SAN MARCIAL
San Marcial era el pueblo elegido por mi madre para pasar las vacaciones aquel año. No sé de donde lo había sacado, pero era un pueblito costero, muy lindo, tranquilo, eso era lo que ella buscaba y como yo no tenía nada que hacer la acompañe en su aventura, que luego se transformo en mi noticia.
Las playas que en ese pueblito había estaban rodeadas de rocas, que les daban al lugar un hermoso paisaje. Colores marrones que se transformaban en dorados a la luz del sol. Verdosos montículos y acantilados que caían en picada mortal pero que le daban un colorido maravilloso.
Una vez que nos acomodamos la tarde en que llegamos salí a dar una vuelta por las playas aquellas, mi madre se quedo en el hotelito. No había casi gente, obviamente, no eran playas que se llenaran de gentes, al menos por aquellos años, en que nadie conocía de aquel lugar.
Se podía andar libremente, en mi bañador nuevo yo movía mis hermosas caderas, de un lado a otro, casi en solitario, mis nalgas jugosas y apetitosas andaban al ritmo de mis pisadas. Mi metro setenta y cinco se desplegaba en libertad por aquellas costas casi perfectas. Mi largo cabello, que el viento del lugar volaba para todos lados. Me sentía tan bien, pensando que no estaba tan mal aquel lugar que había elegido mi madre, y que yo no sabía muy bien porque lo eligió. Pero que al fin y al cabo no importaba demasiado.
Pase por varios lugares, en uno de ellos había dos varones, mayores, tal vez entre cincuenta y sesenta. Nuestras miradas se cruzaron. Seguí de largo como no dándole importancia al asunto. Supuse que estaban con sus familias así que no quise meterme en ningún lio, pero note que quedaron observándome, tal vez con lascivia, tal vez con lujuria, tal vez con cierto morbo y perversión.
A la noche nos fuimos a un bar, creo que el único, que funcionaba en aquel lugar. Mi madre bebió unas cuantas copas, como era su costumbre, tenía un hígado de fierro. Yo la seguía pero con mucho cuidado, no estaba dotado para beber mucho. Allí estaban los dos varones maduros que había visto en la playa. Me miraban de vez en cuando. Y yo los miraba también como al pasar, haciéndome el tonto. En una de esas mi madre fue hasta el baño y yo me acerque a la barra. Uno de ellos se acodo a mi lado mirándome de arriba a abajo sin remilgo alguno
__¿Como estas?__ saludo con ojos brillantes
__Bien y tu__ conteste sin reservas firmemente
__¿Y tú eres?__ pregunto
__Soy Juanito, aunque me dicen Juani__ en eso el chico de la barra me alcanzo lo que había pedido.
__Te vi en la playa hoy a la tarde con mi amigo…
__Si, no me digas…__ dije irónicamente
__Tu también nos viste…
__Te habrá parecido, no lo recuerdo…__ por el rabillo del ojo vi que mi madre se sentaba en su silla y me buscaba con la vista
__Yo creo que si nos viste, a propósito soy Fernando, me icen Fer…
__Mucho gusto Fer…__ dije sonriendo y me fui, moviendo un poco mas mi culo fibroso, relleno. Sabiendo que sus ojos me comían con deseo y voracidad.
Mi madre me sonrió cuando me vio sin decir nada, ella conocía mis gustos y yo los de ella. Al rato nos fuimos del lugar pero ya no los vi a aquellos maduros atrevidos.
Al día siguiente fuimos a la playa con mi madre a eso de las cuatro. Era un día hermoso, el sol en lo alto marcaba el calor casi endemoniado de aquella jornada. A lo lejos vi a Fer con el otro maduro y además estaban con otros dos, más o menos de la misma edad. Charlaban animadamente y alguno de ellos se metía al mar de vez en cuando. Yo me fui con mi bañador sugestivo y provocador hacia el agua, que estaba muy refrescante, luego de zambullirme varias veces, en una de esas apareció Fer a mi lado, como un fantasma. Y del otro lado estaba el otro maduro que siempre lo acompañaba sonriendo
__El es Jacinto…__ Jacinto tenia hombros anchos. No se veía muy alto. Pocos cabellos sin llegar a ser pelado. Una nariz peculiar como si fuera de boxeador. Rostro firme sin ser serio.
__Hola Jacinto__ salude con los cabellos chorreando agua salada
__Hola como estas, la verdad es que te ves muy bien, me ha dicho aquí mi amigo que te llamas Juanito
__Así es, ¿la están pasando bien ustedes?__ pregunte por decir algo
__Si claro y más teniendo encuentros como este, contigo Juani, ¿puedo decirte Juani?__ me susurro casi al oído Fer, rozando mis nalgas con su bulto creciente, me apoyaba sin ningún prurito ya que nadie podía notar nada. Además éramos los únicos que estábamos en esa zona.
__Tu nos lo haras pasar mucho mejor Juani…__ dice Jacinto mientras se acerca a mi del lado contrario adonde esta Fer y con sus manos roza mis tetillas que están erectas, erguidas, duras como rocas, igual que mi verga, a pesar del agua, una mano de aquel atrevido, llega hasta ella y la acaricia mientras mira hacia la costa como si nada pasara.
__Es verdad que la pasaremos bien, ¿no es cierto Juani?
__oh si si claro, ustedes son unos atrevidos, ahhh, que bien…__suspire casi gimiendo, entonces estire mis manos a cada lado y me encontré con los bultos muy ricamente duros, a punto de una buena mamada, pensé. Aquellos machos se pusieron más tensos, y casi gemían de placer, se acercaban otros bañistas. Y decidimos separarnos un poco, aun las vergas no habían salido de los bañadores, pero estaban duras como rocas, la puta que había en mi salía prontamente, necesitando que me dieran una buena porción de carne. Fer con su irada grande y chispeante, me hablo de que debería ir con ellos a la cabaña, donde estaban hospedándose.
__Si deberías venir con nosotros__ apoyo divertido y ansioso Jacinto, mientras íbamos caminando hasta la orilla
__Estoy con mi madre…
__Ella entenderá…__ dijo Fer, antes de salir definitivamente del agua sentí sus palmas en mi trasero, lo pellizcaron, cachetearon, acariciaron. Me dieron una explicación de cómo llegar hasta la cabaña, la verdad que la idea me seducía por completo, estar con aquellos machos me entusiasmaba.
Era el atardecer de aquel día y mi madre para mi bien no estaba con ganas de salir, así es que aproveche y me fui sin pensarlo dos veces a la dicha cabaña. Trepe por unos caminos rocosos, muy perdidos entre unos montes enclavados en tierra rojiza y arenosa.
Allí entre aquellas arboledas asomaba una pintoresca cabaña. Las últimas luces del día alumbraban apenas el lugar. Dentro de la cabaña ya había luces encendidas y se escuchaban voces. Extrañamente me pareció que había más de dos voces. Avance igualmente y entre en el porche. Golpee la puerta de madera y espere. Fer apareció y me extendió la mano, la tomo y me metió adentro.
__¿Llegaste?__ dijo casi sorprendido
__Temía que no vinieras pero yo le dije que tu vendrías…__ aseguro Jacinto
__La verdad es que dudaba si podrías venir, sobre todo por tu madre, digo, para mí, debe ser un niñito de mami, pero veo que no…
__Lo que yo no sabía era que iba a haber más invitados…__ dije al ver que se arrimaban a la conversación dos hombres más.
__Bueno surgió un imprevisto, ellos llegaron recién, los esperábamos hasta dos días después, pero nada, si te molesta, puedes marcharte, eres libre, aquí no te sientas obligado nada…__ dijo Fer
__No, esta bien Fer, no pasa nada….
__Ellos son Orlando y Teo…__ dijo señalando a Orlando un morocho de ancho pecho, se notaban los vellos que sobresalían de su camisa desabrochada, como su barriga cervecera, también con pelos, no abundantes pero pelos al fin. Tenía una nariz fina y delicada, ojos oscuros color negros, cejas abundantes y anchas, una mirada tierna y empática. Teo era canoso, su pelo era gris pleno. Ojos claros. No muy alto, pecho normal, el estaba en cueros y con una lata de cerveza en la mano. Fer me invito a comer algo de la picada que estaban degustando. Estaba rodeado de hombres y eso me encantaba. Mi corazón latía, mi culito palpitaba. Mis pezones se endurecían tanto o más que mi pijita. Las miradas de aquellos especímenes de varones me comían con la mirada, claro que Fer y Jacinto, que ya me conocían un poco, me acariciaban de vez en cuando por la cola, la espalda. Como quien no quiere la cosa. Yo suspiraba y me hacia el tonto, aunque me encantaba sentir esas caricias. Ellos estaban muy duros y excitados. Me daba cuenta de ello. Bebía cerveza con ellos, me daban de sus mismas latas, se turnaban para acercarse a mí, y darme de beber en la boca.
__Tienes unos labios preciosos, sabias…__ dijo Jacinto
__¿Quien sabe como harán sentir esos labios? ¿darán placer? ¿recibirán placer?__ comento Orlando
__¿Quién sabe si Juani está dispuesto a mostrarnos?__ atino a decir muy cachondo sobándose el garrote Jacinto, suspirando profundamente y besando atrevidamente mi cuello, me hizo largar un suspiro y ahí nomas pellizco mi culo enardecido.
Fer por su lado y dando por hecho mi consentimiento, fue directo abajar mis bermudas de vestir y dejo aparecer mi tanguita metida en mi culo, le corrió el hilo que entraba a fondo en mi anillo y su lengua prontamente acabo dentro de mi orificio. Abriéndolo, y metiendo su saliva dentro, haciendo que yo empezara a gemir brutal y emputecidamente, en tanto Jacinto ni lento ni perezoso se fue a comer mi pijita dura mis huevitos llenos de miel, los otros dos, Orlando y Teo ya habían sacado sus machetes apuntando al techo, hermosas, venosas, potentes, gruesas. Se apoyaron en el borde de la mesa donde estaba la picada, y me la ofrecían, así que hincándome un poco más, m e metí aquellos garrotes en mi boca que se agrandaba descomunalmente, para comer una y luego otra y finalmente meter las dos. Si algo no imaginaba aquel día era tener a cuatro machos haciéndome gozar como la más puta de todas.
Fer en un momento luego de haber agrandado mi ojete de manera impresionante o que al menos pocas veces lo habían logrado, tomándome de las caderas, hundió su machete, haciéndome babear, aullar, mover mi culo para sentir un poco más. Jacinto comía sin detenerse mi pijita, chorreando su saliva por doquier, mientras yo seguía tragando machetes furiosos.
__Ohhh que delicia de culo tienes Juani, es hermoso, ahhh, voy a acabar, voy a llenarte de leche, siii…__ Fer gruñía aferrándose en serio de mis caderas anchas y lujuriosas. Y largaba chorros impresionantes de leche en mi túnel, ahí mismo yo llenaba la bocota tragona de Jacinto con mis propios fluidos y Orlando y Teo largaban en mi cara, mis labios, mi lengua, mi garganta trallazos de leche, líquidos espesos y salobres, pero que yo saboreo perversamente. No tardaron un segundo, después que Fer quito su garrote de mi ojete que largaba semen sin parar, los dos invitados me besaron la boca, saboreando centímetro a centímetro mi boca, chupaban mi lengua, en tanto Fer mordía mi nuca con su bamboleante pedazo chocando contra mis nalgas. Jacinto poniéndose de pie, me tomo de la mano.
__Ven que ahora me toca a mi… vamos cariño, ven a la cama…__ lo seguí chorreando todavía. Mi pijita ahora adormecida, pero no mis hormonas, muy calientes, tanto como Jacinto que llevaba su pedazo de carne duro y cabeceando. Nos tiramos en la cama, el comenzó a besar, morder y chupar mis pezones. Acariciar mi vientre lampiño, tal como mis genitales y mi ojete caliente. Metía un dedo dentro. Lo sacaba y me lo daba a comer, besaba mis labios, se había apoderado de mi cuerpo por completo. Me la metió de un saque. Abriendo un poco mas con su vara gruesa, la más gruesa de todas, no muy larga, pero ancha. Dura, potente, se abrió camino por mi túnel. Haciéndome lloriquear de gusto. Mi pijita prontamente se empezó a levantar.
__Ohhh cariño que lindo culo tienes…que zorra linda eres, esa boca tuya es tremenda…__ mientras estaba de costado atravesado por el garrote de Jacinto, vino Fer y tirándose de frente a mí, me besaba la boca, la mordía, gimiendo y gozando. Los potentes huevos de Jacinto golpeaban contra mis nalgas. Orlando y Teo miraban desde los bordes de la cama, babeantes, tocándose. Seguro habían deglutido una hermosa pastilla, porque sus poderosas espadas estaban alistándose furiosas nuevamente. En tanto Jacinto seguía penetrándome resuelto. Pellizcando mis tetitas. Estaban duras, como mi pijita nerviosa. Fer beso mi vientre para luego meterse en la boca y tragar sin tapujos mi verguita afiebrada.
__Tu belleza es la juventud, mira como se te ha parado tan rápido, estabas muy caliente putita…ohhh como se abre tu culo, me encanta, me gusta tanto sentirte, palpita cariño, cómeme la verga, así ahhh…__ gruñía Jacinto mientras iba y venía dentro de mí, a solo pasos de acabarme y llenarme de leche.
__Apresúrate Jacinto que queremos entrarle a esta zorrita, parece que le encanta la verga y vamos a dársela..__ comento ansioso Orlando. Jacinto empezó a aullar y a moverse histéricamente mientras largaba chorros de su jugo dentro de mi culito absorbente. Mordió mis hombros y mi nuca. Jadeando como animal. Saco su machete blandengue y babeante. Se acerco Orlando casi con desesperación. Hizo que girara mi cuerpo y le colocara las piernas sobre los hombros, y allí me entro sin pensárselo hasta sus huevos grandes y gordos. Me partía el culo, yendo y viniendo, Fer se puso de espaldas a Orlando y acercando su vergota a mi cara me la ofrendo para que la besara y lamiera, así también como a sus bolas.
Estaba en un mar de vergas y bolas y gemidos. Orlando apuraba las embestidas y largaba sus chorros de blanquecino semen en mi abertura cada vez más dilatada y llena de leche de macho. Mis quejidos y lloriqueaos de placer retumbaban en toda la cabaña. Así fue Teo quien tomo su lugar a todo esto no me daban respiro, mi sudor se mezclaba con el sudor de los otros machos. Teo clavo su pijota en mi ojete. Lance suspiros. Eso lo puso más loco a aquel hombre, que saco su vergota y la ponía otra vez en mi agujero despatarrado como estaba y al punto del calambre, pedí si podía bajar las piernas, porque ya no las sentía el asintió y me pidió ponerme en cuatro a lo que accedí. Me penetro de una vez hasta el fondo, tomándome de las caderas, Fer se había corrido y ahora entraba a mi boca de pie, para llenarme la garganta de su leche espesa, rica, deseada. Teo se vació como todos los otros hombres en mi túnel abierto, me colmo de líquidos que pronto rebalsaron mi anillo.
Cuando llego la hora de irme, aunque pidieron que me quedara con ellos a pasar la noche, les prometí que nos veríamos otra vez. Me trajeron al hotel Teo y Orlando era de madrugada y antes de llegar nos detuvimos en un paraje retirado que ellos conocían y me cogieron en el auto, de a uno a la vez, me hicieron acabar una vez mas ya había perdido la cuenta. Estaba al borde del desmayo de tanto placer y lujuria.
Al año siguiente regrese a san marcial, y por años fue mi lugar favorito para vacacionar, aunque esos machos me cogieron todas esas vacaciones no los volví a ver jamás, tuve otras aventuras y otros hombres pero a ellos no volví a encontrarlos jamás.-