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Mi padre siempre a estado mal laboralmente, mi madre aunque trabaja, no aporta buen dinero para que vivamos cómodamente, ellos, mi abuela, mis dos hermanas y yo.
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Siempre vivimos en la casa de mi Abuela, una casa modesta, que aun siendo grande, era muy vieja y disponÃa de pocas habitaciones. Una ocupada por mi madre y mi padre, la otra mis dos hermanas mayores y en la tercera, yo con mi abuela, en una cama de dos plazas.
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Para mi o para ella, vernos desnudos no era nada del otro mundo. A diario veÃa como mi abuela entraba desde el baño con solo la toalla y se vestÃa delante mió. Y yo, tampoco tenÃa ni un reparo, por que incluso me bañó hasta los 12 años Prácticamente fue mi abuela la que nos crió a mà y a mis dos hermanas.
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En mas de una oportunidad, mi padre quiso que su suegra no durmiera con su hijo, ofreciéndole comprarnos una cama individual a cada uno, pero nosotros estábamos cómodos asÃ, según mi abuela, a si nos dábamos calor mutuo en invierno.
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Todo era normal, nada de morbo o deseos, una relación perfectamente normal entre la abuela y su nieto preferido. Pero llegó mi pubertad, y todas las mañanas mi pene amanecÃa completamente duro. Sin darme vergüenza ante mi abuela, me levantaba al baño con mi erección, obviamente aun dentro de mi pijama. A diario dormÃamos abrazados, ya que ambos éramos muy friolentos, y después de un tiempo, me fui dando cuenta que mi abuela, casi siempre por las mañana, preferÃa que yo la abrazara por la espalda. Obviamente mi erección molestaba, a veces hasta me dolÃa y ella me la tomaba con sus manos y me la colocaba entre sus grandes nalgas. Aun con 13 años, mi mentalidad era muy inmadura, con muy pocos amigos y de sexo solo habÃa escuchado en algún chiste que la mayorÃa de las veces, ni entendÃa.
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Pero una noche todo cambio. Ambos estábamos de espalda, mi abuela me abrazaba y me comenzó hacer cariño en la barriga, suavemente, cosa que me gustaba mucho. Mi pené despertó como de costumbre y se colocó durÃsimo. Mi abuela en uno de sus cariños, bajo su mano hasta el y me lo acaricio suavemente. No me pareció nada malo, incluso me gustaba sentir su mano ahÃ. Ella me preguntaba si me dolÃa y yo le decÃa que no, que me gustaba mucho sentir sus caricias ahÃ. Mi abuela no detuvo sus caricias, y de pronto comencé a sentir algo extraño, una sensación completamente nueva para mÃ. Un cosquilleo me recorrÃa el cuerpo, en especial la parte donde mi abuela me acariciaba, un cosquilleo que aumentaba más y más, algo nuevo, pero que me gustó mucho, hasta que sentà como un lÃquido me salÃa por mi pene. Me asusté pensando en que me habÃa orinado, pero mi abuela me explicó que eso era la señal de que me habÃa convertido en un hombre. A ella le gustó mucho que yo hubiese sentido eso, y me dijo que eso tenÃa que ser un secreto entre los dos, un secreto muy importante, como el que nunca habÃamos guardado. Muchas veces ella me encubrió en millones de cosas, malas notas del colegio, anotaciones negativas, castigos que me imponÃa mi padre y ella me levantaba cuando el no estaba ahÃ, en fin. Me hizo prometerle que lo que pasara en su pieza, siempre debÃa guardarlo y ni siquiera contárselo ni a un amigo o hermana, a nadie.
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Desde ese dÃa, mi abuelita comenzó a acariciarme ahà todas las noches para poder dormirme. Incluso habÃa dÃas en que ella no me buscaba y yo le tomaba su mano y me la ponÃa ahÃ, para sentir ese rico cosquilleo que me hacÃa sentir ella.
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Pasó el tiempo y una noche note a mi abuela muy rara, extraña, nerviosa, y muy acalorada, ya que esa noche, se acostó solo con su camisa de dormir sacándose su ropa interior, cosa que nunca hacia. No quiso que viéramos televisión como lo hacÃamos todas las noches, simplemente apagó la luz y se acostó a mi lado. Como todas las noches comenzó a acariciarme mi pene, y cunado logró que este se parara, dejó de hacerlo. Se colocó de espaldas a mi y me pidió que la abrazara. Tomo mi pene y lo coloco entre sus nalgas y por entremedio de sus piernas, siguió acariciándomelo. No se que le pasaba esa noche a mi abuela, estaba rara. Sus caricias eran mas fuertes y me tomaba el pene y me lo trataba de acomodar en otra parte, incluso haciéndomelo doler un poco. Cuando le dije que me dolÃa, ella me dijo que querÃa sentirlo justo entremedio de sus piernas. Puso una de sus piernas por sobre las mÃas y mi pene se colocó justo entre sus piernas, Se sentÃa raro, en un lugar muy mojado, pero eso mismo hacia que las caricias de sus dedos se sintieran mas ricas aun.
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Pero mi abuela seguÃa incomoda y seguÃa moviéndose mucho. Me dijo que aun no podÃa acomodarse como ella querÃa, a si que me pidió que me subiera sobre ella. Pero antes de hacerlo se levantó en la oscuridad y se sacó su camisa de dormir, quedando completamente desnuda, como me pude percatar al subirme sobre ella.
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Mi abuela era una mujer gorda, morena de pelo corto. Sus pechos eran muy grandes, al igual que todo en ella. Me acomodó sobre ella y tomando mi pene lo acomodó entre sus piernas. Sentà su gran mata de pelos rozarme la punta de mi pene y nuevamente lo colocó en ese lugar mojado que tenÃa entre ellos. Al sentirlo ahÃ, se puso mas rara aun, se movÃa llegándome a levantar, pidiéndome que por favor le diera unos besitos en sus pechos. Hace muchos años que no lo hacia, pero me gustó la idea y mientras mas fuerte se los chupaba, más se movÃa y me decÃa que me querÃa mucho, que era su hombrecito.
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No sabÃa como mi abuela, sin tener las manos en mi pene, podÃa movérmelo de arriba abajo. Me pedÃa que se me moviera, hasta que siguiendo sus instrucciones comencé a sentir muy rico allá abajo y terminé botando mi lechecita, mientras mi abuelita se ponÃa mas contenta aun y me apretaba más y más, hasta que se relajo y me soltó. Me dijo que habÃa sido muy rico y nuevamente me dijo que no le tenÃamos que contar a nadie de nuestros cariños, que se repitieron por muchas noches mas.
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invitado-lucas 12-09-2017 07:04:38
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So esta re melo tu relato pa!!!!!