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Siempre había tenido esa fijación

~~Siempre había tenido esa fijación. Deseaba vivir la experiencia de tener un miembro masculino dentro de mi boca, desde que de joven entré sin avisar a la casa de mi tía Maricarmen y la encontré dándole sexo oral a un hombre. En esa ocasión recuerdo que si bien me confundí al encontrar a mi tía de rodillas y con ese líquido al rededor de sus labios ella supo manejar muy bien la situación al tomarlo con calma y decirme que se trataba de un amigo y que lo que estaba haciendo era porque lo quería mucho. Claro que me impresionó muchísimo ver el pene de su amigo en completa erección, pues si bien sabía lo que era nunca había visto uno en vivo y a todo color. Esa imagen quedaría en mi mente durante muchos años, pero en ese entonces no le di importancia, ni así que yo no comenté el hecho, por razones obvias mi tía tampoco. Mucho tiempo después me enteraría de que aquel hombre era su casero y que ella estaba pagando así un mes de renta que debía, pero en fin.
 Yo crecí con toda normalidad, me hice adolescente y después me volví una mujer, y nunca tuve problemas con ese suceso ocurrido tiempo atrás, hasta que ya a los 23 años me invitó mi novio al cine y en la película hubo una escena en la que se daba a entender que la chica le daba sexo oral al protagonista. Aunque no se veía nada en escena, la simple acción de ella al desaparecer hacia abajo y ver los gestos del muchacho fueron suficientes para encender la mecha de una bomba que estallaría posteriormente. Mi novio no le prestó atención a la escena porque era una película cómica, pero yo lo viví de una manera diferente.
 Desde aquella noche que salí del cine no pude dejar de imaginar lo que podría haber pasado si de alguna manera mágica pudiera ver lo que los personajes hacían y no se veía en pantalla. Aunque no lo demostré ante mi novio, estuve excitada todo el tiempo después en que fuimos a cenar en compañía de nuestros amigos. Me supe controlar muy bien y disimular que no pasaba nada, pero como si hubiera sido un hechizo, comencé a verle forma fálica a todo objeto alargado que veía, incluso pude practicar la habilidad de mirar en fracciones de segundo los bultos de mis amigos, y obviamente de mi novio, pero mis principios me hicieron disimular lo que sentía.
 Recuerdo que esa noche me estuve acariciando mis más secretos rincones de una manera en la que antes no lo había hecho, y en esa ocasión pensé mucho en cómo podría ser tener darle sexo oral a alguien y practiqué prolongadas y diferentes sensaciones con aquel cepillito de hule que usaba como cosquilleador, por lo que no me costó trabajo al día siguiente volver a la normalidad, y mostrarme con toda la serenidad necesaria en mi puesto de mercadotecnia en una grande trasnacional. Sin embargo, el pequeño copo de nieve había empezado a bajar la cuesta y conforme pasaron los días la obsesión fue aumentando. Constantemente tenía pensamientos acerca de estar con mi novio en una situación así, pero no me animé a decirle o proponerle nada. En primer lugar, tenía poco tiempo de salir con él, y no quería que pensara que era yo una cuatro letras, pero por otro lado no estaba muy convencida de que hacerlo con él sería una experiencia grata.
 Así que empecé a tener un conflicto conmigo misma, pues por un lado me moría por darle una buena mamada al primer hombre que se bajara los pantalones pero por el otro no podía hacer una cosa así porque mi posición social se tambalearía. Llegué a pensar en contratar los servicios de un profesional, es decir, un servicio de acompañamiento, pero descarté la idea al pensar que no era yo como aquellas mujeres cincuentonas que andan buscando muchachos, además de que no me inspiraba seguridad el pensar en hacérselo a un chico al que le pagan por meter el popotito en la papayita de esta, aquélla y a lo mejor hasta el culito de aquél. Ante esta situación yo sufría al tener que sobrellevar juntas de departamento en compañía de los otros ejecutivos y tener que luchar en contra de mis pensamientos lujuriosos. Me imaginaba cómo sería chupársela al jefe, luego comparaba mi fantasía con otra que había tenido de cómo sería hacérselo a mi vecino, en fin.
 Toda esta situación llegaría a su clímax en el paradisiaco puerto de Acapulco, donde asistí a una convención de mi empresa. Mi función, junto con la de mi compañero Bernardo, fue coordinar el evento, por lo que cualquiera que conozca de organizar convenciones sabrá que para dos personas era una responsabilidad del tamaño del mundo y una excesiva carga de trabajo. Sin embargo, yo tenía ya tiempo de conocer a Bernardo, pues sus papás son amigos de los míos y nos conocemos desde niños, hicimos la primera comunión en la misma iglesia, y aunque él estuvo mucho tiempo viviendo fuera del país, pero sí tengo mucho aprecio por él. Bernardo es un muchacho alto, corpulento pero no gordo, y es muy tranquilo, es lo que se diría una gran oso de peluche. Mentiría si dijera que lo quiero como un hermano porque quiero mucho más a mis primos, pero Bernardo ocupa un lugar muy especial en mi corazón, y creo que lo reafirmó con lo que pasaría en esa convención.
 Como les contaba, nos tocó organizar la convención, así que viajamos desde unos días antes a Acapulco a preparar todo, incluyendo coordinación con el hotel, el servicio de transportación, contratar edecanes, hacer gafetes, mantas, etcétera, así que nos mantuvimos ocupados todo el tiempo, y no nos daba tiempo de descansar. Con el húmedo calor que estaba haciendo, me parecía una tortura tener que estar ocupada y no poder disponer de tiempo para darme un chapuzón en las albercas, pero mi sentido de responsabilidad es muy alto y por eso estuve concentrada en dejar todo listo para la convención. Bernardo se encargó de organizar los banquetes y los seminarios, además de que estuvo en contacto con proveedores locales, por lo que también estuvo vuelto loco durante los días anteriores a la inauguración. Finalmente, el primer día llegó, y aunque fue de menor actividad en preparación hubo bastante tensión al sentir que nuestros directivos estaban checando que todo estuviera en orden, además de que tuvimos nuestros primeros contratiempos, como que no encendía un proyector, que se retrasaba una plática, que no aparecía un gafete, o que cambiaban al expositor, etc.
 Sin embargo, al final del día hubo una pequeña recompensa, pues como cierre de ese día hubo un pequeño cocktail con el que tuvimos la oportunidad de al fin tener un momento para relajarnos. Creo que fue la primera ocasión en la que pude platicar con más calma con Bernardo y preguntarle cómo estaba su familia él tiene 2 años de casado . Fue entonces cuando después de tres tequilas tuve la suficiente calma para ver a mi alrededor. Ahí estábamos, junto a la alberca, brindando con los asistentes, y podía ver a mi alrededor algunos cuerpos semi desnudos de los turistas que se bañaban en la fresca agua de las piscinas. Como si hubiera cambiado de canal al televisor, mi mente comenzó a insistir en mi obsesión, y comencé a imaginar cosas al ver a esos muchachos. Bernardo se dió cuenta de que mi mente estaba en otro lugar, por lo que hizo una comentario un tanto sesgado.
 Hace calor verdad?. Estoy seguro de que te gustaría meterte a nadar .
 dijo .
 No, le respondí todavía tenemos que hacer los diplomas de mañana y los gafetes que hacen falta. Ya son las ocho y si no lo hacemos en este momento tendremos que hacerlo a media noche, y eso es muy mala idea.
 Así pues, apenas terminamos nuestra bebida y nos dirigimos a una habitación que habíamos acondicionado como oficina y bodega, ahí teníamos cajas de promocionales, libretas, la computadora, impresora, y todo lo necesario para trabajar. Nos pusimos de inmediato a trabajar en los preparativos del día siguiente, hasta que después de media hora de actividad, mi voz rompería el silencio:
 Oye Bernardo. si te pido un favor me lo harías?
 Sí, claro, Bibiana, dime me respondió inmediatamente .
 Mira, es algo muy especial, y no quisiera que tengas una mala impresión de mi por lo que te voy a pedir.
 Qué es?. dime, con confianza preguntó él.
 Si te digo que me gustaría mamarte la verga. me dejarías? yo misma me ruboricé por lo que acababa de decir, pude decir pene o miembro', pero no quise dejar lugar a confusiones. Al mismo tiempo, me di cuenta de su sorpresa al escuchar mi pregunta, al ver cómo se abrían sus ojos y hacía cara de interrogación.
 Qué?. dijo, y trababa de comprender mi pregunta.
 No quiero que pienses que quiero tener relaciones sexuales contigo o de que me gustas como pareja, simplemente deseo experimentar el sexo oral, pero no siento a alguien con tanta confianza para hacerlo.
 Pero cómo crees? me respondió, y por unos segundos pensé que había sido un error proponerle esto a mi amigo tú con tan buena educación que tienes, con tan buenos principios, realmente no podría hacerte eso.
 A qué te refieres con hacerme eso?. No me harías nada, yo te estoy pidiendo que me dejes HACERTELO a ti. Y no tienes por qué sentir que me harías un daño, pues no me estarías quitando nada.
 No sé.
 Mira, si es por Angie su esposa no te preocupes, jamás saldría de mi boca nada de esto. Además sería solo en esta ocasión y ya. De verdad me siento obsesionada con esto y ya no puedo aguantar más.
 Pero. y por qué no lo has hecho con tu novio? preguntó él, como si fuera algo obvio.
 No sé, no me sientiría bien de pedírselo. Por eso te lo pido a ti. Quiero que lo tomes como un regalo de agradecimiento por nuestra amistad. .me dejarías?
 En ese momento me di cuenta de que él ya estaba excitado, y con un movimiento discreto de su mano acomodó su miembro, que se notaba ya en proceso de erección. Yo por mi parte, estaba húmeda, y no me había quitado la mano de mi zona púbica, desde que había comenzado a hablar, sin embargo, no se había notado tano porque tenía las piernas cruzadas, y la tela de los pantalones cortos y holgados disimulaba un poco. Sin embargo, precisamente el que yo estuviera con las piernas desnudas y mis sandalias hicieron que Bernardo echara un recorrido visual por mis piernas, y creo que eso facilitó las cosas.
 Pues..está bien. si tú quieres. respondió finalmente Bernardo ahorita??.
 Síp. le contesté y no pude evitar sonreír de gusto al escuchar su aprobación. Entonces, sujeté mi cabello hacia atrás, haciéndome un chongo, con el fin de que mi cabello no estorbara para lo que iba a comenzar a hacer.
 Qué quieres que haga?. me dijo él amablemente. Pude notar su sinceridad, ya que no quiso aprovecharse de la situación, pienso que otro hubiera tomado otra actitud. Yo, por mi parte, simplemente le indiqué que se pusiera de pie, pues yo tenía la firme intención de hacerlo todo. Bernardo puso sus manos en la cintura, tal vez sin saber dónde más ponerlas.
 Entonces comencé a hacer mi sueño realidad. Siempre había luchado por no dejarme opacar por alguien del sexo opuesto, y esa noche, por primera vez en la vida, me puse de rodillas ante un hombre. El sonido que hizo su cierre al abrirse fue música para mí, y lentamente fui introduciendo mis dedos para liberar de su prisión a aquella parte tan íntima de mi querido amigo. Al sentir las yemas de mis dedos la textura de su miembro, comencé a temblar de emoción, y noté que él comenzó a tratar de tener control de la forma en la que reaccionaba. Una vez que pude sacar de la bragueta a su maravillosa verga la admiré durante unos segundos mientras lo tenía aprisionado con mi mano derecha. Nunca me había imaginado que Bernardo podía tener una cosa tan grande y gruesa, a pesar de que ocasionalmente ya le había echado algún vistazo. Estaba rosada, con una pequeña gota transparente en la punta, completamente en erección, y podía sentir sus palpitaciones en mi mano.
 Es bellísima le dije, al mirarlo a los ojos, él solamente me sonrió sin decir palabra, tal vez para no verse vulgar.
 No sabes cuánto he querido vivr este momento, Bernardo le dije mientras mi mano se movía instintivamente para masturbarlo, y mi mano izquierda tomaba su lugar para sostener sus testículos con toda la suavidad necesaria.
 Gracias dije, mientras lo introducía hasta el fondo de mi garganta. Quise llenar todas las noches en que soñé cómo sería sentir unos vellos púbicos en nariz y mi barbilla, en que soñé sentir unos testículos en mis labios, y que quise saber cómo palpitaría una tremenda carne entre mi paladar y mi lengua.
 Entonces fuimos tomando confianza. Mis movimientos comenzaron a ser automáticos, como si huebiera aprendido a hacerlo hacía tiempo. Comencéa meterla y sacarla de mi boca rítmicamente, como suponía que lo hacían las profesionales, aunque en realidad nunca he visto cómo lo hace una. más que mi tía Maricarmen. La saqué de mi boca completamente mojada por mi saliva y su secreción. Entonces mi lengua salió disparada como si fuera una serpiente con vida propia, y comenzó a jugar con sus pliegues, y a esconderse abajo del suculento glande. Bernardo comenzó a dar muestras de un intenso placer al gemir repetidamente, lo que hizo que me llevara la mano izquierda hacia mi monte de venus, que a esas alturas ya se encontraba con una alta temperatura.
 Mi boca atacó de nuevo a la indefenso chafalón de Bernardo, y lo aprisionó de nuevo entre las suaves caricias que le proporcionaba la parte interna de mis cachetes así como mi impaciente lengua. Bernardo apretaba sus glúteos para tratar de contener sus reacciones instantáneas provocadas por el placer que le estaba dando su amiguita, y yo, generosa, miraba hacia arriba para comprobar si lo estaba haciendo bien. Saqué varias veces su miembro para darle ligeras mordidas, aunque en realidad hubiera querido comerme esa pieza enorme. Bernardo comenzó a acariciar mi cabeza, y a enredar sus dedos en mis cabellos. Entonces me dí cuenta de que no se contendría más. El comenzó a bombearme, por lo que simplemente me quedé quieta, siendo totalmente sumisa a sus acometidas, que cada vez se volvieron más salvajes. Estaba mi boca completamente a su servicio, al servicio de sus deseos, y así lo entendió él. Recibí entonces una abundante descarga de semen que en un solo instante llenó mi boca, mientras aún me bombeaba, y yo recibí sin queja alguna.
 Ahhhh. perdóname. dijo Bernardo no quise ser brusco.
 No te preocupes le contesté, con su semen escurriendo por las comisuras de mis labios, mientras masturbaba su deliciosa verga, que poco a poco iba dejando de estar dura, pero aún escupía esperma, ahora sobre mi rostro.
 Ahhhh. Bibiana. .. decía él, mientras su mano derecha auxiliaba a mis dedos en la delicada labor de las caricias. Después de eso no mediamos palabra, yo continué masturbándolo, sin darle oportunidad de relajarse a su miembro. Así, poco a poco fue recuperando una hermosa erección hasta erguirse nuevamente ante mi vista. No desperdicié la oportunidad y comencé a lamer su escroto, mientras me daba el lujo de oler el aroma que producía la región de la pie que se dirige hacia su ano, al que di un descarado beso. En esos momentos mi boca comenzó a escucharse más ruidosa, debido a la gran cantidad de esperma y saliva entra la que prácticamente nadaba su preciosa reata.
 La saqué de repente y comencé a golpearla contra mis labios, lo que excitó a Bernardo en suma.
 Te gusta así? le dije en el tono más cachondo que pude.
 Ahhh sí, preciosa. síguele.
 Con decisión volví al ataque, esta vez dejando que su miembro se introdujera profundamente y con mis dientes presionaba levemente, tal vez la combinación de dolor y placer provocaron que Bernardo casi se volviera loco. Lo escuché expresarse obcenamente, de una manera en la que jamás lo había escuchado, pero en esos momentos me causó mayor excitación. Mi mano izquierda se movía insistentemente sobre mi triángulo de intimidad y mis dedos los sentía mojados, pues la humedad había traspasado ya la tela de los pantalones cortos. Entonces, apreté mis dedos contra mi vagina, y cerré las piernas, consiguiendo así un profundo orgasmo que nunca había esperado. Mi boca comenzó a succionar aquella verga con desesperación, y mi mano derecha empujaba la base del miembro contra sus huevos, aumentando su longitud. Bernardo se unió a mi clímax estallando una vez más,aunque en esta ocasión su eyaculación fue externa, por lo que la mitad de mi rostro quedó bañado de esa deliciosa sustancia que a lenguetazos comencé a comer. Cabe decir que el esperma escurrió por mi cuello hasta ensuciar la tela de mi camiseta, cayendo sobre mis pechos, justo sobre mis pezones erguidos, que se notaban claramente por la inevitable humedad de mi sudor. El clima tropical y la calentura del momento no eran para menos. Parecía yo de concurso de camisetas mojadas.
 Me quedé así, de rodillas, todavía unos diez minutos más, masturbando a Bernardo, dándole besos y lengüetazos a su maravilloso miembro. En esos momentos sentía una enorme gratitud por el amigo que me había dado la oportunidad de hacer realidad un sueño, una obsesión que me había atormentado por mucho tiempo. Un peso se quitó de encima de mí desde ese entonces.
 Su esposa nunca ha sabido de lo que ocurrió en esa convención. Tampoco mi novio. Creo que nunca nadie se imaginaría lo que ocurrió entre estos dos jóvenes responsables en aquella oficina. Debo hacer hincapié en que pudimos todavía tener listo lo del día siguiente. Faltaban otros dos días de convención. Dos días de trabajo. Y dos días que no desperdiciaríamos.

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