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El relato que les voy a contar es de como, yo solito, de a poco, me convertà en un cornudo sumiso. Me casé hace 14 años con Mónica, una mujer guapÃsima quien ya antes habÃa tenido relaciones con otros hombres. Cuando comenzamos a salir, los celos me hacÃan pasarlo muy mal; no soportaba que se hubiera acostado con otros hombres, pero poco a poco fui superándolo y aprendà a vivir con ello. Ya casados, nuestra relación era perfecta y en materia sexual, fuimos incursionando con pelÃculas porno, leer revistas y fantasÃas compartidas. Estas eran de lo más variadas, ella se acostaba con mujeres, lo hacÃamos al aire libre, etc, pero lo que realmente empezó a obsesionarme, fueron los relatos y pelÃculas de infidelidades consentidas y donde la esposa tuviese relaciones con otros hombres que no fuesen su esposo, pero con su consentimiento.
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Notaba que cada vez que fantaseábamos con que otro hombre se acostaba con ella, me ponÃa a mil por hora. Cada vez era mayor mi obsesión y me encantaba que ella me contara como habÃa cogido con otros hombres, qué sentÃa, cómo se lo hacÃan y que me contase hasta el más mÃnimo detalle.
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Era ya una fantasÃa recurrente en nosotros, nos excitaba a ambos y terminábamos pasándola muy bien. Yo empecé a decirle que realmente querÃa verla coger con otro hombre, que me pusiera los cuernos, que se la chupara a otro hombre y cosas asÃ. Al tiempo, ya empezamos a poner nombre a nuestras fantasÃas y pensábamos en Alfonso, el novio que la desvirgó y en Diego, el único hombre que le acabó en la boca, ya que por algún motivo que ignoro, a mi no me deja hacerlo. A mi cada vez me gustaba más que fuera dura en sus fantasÃas y a ella cada vez le gustaba mas serlo conmigo. Me decÃa que nunca me permitirÃa acabarle en su boca, que eso solo se lo habÃa permitido a Diego, al único al que le permitirÃa volver a hacerlo. A mi me mataba de placer que fuera asà de cruel, que mi mujer me dijera que yo no podÃa llenarle la boca con mi leche, pero que a otro hombre si lo dejarÃa; es algo perverso y muy humillante, pero no se porqué razón, a mi me vuelve loco.
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Cada vez aumentaban más sus humillaciones, me decÃa que los otros hombres con los que se habÃa encamado la tenÃan más grande que yo y que le habÃan dado más placer, que querÃa volver a coger con ellos para sentir placer de verdad y que tenÃa ganas de que yo viera como Diego le volvÃa a dar su leche en la boca, algo que yo nunca iba a poder hacer. Cuanto más humillantes eran sus palabras, más extremo era mi placer.
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Un dÃa nos planteamos en serio llevar a cabo nuestra fantasÃa y hablamos de las posibles alternativas. La que más posibilidades tenÃa, era ir a un boliche de intercambio de parejas. Yo se que ella se morÃa de ganas por ponerme los cuernos aunque jamás me lo habÃa dicho directamente, deseaba coger con otros hombres delante mÃo pero le daba algo de miedo dar ese paso; en realidad ambos tenÃamos miedo de las consecuencias, del dÃa después, ya que no querÃamos echar por la borda nuestros años en común. Yo le decÃa que me daba igual como y con quien quisiese hacerlo ella, pero que querÃa a toda costa sentirme cornudo y verla coger con otros. Nunca se sabe si es realmente una fantasÃa o de verdad se desea que sea realidad. Ahora yo ya se que realmente lo deseaba.
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Hace cosa de un mes, Mónica me dijo que querÃa que habláramos en serio y en frÃo, fuera de la cama, sin fantasear ni estar cogiendo; dijo que ya era tiempo de abordar el tema, sin presiones pero sin rodeos. Le dije me pareció bien, asà que nos arreglamos y salimos a cenar. Me preguntó si realmente creÃa que me gustarÃa verla coger con otros hombres y si realmente estaba seguro de ello, ya que una vez que lo hubiesen hecho, ya no habrÃa vuelta atrás. Le contesté que si, que lo deseaba con todas mis ganas y que estaba seguro que ella lo sabÃa. Ella me respondió que también lo deseaba y que luego de mucho pensarlo, sà se animarÃa a hacerlo, pero con una condición, que yo no le podrÃa reprochar nada una vez hecho, pues habÃa sido yo quien la convenció para hacerlo. Le dije que estaba completamente de acuerdo y querÃa que supiese que por encima de todo, estaba nuestro matrimonio, que funcionaba a las mil maravillas, pero que si ella aun tenÃa dudas, yo preferÃa que no lo hiciese.
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Una vez aclarado todo, me dijo que el viernes de esa semana la esperara en casa porque me iba a dar una sorpresa. El viernes pasé un dÃa de excitación total y apenas podÃa contenerme sin masturbarme. Estuve en casa todo el dÃa esperando que llegaran las 10 de la noche, la hora acordada. A las 10 en punto, pude oÃr la puerta y vi como entraba Mónica acompañada por dos hombres; eran Alfonso, el hombre que la desvirgó y Diego, el que le daba su leche en la boca.
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Ante tanto asombro, no me salÃan las palabras, pero enseguida vi como se presentaba la noche, pues Mónica me dijo riéndose:" por fin vas a ver como me cogen dos hombres de verdad, me vas a ver disfrutar como no he disfrutado nunca con vos y verás como si soy capaz de tragarme toda la leche, la leche de otro… no la tuya, claro". La humillación que sentà fue mucho mayor que otras veces, pues esta vez fue delante de sus ex novios y antes de que se la fueran a coger. No entiendo porqué pero, me gustaba sentirme asà de humillado, me excitaba ver como mi mujer se reÃa de mà con sus dos ex novios preparados para montársela delante de mÃ. Ellos lo único que me dijeron fue que tratara de aprender como se coge a una verdadera perra, y que no me perdiera detalle de lo que le iban a hacer a mi esposa. Subimos a la habitación y Mónica me dijo sin contemplaciones, que debÃa hacer todo lo que me dijera sin chistar o se irÃa a coger a un hotel con sus dos machos y no me dejarÃa ver como se la cogÃan.
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Que yo solo serÃa su marido cornudo y muy sumiso. Le dije que de acuerdo que acatarÃa todas sus órdenes sin chistar pero que no fuera muy dura, que no sabÃa si podrÃa soportar la situación pues era nueva para mà y muy fuerte. "Te vas a enterar si voy a ser dura cuando llegue el momento. ¿No querÃas ver como cojo con otros? Pues aquà tenés lo que te merecés, cornudo mirón, mirá bien lo puta que puede ser tu mujercita y todo lo que me hacen, porque hay cosas de las que solo podrás disfrutar mirando, porque vos jamás me lo harás." La situación me estaba superando, estaba sintiendo un placer y una excitación imposibles de explicar y lejos de mi comprensión.
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Mónica me pidió que la desnudara para que fuera yo el que la entregara a Alfonso y Diego. La desnudé y la acerqué a ellos para que empezaran a hacer su labor. La primera sorpresa llegó cuando me dijo: " ¿no pretenderás que me cojan vestidos, no? Desnúdalos a ellos también, cornudo. Cuando protesté me amenazó de tal manera con irse a otro lado, que no volvà a protestar ninguna de sus ordenes. Desnudé a Alfonso y Diego y dejé a los tres desnudos. La siguiente sorpresa, me dejó helado, pero no me atrevà a quejarme. “Chupale la pija a Alfonso, quiero que la tenga bien dura y lubricada antes de cogérmelo. No lo podÃa creer, me estaba pidiendo que le chupara la pija al macho que se la iba a coger. La situación superaba la situación más humillante que pudiera haber imaginado en mis fantasÃas, yo de rodillas, chupándole la pija al hombre que habÃa desvirgado a mi mujer, para que se la cogiera delante mÃo y en mi propia cama.
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Hice caso y le chupé la pija a Alfonso para dejársela durÃsima y húmeda antes de cogerse a Mónica. Alfonso también hacÃa comentarios que me hacÃan sentirme aún más humillado. "Preparame bien la pija, que voy a darle verdadero placer a tu mujer, para que por fin puedas ver como disfruta de verdad". Mientras tanto, Mónica empezó a chupar la pija de Diego y me vino a la mente la imagen que tantas veces me ha contado de Diego acabando en su boca. Ella me miraba sonriendo y en un momento dado me dijo:" Mirá bien, mirá como Diego acaba en la boquita de tu mujer, porque vos ya sabes que nunca vas a hacerlo. Si querés ver como me sale su leche por la boca, tendrás que pedirle a Diego que se masturbe y acabe en la boquita de tu mujer". Me quedé mirando y Diego no tardó mucho acabarle a chorros en la boca de mi zorra esposa.
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CreÃa que me morÃa, estaba siendo mucho más fuerte de lo que podÃa imaginar. Ver como otro hombre le llenaba la boca a Mónica sabiendo que yo nunca iba a poder hacerlo, estuvo a punto de volverme loco. Ya no me podÃa humillar más (o al menos eso creÃa yo). Me sentÃa el hombre más cornudo del mundo, pero a mismo tiempo, seguramente el más excitado. Deseaba cogerme a Mónica con toda mi alma, pero ella me lo impidió diciéndome" no, ahora quiero que me coja una pija de verdad, voy a coger con Alfonso para que veas lo que es coger en serio, quiero que veas bien a tu mujercita penetrada por otro, que veas su conchita bien abierta por una verdadera pija". Alfonso la tumbó y empezó a metérsela. "Mirá bien, mirá bien este momento, cornudo mirón, porque a partir de este momento ya sos cornudo y para toda tu vida, mira como le meto la pija a tu mujer; ya no hay vuelta atrás, este es un momento muy importante para ti, mira como penetra mi pija en la concha de tu mujer, uahhhh..
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Ya, ya sos un puto cornudo, ya siempre serás un puto cornudo sumiso y mirón, ya no hay vuelta atrás. ¿Te gusta, te gusta ver como me cojo a Mónica?". Alfonso disfrutaba humillándome mientras se cogÃa a mi esposa. Yo mientras tanto, sentÃa placer y excitación por todo el cuerpo viendo la situación que yo habÃa provocado. No paraba de mirar como Alfonso le daba sin parar, mientras Diego le chupaba las tetas y la manoseaba por todos lados. Realmente me sentÃa cornudo, sumiso, humillado…
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Cuando vi que Alfonso empezaba a acabar, creÃa que todo estaba acabando. Llegaron juntos al orgasmo y en mi vida habÃa visto a Mónica tener un orgasmo tan intenso como el que tuvo con su ex. De repente Mónica me dijo que le limpiase bien la concha, que la tenÃa chorreando leche de su macho, le respondà que enseguida, que iba por papel. “No, puto cornudo, de papel nada, quiero que me limpies bien toda la concha, pero con la lengüita." Estaba tan resignado y humillado ya, que sin chistar, obedecà y se la dejé bien limpia. ParecÃa que nunca iba a dejar se salirle leche, pero yo se lo limpiaba con mi lengua. ¿Hay algo mas humillante que desnudar a tu mujer para entregársela a otros 2 hombres, desnudarlos, chuparle la pija a uno para que la penetre, ver como el otro le acaba en la boca mientras ésta te dice que vos no podrás nunca hacer eso, ver como se la cogen y le acaban adentro y además, tener que limpiar con la lengua la leche de otro, de su concha? Yo creo que no, pero después de ver en lo que me he convertido y como lo disfruta mi mujer, no sé lo que me espera en el futuro.
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Seguimos muy bien en nuestro matrimonio, pero de momento las relaciones sexuales, se han convertido en juegos de humillación donde ella disfruta humillándome y yo disfruto siendo un puto cornudo sumiso mirón como ella me llama.
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