Busqueda Avanzada
Buscar en:
Título
Autor
Relato
Ordenar por:
Mas reciente
Menos reciente
Título
Categoría:
Relato
Categoría: Gays

DON DINO, EL CALENT?N 6

DON DINO, EL CALENTON 6

 

            Quedaron recostados en la cama, luego de aquel primer encuentro con Lorencito y Arturito. Los chicos estaban uno de cada lado del viejo macho. En la casa del viejo todo era fresco ya que estaba debajo de frondosos árboles, igual el ventilador de techo marchaba a velocidad máxima. Los cuerpos sudaban desnudos, la poronga del viejo hacia un costado y las de los chicos, semi dormidas, ya que no habían acabado.

            Tanto Lorencito como Arturito acariciaban el pecho del hombre. Es más, Lorencito besaba y jugueteaba con un pezón del macho, que estaba erguido, su lengua recorría la punta y el mamón se extasiaba de aquella acción caliente. El viejo gemía suavemente, acariciando los cabellos del chico lujurioso.

            Arturito se limitaba a rozar con sus dedos el vientre del macho, y a hacer círculos con los dedos alrededor de la verga semi dormida. Sabía, conociéndolo al viejo, que tarde o temprano reaccionaría de manera brutal y encendida.

__Y dime Lorencito, tú ¿cuándo perdiste la virginidad? ¿con quién?¿ se puede saber?__ quiso saber el viejo Dino, para sumar a su morbo, a su inquietud

__Oh claro que se puede saber…como tú sabes mi abuelo tiene la despensa donde se vende de todo…. Y bueno allí venia un proveedor, que a mí me gustaba mucho… desde hacia rato y parecía que al tipo yo le gustaba o había descubierto que me gustaban los hombres. El tipo en cuestión tendría unos cuarenta, tal vez, un poco más, nunca se lo pregunte, esto fue apenas el año pasado. Recién había cumplido mis dieciocho. Estaba con toda la furia, todo me calentaba, pero aquí en el pueblo yo era muy rectado, no quería estar en boca de todos, más que nada por el abuelo. Este hombre sabia venir en las horas de la siesta porque venía del pueblo que está a unos quince kilómetros, y ese día el abuelo no estaba, me había dejado una nota con lo que necesitaba y bueno aquel hombre bajo todo lo que el abuelo le pedía, luego me pidió un vaso de agua. Y charlamos de cosas, de si estaba estudiando, de que hacía, y yo cada vez mas emputecido, me largaba y me mostraba tal cual era, y el hombre en un momento me invita a dar una vuelta en el camión, por supuesto dije que si, y nos vamos a un monte cercano, bien en medio de todos los arboles en donde nadie nos podría ver. Allí saco su verga y me pidió si quería besarla, tocarla, chuparla, y yo por supuesto accedí. Y claro que la bese, la lamí, la chupe, la adore para mis adentros. Mientras el hombre me acariciaba las nalgas y me quitaba la ropa. Terminamos en la caja del camión, era un camión cerrado. Entre cartones y víveres. No sé de donde saco una crema que me paso muy bien en el agujerito virgen y de pronto me estaba penetrando, cálidamente, enloquecidamente, a pesar de mis grititos, de dolor, era la primera vez que recibía una verga en mi culo. Me parecía que me abría por la mitad, que mi agujero se agrandaba desproporcionadamente, aun así, me daba gusto recibir aquel juguete en mi ojete que estaba dejando la virginidad atrás. Aquel macho me gozo descargando una vez su semilla en mi túnel y al cabo de unos momentos, me volvió a coger haciendo que lo montara y lo cabalgara. Esta vez demoro bastante más en acabar y hacerme acabar. Yo largue leche por todas partes, estaba lleno, quería seguir cogiendo con aquel macho. Así empecé mi camino, cada vez que venía aquel hombre nos escondíamos en su camión y me cogía deliciosamente y me hacia acabar como perra en celo. Pasado un tiempo cambiaron de proveedor y no lo volví a ver jamás, hasta el día de hoy. Bueno después empecé a buscar en otros pueblos amantes y conseguí a algunos, es la primera vez que estoy con alguien del pueblo y supongo que no saldrá de aquí…

__Por supuesto que no muchachito, no soy una vieja tapialera… además no quiero perder este culito tuyo que me gusta mucho y que tendré que probar…__ diciendo esto el viejo don Dino, el calentón, pasó sus manos por las nalgas de Lorencito, las abrió, palpo, hasta encontrar el agujero del chico, dispuesto, dilatado, a la espera de un machete que ocupara ese lugar. En tanto las manos de Arturito ayudaban a que la estaca del viejo se levantara del todo, se pusiera firme, y potente, el chico acariciaba los huevos del viejo hasta llegar al agujero del hombre y acariciarlo, todo eso, el sabia, que ayudaba a que el garrote se despertara al fin y se irguiera firme.

            El viejo tomó a Lorencito y lo hizo sentar en su cara a horcajadas, y la lengua del viejo fue directo al anillo del jovencito que se retorcía de placer, lloriqueando, como putita alzada. En tanto Arturito comía la poronga del viejo. Que se levantaba firme, como a ellos les gustaba. Las pijas de los chicos también crecían, álgidas, hermosas.

            La lengua del viejo llenaba de saliva el anillo caliente del chico. Lorencito se apretaba los pechos. Se los masajeaba y era casi un baile lo que hacía con su culo en la boca del viejo macho que se regodeaba con aquel agujero. Lo abría cada vez centímetro a centímetro. Estaba listo para recibir su machete grueso, palpitante, casi de cemento, una vara dura, recia, que daba temor. Arturito comía las bolas, volvía a la cabezota del garrote. Los gruñidos del viejo macho aturdían el lugar sereno y en calma. La siesta estaba perdiéndose. La saliva de Arturito bañaba la serpiente. Todo eso preparaba a Lorencito para recibir el machete del viejo.

            Don Dino, el calentón, hizo que el joven Lorenzo se colocara en cuatro patas. Allí fue hundiéndose despacio en el anillo del chico, que se hamacaba mientras el viejo lo tomaba de la cintura delicada. La pija de Lorencito estaba al máximo, a punto de explotar. Los gemidos y lloriqueos del chico estremecían la piel y el cuerpo del viejo. El apretado culito exprimía la poronga recia y potente.

            Arturito metiéndose debajo de Lorencito se apropio de la pija del joven y empezó a mamar como ternero guacho. Los vaivenes del joven sobre la verga que lo penetraba, se hicieron más violentos y frenéticos. El viejo gruñía, la verga del chico era comida enteramente por Arturito, repasaba los huevos de Lorencito que sudaba, se mojaba, y sentía que su culo se dilataba cada vez mas. Entregado por completo a aquel viejo lujurioso. Amante exquisito. Sabía muy bien dar placer aquel viejo macho. Pellizcaba sus pezones erguidos, duritos, arrancando más gemidos, más lloriqueos, era un macho incansable. El viejo hundía su vara sin miramientos. Goteando sobre el chico gruesas gotas de sudor. Bañado completamente. Con los huevos hinchados de néctar.

            Arturito comió todo el líquido que derramó Lorencito en la boca de su compañero de fechorías. Limpio la vara de Lorencito que con su culo relleno gozaba como zorra. El ir y venir de don Dino, Arturito se corrió y fue a besar el pecho sabroso del macho. Y luego compartió el sabor de Lorencito con el viejo, dándose besos mortales, afiebrados, calientes como  brasas al rojo. El viejo no dejaba de penetrar el culo de Lorencito. Le daba unos golpecitos suaves enrojeciendo la piel del chico y arrancando grititos de sometimiento que le gustaban. Serruchaba el macho, mientras Arturito besaba y mordía los labios del hombre. Acariciaba las nalgas del macho y metía los dedos entre las nalgas del macho viejo hasta llegar al agujero de don Dino que nada decía, lo dejaba hacer, así con una mano aferro la verga palpitante de Arturito inflamado. Caliente. Sacado. Hasta que la leche del chico saltó y golpeó en parte del cuerpo de Lorencito que estaba como en un sueño desquiciado.

            El viejo siguió horadando, mientras un dedo de Arturito escarbaba el ojete del macho, que aceleraba sus embestidas, bufando, gruñendo. También el chico se extasiaba acariciando y jugando con las bolas del macho viejo, que cada vez estaba más alzado. Furiosamente caliente. Ardido. Arturito sabia que el final estaba próximo, por eso hundía su dedo en el ojete del viejo, jugaba en el, mientras el macho viejo apuraba sus embestidas en el culazo de Lorencito que arañaba las sabanas, lloriqueaba mucho más abiertamente.

            Aferrado como si fuera a caerse don Dino marcaba sus dedos en la cadera. Lo clavaba fuertemente, a veces se detenía, y volvía  a arrancar con furia, con deseo, ardientemente. Sacando de la garganta del chico gemidos y grititos guturales, salvajes. El viejo no se detenía, estaba a punto de largar sus jugos. Ahora los gritos y gemidos se confundían no se sabían de quien era cual. El viejo tensando su mandíbula, fue largando chorros de leche en el túnel del chico, que se abría como flor, recibiendo el bautismo de leche de macho. Una catarata inigualable. La cantidad era abundante. El dedo de Arturito salió de la funda. El viejo cayó sobre la espalda de Lorencito con la poronga aun enterrada en la cola del chico que sollozaba de placer y felicidad. Arturito se tumbo al costado de ambos.

__Ohhh que culazo sabroso tienes Lorencito, es tan hermoso como el de Arturito, que lindo es estar con ustedes chicos…ahhh que satisfacción…

__Me ha encantado como me cogiste don…eres un amante endiablado… tu poronga es muy hermosa y sabrosa…quiero repetir…

__Uhhh espera un poco, eres insaciables Lorencito…__ dijo Arturito sonriendo. Unos momentos después la poronga desinflada de don Dino, el calentón salió de la funda chorreando leche por todas las sabanas.

            Allí quedaron los tres, descansando, hablando hasta que la noche llego.-

 
Datos del Relato
  • Autor: MARIO
  • Código: 70892
  • Fecha: 01-09-2026
  • Categoría: Gays
  • Media: 0
  • Votos: 0
  • Envios: 0
  • Lecturas: 1
  • Valoración:
  •  
Comentarios


Al añadir datos, entiendes y Aceptas las Condiciones de uso del Web y la Política de Privacidad para el uso del Web. Tu Ip es : 216.73.216.48

0 comentarios. Página 1 de 0
Tu cuenta
PUBLICIDAD
Estadísticas
»Total Relatos: 40.526
»Autores Activos: 2.441
»Total Comentarios: 12.097
»Total Votos: 512.758
»Total Envios 21.928
»Total Lecturas 118.978.094