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Categoría: Incestos

A mi tía Isabel le gusta jugar sucio conmigo parte 1

Toda mi adolescencia y juventud crecí enamorado del cuerpo de mi tía Isabel, mi tía favorita hermana de mi mamá. Y son tres razones por la que es mi tía favorita. Aparte de ser una hermosa mujer de 35 años. Piel blanca, abdomen plano, pechos firmes y un culo parado y redondo...que cuando se lo observo, lo único que quisiera es olfateárselo. Cuando nos visita y lleva puesto sus blusas que hacen resaltar maravillosamente sus tetas, mi verga se endurece y mi boca empieza a bombardear saliva que lo único que hago es tragármela sofocando mi excitación al mi tiempo. La primera razón, y se lo agradezco a la vida, es cuando la descubrí masturbándose. Hubo un tiempo en que se quedó a dormir con su hijo de 5 años, ya que su casa estaba en construcción. Por suerte mi tío Francisco, su esposo, estaba de viaje, así que eso le dio la oportunidad de darse su espacio privado. En ese tiempo yo era un inocente y tímido joven. Tenía 15 años. Ese día mis papás estaban en el trabajo y ella había pedido días de descanso para evaluar la construcción de su casa. Al llegar de la escuela la mesa ya estaba puesta. Dos platos, dos vasos, cubiertos y unos platillos. Caminé a la cocina y ahí estaba. De espaldas preparando agua de sabor. Mis ojos se centraban en ese hermoso trasero. Llevaba puesto un pantalón de algodón blanco muy pegado a sus muslos y a su rico culo, y una blusa roja.

- Hola, tía, la saludé

- Hola, mi amor, ¿Cómo te fue?, me respondió dándose la vuelta.

Dios santo. Vaya blusa que tenía. Escotada del frente formando una V a la altura de sus redondos y preciosos pechos. Mis ojos se quedaron intactos ante esa formidable vista.

- ¿Qué?, preguntó mirándose.

- …nada

Sonrió y siguió preparando el agua. Comer frente a ella fue un reto muy grande. Tener a unos cuantos centímetros de distancia sus lindos pechos, eran algo digno de ver. Y me era imposible ignorarlos. Daría tanto por vérselos y probárselos. Que serte tiene mi primo Luis de haber comido de ellos. Mis ganas de tocarla crecían más estando a su lado. Había terminado y se paró a recoger. Al dirigirse a la cocina lo único que moría por ver era admirar ese chulo trasero. Movía de un lado a otro ese culo. Sus glúteos bajaban y subían conforme daba sus lentos pasos. Saboreaba ese deleitante paisaje. Ayudé a recoger con la maña de observarla. Recogí las cacerolas y se las llevé.

- Dámelas, me las pidió estirando sus brazos.

Las tomó y giró su cuerpo viendo a adentro del refrigerador e inclinó la espalda dejando su culo frente a mi. Santo dios, era imposible controlarme. La excitación me subió en un segundo. Mi miembro comenzó a endurecerse. Que pena. ¿Qué pensaría si me viera justo en ese instante?, me pregunté. Tapé mi bulto.

- …bueno…iré a mi cuarto, le dije saliendo de la cocina.

Caminé rápidamente y me encerré. Me recargue sobre la puerta dando un ligero respiro. No se que hubiera hecho si viera mi reacción al inclinarse de esa forma. Esperé a que mi cuerpo se relajara y diera un respiro después de semejante momento. Me senté en mi escritorio y me puse a hacer la tarea. Pasaron dos horas. Miré el reloj y era las 6:10. Me quedé pensativo en lo que tenía que escribir hasta que unos ruidos extraños me interrumpieron. Me quedé quieto y en silencio. Se escuchaban quejidos. Me asomé a afuera de mi recámara y los ruidos provenían del cuarto de huéspedes donde mi tía se estaba quedando. Vi a mi primo en la sala jugando sus coches. Caminé lentamente a su puerta y pegué la oreja a la madera.

- Mmmm!!!!, escuché.

No tenia idea de lo que era pero la curiosidad me comía cada vez que escuchaba los quejidos. Me di la vuelta y salí al patio. Caminé a la ventana de la recámara y me pegué a la pared. Me acerqué lentamente y me asomé. A penitas se veía. Las cortinas estaban cerradas pero una abertura me permitió ver que pasaba ahí adentro. Al observar detenidamente no creí de lo que estaba siendo testigo. Mis ojos se agrandaron. Era mi tía recostada en la cama con las piernas bien abiertas y flexionadas. Dios mío, estaba sin pantalones y sin calzón. No podía creerlo. El aliento se me había ido. En la mano derecha tenía un objeto morado en forma de miembro. El cual lo frotaba sobre su vagina. Dios, estaba totalmente depilada. Sus arrugados pliegues estaban abiertos mostrando su entrada. Resbalaba el pene de gel sobre su vagina y se lo metió. Justo a hacer eso, su boca dejó salir ese ligero quejido que me hizo averiguar. Se lo metía y se lo sacaba. 20 centímetros de largo es lo que al parecer medía ese miembro. Lo disfrutaba. Se mordía los labios cada vez que se lo metía. Lo metía todo hasta que la base tocaba sus delicados pliegues. Lo retiró lentamente y lo lamió. Que hermosa se veía. Encendió una mafia de lujuria en mí. Mi verga se empezó a endurecer. El calor fue aumentando. Chupó todo el miembro. Lo lavó con su linda lengua. Escupió sus dedos de la mano derecha y los resbaló sobre su ano cerradito. Lo lubricó de su espesa saliva. Se acariciaba el ano con su dedo medio. Volvió a meter el pene de hule en su vagina y al mismo tiempo penetro su rabo con dos de sus dedos. Me excitó tanto ver eso que tuve que sacarme la verga y empezarme a masturbar. Giraba sus dedos. Los metía y los sacaba. Los sacudió fuertemente y los sacó. Los observó cuidadosamente para luego hacer la cosa mas asquerosa y sabrosa que nunca imagine ver. Luego de ver sus dedos, los chupó. Se veía tan cómoda, tan excitada, tan linda. Mi cabeza iba a estallar. Era un sueño para mi ver todo eso. Sacó el objeto de su vagina para luego metérselo en su deliciosos culo. Mientras se lo enterraba, cerró sus ojos dejando caer su cabeza sobre la almohada. Lentamente le resbalaba adentrándose en lo más profundo de ella. Al no entrarle por completo, se lo empujó con sus dos manos soltando un gemido. Se lo dejó adentro. Mis ojos no parpadeaban para nada. No me quería perder ni un segundo de ese espectáculo. Subió su mano derecha a sus pechos, y la metió para agarrar su seno izquierdo. Sacárselo fue los más rico. Se lo frotó, se jaló su punta, se la pellizcaba. Que linda se veía. Se acostó y giró su cuerpo quedando boca abajo. Agarró la almohada y la puso debajo de su pelvis. Su culo estaba en una maravillosa vista. Podía ver mucho mejor esos glúteos. Su piel blanca y fina me enloquecían. Agarró la base del “dildo”. (Tiempo después supe que era ese objeto). Lo agarró y se lo retiró lentamente. Su rostro reflejaba placer. Lo disfrutaba. Le gustaba penetrarse el ano. Lo volvió a meter hasta adentro y lo sacó de nuevo. Esta vez no lo observó como lo hizo con sus lindos dedos y se lo metió a l boca. Tragué saliva al verla hacer eso. No podía seguir. Quería pero no podía más. Lengüeteaba la punta del dildo que erala. Parte que más había llegado a su interior. Me peguntaba si se limpiaba bien. O le gustaba comer sus propias heces. Justo cuando iba a regresar a mi cuarto, volteó a la ventana. Corrí de ahí hacia adentro pero cuando entré a la casa ella ya estaba afuera con una toalla cubriendo de su cintura hacia abajo.

- ¿Qué hacías en mi ventana?, me preguntó disgustada.

No sabía que hacer, que decir.

- Contesta!!

- Es que…escuché ruidos

- ¿y tenías que espiarme?

- …no sabía que hacer

- No. Solo observarme, ¿no?

No sabía que decir. El miedo invadió mi cuerpo. Que pena. Aún estaba excitado y mi miembro lo decía todo. Mi primo seguía jugando mientras a mi me regañaba.

- ¿estás…excitado?, me preguntó con cara de sorprendida.

- …si

- Dios!! Perfecto!!, se dijo tapándose la cara como si no pudiera creer

- Tía…

- ¿Qué?

- ¿Por qué…¿Por qué lo hacías?

Su rostro reflejaba preocupación.

- Hijo…a veces los adultos hacen cosas que los jóvenes como tú no comprenden aun, me decía mientras mis ojos solo observaban sus lindos pechos.

Aunque tenia su blusa escotada, era inevitable apartar los ojos de esos ricos melones. Se miró el pecho y se tapó. Tragó saliva. Sus manos acariciaron mi cabeza y mi rostro.

- Hijo…

- …mande…

- ¿te puedo preguntar algo?

- …ajá

- ¿te gustó mucho ver…me?

Mis ojos fueron a los suyos. Era hermosa. Y sigue estando hermosa.

- …si

Sonrió y se peinó. Aunque se ve que es una decente mujer, por dentro es toda una pervertida y sucia hembra.

- Prométeme que no le dirás a tu mamá lo que acabas de ver, ¿si?

- …si

- ¿hablo en serio?

- Si, lo prometo.

Regresó a su cuarto y se encerró dejándome como un estúpido. Pero siendo realistas, ¿Qué iba a hacer con un chico de mi edad?, ni siquiera tenía 18 años.

Al dar las 9:00 mi papá y mi mamá llegaron. Habían comprado una pizza. Por suerte, soy hijo único. Así que no tenía que preocuparme tanto por los pedazos. Y mi primo aún no comía chatarra ni tomaba refresco. Durante la cena platicamos. Hablamos sobre mi escuela, de lo que hice. Mi tía no dejaba de observarme. Se veía tensa. Terminamos y cada quién se fue a sus recámaras. Escuché música y vi la tele. Al ver que ya eran las 12:00, la apagué. No podía dormir. Lo que pasó ese día no se me salía de la cabeza. Prendieron al luz del pasillo. Aunque mi puerta estaba cerrada, por abajo entraba la luz a mi recámara. Abrieron la puerta y cerré los ojos. Supuse que era mi mamá, ya que ella siempre me visita revisando que ya esté dormido. Sentí unos labios en la frente.

- Hasta mañana, se despedía mamá.

Salió. Me quedé quieto esperando a que el sueño me dominara. Mis ojos habían visto mucho ese día. Cuando estaba al borde del sueño, un peso cayó sobre mí. Mi colchón se hundía de  los lados.

- ¿ya te dormiste?, escuchaba la voz de quien menos imaginaba.

- ¿tía?

- Shhhh!!! Baja la voz

- Qué...haces?

- Gracias por no decir nada, susurró

- No te preocupes

- Está bien…ahora... abre la boca, me ordenó

- …¿Qué?

- Solo ábrela

Casi no podía verla. Estaba obscuro. No estaba seguro de hacer lo que me pedía pero la obedecí. Cuando la abrí sentí una gomita suave acariciando mis labios.

- …chupa, me pidió.

Dios santo. Mi tía me estaba ofreciendo sus ricos pechos en mi propia cama.

- Anda…¿Qué esperas?

Frotaba su suave punta sobre mis labios. Subí las manos a sus tetas y las agarré.

- ¿te gustan?

- …ajá

- Pues…comételas, ¿Qué esperas?

Dios, estaba asombrado por lo que pasaba. No creí que mi tía fuera tan descarada de presentarse así y darme sus hermosas chichis. Las tenía duras, suaves. Olían bien. Resbalé la lengua lentamente.

- Vamos, sin miedo. Pruébalas.

- …tía

- Mande

- ¿Por qué…lo haces?

- Vi como me las viste. Cuando comíamos, cuando me descubriste tocándome

- Chúpame la punta, lamela, ándale!!

Le sabía tan rica la teta. Suave, dura, grande. Tenía la punta dura. Juraría que estaba excitada.

- Eso, mi amor!! Lamela!! Juégala!!

- ¿Te gusta?, le pregunté

- Siii!! Sigue!! Muérdela!!

Se apretaba las tetas y me las untaba en la boca, en la nariz.

- Huele mis tetas, bebé

Me gustaba como me incitaba. Mi verga se empezó a levantar chocando con su estómago. Estaba calentándome.

- ¿quieres saber a que sabe?, me preguntó.

No tenía idea de lo que quería decir pero acepté.

- …ajá

- Bien. Saca la lengua.

La obedecí. Puso su punta sobre mi lengua y con sus dedos se presionó de modo que su rica punta expulsara líquido. Rayos, no creí que le saliera estando ya algo grande.

- ¿a que te sabe?

- ..rica, sabe dulce.

- ¿quieres más?, me preguntó riendo

- …si

- Ven.

Acercó su rica teta a mi boca metiéndome la punta

- Succiona.

Dios, es lo que más quería. Comerle esa rica chichota. Exprimí su rico pecho con mis labios. Estuve bebiéndole unos minutos.

- Ya. Ya es tarde.

Me besó la frente y salió. Fui la mejor noche. Parecerá mentira pero lo que pasó me dejó estupefacto. No podía creerlo. Mi tía me dio de comer de sus ricos melones. No podía dormir mejor. Al día siguiente me paré para ir ala escuela. Papá y mamá ya se habían ido, y sólo estaba con mi tía. Esa noche fue la segunda razón. Al día siguiente, desperté como siempre. Me bañé, me puse el uniforme y me peiné. Arreglé mi mochila y fui al comedor. Papá y mamá ya no estaban, así que mi tía era quien me daría el desayuno. Justo cuando iba a sentarme apareció ella vestida con un camisón que le llegaba a la mitad de los muslos. Nuevamente mis ojos se dirigieron a esos ricos pechos que en la madrugada me habían dado de comer. Tragué saliva y actué como si no me sorprendiera.

- Hola, buenos días, dijo saludándome y acercándose para darme un beso en la frente

- …hola

Apenas y podía hablar. Su hermoso cuerpo me tenía idiotizado. Me pregunto si mis papás habrán visto su llamativa y extravagante pijama. Y vaya que lo era. Estando en una casa ajena. Aunque sea hermana de mamá.

- ¿Qué vas a querer?, me preguntó.

- Este…un… comeré cereal

- Ok. Voy por la leche.

Mientras caminaba no deje de ver sus linda y finas piernas. Conforme caminaba se le levantaba el camisón casi a punto demostrar sus encantadores nalgas. Que descarada, la verdad. Como se pudo poner eso delante de la familia. Pero por otra parte se lo agradecía. Desayuné mientras vistió a su hijo para llevarlo al kínder.

- Me voy tía, le grité.

- Espera!!

La esperé parado en la puerta a punto de salir. Salió de la recámara y caminó hacia mí caminando sensualmente moviendo la cadera. Tal parecía que estaba en una pasarela. Tragué saliva conteniendo la excitación. Sus sabrosos pechos resaltaban de esa tela. Se asomaba su blanca piel de las copas del camisón. Al llegar a mi se agachó acomodándome el cuello. Bajé un poco la mirada para observar sus ricos melones. Sus ojos voltearon a mi y miré hacia otro lado. Sonrió. No podía culparme. Después de lo que hizo, sólo le quedaba aguantarse.

- Listo. Ten, tu mamá me pidió que te diera dinero.

- Gracias, tía.

Me despedí dándole un beso en su cachete izquierdo, y salí. A pesar que aún estaba en pijama tenía un exquisito aroma. Suave, fresco, dulce, y tan embriagador. Me pregunto que tan bien olerá esa zona tan intima y privada que se esconde entre esas fabulosas y finas piernas. Durante las clases me era imposible concentrarme. Sólo pensaba en ella. En su cuerpo, sus pechos tan firmes y redondos, en su rico aroma.

- ¿todo bien Jorge?, me preguntaba la maestra.

- …aaahh…si.

- Te noto raro, ¿Qué pasa?, ¿no entiendes la actividad?

- No si…sólo que…no me siento bien.

- ¿quieres ir con la doctora?

- Bueno, es que tengo un poco de asco, preferiría irme a mi casa, si 

La idea no le convencía mucho a la maestra pero no tuvo otra alternativa más que dejarme ir. La maestra me dejó de tarea la actividad. Lo único que quería era estar en mi casa disfrutando de el mujeron que tenía en casa. Llegué a mi casa.

- Tía, la llamé anunciando mi llegada.

No respondió. Dejé mi mochila y caminé hacia los cuartos. Conforme iba acercándome se escuchaba una regadera. Imaginé que se estaba bañando. Miré el reloj y eran las 11:20. Aún era de mañana. La puerta estaba emparejada. Me asomé y vi su camisón tirado juntó a la cama sobre el tapete. Y junto, se encontraba esa prenda que cubre su mas íntima zona. Tragué saliva. Tenía miedo a que me fuera a ver, pero las ganas y la necesidad de tener esos trapos en mis manos y en mi cara, me estaban matando lentamente.

Caminé en silencio. El agua seguía cayendo. No podía escuchar mis pasos. Al llegar a sus prendas, me agaché y pasé la mano sobre su camisón. Lo recogí y olí la parte donde descansan sus pechos. Dios, que rico aroma. Lo dejé y tomé su calzón. No podía creer que al fin tenía en mis manos esos trapos. Lo acerqué a mi cara y lo presioné en mi nariz para respirarlo. Ese aroma de su vagina hizo excitarme rápidamente haciendo que mi verga se parara en seguida. Daba fuertes respiros. Acerqué la nariz a donde sienta su hermoso culo. Que ricura. Olía exquisitamente su culo. Lo que daría por olfatear su hermoso trasero. Esa parte olía raro. No olía a mierda pero tenía un aroma similar pero sabroso. Me imaginaba cuantas veces rosaba su sucio rabo sobre esa prenda. No quería apartarme de ahí pero ya tenía que dejar todo en su lugar.

Aún no salía y la puerta no estaba cerrada completamente. No sabía si espiar o retirarme. La primera vez que la vi desnuda sólo vi su hermosa vagina. Me acerqué con cuidado. El vapor invadía todo el baño. Asomé una parte de mi cara y ahí estaba. De espaldas. Sus manos vagaban por ese precioso cuerpo. Se enjabonaba sensualmente. Como si sus manos fueran de alguien más. Giró su cuerpo de modo que pudiera ver sus ricos melones y su entrepierna. Los agarró. Se jalaba las puntas. Dios, se me atojaba chupárselas y bebérselas. Se tocaba tan rico que tuve que tocarme. Mi pene empezaba a ponerse duro. Sentía como el cuerito que cubre mi glande resbalaba lentamente.

Su mano derecha jugaba con su seno izquierdo. Se pellizcaba su punta. Intentaba exprimirse. Bajó su mano izquierda por su abdomen plano y su pelvis hasta llegar a su sabrosa raja. Jugaba sus arrugados pliegues con sus dedos. Se los rascaba. Se los metía y se los sacaba. Me di cuenta que era una mujer muy especial. En absoluto. Se comenzó a masturbar con toda tranquilidad. El agua caía en su rostro resbalando por sus preciosos pechos y formando una cascada en medio de sus piernas. Se veía hermosa. Metí mi mano a mi pantalón y apreté mi verga, ya dura. Me la empecé a jalar suavemente disfrutando de su cuerpo. Sonó el teléfono de repente. Saqué mi mano y salí rápidamente dejando la puerta emparejada. Miré atrás y no estaba como la había dejado ella. No regresé arriesgándome a otro sermón. Entré a mi cuarto y me acosté dejando que siguiera sonando.

- “¿Bueno?”, contestó ella.

- “No. Habla su hermana. Ella está en el trabajo”

Mi corazón palpitaba rápidamente.

- “si señorita, él ya está aquí”.

- “gracias por llamar. Me encargaré de él”

- “nuevamente, gracias. Hasta luego”

Mierda, la mochila, dije. La había dejado en la sala. Ya no escuché su voz. Abrió la puerta y caminó hacia la cama. Se sentó a la orilla y me llamó moviendo mi brazo. Estaba dándole la espalda.

- ¿Jorge?

Miré a ella. Estaba envuelta con su toalla.

- ¿Qué te sientes mal?

- …si

- ¿Qué tienes?

- …me dolía la cabeza.

- Ven, te daré una pastilla

Fuimos al comedor. Iba tras ella. Hasta en la toalla predominaba la forma de su culo. Me dio una pastilla y un vaso de agua. Caminó a su cuarto mirándome una vez más a lo lejos. Cerró. Tiré la pastilla y tomé solamente agua. Agarré mi mochila y cando iba a entrar a mi cuarto, me llamó mi tía.

- Jorge!!

Los nervios me invadieron por completo. Seguro se dio cuenta de que la volví a ver. ¿Qué otra cosa podía ser?. Caminé con miedo a su puerta y entre.

- ¿...si?

Estaba sentada en la orilla de la cama envuelta con la toalla de brazos cruzados y su pierna derecha sobre la otra.

- ¿Cómo te sientes?

¿No habían pasado ni 5 minutos y ya me estaba preguntando eso?. No entendía. La miré a los ojos. Bajó su mirada al suelo como s viera algo. Miré abajo y estaba su calzón. Subió la mirada y quité la mía de su prenda.

- ¿Me la puedes pasar?

Tragué saliva sofocando el nervio y me agaché recogiéndolo. Levanté su sucio calzón agarrándolo del resorte. Estiré el brazo y se lo di. Lo tomó y se lo acercó a la cara. Lo olió haciendo un gesto de desagrado.

- Ya huele mal. Huele, me dijo estirando su brazo para dármelo

- ¿Qué?

- Tómalo, huélelo.

Lo agarré un poco confundido.

- Que esperas, huélelo, me ordenó riendo.

Le tomé la palabra. Lo respiré. No hice el mismo gesto. No hice ningún gesto pero me fascinó olerlo nuevamente. Me miraba mientras respiraba el olor de sus bragas.

- Dámelo, dijo arrebatándomelo

No comprendía porque lo hizo.

- ¿Por qué no me avisaste que ya habías llegado?

- …no se…estabas bañándote

Me miraba seria y con una mirada coqueta.

- ¿Así que si entraste?

- Hee?? Noo!! No te vi!! En serio!!, le dije convenciéndola

De repente se destapó los pechos. Se descubrió. Tragué saliva. No pensé que fuera capaz de hacer eso.

- ¿te gustó ver esto?, me preguntó sobándoselos. Pasaba sus dedos por debajo de esos ricos melones. Me excitó como se los acariciaba que mi verga reaccionó ante esa hermosa imagen. Se jaló la punta de su seno izquierdo. Reía viéndome.

Bajé las manos tapando el bulto que se me estaba formando.

- ¿Qué pasa? ¿Estás caliente?, preguntó mientras se tocaba esos admirables pechos. Los tenía duros y puntiagudos. Listos para lengüetearle las puntas. Listos para exprimirlos.

No podía controlarme. Mi verga se estaba endureciendo. Se destapó las piernas y bajó la que tenía tapando su entrepierna. Las abrió dejando que le viera toda esa exquisita zona. Dios, sus ricos pliegues se abrían. Bajó su mano derecha y se empezó a acariciar.

- ¿te gusta ver?

- ...si.

Dios santo. Mi verga estaba muy dura. Sus ojos bajaron a mi bulto.

- Ven. Estiró su mano izquierda.

Me acerqué poco a poco. Quedé parado frente a ella. Acariciaba mi brazo derecho con su mano. La bajó resbalándola por mi estomago. Continuó hasta tocar mi mano con la que tapaba mi paquete. Tener su mano ahí era algo que no podía creer. Dios, mi tía tocándome. Aunque era menor de edad y se consideraba un abuso, no me importó. Es una hermosa mujer y aunque estaba confundido, estaba dispuesto a hacer lo que me pidiera. Quitó su mano de su vagina y probó sus dedos sonriéndome al mismo tiempo. Sin apartar sus ojos de los mías, empezó a desabrochar mi cinturón y a bajarme el cierre. Bajó mi pantalón.

- ¿Te excito mucho?

- …un poco.

- Jaja ¿un poco?.

De los laterales de mi bóxer empezó a bajarlos. Mi pene salió de un brinco tambaleándose frente a ella.

- Mira esto, dijo agarrándolo.

No tenía una verga gigante pero tampoco algo que diera risa. Mi pene me media unos 18 centímetros. Ya erecto, claro. Lo cubrió con su fina mano y comenzó a frotármela. Cerré mis ojos disfrutando de ese delicioso masaje. Sólo pedía no venirme antes.

- Mmmm…¿sientes rico?

- …si,

De pronto sentí su lengua lamiendo mi glande. Lo hacía suavemente. Dios, sentí riquísimo.

- Ven, acércate más .

Me pegué más a ella. Como estaba sentada mi verga se encontraba justo frente a su rostro. Puso sus manos sobre mi cintura y empezó a columpiar su boca. Empezó a chuparlo. Que maravilla. Lo succionaba. Tragué saliva. Mi corazón palpitaba. Lo hacía tan rico. Miró hacia mi rostro y con mi verga dentro de su boca, sonrió. Lengüeteaba mi duro miembro. Faltaba poco para explotar en su hermosa boca. Me sentía tan caliente que no estaba seguro si iba a aguantar tanto tiempo. Nadie me lo había chupado. Así que no sabía si era muy buena pero con toda seguridad diría que lo hacia súper bien.

- ¿crees venirte?

- ...¿Cómo?

- Quiero que me llenes la boca de semen, mi amor.

- …Aaahhh!!, mi boca soltó un ligero gemido.

- Se que entraste cuando me bañaba.

- ¿eh?

- Si. Estoy segura que tomaste mi calzón, así que no me engañes

No sabía que responderle. Estaba diciendo la verdad. No había otra forma para defenderme.

- Solo una cosa, ¿te gusto olerlos dos veces?

- …si.

Estaba tan excitado que dije la verdad. Me delate. Sonrió y siguió mamando mi verga. La chupó durante unos minutos. La jalaba con delicadeza y a la vez con ganas.

- Tía…espe…ra

- ¿Qué pasa, pequeño?

- Siento…siento que me va a salir

- ¿si?. Que rico. Vamos!! Vente en mi boca.

- Tía!!! Dios!!

- ¿ya viene?

- …ya…casi

No podía resistir más. No aguantaba. Di un último respiró para luego explotar en su hermosa y delicada boca. Bombardeaba, le llenaba de semen la lengua, los cachetes. Rayos, fue extraordinariamente placentero. Mi verga pulsaba cada vez que expulsaba ese líquido dentro de su boquita. Succionaba, se tragaba todo lo que me brotaba. No imaginé que me saliera tanto. Se lo sacó y se limpió la comisura de sus labios. Miré mi verga toda cubierta de saliva. Agarró mis manos y las llevó directamente a sus hermosos y redondos senos.

- Ven, tócalas.

- …están duras

- ¿Te gustan?

- …ajá

- ¿quieres tocarlas o… O prefieres que te de...?, me preguntó coqueteándome y pellizcándose las puntas mientras se las acariciaba.

Estaba estúpidamente perdido en sus chulas chichis. Que me diera de su leche la noche anterior fue de lo más rico que me pudo pasar. Era tan pervertida, tan rica, tan buenota que era difícil decidir.

- … ajá, dije como tonto.

- ¿si?. Ven.

Se paró dejando que cayera su toalla sobre el tapete. Me acercó a la cama. Me subí el bóxer y el pantalón y subí a la cama recostando la cabeza abajo de las almohadas. Verla parada toda desnuda hizo que mi verga se empezara a endurecer. Se veía tan rica. Rasurada de su rajita, pechos levantados y puntiagudos. Era un sueño toda ella. Se recostó sobre mi sin dejarme caer todo su peso sobre mi. Apoyó sus manos a un lado de mi cabeza y dejando sus ricas tetas frente a mi cara. Le colgaban un poco. Las tenía redonditas y puntiagudas. Flexionó sus brazos para agacharse y pegando esos hermosos pechos a mi rostro. Pero sobre todo a mi boca.

- Chúpale, mi vida, dijo rosando su pezón sobre mis labios.

Era tan suave su punta. Saqué la lengua y se la lamí. Sonrió y la metió a mi boca. Cubrió su seno con su mano derecha y presionó la punta.

- Abre la boca y saca la lengua

La obedecí inmediatamente. Presionó varias veces hasta lograr que ese pecho salpicara mis boca de ese liquido blanquizco. Su sabor era dulce, rico. Presionó su punta y todo su pecho haciendo nuevamente que le saliera su sabrosa leche.

- Mmm ¿te gusta?

- …ajá

- Vamos mi amor, cómele la teta a su tía Isabel.

Me encantaba comerle el pecho a mi tía. Tenía el deseo de tomarlas y exprimírselas, pero no me sentía totalmente seguro y en confianza. La impresión me mantuvo pasivo y accesible a sus ricos melones. Ese momento fue perfecto. Aunque mi verga ya no respondió como esperaba, pasé un buen día con esas tetas. Atrapé su punta con mis labios y empecé a succionar.

- Eso, así, me incitaba acariciándome el pelo.

Casi no le salía pero me conformaba con lamerle y chupársela.

- Bueno…pues…ya. Abre la boquita.

Solté su seno. Se levantó y caminó al mueble. Me levante quedando sentado en la orilla de la cama. Me recuperaba de un viaje inolvidable. Miré a su trasero. Que rico culo. Redondo y parado. Se le asomaba su rico orificio. Sacó un calzón y se lo puso. Caminó hacia mí y se arrodilló.

- Jorge…

- ¿si?

- Necesito que no le digas nada a tu mamá. ¿me lo prometes?

- …si

- Hablo enserio. Si tu mamá se entera se armará un lío tremendo. 

- No le diré

- A nadie, ¿hecho?

- Aja

- Será nuestro secreto, ¿sale?

- …sale.

Aún necesitaba tiempo para recapacitar por lo sucedido. Pero el no decir nada conseguiría que se repitiera ese deleitante momento. Se enderezó y se siguió vistiendo. Después de lo que habíamos hecho y lo que hice mientras se baño, no le importó que la viera semi desnuda. Me levanté de la cama y caminé a la puerta.

- Oye…

Volteé a verla.

- ¿podrías llevar esto al cesto?, me preguntó dándome el calzón sucio.

- …si…claro.  

Lo agarré y salí. Mientras me dirigía al baño aproveché para volver a oler esa fabulosa y sabrosa prenda. Me enamoré más de ella. De su rico olor de pervertida y sucia mujer. Volví a mi cuarto y me recosté reflexionando la situación. Esa fue la tercera y última razón para considerarla como mi tía favorita. Escuché la puerta. Salí y ella había salido. Había ido por mi primo. Pasaron dos horas. Preparó la comida. Ayudé a poner la mesa. Comimos. Por la tarde hice la tarea y escuché algo de música. La semana pasó rápido. Después de esa inolvidable y excitante experiencia, mi tía decidió darle un alto. Quizás se dio cuenta de mi edad y de lo inexperto que era. Los siguientes días me trató muy indiferente como cualquier tía trataría a su sobrino. Acabó la semana y volvió a su casa. La verdad aprendí mucho y por fin había liberado mis ganas de tocarla y probar su hermoso cuerpo.

Continuará 

Datos del Relato
  • Categoría: Incestos
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