Un gusto poder escribir y contarles lo que me sucedió cuando me destacaron por un lapso de tres meses a la ciudad de Arequipa.
Trabajo en una empresa minera industrial y por razones de operatividad me enviaron a la ciudad de Arequipa. La ciudad muy bonita, pero no conocía a nadie y al salir del trabajo realmente era incómodo regresar a la soledad del departamento alquilado donde vivía. Los primeros días conocí la ciudad, pero con el paso de las semanas se fue poniendo pesado.
Así que como una forma de desestresarme decidí meterme al gym. Un amigo me recomendó uno que estaba por la urbanización santa piedra o algo así. Era un local pequeño pero agradable. La mayoría de los asistentes en el turno de la mañana eran de cuarenta a más. Por cierto, tengo cuarenta años y muy en forma no estaba, pero la idea de ir al gym mas que mejorar mi apariencia era distraerme y relajarme un poco.
Mi turno era temprano, y es allí donde, entre varias maduras, vi a una simpática. No era nada fuera de lo normal. Promedio por donde se le mire, pero tenía un cierto ángel que llamaba la atención. Calculo que tendría unos cincuenta y cinco años, mediría un metro sesenta, delgada, trigueña, pelo negro, caderoncita y de pocos pechos.
Mientras me ejercitaba, aprovechaba para mirarla disimuladamente. Cada sentadilla era hacer volar mi imaginación. No era generosa de nalgas pero al inclinarse la lycra, leggins malla o como se llame, le formaba un delicioso y amplio trasero. Así estuve algunos días enfermándome con sus rutinas.
Mi hice amigo de otro colega que iba en el mismo turno y al menos mientras cambiábamos de máquinas tenia con quien conversar. El si la conocía o al menos algo de amistad tenían pues más de una vez los vi charlar amenamente. Así que ya en confianza, no pude si no pedirle que me la presente. No creo que te atraque, me dijo, ya varios han rebotado, ella es casada, pero si gustas te la presento igual.
Marcos, de puro gracioso aprovechó un receso y llamándome me presentó ocurrentemente. Eliana, te presento a Rodrigo, quiere ser un gym bro, pero necesita alguien que lo asista y como tu ya tienes algunos meses pensé que tal vez podrías ayudarlo.
Hola Rodrigo, un gusto.
El gusto es mio Eliana. Que lindo nombre.
Bueno chicos –dijo Marcos- los dejo para que coordinen. Y sin más se retiró dejándome cara a cara con ella.
Llevas poco en el gym verdad. Me parece haberte visto desde hace dos semanas recién.
Vaya, lo notaste. Si recién entré.
Y como que te gustaría ejercitar, osea, piernas, brazos, pectorales, abdomen y pasaba su mirada por esas partes mientras me hablaba.
No sé, tú que crees que me hace más falta. Sonrió.
Era de boca amplia, digamos medio bocona, pero esa sonrisa fue linda. De esas sonrisas que enamoran. Espontánea, sincera.
Por hoy solo quiero relajarme un poco para ir más renovado al trabajo, dije. Sin más me dio algunas sugerencias, mientras ella volvía a sus propias rutinas. No estaba marcada, pero se notaba que tenia fuerza en los brazos y en las piernas. Noté en su ajustada camiseta una ligera prominencia de su barriguita. El resto de la jornada me tensé en vez de relajarme tratando de adivinar cada movimiento de ella. Esperé pacientemente a que acabara el turno, para así abordarla y conocerla un poco más.
Me acerqué mientras guardaba su toalla y sus guantes y atiné a decir: creo que por hoy es suficiente. Tú ya llevas tiempo aquí?.
Si, poco más de medio año.
Bueno, se nota que el esfuerzo ha valido la pena. Mientras recorría con mi mirada su anatomía. Sonrió nuevamente al sentirse coqueteada y halagada.
Solo vengo para mantenerme un poco, nada más.
Tu esposo estará más que contento.
Ahh él, si claro, contento.
La expresión sonó como que no le importaba a su esposo como se veía ella. Me la dejó clarito. No se por qué, pero me alegré.
Eliana si gustas te doy un aventón, tengo el carro afuera.
Gracias Rodrigo, no es necesario, yo vivo cerca, a tres cuadras hacia abajo.
Te acompaño entonces y ya regreso para ir a casa a bañarme y después a trabajar.
En el trayecto, conversábamos sobre las rutinas y eso. No quise ser muy preguntón sobre sus temas personales, pero me moría de curiosidad. Llegamos a su casa.
Bueno Rodrigo, nos vemos mañana.
Ni lo dudes, allí estaré. Me acerqué y le di un beso en la mejilla. Pude oler su aroma a perfume y sudor.
Ya en el trabajo, no hacía más que pensar en ella. De verdad me había gustado mucho Eliana.
Al día siguiente, me armé de valor y al finalizar la sesión, la abordé nuevamente y la invité a salir a desayunar, alegándole que no tenia que ir a trabajar sino hasta el mediodía.
-Rodrigo, me agarras fría. Pero no sé. Es que debo bañarme, ver si mi hija Andrea ya se fue a estudiar, es que …
Se le veía nerviosa, no se esperaba esa invitación. Era el momento de insistir.
Eliana no te preocupes. Ve a ducharte, yo haré lo propio, vivo aquí arriba en Challapampa y en el carro no creo que me demore más de treinta minutos. Me voy y paso por ti en media hora.
No supo que decir, solo un si más de compromiso que de convicción. No me importaba, ya había aceptado y la tendría para mi a solas, sin las miradas curiosas del gym, solo los dos desayunando.
La recogi de su casa y nos fuimos al Capriccio de la avenida metropolitana, a unas cuantas cuadras de su casa. Inicialmente el nerviosismo de la primera vez, sobre todo en ella, pero poco a poco el ambiente cambió totalmente. Conversamos de todo un poco. Le conté que era soltero, que no había tenido suerte en el amor, que trabajaba en varias ciudades del país de un lugar para otro, y ella me comentó que era casada, tenía una hija y que su vida de ama de casa se había vuelto aburrida y que por eso era asidua concurrente del gym. Hubo química, éramos como dos viejos amigos charlando amenamente. Pagué la cuenta, como todo un caballero le abrí la puerta del auto y la llevé a su casa.
Eli, ha sido el mejor desayuno desde que estoy en Arequipa. Sonrió una vez mas.
La miré y ella a mí. Era como que quisiéramos decirnos algo más, pero nadie abrió la boca.
Mañana me ayudas con el press de banca, no creo poder hacerlo solo.
Jajaja, claro no te preocupes.
A la mañana siguiente me acerqué a saludarla y sin más le dije: hoy el desayuno lo invitas tú. Repetimos lugar o vamos a otro sitio. Se quedó mirándome, balbuceando logró decirme: ya lo vemos a la salida.
Terminado el turno la esperé en la puerta unos minutos hasta que salió.
Rodrigo, disculpa, pero no se si sea una buena idea salir. Es que como te comenté soy casada y no sé que podría pensar mi esposo si le cuentan que me ven desayunando con otro hombre, ya sabes, los vecinos son algo chismosos.
Te entiendo Eli, si lo sé. Yo te diría para invitarte a mi departamento pero ya imaginarás como está. Uno es soltero y muy ordenado no soy.
Me acabas de dar una idea. Mi hija Andrea ya salió a sus clases. Y si te invito a desayunar a mi casa?, además comeríamos más sano que en el Capriccio.
Me parece genial, y ya de allí me voy al trabajo, tengo la ropa en un maletín, solo que me prestarías tu ducha para poder cambiarme.
Ok. Yo voy yendo mientras tú pasas por la tiendo para comprar pan, pero pan de molde integral por favor. Te dejo la puerta entreabierta, pero un favorcito Rodrigo, cuadra tu carro en la casa de enfrente.
Ni y me lo creía. Elianita, mi idealizada madura me prepararía el desayuno en su casa. La idea de estar solos los dos me comía el cerebro.
Me cuadré como me dije al frente de su casa (imagino ahora que para no despertar sospechas). Bajé con la bolsa del pan, empujé la reja y subí las pequeñas gradas. La puerta estaba empujada. Pasé.
Elianita, llegó el pan
Pasa y cierra, estoy en la cocina Ro.
La casa era bonita, se notaba arreglada. Entré a la cocina y la vi terminando de freir algo. Al verla, así de espaldas, a tan solo un par de metros, noté como se le marcaba la tanga en su pantaloneta. Clarito estaba el triangulito que se perdía en lo que sería una deliciosa conchita.
Me acerqué y me puse detrás de ella, sin tocarla y con halago le dije: humm que rico huele y se ve. Eres una buena ama de casa, que orgulloso debe sentirse tu esposo.
Empezamos a desayunar, un delicioso café acompañaba la merienda.
Espero te guste.
Me gusta más de lo que debiera.
Yo hablaba del desayuno. Sonrió. Que te pareció?, me dijo sin quitarme la mirada y esperando mi reacción.
Casi tan delicioso como tú, contesté.
No nos quitábamos la mirada uno del otro. Era obvio que yo le gustaba a ella también, pero esperaba que sea yo quien lleve la iniciativa.
Se paró a dejar las tazas en el fregadero. Me paré y le di alcance. La tomé del talle y la hice girar hacia mi. La vi fijamente a los ojos mientras mi boca se apoderaba de la suya. Ella subió sus brazos rodeando mi cuello mientras yo seguía mordisqueando esa boca grande. Sin más pasé una mano por debajo de sus glúteos y la levanté hacia mi cintura, ella merodeó con sus piernas y así sin dejar de besarla salimos de la cocina.
Tienes que subir las gradas Rodrigo, Ojalá tus piernas estén tan duras como lo que estoy sintiendo entre mis piernas.
Me costó subir las gradas con ella rodeando mi cintura. Pesaría unos 56 o 57 hilos. Terminando el descanso de las gradas divisé la habitación. Estaba cerca de la gloria. Me di ánimos y continué mi camino. La cama era grande (una King) y estaba destendida, había ropa de dormir de su esposo y un pequeño portarretrato en la mesa de noche con una foto de su matrimonio.
La recosté delicadamente en la cama, me puse encima y empecé a besarle el cuello, y no se por qué le decía que no pensara, que no resistiera a lo que ella sentía, mientras seguía besándola y ella correspondía y de vez en cuando dejaba salir unos gemidos ahogados.
Eliana, mi Eliana se estaba entregando a mi. Nos pusimos de pie y yo detrás de ella le hacia sentir mi verga en su pantaloneta, Eli movía sus caderas en círculos como para que ambos disfrutemos ese roce. Le di vuelta y le quité la camiseta y el top, dejándome ver sus pechos pequeños cuya aureola coronaba perfectamente con sus pezones que me pedían a gritos que los mamara. Dirigí mi boca a ellos y empecé a mamarlos, Eli gemía y me pegaba más sus tetas a mi rostro mientras yo mordía esos pezones divinos.
Yo me encontraba completamente excitado y ansioso por penetrarla. Me quité sin más el polo y el buzo quedándome únicamente en boer, el cual dejaba ver lo abultado de mi verga. Ella comenzó a acariciarme la verga sobre el bóxer. Quieres comerte mi verga amor?. Si, Rodrigo balbuceó.
Mientras se agachaba rápidamente liberé mi verga del bóxer. Eliana mordía la cabecita y miraba hacia arriba, por lo que ver a Eli con la boca llena de mi verga era espectacular. Realmente era muy buena chupando verga, pero a ese ritmo era probable que terminara y si bien quería darle lechesita quería que fuese en su conchita. Mientras pensaba ello, Eli siguió atorándose con mi verga un rato más.
La levanté y la apoyé sobre la mesa de noche, dejando sus pechos cerca a la foto que tenía de su matrimonio y colocándome detrás de ella recorría con la punta de mi verga desde su culito hasta el hoyo de su conchita. De pronto, un “no me hagas esperar más, métemela ya Rodrigo”. Empecé a empujar lentamente mi verga dentro de ella sintiendo ese calorcito delicioso de su vagina, hasta enterrarla completamente. Ahí empecé con el mete y saca lento, mientras Eliana gemía y sin reparos me decía que le encantaba, que hace mucho no sentía lo que yo le estaba provocando. Escucharla hizo que el mete saca fuese aumentando en velocidad y potencia.
Pasé una de mis manos por delante de ella para sobarle el clítoris, mientras le seguía dando por un momento más. La puse frente a mi, levantándole una píerna y sin más ella tomó mi verga y la fue dirigiendo hacia la entrada de su conchita y ayudándola a entrar. En esa pose la cogia desde abajo con mas fuerza. A la vez, nuestros labios se buscaron y empezamos a besarnos con todo. Mi lengua entraba y jugueteaba en su boca, enredándose con la suya. Era una delicia estar asi con ella.
Me recosté boca arriba en la cama mientras ella subia a gatas por una de las esquinas de la cama. Tomó mi verga y empezó a mamarla una vez más. Esa boca grande era deliciosa. Me chupaba los huevos recogiendo con su lengua todos los flujos vaginales pegados en mi verga. Se incorporó y puso sus rodillas al lado de mis pernas, tomó suavemente mi verga y la llevó a su vagina húmeda. Poco a poco Eliana se fue sentando sobre mi verga mientras dejaba escapar unos gemidos muy sensuales. Ya cuando la tenia toda adentro buscó nuevamente mis labios dejándome sentir sus tetitas sobre mi pecho.
Cada sentón que me daba era para ir al cielo. Cabalgaba divino la muy perra. Yo la tomaba de sus caderas y la ayudaba a ese ritmo frenético.
Rodrigo, mi amor, hace mucho que no me sentía tan satisfecha, estoy super caliente bebé, dame más por favor…
En ese momento se me vino a la mente la idea del esposo de Eliana, de que pasaría si él se enterara de lo que su mujercita tan abnegada y trabajadora estaba haciendo conmigo. Pensé si alguna vez habría cogido con él como lo estaba haciendo conmigo.
Me arreché más pensando en eso. Giré su cuerpo hacia la mitad de la cama, le toqué una de las piernas y ella entendió. Levantó ambas piernas y las puso sobre mis hombros. Quería vacearme mientras veía su rostro de placer. Seguía bombéandola hasta que en las últimas metidas me quedé con la verga lo más clavada posible, lo más profundo que pude y empecé a gruñir de satisfacción mientras me vaceaba. Asi amor, así te gusta que te den…. Ella solo gemía y por instinto me apretaba la verga como para no dejarla salir mientras yo seguía eyaculando como nunca.
La respiración a mil, ella se sentía agitada también. Me hice a un lado exhausto y al retirar mi verga poco a poco el semen aparecia por sus labios vaginales, a lo que Elianita con destreza lo recogía con sus dedos y se los llevaba a la boca. Realmente lo disfruta. Se relamía los dedos. Me mamó la verga una vez más, para no dejar rastros de semen en mi verga.
Rodrigo, ya es tarde. Mi hija debe estar por volver. Ya debes irte amor. Ven, vamos a ducharnos para que te vayas a trabajar.
Pensé en cachármela una vez en el baño, pero ya era tarde realmente. Ella me enjabonaba la verga y yo sus tetitas y conchita.
Nos vestimos, bueno yo me vestí por que ella se puso un vestido sin nada abajo. Me acomodó el cuello de la camisa y me dio un beso tierno.
Espero que ye haya gustado Rodrigo.
Mucho Eliana, mucho. Eres una mujer divina.
No sé que pensarás de mi, pero soy solo una mujer casada que necesita cariño.
Mientras este aquí en Arequipa, yo te daré todo mi amor.
Ahora fui yo quien la besé, mientras acariciaba su cabello húmedo.
Bajamos las gradas. Ella me pidió que esperara un momento en la puerta mientras ella salía a ver si de casualidad no había ningún vecino que pudiera verme salir de su casa.
Me hizo un gesto con la mano, llamándome para salir. Mientras ella subia las gradas yo salía de la puerta. Le di un piquito de despedida y le palmeé el culito. Te veo mañana en el gym amoricto, que te vaya bien en tu trabajo, me dijo.
Jalé la reja, crucé la pista y subi a mi carro. Todavia no lo creía. Que rico polvo me había metido con Eliana.
Al dia siguiente en el gym con la autoridad que me daba el habérmela cogido empezamos a hacer rutinas juntos, para la envidia de los otros gavilanes que quisieron levantársela y no pudieron.
Desde ese día, y por las cuatro semanas que me quedaban estar en Arequipa, me la cogí interdiario, lunes, miércoles y viernes, ya que su hija no tenía clases en las mañanas los martes y jueves. Imagino que con su esposo cacharía los fines de semana para que no vaya a sospechar. Nunca le pregunté. Yo ya ni siquiera iba en el carro para que las cámaras de seguridad no lo registraran. Lo dejaba en el mismo gym y ya después del polvo que le daba a mi Elianita caminaba feliz esas tres cuadras y me iba a trabajar ya cambiado y duchado.
Conocía cada rincón de la casa, me paseaba en ella como si fuera su verdadero marido. Ella gozaba no solo del sexo que teníamos, sino de estar con alguien que la hacía sentir pareja, mujer, esposa.
Nunca me hubiese imaginado que mi estadía en Arequipa iba a ser tan linda. Con trabajo, casa y una madurita bien perra que le gustaba la verga como caramelo, verga que el huevón de su marido le negaba dios sabe por que. Pero así es la vida. Por cada perrita desatendida hay uno dispuesto a cubrir esa necesidad. Esta vez me tocó a mi.
Un día antes de terminar mi trabajo en Arequipa, le dije que el último polvo que nos echaríamos fuese en mi depa. Aceptó. Se las ingenió para hacerle creer al cachudo de su marido que tenia una reunión con sus amigas según me contó. Preparé todo para ese encuentro. Yo tenía claro que no volvería a trabajar por allá y si lo hacía no la volvería a buscar (noté que ella estaba tan desatendida que creo yo se estaba enamorando de mi, y eso si era un problema, ya que yo solo quería pasarla bien nada más, no quería involucrarme), así que preparé una cámara para poder guardar el recuerdo de esa madurita arequipeña que me deslechó prácticamente todo un mes. Fue la mejor idea que haya tenido. Cada vez que me siento solo, pongo el video y me mato a pajazos. Nada como ver los gestos, las poses, los movimientos de mi madurita, toda espontánea y natural (sin saber que estaba siendo grabada) son simplemente deliciosos.
Como al mes que me fui de la ciudad blanca, me escribió Marcos, preguntándome si me incomodaría que él saliera con Eliana, ya que ella le había comentado lo buenos amigos que nos hicimos y que él quería invitarla a salir o desayunar. No quise contestarle, pero recordé que fue finalmente él quien nos presentó, así que tuve que hacerlo.
Sólo le mandé un mensaje que decía: “No mi amigo, no te preocupes. Todo bien conmigo. Pero si compras pan, que sea integral. Ahhh y no la invites ni los martes ni los jueves. Un abrazo.”
De verdad, si la vieran nadie sospecharía lo comelona que era y que supongo seguirá siendo. Si alguien la reconoce al leer mi relato inténtenlo. Vale la pena arriesgarse para poder coger con ella. Yo, a pesar de todo, extraño mucho esos desayunos con mi madurita Eliana, a quien le mando desde aquí mis saludos.
Así es bro. Ve al gym y la ubicas al toque o sino pregunta por ella en vigilancia, creo que es de la directiva.