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Romelia, la payasita Esponjita*
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SINOPSIS: El amigo y joven amante, quien hace feliz, sexualmente hablando, a una payasita de circo…
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ECSagardez
La curiosidad de un adolescente de 15 años salió a relucir, cuando en un solar cercano a mi domicilio se instaló por algunos dÃas un circo pueblerino y el cual invitaba a todos los niños, jóvenes y adultos a presenciar la actuación de los escasos artistas que al cambiarse de trajes se convertÃan en trapecistas, payasos, domadores y malabaristas, etc.
En una de esas noches que asistà al circo, me llamó la atención una payasita enana, quien pese a su maquillaje, se le veÃa un rostro excepcional, porque pude apreciar que era bonita y a la vez derrochaba simpatÃa en su actuación.
La curiosidad por conocer más de ella me llevó a colarme hasta los viejos carros camper, que en fila servÃan no sólo como dormitorios, sino eran utilizados como sus camerinos privados y sin que se dieran cuenta los vigilantes logre llegar hasta el que ocupaba la payasita…
Con mucha discreción toqué a la puerta y del interior salió una voz ronca y suave que me invitaba a pasar. Sin embargo, para evitar un desaguisado o malentendido, le indique que yo no era gente del circo, sino que del público que deseaba platicar con ella porque me habÃa gustado su actuación…
Mi explicación desde afuera le satisfizo, porque abrió de inmediato la puerta y aún asà me invitó a pasar. El interior del improvisado camerino tenÃa una cama individual empotrada a la pared del vehÃculo, asà como un improvisado guardarropa. Todo estaba en orden y se veÃa la femineidad del lugar…
Le dije mi nombre y ella me dio el suyo que era Romelia, cuando le pregunté su edad, sólo sonrió y me dijo que ese era un secreto que se guardarÃa, pero sentà en su sonrisa toda la confianza del mundo y esa noche comprendà que ella serÃa una buena amiga…
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II
El circo continuó por varios dÃas y llegó el momento de despedirse del público. Para ello, los dueños convinieron en ofrecer una función especial a los vecinos del barrio, por las atenciones recibidas, ya que en algunas casas les permitÃan bañarse o hacer sus necesidades fisiológicas, sin cobrarles un centavo. Como siempre mi abuela fue una de las privilegiadas con la invitación, pero se abstuvo de ir y me envió en su representación.
Nuevamente tuve la oportunidad de estar cerca de Romelia, quien me vio cuando estaba sentado cerca de la pista e hizo toda su actuación casi frente a mi y en un momento de descuido se me acercó y me susurró al oÃdo que al terminar su actuación la viera en su camerino…
Y asà fue… Como pude me eludà por debajo de la carpa y llegué hasta su camerino, donde ella ya me esperaba en la puerta… Cuando entramos me dijo que deseaba darme un regalo y porque estaba muy feliz de que le hubiera dispensado mi amistad…
Ahà mismo me enteré que ella era hija del dueño del circo. Pero que su relación no era muy buena con su padre, porque él se afrentaba de ella debido a ser enana y que algunos de sus hermanos, que estaban en el circo, no le hacÃan el menor caso y que a veces habÃa pensado en llegar al suicidio, porque eran más de 30 años de vivir de esa manera.
Su relato me conmovió tanto que los dos lloramos y nos abrazamos, como si nos conociéramos de toda la vida y en un momento nuestros rostros se juntaron y nos dimos, primero un beso en la mejilla, donde enjugué sus lágrimas y después nuestras caras se encontraron y le di un beso en la boca…
Romelia era bonita de eso no habÃa duda. Su madre, quien habÃa muerto en un accidente circense, era originaria de Venezuela y de estatura normal. Por ello Romelia, habÃa heredado esa hermosura que la caracterizaba…
Permanecimos abrazados por largo tiempo y poco a poco los dos nos fuimos abandonando a otro tipo de caricias que se hicieron más Ãntimas. Ella no dijo nada y me condujo hasta su cama, donde me acostó y me desabrochó el cinturón para bajarme el pantalón y la truza, hasta que sus ojos se desorbitaron y con sus manos aplaudÃa por tener ante sus ojos el enhiesto pene de ese procaz adolescente.
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III
Cuando ella vio el enorme y grueso pene, se me quedó mirando y con los ojos le indiqué que era suyo y que no tuviera piedad de él… La invitación no se hizo esperar, Romelia lo engulló todo y con parsimoniosa lentitud lo fue lamiendo hasta que se lo sacó del todo…
Sus regordetas manos lo tomaban y por instantes jugueteaba con el grueso instrumento, mientras en sus ojos se dibujaba la alegrÃa de tener algo que en ese momento era sólo para ella y no habÃa nada ni nadie que se interpusiera entre nosotros, más que el calmar nuestra libidinosa cachondez.
Su lengua recorrÃa el enhiesto miembro y lo chupaba con tal ansiedad, como si fuera una paleta de caramelo… Era notorio los deseos reprimidos de Romelia, quien denotaba también que en esa pequeña habitación sólo habÃa noches de masturbación y anhelos no satisfechos.
Ella siguió mamando, trataba de que su boca engullera el pene a todo lo largo sin que le causara asco y asà lo hacÃa, su ansiedad por tenerlo en su boca era tal que ya no pude aguantar las ricas sensaciones que me producÃa, por lo que inicié la descarga de sémen que ella sorbió y se tragó sin ningún reproche…
Sólo alzó la mirada, en señal de agradecimiento por ser condescendiente con ella. Pero no dejó de chuparlo, ni siquiera lo sacó de su boca, siguió mamando hasta que logró que mi miembro se erigiera como un mástil fuerte y listo para la acometida final…
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IV
Con la verga bien parada, ella se desnudó por completo y sin bajarse de la cama, sólo se inclinó para mostrarme sus nalgas regordetas pero apetecibles y sin darle tiempo a nada la empalé totalmente, aunque me costó trabajo, por ser de vagina estrecha y no acostumbrada a tener sexo con regularidad…
Ella contuvo el aliento y conforme pasaron los segundos se fue entregando a los movimientos que el imberbe adolescente le producÃa, hasta que se volvieron rÃtmicos y acompasados, para ser sólo un cuerpo, cuya sombra se dibujaba en una de las paredes del camper por medio de la vieja lámpara que lo alumbraba…
Meterla y sacarla se convirtió en un movimiento frenético, donde los dos gemÃamos y lanzábamos intensos suspiros, ella a veces bufaba de satisfacción y yo daba rienda suelta a la sofocación que me causaba la incomodidad, pero también disfrutaba el ver como mi verga entraba y salÃa de ese agujero vaginal, cuyos lÃquidos derramaba a lo largo y ancho de mi pene…
Romelia no pudo más y se dejó caer en la cama para lanzar un ligero bramido que ahogó con una toalla en su boca y se convulsionó de tal manera que me produjo pánico… Pero esa era la forma en que daba rienda suelta a sus orgasmos y habÃa tenido uno espectacular, porque su rostro se transformó al dibujarse una sonrisa nerviosa, producto de la oleada de placer que le invadÃa…
Como pude la fui siguiendo hasta quedar los dos completamente acostados, pero mi cuerpo no la aflojó y metiendo mis manos entre su pelvis, la penetré más a fondo y le derramé cinco o seis descargas de sémen que le hicieron contener el aliento y mover, como pudo, sus caderas para recibirlas…
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V
Tras esperar que mi verga se pusiera flácida y solita se retirara de ese virginal agujero… Nos acostamos en la improvisada cama y nos seguimos besando como locos enamorados… Ella me sugerÃa tener mucha seguridad a mi lado. Pero yo en mi interior pensaba en estar disfrutando plenamente el pequeño cuerpo de esa mujer, quien estaba privada de amor y sólo la hacÃa feliz el hacer sonreir a los niños a través de su personaje: "Esponjita".
Luego de esa noche, el circo duró dos o tres dÃas en desmantelar sus carpas y guardar sus cosas para desalojar el solar, cuyo dueño se los habÃa rentado por dos semanas…
El dÃa de la partida, me acerqué hasta donde estaba Romelia, quien me recibió con una ligera sonrisa y tras besarme en la boca, me dijo que no me olvidarÃa y que serÃa un buen recuerdo en su vida…
De mis ojos salieron algunas lágrimas que ella se encargó de limpiar con sus manos regordetas… Pero me pidió que no la olvidara, porque estaba segura que nos volverÃamos a ver lo más pronto posible…
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VI
El pacto se cumplió… El circo se fue a instalar a un pueblo cercano a Veracruz, a escasos 45 minutos de camino, asà que al enterarme, esperé a que llegara el domingo y muy temprano me dirigà al lugar… Cuando ella me vio parado frente a su camper, su cara se iluminó de alegrÃa y me invitó a pasar…
Para ese entonces, ya era muy familiar para los artistas del circo, entre los que se encontraban sus hermanos, quienes también era mis amigos y les agradaba que Romelia estuviera feliz y contenta por verme…
En el interior, no dejábamos de besarnos y de platicar de tantas cosas, entre ellas de mis estudios, de los vecinos del barrio de quienes tenÃa buen recuerdo por la forma en que los habÃan tratado y además porque el siguiente año volverÃan por más tiempo…
Los besos en la boca se hicieron salvajes, nuestras lenguas se entrelazaban y ella me besaba y me introducÃa su lengua en las orejas, mientras yo le recorrÃa su cuello y le mordisqueaba sus pezones que fuera de su sostén, lucÃan erectos y llenos de especial sensualidad…
Mi mano derecha se metió entre su calzón y buscó con especial vehemencia su vagina, donde un dedo penetró hasta tocar el clÃtoris y juguetear con él… Ella disfrutaba y se entregaba con plenitud a dicha caricia…
Los suspiros que lanzaba eran sensacionales… Hasta que de sus labios salieron las palabras mágicas: "Metémela por favor…", "ya no aguanto más…".
Y no me hice del rogar… Me desnudé y con la humedad que salÃa de su vagina y a manera de amazona, le puse la punta de mi verga que Romelia se encargó de introducirse poco a poco… Cuando sintió que la tenÃa toda adentro, aceleró sus movimientos y en algunas ocasiones se la sacaba hasta la punta y en otras hasta la mitad, pero era ella, quien marcaba el ritmo y la forma de ser penetrada…
Fue un deleite observar la felicidad de su rostro al sentirse penetrada por mi tieso pene que entraba y salÃa de ese lubricado agujero y que sólo esperaba su orgasmo para dispararle leche fresca y caliente…
Romelia seguÃa cabalgando, mi verga entraba y salÃa… La verdad yo cerraba los ojos, porque disfrutaba a plenitud sus movimientos y su apretada vagina que envolvÃa, como ajustada funda, a mi pene que parecÃa hincharse y hacer más difÃcil la acometida…
Ella lanzó un fuerte suspiro y se pegó a mi pecho… Para hacer movimientos espasmódicos que anunciaron la llegada de su orgasmo… Fue sensacional, sentir el cuerpo de mi payasita sobre mi, mientras mi miembro lanzaba varias descargas de sémen en ese húmedo agujero…
El coito habÃa sido sensacional y se habÃa cumplido el anhelo de Romelia de que volverÃamos a estar juntos…
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VII
La tarde transcurrió bajo las sombras del amor… Ella me hizo de comer en su desvencijada estufa… Pero ¡oh! sorpresa, era una cocinera excelente… Todo estuvo sabroso, hasta que llegó la hora de empezar los preparativos para su primera función y Romelia se fue al primer tiempo de variedad, mientras yo dormÃa una siesta en el camastro…
Cuando terminó su actuación… Regresó de inmediato para ver si no se me ofrecÃa algo y tras llevarme un vaso de refresco frÃo… De nuevo se retiró para la segunda función…
Su participación era muy apreciada por los niños, ya que derrochaba mucha simpatÃa y en esos momentos sus vivaces ojos denotaban alegrÃa…
Volvió a su camerino y yo la esperaba con la idea de decirle que tenÃa que irme. Pero no me dejó ni abrir la boca, me pidió que me quedara y aunque sea por esa noche la acompañara… Estaba feliz de que estuviera a su lado y no querÃa que ese momento se le disipara en la bruma…
AccedÃ, porque en mi casa habÃa avisado que visitarÃa a un tÃo que vivÃa en el campo y no habÃa forma de comunicarse con él para saber la verdad y además mi tÃo Marcelo, siempre fue uno de mis cómplices en mis aventuras. La única condición decirle a él siempre la verdad…
Esa noche, el camerino se convirtió en un recinto de sexo y placer… Romelia mamó hasta lo indecible, me la cogà en diversas posiciones de acuerdo a lo que su frágil cuerpo podÃa aguantar…
Pero siempre era ella la que jineteaba, le gustaba tener la iniciativa de la penetración y aunque soportaba con gallardÃa el largo y grueso pene, no podÃa disimular que en algunas ocasiones le producÃa algo de dolor. Pero su felicidad era más que evidente…
Ella acompasaba sus movimientos al hacerlo en algunas ocasiones débiles y en otros frenéticos, casi llegando al salvajismo, pero lo que más le encantaba era mover su cuerpo como si estuviera bailando hawaiano, porque decÃa que la punta de mi verga le daba masaje en sus músculos vaginales…
La ilustración de sus expresiones me hacÃan sentir el mejor de los amantes en mis escasos quince años. Pero eso no me importaba, yo querÃa hacer feliz a mi payasita: Esponjita y creo que lo logré…
Cuando su cuerpo convulsionaba, se laxaba y dejaba caer en mi pecho para besarme y lanzar un largo suspiro que anunciaba el orgasmo que le producÃa tener mi grueso falo en su interior.
Pero a la vez ya se producÃan las fuertes descargas de esperma que inundaban todo su interior y que la hacÃan vibrar de intensa felicidad y hondo cariño hacia su joven amante…
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VIII
Esa noche, ella eligió darme un regalo sorpresa y no pude más que asentir a recibirlo, cuando me dijo que su trasero serÃa para mÃ… Ella se acostó y puso una almohada bajo su estómago para mostrarme su trasero…
Su ano estaba ante mis ojos y permanecÃa limpio. Romelia sólo esperaba la acometida de mi verga como gruesa espada que vulnera las carnes de un cuerpo. La tranquilidad de su rostro me conmovió y quise ser lo más caballeroso posible para no hacerla sufrir…
Tomé de un tarro de crema Nivea, un poco del contenido y lo unté en mi verga, mientras con otra mano le ponÃa en su ano… Ella hizo un ligero respingo, pero no tuvo la intención de desistir de su regalo…
Coloqué la punta en su ano e imprimà algo de fuerza para penetrarlo… Ella misma se agarró las nalgas, en un afán por separarse y que el agujero se abriera más… Sin embargo, éste ahà seguÃa y como pude logré meterle la punta del prepucio… Le provoqué un ligero respingo…
Esperé unos segundos y le introduje otro poquito de miembro… Ella gimió de domor, pero no dijo nada… El pene ingresó más y más hasta que llegó a la mitad… Ya en sus ojos habÃa lágrimas de dolor, pero se mostraba impávida… Ningún intento por retirarse…
Cuando de pronto ella misma se oprimió contra mi verga y se la introdujo toda, para lanzar un callado gemido que demostró el intenso dolor que sentÃa al ser taladrada por la broca en que se convirtió mi pene…
Cuando calculé que el dolor ya no era intenso, comencé a bombearla poco a poco, una veces con ritmo y otras sólo el movimiento que la hiciera vibrar… Su respuesta no se hizo esperar, cuando pasados los minutos, Romelia acompañaba mis entradas y salidas…
Mis manos jugueteaban con su clÃtoris y dentro de su vagina… Ella estaba recibiendo doble dosis de placer y fue en el preciso momento que la humedad llegaba a mis manos, cuando su cuerpo se convulsionó totalmente y me dejó toda la iniciativa para meterle la verga hasta el fondo de su ano y varias descargas de sémen fueron lanzadas que le produjeron una sonrisa nerviosa…
Poco a poco mi verga se volvió flácida y cuando salió de su ano, los dos nos acostamos en la cama y ella se levantó para sentarse entre mi ombligo y pelvis para decirme cuanto me amaba y lo mucho que me agradecÃa ser su joven amante…
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IX
Romelia, mi payasita: Esponjita… Ha sido y será el mejor de mis recuerdos… Porque pasaron los años y ella siguió llegando con el circo, mientras yo me convertÃa en su joven amante cuando la visitaba en mis incursiones nocturnas por el circo..
Hasta que en uno de esos viajes, recibà la noticia de que se habÃa quedado en un lugar de Campeche, en donde encontró un payaso enano que la convirtió en su esposa y los dos eran muy felices… Jamás volvà a saber de ella… Pero en mi mente quedó su recuerdo y el haber colaborado para evitar que sus estados depresivos se volvieran contra ella.
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