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AMIGOS DE MI PADRE

AMIGOS DE MI PADRE

 

Me levanté de la cama donde había pasado la noche aun somnoliento y con el culo adolorido. Quien aun dormía era un amigo de mi padre de años. El me había perseguido ya hacia un tiempo. Le gustaban los jovencitos. Y yo era uno de ellos. Era un abogado de muy buena posición en la ciudad. Tenía esos gustos por los chicos.

Estuvo tras de mi casi un año. Apenas termine el secundario, me halagaba. Me encontraba en las calles casualmente. Cuando iba a mi casa trataba de encontrarme a solas. Acariciaba mi cuerpo en cuanto se le presentaba la oportunidad. Pero yo me le escapaba, y quedaba con más ganas que antes. A mí me gustaba de siempre. Como me gusto de siempre por ejemplo René, otro amigo de mi padre, que cuidándome una tarde mientras mis padres hacían unos trámites muy importantes, me cogió desvirgándome como jugando. Yo sabía que me gustaban los chicos. Pero aun no había probado ninguna verga real. Fantaseaba y me pajeaba brutalmente, pero él me hizo conocer la verga de verdad. Me trato amablemente, me beso en las orejas, en tanto me acariciaba el cuerpo y tomando mi verga me desnudo por completo. Cuando me mostro su garrote quede helado, era venosa, marcadamente, bastante gruesa y larga. Me pareció hermosa. René la blandía en sus manos. Así fue que me fue enseñando a mamar una pijota como aquella, con paciencia y tratando de no acabarse enseguida. Me enseñó a chupar unos buenos huevos como tenía el. Grandes huevos redondos con algunos pelos, llenos de leche. Aquella tarde entre caricias y besos fogosos, René me dio la primera ración de poronga a mi culazo hambriento y deseado por los hombres. Grite, llore de dolor, pero fue un dolor mezclado con placer y emoción y sensación. Me lleno el culo de leche y después quise mas, por días lo seguí, quería que me cogiera otra vez, vivía caliente con él, hasta que me hizo ver que había otros hombres en el planeta. Que no era único. Todo eso sucedía mientras quien ahora está durmiendo en su cama me perseguía, obsesionado por mí.

René me había desvirgado apenas cumplido mi mayoría de edad. El tenía la edad de mi padre y eran muy cercanos. Era un hombre de cuarenta, casado, con hijos, pero que tenía el vicio de acostarse con jovencitos. Era rubio, de ojos claros, casi celestes. Una barbita candado atractiva, labios rojos, suaves, delgados, un cuerpo cuidado, atlético. Una belleza de hombre que al menos a mi me volvió loco desde que lo conocí que fue cuando era muy chico.

Ahora estoy con este abogado. Mientras me ducho luego de orinar interminablemente luego de haber acabado dos veces en la noche. Tenía que marcharme de allí, el debía irse a su casa, porque si no tendría problemas, aunque creo que los tendría igual, pero bueno, era su problema.

Luego de que René me guiara para estar con otra gente, me presento a un viejo amigo de mi padre, amigo casi de la infancia. Había acompañado a René a una fiesta donde casualmente mi padre no estaría. Se llamaba Aníbal, enseguida me recordó que me había conocido en una reunión en mi casa que dio mi padre años atrás.

__Eras aun un chiquillo, cuando te conocí, por eso tu no me recuerdas…

__Si la verdad que no te recordaba, pero bueno está bien que nos encontremos, ¿no?__ le vi correr la baba por la comisura de los labios, como un vampiro sediento de sangre, como un lobo solitario. Enseguida me invito a salir de allí, el tipo era de mucho dinero, tenía chofer, un auto enorme, con un vidrio que separaba la parte del chofer con lo demás. Allí le mame la verga haciéndolo acabar como un salvaje. Después nos besamos hasta llegar a una residencia alejada de la ciudad. Allí me cogió hasta entrada la madrugada. Bebimos, comimos algo, descansamos y nuevamente me dio verga. Aquel Aníbal era todo un amante insaciable. Un tipo canoso, de poco pelo en su cuerpo, aunque no así en su cabeza redonda. De mirada dura pero un amante muy cariñoso y tierno. Nos vimos muchas veces mas después de aquel encuentro y ese fue uno de los motivos por los que deje de perseguir a René.

            Aun así no quería acercarme al abogado que me buscaba. El me mandaba mensajes, me llamaba por teléfono y yo le escapaba, en realidad no sé porque. Hasta el día de hoy no sé porque. ¿Era miedo? ¿Era un inquieto misterio? ¿Una premonición? Que era lo que me alejaba de aquel hombre que me gustaba tanto. Que me atraía a tal punto de que cada vez que lo veía temblaba y mi cola se ponía loca y jugosa. El sabia de mis encuentros con los otros amigos de mi padre y eso lo ponía enfermo de celos y pasión y lujuria.

            Antes de llegar a él, mi padre me envió a la oficina de un amigo que poco conocía yo, para que le diera una mano y de paso fuera conociendo el mundo del trabajo. Así que una tarde me fui hasta la oficina de Rafael. Allí me presente ante Josefina, una rubia de unos veintitantos, muy bella.

            Unos días después estaba con mi culo abierto por aquel macho tremendo. Nos habíamos refugiado en un hotel alojamiento sobre la autopista.  Rafael era corpulento, tenía mucho gimnasio encima. Morocho, fuerte, potente, con un verga de grueso calibre. Unos huevos preciosos, totalmente depilado. Era un manjar con nalgas protuberantes y le gustaba mucho que le chupara el anillo, por varios minutos, eso hacía que su poronga se pusiera muy dura. Para luego metérmela a fondo y hacerme gemir como perra. Hacerme acabar varias veces, mientras me serruchaba de todas las formas y variantes mi ojete dispuesto siempre a un buen macho.

            En nuestros encuentros por aquellos días que fueron varios, siempre me cogió más de tres veces, acabándome en la cara, en la boca, además de llenarme el ojete de su cremosa leche. Era un semental increíble, le gustaban los chicos con locura. Y lo hacía notar. Sus manos eran elegantes a pesar de ser fuertes y de dedos anchos y no muy largos. Sus ojos de caballo salvaje eran marrones intensos, casi como el café. La boca era moderada, dientes blanquecinos, parejos no muy grandes, la barbilla en punta.

            Pasaron varios días de mis encuentros con Rafael, y una noche en que fui de fiesta, tome por demás, y me metí en problemas, bah, alguien, intento abusar de mi y de la nada apareció Omar de entre la gente, casi trompeo al agresor y me rescató de aquel lugar que se había puesto violento.

            Me llevó a su casa, me dio de tomar un brebaje para que me sintiera mejor, dormí y dormí en su cama.

__Buenos días dormilón! ¿Cómo te sientes?

__Oh hola…Omar eres tu…bien estoy bien…

__Me alegra te traje un desayuno liviano…__ me acomodo la bandeja y sentí su perfume de macho, recién bañado, perfumado. Note que estaba desnudo bajo las sabanas. Desayune lentamente. El iba de aquí para allá.

__¿Podre ducharme?__ pregunte muy caliente ya.

__Pero claro mi ángel…__ dijo casi en un suspiro y eso me conmovió de manera letal. Me dio privacidad y me duche largamente.

            Cuando Salí el estaba tan desnudo como yo, tirado en la cama y con su garrote firme, se lo acariciaba y se tocaba los huevos y las tetillas.

__¿Te gusta lo que ves?__ pregunto Omar con su boca sonriente, sensual, de labios finos, con sus ojos encendidos color miel, cristalinos, embobados, ardientes. Me acerque a su cuerpo de tetillas gordas, provocadoras, tanto como las mías. Pase mi mano ansiosa por su mango que apuntaba al techo ya babeante, lo masturbe mirando su cara, como se transformaba, como se calentaba mas y mas, hasta que al fin trague el pedazo, con ganas, con fruición y sus gruñidos se alzaron en el ambiente que nos cobijaba.

            Comí y bese y chupe, mientras sus dedos alcanzaron mi ojete, y sus dedos se fueron hundiendo de manera increíble dentro de mí. Mi verga se puso en pie. Trague y saboree sus huevos, escuchando sus gemidos y resoplidos de placer. El seguía abriendo mi ojete dispuesto y limpio. Ya no sabía cuántos dedos tenia clavado en el culo. Los sacaba y me daba golpecitos en mis nalgas fogosas. Las dejaba rojas. Yo lloriqueaba, era una putita, su putita entregada finalmente. La saliva chorreaba por su pedazo de carne viril. Latía. En mi boca, en mis manos, apretaba sus bolas, las acariciaba, haciéndolo temblar. 

            Me acomodo entre sus brazos, besándome largamente, disfrutando de mis labios suaves, llenos de sus flujos. De su olor, de su sabor. Sentado casi en sus muslos, el abría mis nalgas. Seguía metiendo y sobando mi agujero. Nos besábamos intercambiando salivas. Suspirando. Gimiendo. Su estaca cada vez más ardiente, como jugando me fui sentando de frente a él en esa hermosa poronga que me atravesó por vez primera, se hundió lento, despacio, con tiempo. Hasta los huevos. Empecé a subir y bajar. Sin dejar de morder su boca, su lengua aguda, hirviendo. Aceleraba los movimientos hasta que se volcó apoyando mi espalda en la cama y bombeando su pistón seguía cogiéndome, era un potro. Ahora lo tenía sobre mí, sacaba su garrote y lo volvía a hundir sin pena, aullando de placer. Yo apretaba sus pezones, y ahora me aferraba a sus nalgas poderosas, maduras, hermosas. El seguía serruchando, ahora sudaba un poco más, aunque su olor se volvía agrio a mi me penetraba hasta el fondo de las fosas nasales. Y eso me daba más calor, me ponía loco.

__Ohhh que hembra eres…ahhh, me tenias tan loco, no sabes lo que quería cogerte, tenerte entre mis brazos, como deseaba estar así, metiéndote mi pedazo y que lo disfrutaras…

__Te gusta papi, a mi también, quiero que me sigas cogiendo…ahhh, ay, ay, ay no me la saques…__ lloriqueaba yo entre sus brazos fuertes.

__Eres mi hembrita, siii, que locura, sentir tu profundidad…__ gruñía aquel macho enloquecido por tenerme ensartado.

            Me saco la poronga y me giro para metérmela de costado, mientras yo chorreaba leche inevitablemente. Me dejaba ir. Eso hizo que sus embestidas se aceleraran sin control. Mordía mi cuello. Lo chupaba, pasaba su lengua grande, llenando mis partes de saliva. No dejaba de bombear, sin prisa, sin pausa.

            De pronto la calma dio paso a la gran conmoción, todo él empezó a temblar, a vibrar y a su vez a ponerse más tenso, aullando, casi a los gritos se dejo ir dentro de mí, apretando y pellizcando mis pezones, llenándome de su semen, de su leche abundante, en cantidad, vaciándose por completo.

            Agitado con su verga aun latiendo dentro de mí, aun dura, sin ablandarse, es como si le diera tiempo, para que me disfrutara por completo. Besaba mis orejas, chupaba y lamia mi cuello.

__Aun no me he saciado cariño, aun tengo ganas de ti, en un rato te seguiré cogiendo, quiero tenerte por mucho mas, ohhh que bello eres…__ y siguió cogiéndome durante todo el día y la noche.

            Ahora me estoy yendo mientras duerme tirado en su cama, se que volveré, no se por cuanto tiempo, pero sé que volveré.-
Datos del Relato
  • Autor: MARIO
  • Código: 70417
  • Fecha: 31-03-2026
  • Categoría: Gays
  • Media: 0
  • Votos: 0
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