colocó en cuatro patas. El enorme negro se colocó detrás del abuelo. Acercó la punta de la barra y fue cogiendo al abuelo suavemente. Los huevos golpearon las nalgas del viejo y tÃo Eugene empezó a bombear con ritmo aquel culo. La mujer luego de unos instantes de observadora, se acercó por detrás a Eugene y agachándose entró con su lengua en el ojete negro y de color rosado. Eugene aceleró su carga contra el abuelo. La abuela abrÃa el anillo y metÃa su filosa lengua en ese agujero. La saliva inundaba el anillo, ella metió un dedo, luego otro y luego otro. La cara de Eugene se transformó, y fue vaciándose en las entrañas del abuelo que gemÃa casi delirando, sintiendo su culo lleno de leche de aquel amante de todos. Mi cabeza estaba a punto de estallar. Tuve que masturbarme otra vez y descargar salvajamente sobre mi mano. El fuego me estaba consumiendo. Necesitaba coger con tÃo Eugene o enloquecerÃa.
Unos dÃas después de aquello, por fin, el tio Eugene vino a casa. Vino de visita. Ese dÃa estuve mirándolo de reojo cada vez que podÃa. Finalmente, llegó la noche. No tuve mejor suerte que el tio Eugene fue conminado a dormir en mi habitación. Mi alegrÃa no cabÃa en el rostro.
Todos nos fuimos a la cama. Como siempre yo leÃa alguna cosa antes de dormir. Esperaba pero tio Eugene no llegaba. Al final me quede dormido, estaba cansado, después de haber andado todo el dÃa.
No sé que hora era de la madrugada cuando desperté. Escuché unos ronquidos profundos. Suspiros. Me desperté. Adivine a tÃo Eugene en la cama a mi lado. No lo dude más. Me levanté y me dirigi a esa cama. Era una cama amplia. Me pare al lado. Mi corazón galopaba. SentÃa el roce de la respiración de aquel hombre que me enloquecÃa. Roce la sábana que cubrÃa el enorme cuerpo de aquel negro. La fui corriendo totalmente enloquecido, el olor de aquel macho me ponÃa duro. Mi pija ya estaba dura enroquecida. La sábana cayó al piso. Toque las grandes piernas de Eugene, las acaricié con mis dedos pequeños. Fui subiendo. Llegué al enorme falo que estaba casi duro y levantado. Me fui a los pies y subi despacio a la cama y no aguantando mas me metà en la boca aquel trozo de carne que traÃa enloquecido. Engullà la enorme cabeza, que no veÃa pero chupaba. Al instante empece a oir los gemidos de tio Eugene.
__Oh tÃo no aguantaba mas, querÃa tener tu pija en mi boca, no te enojes__ dije inocentemente
__Oh sigue pequeño, sigue asà hazlo, ahhh chupame, es todo tuyo…__dijo casi lamentando tio Eugene. Atrapé las enormes bolas y las bese casi desesperado. No sabÃa si era realidad o soñaba. Después fui trepando por el cuerpo enorme y llegué a las tetillas. Estaban duras y paradas. Eran tetillas gruesas, rodeadas de pelitos finos. Mi lengua pasaba por esas aureolas, mientras gemÃa sin descanso aquel hombre. Su enorme pene se frotaba contra el mio. SentÃa fuego en mi cuerpo. Llegué a sus labios. Nos besamos y tÃo Eugene, alcanzo mi culo con sus manos. Acarició mis nalgas jóvenes. Las apretó. Gimió y articulo alguna palabra que no entendÃ. Luego busco mi orificio pequeño. Caliente. Lo frotó con un dedo poderoso. En tanto nuestras lenguas se cruzaban sin descanso. Casi jugando hundió el dedo en mi anillo. Suspiré y gemà y me sentà realmente hirviendo. Mordà su boca y sus labios. El con sus poderosos brazos me elevó y puso mi verga erecta en su boca. Yo sucumbÃa en el cielo o en el infierno. La lengua de tÃo Eugene trabajaba tragando hasta el fondo mi pija. La dejaba un instante y la lamÃa como un caramelo. Tragaba mis huevos y volvÃa a comer mi pija. En tanto mi culo iba cediendo a los empellones de dos dedos. Se abrÃa mi canal sin reparo. Entre gemidos suspiros largué mi leche en la boca de Eugene. El trago aquella miel. Mas luego metió su lengua en mi ojete. Lo fue hurgando ahora con la lengua. Yo no dejaba de contonearme. MovÃa mis caderas y mi calentura no cedÃa. Los dedos de Eugene y su lengua me estaban volviendo loco. Finalmente me fue bajando de su boca. Nos volvimos a besar. Yo apretaba su tranca dura como roca. Fue incorporando su cuerpazo. La cama crujÃa. Me colocó en cuatro patas. Al borde de la cama. La saliva fue entrando en mi culo que chorreaba.
__¡Cogeme tÃo Eugene!¡Cogeme, hazlo, cogeme!__ pedÃa casi a gritos. La cabeza de la poronga de Eugene apuntó a mi culo estrecho. Hizo presión. La calentura me comÃa el cerebro. Tio empujó suavemente. Sentà un dolor agudo. Pero igualmente movi mi cola hacia atrás ayudando a que me clavara.
__¡Ohhhh! Es tan estrecho tu pequeño culito!!__ gemÃa Eugene casi desafalleciente. La poronga entró un poco y casi me desmayo. Eugene se movió de forma suave y yo sentÃa que la poronga me desgarraba pero el deseo y la lujuria me consumÃan. El dolor cedÃa y yo sentÃa que mi culo se abrÃa con placer. Eugene gemÃa y sentÃa su piel mojada de sudor. Los dos chorreabamos sudor, pegados, mientras Eugene se apoderaba de mi, me clavaba, me penetraba. No alcanzó a meter toda su pija de animal porque un chorro potente de lÃquido inundó mi anillo, descargó una buena cantidad. PermanecÃa duro cuando saco de mi su potente mástil. Chorreando jugos. Suspire y caà de bruces en la cama. Eugene cayó sobre mi mordiendo mi nuca y mis orejas. Mi verga habÃa vuelto a crecer. La enorme vibora de tÃo Eugene no dormÃa del todo. Yo la alcancé con mi mano y luego fue haciéndome lugar y la metà en la boca. La besaba. La lamÃa con ternura. Adoraba aquella pija que me habÃa cogido hacÃa unos momentos. La vara no alcanzaba a levantarse. En eso tÃo Eugene giró.
__ ¡Ahora chupame tu, es todo tuyo mi anillo, anda, cómelo!__ instó tÃo Eugene. Entre en medio de sus macizas nalgas. Me apoderé de su anillo oscuro. Mi lengua jugueteó rapida y voraz. Gimió tio Eugene. Arqueó su espalda y sacó mas culo todavÃa. Yo apreté sus masas. Ataqué aún más su abertura que fue dilatando. Subà casi trepando y acostado como estaba entré en el ojete de tÃo Eugene.
__¡¡¡Ahhhh, siii, asÃ, muchacho, ahhhh!!!__ gritó a media voz el hombre. Mi verga fue devorada por completo. Los huevos golpearon en sus nalgas negras. El llevaba el ritmo. Yo trataba de aguantar para no largar todavÃa mi leche. El se meneaba y gritaba improperios. Con sus manos gigantes acariciaba mis pelotas. Eso aumentaba mi locura. Yo alcanzaba a morder su cuello recio y brutal. Con mis manos me prendÃa a sus tetillas hinchadas. ParecÃa un pequeño insecto clavado en aquel gigante. Me vacié por completo en aquel túnel. Aún asÃ, el no se detuvo y siguió golpeándome con su culo unos momentos mas.
Quedamos abrazados. Al rato saqué mi pija blanda de aquella cola gustosa. Nos volvimos a juntar en besos y lenguetazos por doquier. SentÃa su tranca levantarse y apuntar nuevamente al cielo. Tocaba sus bolas y estaban duras. El dÃa se iba levantando y sin darnos cuenta no habÃamos dormido casi nada.
Desde aquel dÃa cogimos en todas partes. En el baño, en la pileta, en el mar, en los bosques. En cada lugar donde nos encontrabámos nos arrastrabamos al placer gigante.
Ahora soy uno mas que espera cada verano por tÃo Eugene.-
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